El Hipódromo de Monterrico estrenó sistema de iluminación Philips cinco veces más potente que el brasileño, posicionando al Perú en la vanguardia tecnológica sudamericana del deporte hípico. La inversión de 13 millones de soles reflejaba la robustez económica del Jockey Club, que controlaba juegos por más de mil millones de soles anuales en 1967.
La noche que iluminó el turf: Monterrico estrena era moderna con su primera carrera nocturna en 1967
Las cosas hay que hacerlas bien, repetía Martinelli
¿Por qué fue tan importante que Lima tuviera carreras nocturnas en 1967? ¿No era solo un cambio de horario?
No, fue mucho más que eso. Significaba que Lima podía competir con las grandes capitales del mundo. Hasta entonces, el turf era cosa de domingos al sol. Las carreras nocturnas transformaron el Hipódromo en un evento social de gala, algo que la ciudad entera quería presenciar.
¿Y la inversión de 13 millones de soles? ¿Eso era mucho dinero en 1967?
Era enorme. Pero el Jockey Club controlaba juegos por más de mil millones de soles anuales. La institución tenía la solidez económica para hacer las cosas bien, como decía Martinelli. No era un gasto, era una apuesta por el futuro.
¿Qué pasó con Beaufort después de ganar esa noche?
Su victoria fue tan contundente que los chilenos lo invitaron a competir en Santiago. Se convirtió en un embajador del turf peruano. Esa noche bajo las luces Philips lo hizo legendario.
¿Cómo cambió esto la vida cotidiana de Lima?
Los viernes por la noche dejaron de ser cualquier cosa. Se convirtieron en el epicentro de la vida social limeña. Las multitudes superaron todas las previsiones del Jockey Club. La gente acudía en oleadas, y no solo para apostar, sino para ser parte de algo nuevo, algo que decía que Lima estaba modernizándose.
¿Hubo algo que no funcionó en esa primera noche?
No hay registro de problemas. Todo fue calculado: las luces, el horario de atención de las agencias durante la semana, la separación entre el turf de domingos y el nocturno. Fue un proyecto especial pensado en cada detalle.
Der Puls
- 3 de febrero de 1967: primera carrera nocturna del Hipódromo de Monterrico
- Sistema de iluminación Philips cinco veces más potente que el brasileño
- Inversión de 13 millones de soles en infraestructura de luces
- Beaufort ganó la prueba inaugural de 2,600 metros
- 110 hectáreas adquiridas entre 1952 y 1955 en Santiago de Surco
El Hipódromo de Monterrico estrenó sistema de iluminación Philips cinco veces más potente que el brasileño, posicionando al Perú en la vanguardia tecnológica sudamericana del deporte hípico. La inversión de 13 millones de soles reflejaba la robustez económica del Jockey Club, que controlaba juegos por más de mil millones de soles anuales en 1967.
El 3 de febrero de 1967, el Hipódromo de Monterrico inauguró sus revolucionarias carreras nocturnas con iluminación Philips de vanguardia, transformando el turf peruano y consolidando Lima como epicentro social de la década.
La noche del viernes 3 de febrero de 1967, Lima experimentó algo que nunca había visto: el Hipódromo de Monterrico se iluminó bajo potentes reflectores que transformaron la oscuridad en un escenario de nitidez casi teatral. No fue un evento deportivo cualquiera. Fue el anuncio de que el turf peruano había llegado a la modernidad, y que la ciudad misma estaba lista para reinventarse después del anochecer.
El camino hacia esa noche había comenzado años atrás. A inicios de los años cincuenta, los directivos del Jockey Club del Perú comprendieron que el viejo Hipódromo de San Felipe, inaugurado en 1938 en Jesús María, se había quedado pequeño frente al creciente entusiasmo de los aficionados. Entre 1952 y 1955, tras gestiones arduas y varios intentos fallidos, lograron adquirir 110 hectáreas en el entonces tranquilo distrito de Santiago de Surco. Cinco años de construcción, planos ambiciosos y fe inquebrantable en el futuro dieron como resultado un recinto cuatro veces más extenso que su predecesor, equipado con infraestructura de vanguardia que lo posicionó como uno de los mejores centros hípicos del continente.
