La moda masculina abraza la piel: del crop top al escote como acto de libertad

El cuerpo ya no transmite fuerza, sino confianza
La estilista Alba Melendo explica cómo la nueva masculinidad utiliza el cuerpo como herramienta de comunicación de identidad, no solo de poder.
Mark

¿Por qué ahora? ¿Qué ha cambiado en los últimos años para que los hombres se sientan cómodos mostrando el cuerpo de esta manera?

Mimi

Creo que es una confluencia de cosas. Las redes sociales han democratizado la moda, las celebridades están dispuestas a experimentar, y hay una generación Z que simplemente se niega a seguir las reglas de género que sus padres aceptaban. Pero también está el hecho de que la obsesión por el cuerpo perfecto nunca desapareció; simplemente se amplificó.

Mark

¿Esto es liberador o es solo otra forma de presión estética?

Mimi

Probablemente ambas cosas. Es liberador que un futbolista pueda usar un crop top sin que cuestione su masculinidad. Pero si el cuerpo es el protagonista, entonces tienes que estar fit. Es la misma presión que las mujeres han experimentado durante décadas, solo que ahora también la sienten los hombres.

Mark

¿Hay algo político en todo esto?

Mimi

Absolutamente. Cuando un hombre viste una prenda asociada históricamente con la mujer, o cuando muestra vulnerabilidad a través del cuerpo en lugar de poder, eso es un acto político. Especialmente en un momento donde hay fuerzas conservadoras que quieren mantener las fronteras de género intactas.

Mark

¿Crees que esto va a durar o es solo una moda pasajera?

Mimi

Los números sugieren que no es pasajero. Las búsquedas de crop tops masculinos crecen un 5,9 por ciento anual hasta 2033. Pero lo importante no es si la prenda específica dura, sino si la mentalidad que representa —una masculinidad más flexible, más cómoda con la vulnerabilidad— se queda.

Mark

¿Qué hubiera pensado un hombre de los ochenta de todo esto?

Mimi

Probablemente lo hubiera visto como una amenaza. En los ochenta, el cuerpo masculino se mostraba para demostrar fuerza y dominio. Ahora se muestra para comunicar identidad, incluso fragilidad. Es un cambio fundamental en lo que significa ser hombre.

  • Las búsquedas de prendas masculinas reveladoras crecen un 73% mensual, señal de que lo que antes era transgresión ahora es tendencia de masas.
  • El debate sobre cuánto puede mostrar un hombre sin cuestionar su masculinidad ha saltado de las redes sociales a las pasarelas de Prada, Saint Laurent y Dior.
  • Estilistas y expertos advierten que detrás de la liberación hay una trampa: el cuerpo como protagonista impone nuevos cánones estéticos que replican la presión histórica sobre las mujeres.
  • La moda intenta navegar esa tensión ampliando el lenguaje —crop tops, transparencias, encajes— sin resolver aún si lo hace desde la libertad o desde una nueva forma de vigilancia corporal.

En 2026, el armario masculino atraviesa una transformación que va más allá de la tela que se pierde: es el cuerpo del hombre convirtiéndose en un nuevo lenguaje de identidad, vulnerabilidad y deseo. Lo que comenzó como ironía en redes sociales refleja un cambio cultural profundo donde mostrar ya no equivale a demostrar fuerza, sino a comunicar quién se es. Esta apertura, celebrada por diseñadores y estilistas de todo el mundo, trae consigo también una sombra familiar: las mismas presiones estéticas que durante siglos pesaron sobre las mujeres empiezan a instalarse sobre los hombres.

Un debate que nació como broma en redes sociales se ha convertido en el termómetro más preciso de cómo está cambiando la masculinidad. La pregunta —¿cuál es lo más provocativo que un hombre puede vestir?— tiene respuestas que van desde los zapatos sin calcetines hasta las camisas desabrochadas. Pero detrás de la ironía hay una realidad visible en cualquier calle: el armario masculino está perdiendo tela a una velocidad sin precedentes.

Sería fácil atribuirlo al calor extremo de este verano, con termómetros instalados en los 40 grados incluso en Berlín o Varsovia. Pero reducirlo a pragmatismo climático sería ingenuo. Según la estilista Alba Melendo, que ha trabajado con Palomo Spain y ha vestido a artistas como Rauw Alejandro, el cuerpo se ha convertido en una herramienta de comunicación en una cultura profundamente visual. Antes, el hombre usaba la ropa para transmitir poder o estatus; ahora la usa también para expresar identidad y una sensualidad que puede rozar la fragilidad. Enseñar el cuerpo ya no está ligado necesariamente a la fuerza, sino a la confianza.

