La promesa podría añadir hasta 1,3 billones de dólares a la deuda estadounidense, en un contexto de inflación del 3,4% y costes de financiación en máximos desde 2008. Los bonos del Tesoro a 10 años rozan el 5%, reflejando la desconfianza de inversores ante un déficit presupuestario que podría cerrar el año en el 5,8% del PIB.
La promesa de Trump de 5.000 dólares a ciudadanos enciende alarmas en mercados de deuda
Una promesa que revela el escaso aprecio por las cuentas equilibradas
¿Por qué los mercados reaccionan tan fuerte a una promesa que probablemente nunca se cumpla?
Porque aunque sea poco probable, la promesa revela algo sobre cómo Trump piensa la economía. Dice que no le importa el déficit. Y eso asusta a inversores que ya están nerviosos.
Pero espera, ¿cuántos analistas creen realmente que esto sucederá? El artículo dice que el mercado "no se cree la propuesta". Entonces, ¿es la promesa lo que mueve los bonos, o es todo lo demás?
¿Qué es todo lo demás?
La inflación en 3,4%, la deuda en máximos históricos, los costes de financiación en niveles de 2008. La promesa es solo la gota que derrama el vaso.
Exacto. El artículo lo dice claramente: "no es gratuita la preocupación". Pero necesitamos ser precisos. ¿Cuánto de la subida en los bonos a diez años es por la promesa y cuánto por la inflación y la guerra?
¿Bessent puede realmente contener esto?
Ha intentado cosas inteligentes. Negoció con Japón para que no vendiera deuda estadounidense. Compró bonos a largo plazo para bajar los tipos. Pero el artículo dice que nada funcionó.
Y eso es importante. No es que Bessent sea incompetente. Es que los mercados tienen dudas estructurales sobre las cuentas de Estados Unidos. Una persona no puede arreglarlo.
¿Qué pasa si Trump gana y trata de cumplir?
Entonces el déficit se duplicaría. Sería 1,9 billones más. Los tipos de interés subirían más. Las hipotecas se encarecerían aún más.
Pero aquí hay que ser honesto: no sabemos si lo haría. El artículo menciona dos promesas anteriores que nunca cumplió. Así que la pregunta es: ¿cuánto daño hace la incertidumbre de si lo hará o no?
El Pulso
- Promesa de 5.000 dólares a 270 millones de adultos estadounidenses podría añadir 1,3 billones de dólares a la deuda
- Inflación en 3,4% y bonos del Tesoro a diez años rozando el 5%, máximo en diecinueve años
- Déficit presupuestario previsto en 5,8% del PIB (1,9 billones de dólares) para cierre de año
- Hipotecas a treinta años subieron del 5,98% al 6,76% desde inicio de guerra con Irán
La promesa podría añadir hasta 1,3 billones de dólares a la deuda estadounidense, en un contexto de inflación del 3,4% y costes de financiación en máximos desde 2008. Los bonos del Tesoro a 10 años rozan el 5%, reflejando la desconfianza de inversores ante un déficit presupuestario que podría cerrar el año en el 5,8% del PIB.
Trump promete 5.000 dólares a adultos estadounidenses si ganan republicanos en noviembre, generando alarma en mercados de deuda que ya enfrentan inflación alta y déficit récord.
Donald Trump hizo una promesa el miércoles pasado que encendió las alarmas en los mercados financieros mundiales: cinco mil dólares para cada adulto estadounidense si los republicanos ganan las elecciones legislativas de noviembre. La cifra, anunciada durante una convención republicana en Dallas, dejó un rastro de interrogantes sobre su viabilidad legal, su financiación y, sobre todo, su impacto en una economía que ya lucha contra la inflación y un endeudamiento sin precedentes.
La magnitud del compromiso es vertiginosa. Si Trump cumple su palabra con los aproximadamente 270 millones de adultos que contabiliza el último censo estadounidense, la deuda nacional podría aumentar hasta 1,3 billones de dólares. En un país donde la deuda del Tesoro ya ha superado los 40 billones de euros por primera vez en la historia, donde la inflación se mantiene en el 3,4% y donde los costes de financiación rozan los niveles más altos desde el colapso de Lehman Brothers en 2008, la promesa suena menos como una política económica y más como un acto de desesperación electoral. Trump ni siquiera aclaró qué entiende exactamente por "adultos", aunque sí precisó que el dinero debe gastarse dentro de Estados Unidos, no en Canadá, China o Alemania.