Pero la verdadera revolución llegó con la luz. El Jockey Club, bajo la dirección del ingeniero Enrique Martinelli Tizón, invirtió aproximadamente 13 millones de soles en un sistema de iluminación Philips instalado por Cánepa-Tabini. La cifra reflejaba la solidez económica de la institución: para 1967, el Jockey Club controlaba juegos por más de mil millones de soles anuales. La potencia técnica era abrumadora. Los reflectores eran cinco veces más potentes que los del hipódromo brasileño, triplicaban la capacidad de los argentinos y venezolanos. "Las cosas hay que hacerlas bien", repetía Martinelli, justificando el derroche con una frase que capturaba el espíritu de la época.
Desde el atardecer de aquel viernes histórico, los accesos se llenaron de automóviles relucientes. Mujeres impecablemente vestidas y hombres de saco y corbata acudieron con la curiosidad de los pioneros a presenciar algo nuevo: la primera temporada hípica bajo luces artificiales en el país. Las luces bañaban la pista, los jardines y las tribunas en una claridad uniforme que casi anulaba las sombras. Entre carrera y carrera, la reunión adquiría el tono de una recepción diplomática donde se celebraba la innovación técnica y el encanto de la nueva atmósfera.
El protagonista de la noche fue Beaufort, un ejemplar que demostró ser el mejor de su generación. En la prueba inaugural de 2,600 metros llamada "Inauguración de las Carreras Nocturnas", Beaufort galopó bajo los focos con una dimensión épica que capturó la atención de miles de espectadores. El fotógrafo Julio Castillo inmortalizó el momento en que los competidores giraban la curva de los 1,700 metros: Beaufort y Terremoto marchaban al frente, seguidos de cerca por Mink, Tunja, Líbero, Otoño, Djalma, Progresista y Mirona en una escena que recordaba a un momento cinematográfico. El triunfo de Beaufort fue tan contundente que dirigentes chilenos, impresionados por su desempeño bajo la luz artificial, no tardaron en invitarlo a competir en Santiago.
Aquella noche también marcó la inauguración de la "Pelousse", un reducto social frente a las tribunas de Primera y Segunda donde la sociedad limeña, junto a poderes públicos y diplomáticos, desplegó su acostumbrada distinción. En ese espacio, bajo los reflectores recién estrenados, se subastó la yegua de cría inglesa Pamorpee, hija de Chanteur II y Ortlinde. El haras "Jesús del Valle" se la llevó por 520 mil soles, cifra que selló la fiebre de la velada.
Una semana después, el viernes 10 de febrero, la fiebre nocturna renació con la segunda reunión bajo las estrellas. El programa, abierto puntualmente a las 7 y 30 de la noche, ya se erigía como el imán ineludible del final de semana limeño. El plato fuerte fue el premio especial "Hogar Clínica San Juan de Dios", ganado por Cortina, hija de Naucide, quien afianzó su cetro entre las hembras de élite. La decisión estratégica de realizar estas reuniones únicamente los viernes por la noche fue un acierto que permitió separar el turf tradicional de los domingos del nuevo concepto nocturno, optimizando la logística y el interés del público. Para finales de febrero, el prestigio del turf peruano brillaba con luz propia en la región, y se coordinaba el envío de una delegación a Chile integrada por los estelares Beaufort y Cortina para representar los colores nacionales.
Bemerkenswerte Zitate
Las cosas hay que hacerlas bien— Ingeniero Enrique Martinelli Tizón, director del Jockey Club del Perú
El Jockey Club controlaba juegos por más de mil millones de soles anuales— Federico Roggero Barreda, especialista de El Comercio, 5 de febrero de 1967