La tendencia tiene raíces históricas: desde las calzas con las que Luis XIV lucía pantorrilla hasta los pantalones ajustados de Hedi Slimane, pasando por la cultura de gimnasio de los ochenta y el fenómeno Versace. Lo que ha cambiado es la escala. Wisdom Kaye popularizó la baby tee con posts de decenas de miles de likes; Harry Styles y Paul Mescal convirtieron los shorts cortos de Adidas en objeto de deseo global. Los analistas proyectan un crecimiento anual del 5,9% en el mercado del crop top masculino hasta 2033.

El experto en moda Darío Ferreiro señala que esta iteración actual no es tanto un alarde de músculo como la materialización de una nueva masculinidad. Jean Paul Gaultier ya lo anticipaba en los noventa con faldas y corsés en pasarela; la diferencia hoy es que esa prerrogativa ha abandonado la alta moda para desfilar por la Gran Vía. Jonathan Anderson propone tops de malla metálica en Dior; Troye Sivan publica una foto con encaje bajo un abrigo como declaración de identidad queer.

Es un power dressing a la inversa: si las mujeres se apropiaron de los pantalones como empoderamiento, ahora los hombres se adjudican tejidos y siluetas asociados históricamente a lo femenino. La apertura es real, pero también lo es la nueva presión: si el cuerpo es protagonista, hay que responder a ciertos cánones. La misma trampa que durante siglos atrapó a las mujeres empieza a cerrarse, con discreción, sobre los hombres.

Un debate que comenzó como una broma en redes sociales se ha convertido en el termómetro más preciso de cómo está cambiando la masculinidad en 2026. La pregunta es simple pero provocadora: ¿cuál es lo más provocativo que un hombre puede vestir? Las respuestas van desde zapatos sin calcetines hasta camisas desabrochadas —aunque según el consenso popular, el límite está en el cuarto botón—. Pero detrás de la ironía hay una realidad que ya se despliega en las calles: el armario masculino está perdiendo tela a una velocidad sin precedentes.

Es fácil culpar al calor extremo de este verano, cuando los termómetros se han instalado en los 40 grados incluso en ciudades como Berlín y Varsovia. Pero reducir la transformación a una simple cuestión de pragmatismo climático sería ingenuo. Los pantalones cada vez más cortos, las camisetas que dejan el ombligo al aire, los tops con escote prominente: todo esto habla de algo más político y más complejo. Según Alba Melendo, estilista que ha trabajado con Palomo Spain y ha vestido a artistas como Yung Beef y Rauw Alejandro, el cuerpo se ha convertido en otra herramienta de comunicación en una cultura profundamente visual. "Habla de una masculinidad mucho más cómoda con la vulnerabilidad y con la idea de mostrarse", explica. Antes, el hombre utilizaba la ropa para transmitir poder o estatus. Ahora la usa también para expresar su identidad, una sensualidad que puede transmitir incluso cierta fragilidad. Enseñar el cuerpo ya no está tan necesariamente ligado a la fuerza, sino a la confianza.

Esta transformación no surge de la nada. El filósofo Georges Bataille escribía en 1957 que "la desnudez se opone al estado cerrado, es decir, al estado del ser replegado en su propia soledad. Es un estado de comunicación". La moda ha perfeccionado durante siglos el lenguaje del erotismo jugando con lo que se muestra y lo que se esconde: desde las calzas con las que Luis XIV lucía pantorrilla hasta los pantalones ajustados de Hedi Slimane y las camisetas sin mangas con las que Pedro Pascal presume de torso. Lo curioso es que esta fórmula funcione en un siglo XXI donde OnlyFans es una forma de vida y las redes sociales son un bufé libre de carne al descubierto.

