La medicina de 2022: ARNm, edición genética e IA para recuperar el tiempo perdido

La medicina de 2022 será predictiva, preventiva, personalizada y participativa
Los expertos describen cómo la genética, la IA y los datos transformarán la atención médica en el año que comienza.
Mark

¿Por qué la pandemia aceleró tanto la tecnología de ARNm si llevaba décadas en desarrollo?

Mimi

Porque de repente había una necesidad urgente y recursos masivos. Los gobiernos financiaron ensayos clínicos que normalmente habrían tomado años. Pero lo importante es que ahora que funciona, los investigadores ven aplicaciones mucho más amplias: cáncer, VIH, malaria. La pandemia le dio un trampolín, pero el potencial siempre estuvo ahí.

Mark

¿Qué significa realmente que la medicina sea "personalizada"?

Mimi

Significa que el tratamiento se diseña específicamente para tu genética, tu entorno, tu estilo de vida. No es un medicamento de talla única. En cáncer, por ejemplo, ahora pueden identificar exactamente qué mutación tiene tu tumor y elegir el fármaco que funciona mejor contra esa mutación específica. Pero eso requiere diagnóstico rápido y acceso a esos fármacos.

Mark

El investigador Montoliu menciona un "reto" importante para la medicina de precisión. ¿Cuál es?

Mimi

Que no basta con que exista la terapia. Tiene que estar disponible para todos los pacientes que la necesiten, no solo para los ricos. Si una terapia génica cuesta medio millón de euros, ¿quién la recibe? Ese es el verdadero reto de 2022 y los años siguientes.

Mark

¿Qué tan real es la posibilidad de trasplantar órganos de animales a humanos?

Mimi

Más real de lo que la mayoría cree. Ya sucedió en 2022. El desafío ahora es escalar: hacer ensayos clínicos con suficientes pacientes para entender realmente si es seguro y eficaz a largo plazo. Pero si funciona, resuelve un problema enorme: hay millones de personas esperando órganos que nunca llegarán.

Mark

Fuster advierte sobre "precaución" con la genética y la IA. ¿Qué teme exactamente?

Mimi

Que corramos demasiado rápido sin entender completamente las implicaciones. La IA puede cometer errores sistemáticos que no vemos. La genética puede usarse de formas que no son éticas. No es que haya que frenar, pero sí que hay que ser cuidadoso con cómo interpretamos los datos y quién tiene acceso a ellos.

Mark

¿Por qué el alzhéimer es tan importante en 2022?

Mimi

Porque después de décadas de fracasos, finalmente hay fármacos que parecen funcionar. Y porque el diagnóstico temprano mediante análisis de sangre podría cambiar todo: detectar la enfermedad años antes de que aparezcan síntomas, cuando el tratamiento es más efectivo. Es un cambio de paradigma.

  • Primer trasplante exitoso de corazón de cerdo modificado genéticamente a humano en Maryland, 2022
  • Nuevos fármacos contra alzhéimer (donanemab, gantenerumab, lecanemab) esperados en 2022
  • Tecnología de ARNm aplicable a VIH, malaria, enfermedades raras y cáncer más allá del Covid-19
  • Análisis de sangre asequible para diagnóstico temprano de alzhéimer en desarrollo para 2022

La tecnología de ARNm, probada exitosamente en vacunas Covid, se aplicará a enfermedades raras, cáncer, VIH y malaria con potencial global. Nuevos fármacos contra alzhéimer, análisis de sangre accesibles para diagnóstico temprano y avances en inmunoterapia oncológica marcarán el año.

2022 promete consolidación de tecnologías médicas revolucionarias como ARNm, edición genética CRISPR, inteligencia artificial y telemedicina para recuperar investigación retrasada por la pandemia.

A finales de 2021, cuando las vacunas contra el Covid-19 comenzaban a desplegarse masivamente, la medicina ya miraba hacia adelante. El año 2022 se presentaba como un punto de inflexión: el momento en que tecnologías que habían permanecido en desarrollo durante décadas finalmente encontrarían su lugar en la práctica clínica cotidiana. La pandemia, paradójicamente, había acelerado algunos de estos avances mientras detenía otros. Ahora llegaba el tiempo de recuperar lo perdido.

La tecnología de ARNm era quizás el símbolo más visible de este cambio. Tras décadas de investigación, la crisis sanitaria global le había dado un trampolín inesperado. Los investigadores veían en ella mucho más que una solución temporal para un virus. Enriqueta Felip, presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica, hablaba del potencial de las vacunas de ARN para el cáncer. Otros expertos señalaban que esta misma tecnología podría servir contra el VIH, la malaria y enfermedades raras de base genética. Lo que hacía especialmente prometedor este enfoque era su flexibilidad: podría ser más barata de producir y más fácil de almacenar que otras plataformas, lo que significaba que países con recursos limitados finalmente podrían acceder a tratamientos que antes estaban fuera de su alcance.

