La juventud abraza ideas machistas mientras gurús de redes venden «masculinidad tradicional»

Las expectativas de género tradicionales limitan el desarrollo profesional y personal de mujeres jóvenes, perpetuando desigualdades en carga de cuidado y dependencia económica.
Cuando una sociedad decide quién debe cuidar, está hablando de poder
La autora reflexiona sobre cómo la desigualdad de género no es accidental sino estructural, moldeada por expectativas que van más allá de la familia.
Mark

¿Por qué crees que los jóvenes están abrazando estas ideas justo ahora, cuando la igualdad debería estar más normalizada?

Mimi

Porque alguien está vendiéndoselas de una manera que suena moderna y liberadora. No es un abuelo diciendo que las mujeres pertenecen a la casa. Es un creador de contenido con millones de seguidores diciendo que recuperar la masculinidad tradicional es un acto de rebeldía.

Mark

¿Y las mujeres jóvenes? El 47% de ellas también cree que el cuidado es responsabilidad exclusiva de las madres.

Mimi

Porque crecieron en familias donde eso ya era la norma. Las expectativas no desaparecen solo porque cambien los tiempos. Se heredan, se normalizan, se presentan como naturales.

Mark

El aumento de diecisiete puntos entre 2023 y 2026 es dramático. ¿Qué cambió en esos tres años?

Mimi

La influencia digital se volvió más sofisticada. Los mensajes sobre masculinidad tradicional dejaron de ser marginales y se convirtieron en contenido de masas. Cuando algo tiene millones de visualizaciones, empieza a parecer verdad.

Mark

¿Esto significa que la igualdad nunca fue real?

Mimi

Significa que fue frágil. Que dependía de que nadie la cuestionara de manera convincente. Y ahora alguien lo está haciendo, con buena producción y audiencias cautivas.

  • El 82% de los hombres jóvenes y el 47% de las mujeres de su misma generación creen que bañar, alimentar y cambiar pañales es tarea exclusivamente materna, cifras que desafían décadas de discurso igualitario.
  • El apoyo femenino a los roles tradicionales creció 17 puntos entre 2023 y 2026, lo que indica que la regresión no es solo masculina sino que atraviesa a quienes más cargarían con sus consecuencias.
  • Gurús de la masculinidad y creadores digitales envuelven mensajes del siglo pasado en estética moderna y millones de visualizaciones, convirtiendo la desigualdad en una identidad aspiracional para jóvenes.
  • Detrás de la división de tareas domésticas se juega algo más profundo: quién tiene derecho a desarrollar un proyecto de vida propio y quién queda atado a la dependencia económica y al cuidado no remunerado.
  • La brecha entre el discurso institucional sobre paridad y la realidad que muestran los datos sugiere que los mecanismos de transmisión de estas ideas son más resistentes y sofisticados de lo que se había calculado.

En pleno 2026, cuando se esperaba que las nuevas generaciones encarnaran la igualdad de género como herencia natural, un informe sobre paternidad revela lo contrario: amplias mayorías de jóvenes entre 18 y 25 años sostienen que el cuidado de los hijos pertenece exclusivamente a las madres. Lo que parecía un rezago destinado a extinguirse con el paso del tiempo ha encontrado, en cambio, nuevos canales de transmisión digital que lo renuevan y amplifican. La pregunta ya no es cuándo desaparecerá el machismo por inercia generacional, sino por qué las ideas más antiguas sobre el orden familiar están ganando terreno precisamente entre quienes crecieron en internet.

Un informe sobre paternidad en 2026 arroja cifras que parecen de otra época: el 82% de los hombres jóvenes entre 18 y 25 años cree que cambiar pañales, bañar y alimentar a los hijos es responsabilidad exclusiva de las madres. El 47% de las mujeres de la misma franja etaria comparte esa visión, lo que revela que la idea no encuentra resistencia ni siquiera entre quienes cargarían con sus consecuencias.

Los datos se extienden en varias direcciones. Dos tercios de los jóvenes consideran que la vida funciona mejor cuando el hombre provee y la mujer cuida el hogar. El 61% de los varones cree que un padre dedicado a tiempo completo al cuidado de sus hijos no es un hombre de verdad; las mujeres jóvenes comparten ese juicio en un 67%. Entre 2023 y 2026, el apoyo femenino a estos modelos tradicionales creció diecisiete puntos. En muchas familias, cuando hay un niño o un adulto mayor que atender, la mirada recae automáticamente sobre la mujer, sin importar su carrera ni sus ingresos.