La tendencia ha ido escalando de forma inevitable: Wisdom Kaye popularizó la baby tee —básicamente una camiseta de la sección infantil— con posts que acumulaban decenas de miles de likes, y en la gala del MET los hombres dieron más que hablar que las mujeres en materia de moda. Los desfiles de Dries Van Noten, Prada y Saint Laurent han consolidado esta dirección. Pero esto no es completamente nuevo. Un repaso a la historia de la moda lleva hasta los años cuarenta y la revista Physique Pictorial de Bob Mizer, y toca su cima en los ochenta, cuando la cultura de gimnasio se convirtió en un fenómeno de masas. Schwarzenegger sacaba bíceps en pantalla, los niños jugaban con figuras de He-Man, y Gianni Versace encumbraba el look del torso torneado. "Para mostrar esos hermosos pectorales, los diseñadores han creado estilos transparentes y stretch", escribía Woody Hochswender en The New York Times en 1991.

Adelantando 35 años, la historia no ha cambiado sino que se ha amplificado. El looksmaxxing —esa obsesión por optimizar la apariencia física que domina en redes sociales— es el culto al cuerpo de los ochenta pero en esteroides. Y esa fijación se refleja directamente en el armario. Según Lyst, las búsquedas de los shorts cortos de Adidas que popularizaron Harry Styles y Paul Mescal suben un 73 por ciento mes a mes. Los analistas de Accio reportan una tasa de crecimiento anual del 5,9 por ciento hasta 2033 en el negocio del crop top masculino. Las camisetas con escote en V hasta el ombligo son los nuevos superventas de American Apparel. Incluso los pies, históricamente tabú en la moda masculina, se dejan ver con chanclas que puntúan como objeto de deseo: desde The Row hasta ERL, que lanzó una campaña con modelos completamente desnudos excepto por los pies.

Darío Ferreiro, experto en moda y cultura, señala que es muy interesante observar hasta qué punto la masculinidad actual dialoga con la obsesión por el culto al cuerpo, algo que no está exento de cierta perversidad disfrazada de bienestar físico y salud. El descubrimiento del cuerpo masculino como objeto de deseo sexualizado empezó con los anuncios de Coca-Cola y continuó con Bruce Weber, Mark Wahlberg en calzoncillos de Calvin Klein, y el fenómeno del metrosexual. Pero el quid de la iteración actual es que revelar el cuerpo no es tanto un alarde de músculo y hombría como la materialización sartorial de una nueva forma de entender la masculinidad.

Jean Paul Gaultier ya lo hacía en los noventa, cuando en sus desfiles de costura ridiculizaba las nociones convencionales de la vanidad masculina sacando a sus modelos con faldas, transparencias y corsés. Lo que marca un punto de inflexión real es que ahora la prerrogativa no se restringe a las reducidas esferas de la alta moda, sino que desfila por la Gran Vía. Desde Dolce & Gabbana y Dsquared2 hasta Rick Owens, Fiorucci y Vetements, una sucesión de aperturas, americanas sin nada debajo, pantalones mínimos y transparencias que se declinan hasta en los zapatos. Jonathan Anderson en Dior propone tops de malla metálica. Jacob Elordi viste una chaqueta de mujer de Chanel. Troye Sivan publica una foto en blanco y negro vistiendo una mínima prenda interior de encaje bajo un abrigo: una manera gráfica de expresar su identidad queer a través del destape y la sexualidad.

Es un power dressing a la inversa: si las mujeres se apropiaron de los pantalones y las hombreras en un ejercicio de empoderamiento, ahora son los hombres los que se adjudican prendas, tejidos y siluetas asociados a la mujer. "Por un lado, es positivo que un hombre pueda ponerse una transparencia o un crop top sin que esto cuestione su masculinidad", dice Melendo. "Eso amplía el lenguaje de la moda". Pero también aparece una nueva presión: si el cuerpo es protagonista, hay que respetar ciertos cánones. Igual que ha ocurrido durante muchísimos años con las mujeres. La dilución de las fronteras de género en la moda continúa acelerándose, aunque en un contexto global complejo marcado por la batalla cultural que ejerce el conservadurismo político.

Habla de una masculinidad mucho más cómoda con la vulnerabilidad y con la idea de mostrarse
— Alba Melendo, estilista
La masculinidad no necesita que la rescaten, necesita que la reinventen
— Oh Posies, firma de moda
Es positivo que un hombre pueda ponerse una transparencia o un crop top sin que esto cuestione su masculinidad, pero aparece una nueva presión: si el cuerpo es protagonista, hay que respetar ciertos cánones
— Alba Melendo, estilista
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