En el campo del alzhéimer, 2022 traía esperanza después de años de fracasos clínicos. El aducanumab había sido aprobado en Estados Unidos en 2021, aunque su llegada fue controvertida: algunos científicos lo veían como un cambio de paradigma, el primer fármaco capaz de modificar el curso de la enfermedad, mientras que otros advertían que la evidencia disponible generaba más dudas que certezas. Pero la cartera de nuevos candidatos era robusta. Eli Lilly preparaba el donanemab para fases tempranas de la enfermedad. Roche avanzaba con gantenerumab. Biogen y Eisai trabajaban en lecanemab. Simultáneamente, los investigadores hacían progresos significativos en diagnóstico: existía una posibilidad real de que 2022 viera la aprobación del primer análisis de sangre asequible y accesible para detectar alzhéimer antes de que los síntomas se manifestaran.

Pero la sombra del Covid-19 seguía alargándose sobre la medicina. Lluis Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología, era claro sobre las prioridades: se necesitaban vacunas esterilizantes capaces de combatir directamente el virus en personas infectadas hospitalizadas, antivirales potentes que permitieran a los pacientes superar la infección sin riesgo de muerte. Al mismo tiempo, Montoliu insistía en algo que los gobiernos y sistemas sanitarios no podían ignorar: en el resto de patologías, había que recuperar todo lo que no se había podido investigar, tratar o incluso diagnosticar durante los meses más duros de la pandemia.

La oncología se preparaba para un año de consolidación en inmunoterapia. Felip auguraba avances en múltiples modalidades de tratamiento inmunológico aplicadas a diversos tumores. Pero lo que realmente marcaba la diferencia era la medicina de precisión: fármacos dirigidos contra alteraciones moleculares específicas, inmunoconjugados que combinaban anticuerpos con agentes quimioterápicos, y una técnica emergente llamada teragnosis, que utilizaba radioligandos para localizar células tumorales y desencadenar su muerte con mínimo daño al tejido sano circundante. El desafío, sin embargo, era que estos avances no eran aplicables a todos los pacientes oncológicos, aunque se esperaba que los resultados se consolidaran progresivamente.

La edición genética CRISPR representaba otra frontera. Montoliu esperaba ver más éxitos en ensayos clínicos de terapia génica con diversas variantes de estas herramientas, que gradualmente se transformarían en tratamientos disponibles si superaban los test de seguridad y eficacia. Pero aquí emergía un desafío ético y práctico crucial: la medicina personalizada de precisión requería primero determinar rápidamente la causa genética de una enfermedad. Una vez identificada, si existían terapias génicas, el verdadero reto era garantizar que estuvieran disponibles para todos los pacientes que las necesitaran, no solo para quienes pudieran costeárselas. Valentín Fuster, director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, advertía que al hablar de genética aplicada a la medicina había que proceder con precisión y, sobre todo, con precaución. La inteligencia artificial merecía el mismo cuidado: era importante seguir adelante, pero con muchas precauciones en la interpretación de la información.

La telemedicina, que había explotado por necesidad en 2020, se estaba convirtiendo en el método elegido por millones de personas. Los dispositivos de monitorización remota permitían controlar a pacientes a distancia, midiendo presión arterial y ritmo cardiaco. El análisis predictivo ayudaba a identificar a los pacientes en riesgo antes de que enfermaran, permitiendo intervenciones preventivas. Fuster era enfático: estos sistemas tenían que estar muy bien gobernados para su buena aplicación, porque influirían tanto en la vida de los pacientes como en los sistemas de salud en su conjunto.

Y luego estaban los xenotrasplantes. A principios de 2022, equipos de investigadores en Maryland y Alabama anunciaron hitos que parecían sacados de la ciencia ficción: el primer trasplante exitoso de un corazón de cerdo modificado genéticamente a un ser humano, y el primer trasplante de riñones de cerdo genéticamente modificados en un individuo con muerte cerebral. Estos resultados demostraban que el xenotrasplante podría abordar la crisis mundial de escasez de órganos. La técnica llevaba años en desarrollo, con investigadores trabajando para evitar el rechazo fulminante que ocurriría al situar un órgano animal en un cuerpo humano. Montoliu esperaba que se establecieran ensayos clínicos con un número significativo de pacientes para evaluar con mayor claridad la seguridad y eficacia de estos procedimientos. El futuro de la medicina, parecía claro, sería más personalizado, más predictivo, más preventivo y más participativo. Pero también requeriría una gobernanza cuidadosa y una distribución equitativa de sus beneficios.

La tecnología de ARNm es muy poderosa y ha llegado para quedarse. Gracias a la pandemia de Covid-19 ha encontrado un trampolín para manifestar su validez y relevancia.
— Lluis Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología
Hay que conseguir vacunas que sean esterilizantes y antivirales potentes capaces de combatir directamente al coronavirus en las personas infectadas que están ingresadas.
— Lluis Montoliu
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