Esta tendencia contradice frontalmente lo que se esperaba de las nuevas generaciones. La respuesta parece estar en las redes digitales: creadores de contenido y gurús de la masculinidad han construido audiencias masivas con un mensaje envuelto en estética moderna —podcasts relajados, producción de alta calidad, tono transgresor— pero cuyo fondo es tan antiguo como la Antigua Grecia: existe un orden natural que debe restaurarse.

Lo que está en juego no es solo quién friega los platos. Cuando una sociedad decide quién cuida, quién depende económicamente de otro y quién puede desarrollar sus propios proyectos de vida, está hablando de poder. El hecho de que estas ideas estén ganando terreno entre los jóvenes, justo cuando se suponía que desaparecerían, indica que los mecanismos de transmisión son más poderosos de lo que se pensaba.

Un informe reciente sobre paternidad en 2026 revela cifras que parecen sacadas de décadas pasadas: el 82% de los hombres jóvenes entre 18 y 25 años considera que cambiar pañales, bañar y alimentar a los hijos es responsabilidad exclusiva de las madres. No es una encuesta de los años cincuenta. Es de ahora. El 47% de las mujeres de la misma edad comparte esta visión, lo que sugiere que la idea no es rechazada ni siquiera por quienes cargarían con sus consecuencias.

Los números se multiplican en direcciones preocupantes. Dos tercios de los jóvenes creen que la vida funciona mejor cuando los hombres traen el dinero y las mujeres se quedan en casa. El 43% de los hombres afirma sentir que su masculinidad está en cuestión si no puede ser el sostén económico de su familia. Más inquietante aún: el 61% de los jóvenes varones piensa que un padre que se dedica de tiempo completo al cuidado de sus hijos no es considerado un hombre de verdad. Las mujeres jóvenes comparten este juicio en un 67%. Entre 2023 y 2026, el apoyo a estos modelos tradicionales creció diecisiete puntos entre ellas.

Esta tendencia contradice directamente las expectativas que se tenían sobre las nuevas generaciones. Durante años se escuchó que la igualdad ya estaba lograda, que el machismo desaparecería naturalmente con el relevo generacional, que los jóvenes serían más igualitarios por el simple hecho de serlo. La realidad que muestran los datos es otra. Casi la mitad de las madres y una proporción similar de padres reconoce que en sus propias familias existe una expectativa clara: cuando hay un niño que cuidar o un adulto mayor que atender, se mira primero a la mujer. No importa su educación, su carrera profesional o sus ingresos. La estructura de expectativas permanece intacta.

La pregunta que surge es cómo esto es posible en un momento en el que los discursos sobre igualdad están en todas partes, cuando las campañas institucionales hablan constantemente de paridad. ¿Cómo puede ocurrir que la juventud abrace ideas más anticuadas mientras algunos hombres mayores muestran mayor apertura hacia la igualdad? La respuesta parece estar en los contenidos que circulan en las redes digitales. Creadores de videos, podcasters y lo que se conoce como gurús de la masculinidad han construido audiencias masivas difundiendo un mensaje específico: los hombres deben recuperar su rol de proveedores para ser auténticamente hombres, y las mujeres deben volver a ser cuidadoras para ser auténticamente mujeres.

Este contenido no es presentado como una vuelta al pasado. Se envuelve en una estética moderna, con producción de alta calidad, conversaciones relajadas en podcasts, y un tono que pretende ser transgresor. Pero el mensaje es tan antiguo como la Antigua Grecia o Roma: existe un orden natural que debe restaurarse. La diferencia es que ahora viene con neones, micrófonos profesionales y millones de visualizaciones. El patrón es consistente: romantizar el pasado, presentar la desigualdad como algo inevitable, y venderlo a generaciones que crecieron en internet como si fuera una verdad descubierta.

Lo que está en juego va más allá de la división de tareas domésticas. Cuando una sociedad decide quién debe cuidar, quién debe depender económicamente de otro y quién tiene derecho a desarrollar sus propios proyectos de vida, no está hablando de amor ni de familia. Está hablando de poder. Y ninguna desigualdad surge por accidente. Las expectativas familiares son el punto de partida, los estereotipos son el camino, y una organización social que sigue asociando la crianza con las mujeres y el sustento económico con los hombres es el destino. El hecho de que esto esté ganando terreno entre los jóvenes, precisamente cuando se suponía que desaparecería, sugiere que los mecanismos de transmisión de estas ideas son más poderosos de lo que se pensaba.

Cambiar los pañales, bañar y alimentar a los hijos es responsabilidad únicamente de las madres
— Informe 'Paternidades 2026'
Los padres que se dedican a tiempo completo al cuidado de sus hijos no son vistos como hombres de verdad
— Creencia compartida por el 61% de jóvenes varones y 67% de mujeres jóvenes
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