La confianza pública es una infraestructura invisible; cuando falla, también lo hace nuestra capacidad colectiva para decidir.
Los deepfakes han pasado de 500.000 en 2023 a 8 millones en 2025, generados ahora en segundos desde una sola fotografía con tecnología de difusión e IA. La IA permite crear múltiples versiones de mensajes falsos, traducirlos y difundirlos mediante bots coordinados, haciendo que narrativas inventadas parezcan reacciones sociales espontáneas.
- Los deepfakes pasaron de 500.000 en 2023 a 8 millones en 2025
- Un deepfake de audio circuló dos días antes de las elecciones parlamentarias de Eslovaquia en 2023
- La IA permite generar múltiples versiones de mensajes falsos, traducirlos y difundirlos mediante bots coordinados
- El "dividendo del mentiroso" permite negar pruebas auténticas alegando que podrían ser sintéticas
La OTAN advierte que la IA acelera el deterioro de la confianza pública mediante deepfakes sofisticados y campañas coordinadas que amenazan la capacidad de las sociedades para compartir una realidad común.
La OTAN ha publicado un informe que suena como una advertencia desde el futuro, aunque el futuro ya está aquí. En los próximos veinte años, dice la alianza militar, la inteligencia artificial no solo acelerará la difusión de mentiras. Hará algo más insidioso: erosionará los cimientos mismos sobre los que construimos la verdad compartida. En un mundo donde la polarización política ya nos divide, donde cada tribu habita su propia realidad, la IA añade una herramienta que multiplica el caos.
Los deepfakes son el síntoma más visible de este problema. Son videos, audios, imágenes donde alguien parece decir o hacer algo que nunca ocurrió. Hace apenas tres años, crearlos requería equipos costosos y expertise técnico. Hoy, una sola fotografía robada de una red social basta. Un algoritmo identifica los rasgos de un rostro, reconstruye esos rasgos sobre los movimientos de otro video, fotograma a fotograma. Los sistemas más antiguos usaban redes generativas adversarias. Los nuevos incorporan modelos de difusión, clonación de voz, sincronización labial tan perfecta que el ojo humano no detecta el engaño. El resultado: en segundos, una persona inexistente o una versión falsa de alguien real puede estar hablando en tu pantalla.
Los números revelan la velocidad del cambio. En 2023 circulaban alrededor de 500.000 deepfakes en línea. Para 2025, según estimaciones de la firma de ciberseguridad DeepStrike, esa cifra había saltado a casi 8 millones. Pero el número en sí es menos preocupante que lo que permite hacer. La IA no solo crea un deepfake. Genera docenas de versiones del mismo mensaje, los traduce a idiomas distintos, adapta el tono para públicos diferentes. Crea perfiles falsos que mantienen una identidad coherente durante meses. Genera artículos de apoyo, comentarios que parecen de personas reales. Luego, bots y cuentas falsas lo difunden de forma coordinada, haciendo que una narrativa completamente inventada parezca una reacción social genuina y espontánea.
Eslovaquia ofrece un ejemplo que no es teórico. Dos días antes de las elecciones parlamentarias de 2023, circuló un audio manipulado mediante IA. En él, el líder del partido Eslovaquia Progresista, Michal Šimeka, parecía conversar con la periodista Monika Tódová sobre cómo amañar las elecciones y comprar votos. El deepfake buscaba desacreditar al candidato y a la periodista simultáneamente, sembrar dudas sobre la integridad del proceso electoral. Apareció durante el periodo de silencio electoral, lo que dificultó una respuesta rápida y pública. Aunque nunca se demostró que determinara el resultado de las votaciones, mostró algo más importante: cómo la clonación de voz puede erosionar la confianza en múltiples instituciones a la vez.
Pero el verdadero daño no es solo que circulen más mentiras. Es que los mecanismos con los que una sociedad determina qué es verdad comienzan a colapsar. Un deepfake desmentido sigue causando daño. Obliga a las instituciones a demostrar continuamente que sus propias comunicaciones son auténticas, que ese video de un funcionario diciendo algo comprometedor es realmente él y no una fabricación. Mientras tanto, la existencia de contenidos sintéticos permite negar pruebas auténticas. Si alguien publica un video real de un político cometiendo un acto ilegal, ese político puede simplemente alegar que también podría haber sido generado por IA. Es lo que los expertos llaman el "dividendo del mentiroso": cuanto más fácil resulta falsificar una imagen o una voz, más sencillo resulta también desacreditar cualquier evidencia verdadera.
Esta erosión no se queda en las redes sociales. Puede determinar elecciones. Puede dificultar la respuesta ante una crisis. Puede debilitar la capacidad de las instituciones para movilizar a la ciudadanía cuando más se necesita. La confianza pública es una infraestructura invisible. Cuando falla, falla también nuestra capacidad colectiva para decidir qué es real y qué no. Falla nuestra democracia.
No existe una solución única. Detectar deepfakes es necesario, pero compite contra modelos cada vez más sofisticados. La respuesta deberá ser múltiple: herramientas que verifiquen el origen de un contenido, protección de cuentas institucionales, respuestas rápidas a campañas coordinadas. Las plataformas deberán frenar la amplificación artificial. Los gobiernos, los medios, las instituciones científicas tendrán que demostrar que sus mensajes son auténticos y actuar con transparencia. La IA no inventó la propaganda ni la desconfianza, pero redujo drásticamente el coste de explotarlas. El verdadero reto no es solo detectar qué contenido es falso. Es preservar la capacidad de una sociedad para establecer hechos que todos podamos compartir.
Notable Quotes
La IA aumenta la velocidad, el alcance y la sofisticación de las campañas destinadas a desacreditar a gobiernos, instituciones científicas y otras fuentes de autoridad.— OTAN, informe sobre tendencias científicas y tecnológicas 2025-2045
La IA no ha inventado la propaganda ni la desconfianza, pero ha reducido drásticamente el coste de explotarlas.— Análisis del informe de la OTAN
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué la OTAN se preocupa tanto por esto ahora? ¿No siempre ha habido desinformación?
Claro, pero antes requería recursos. Ahora una persona con una fotografía y una computadora puede generar contenido que engaña a millones. La escala cambió todo.
Entiendo los deepfakes de videos. Pero mencionas que la IA crea también perfiles falsos que parecen reales durante meses. ¿Cómo funciona eso?
Genera no solo un perfil, sino una identidad coherente. Escribe comentarios, responde mensajes, mantiene una historia consistente. Los bots lo amplifican. De repente parece que hay miles de personas reales pensando lo mismo.
El ejemplo de Eslovaquia es inquietante. ¿Cambió realmente el resultado electoral?
No se sabe. Pero eso casi no importa. Lo importante es que erosionó la confianza en el proceso. La gente comenzó a dudar de si lo que veía era real.
Mencionas el "dividendo del mentiroso". Explícalo de otra forma.
Si puedo falsificar cualquier cosa, entonces puedo negar cualquier cosa. Un video real de un político cometiendo algo ilegal puede ser descartado como "probablemente IA". La verdad pierde su poder.
¿Qué instituciones son más vulnerables a esto?
Las que dependen de la confianza pública para funcionar. Gobiernos, medios, científicos. Cuando la gente duda de si sus comunicaciones son auténticas, pierden autoridad. Y en una crisis, eso es fatal.
¿Existe alguna defensa real?
Múltiples defensas, pero ninguna perfecta. Verificación de origen, cuentas protegidas, respuestas rápidas. Pero la verdadera defensa es que las instituciones actúen con transparencia y demuestren que son confiables. Sin eso, ninguna tecnología ayuda.