Los analistas económicos interpretan la medida como un error de cálculo monumental. Los estímulos fiscales de esta magnitud se reservan tradicionalmente para emergencias: crisis económicas o pandemias. El paquete de rescate por la covid sumó 1,9 billones de dólares, pero se desplegó en un contexto de contracción económica. Aquí, Trump propone inyectar dinero en una economía que funciona, mientras la inflación sigue elevada impulsada por los precios del petróleo, disparados a causa de la guerra con Irán. Es un cóctel que los mercados ven como potencialmente explosivo. La rentabilidad del bono del Tesoro a diez años, la referencia más importante para la economía mundial, cotiza esta semana rozando el 5%, apenas milésimas de distancia de su nivel más alto en diecinueve años. Los inversores exigen cada vez más interés para prestar dinero al gobierno estadounidense, un reflejo directo de su desconfianza. El déficit presupuestario se prevé que cierre el año en el 5,8% del PIB, equivalente a 1,9 billones de dólares. En el peor escenario, la promesa de Trump podría duplicarlo.
Padhraic Garvey, analista de ING, escribió esta semana que aunque es poco probable que Trump cumpla su promesa, bautizada como "dividendo Trump", la medida "no es precisamente lo que el tramo largo de la curva quiere oír en la coyuntura actual". Los analistas de XTB fueron más directos: si el desembolso se financia con nueva deuda, elevaría las necesidades de financiación del Tesoro, transformando un alivio inmediato para los hogares en una factura mayor para el Estado y para quienes necesitan acceso al crédito. El mercado no se cree completamente la propuesta, pero eso no la hace inofensiva.
La maniobra parece diseñada también para complicar la vida a Scott Bessent, el secretario del Tesoro, quien ha jugado un papel crucial limitando el impacto de las ocurrencias de su jefe en Wall Street. El mismo miércoles en que Trump anunció su regalo electoral, se burló públicamente de Bessent imitando su voz mientras alardeaba de haber declarado la guerra a Irán sin seguir sus recomendaciones. Bessent, profundo conocedor de los mercados, ha intentado contener la crisis de confianza mediante intervenciones quirúrgicas. A principios de agosto pactó con Japón intervenir para fortalecer el yen, cuidándose de que Tokio no vendiera su gigantesca cartera de deuda estadounidense, la mayor tenencia extranjera con 1,1 billones de dólares. A finales de mes, sorprendió al mercado duplicando el ritmo al que el Tesoro compra deuda a largo plazo, un movimiento que se interpretó como una intervención para contener la subida de tipos. Pero los inversores no compraron el farol. A principios de esta semana, con nuevos máximos en la deuda, el Tesoro volvió a subir la apuesta con una compra de seis mil millones. Tampoco funcionó.
Los grandes inversores institucionales que mueven miles de millones con paso lento pero inapelable están replanteándose sus posiciones. Pimco, la mayor gestora de deuda del mundo, declaró en agosto que "la reducción del déficit es la única ancla duradera para las rentabilidades del tramo largo". El mayor fondo soberano del mundo, que gestiona los dividendos petroleros de Noruega con un patrimonio de dos billones de dólares, ha propuesto un reajuste para reducir el peso de la deuda estadounidense en su cartera. Nadie espera una huida masiva de inversores, pero sí una redistribución cautelosa de carteras.
La preocupación por la deuda a largo plazo tiene consecuencias inmediatas en la vida cotidiana de los estadounidenses. Los bonos del Tesoro a diez años son la referencia para el mercado hipotecario. Desde que comenzó la guerra con Irán, el tipo medio de los préstamos para vivienda a treinta años ha subido del 5,98% al 6,76%. A pocas semanas de las elecciones, el estadounidense medio enfrenta hipotecas más caras, gasolina diésel a seis dólares por primera vez en la historia e inflación superior al 3%. El coste de la vida fue clave en la derrota de Joe Biden hace dos años, y ahora está haciendo mella en Trump. Su última ocurrencia para remontar en las encuestas, más allá de ser poco creíble, solo refuerza los temores de los mercados sobre el escaso aprecio de un exmagnate cuyas empresas no siempre pagaron sus deudas.
Tres días después del anuncio, sigue sin estar claro si la promesa es legal. Trump negó el jueves que necesite la aprobación del Congreso, pero la ley federal prohíbe la inversión para influir en el voto. Sin embargo, el pago se haría efectivo después de cerradas las urnas, lo que podría salvarlo legalmente. Hay precedentes del Tribunal Supremo que permitieron algo similar en Kentucky, y los demócratas lanzaron una promesa parecida en Georgia en 2020: dos mil dólares de ayudas por coronavirus si el partido retenía el Senado estatal. Pero Trump tiene un historial de promesas incumplidas. Dijo que repartiría un cheque de dos mil dólares financiado con ganancias de aranceles y otro de cinco mil para celebrar la reducción de funcionarios. Sus potenciales destinatarios siguen esperándolos.
Citas Notables
Aunque es poco probable que Trump cumpla su promesa, esta medida no es precisamente lo que el tramo largo de la curva quiere oír en la coyuntura actual— Padhraic Garvey, analista de ING
La reducción del déficit es la única ancla duradera para las rentabilidades del tramo largo— Pimco, la mayor gestora de deuda del mundo