En un momento en que tres de cada cuatro empresas europeas ya operan con inteligencia artificial, apenas una de cada tres invierte en preparar a quienes la usan. Esta brecha entre adopción y formación no es solo un problema corporativo: es una señal de que tanto el mundo laboral como los sistemas educativos enfrentan una transformación que no puede postergarse. La pregunta que subyace no es si la IA cambiará el trabajo y el aprendizaje, sino si las instituciones humanas tendrán la voluntad de acompañar ese cambio con sabiduría.
La IA obliga a reinventar la educación y el empleo, pero solo el 30% de empresas forma a sus trabajadores
La IA viene a cambiar las reglas, pero no a eliminar a los jugadores
¿Por qué solo el 30% de las empresas forma a sus empleados si el 73% ya usa IA? Parece un número sorprendentemente bajo.
Hay varias razones. Muchas empresas adoptan la tecnología porque ven que otros lo hacen, pero no invierten en que sus equipos la dominen. Algunos líderes creen que los trabajadores deben aprender solos, o que la IA es solo para empresas grandes con presupuestos amplios.
Pero el estudio de ISACA dice que el 40% no ofrece ninguna formación. ¿Eso significa que el 30% que sí forma representa el máximo esfuerzo que se está haciendo, o hay empresas que están haciendo más?
El 30% es lo que el estudio confirma. No sabemos si hay iniciativas adicionales que no fueron capturadas en esa medición. Lo que sí es claro es que hay un desajuste: la tecnología avanza más rápido que la capacidad de las empresas para preparar a su gente.
Mencionas que abogados, médicos y financieros necesitarán dominar estas herramientas. ¿Hay evidencia de que estos sectores ya estén formando a sus profesionales?
El artículo sugiere que la IA puede ayudar a un abogado a acceder a bases de conocimiento enormes para preparar casos, o a un médico a diagnosticar. Pero no hay datos específicos sobre cuántos de estos profesionales ya están siendo entrenados.
Exacto. Sabemos que la IA tiene potencial en esos campos, pero el artículo no dice si esos sectores específicos están invirtiendo en formación. Es una brecha en la información.
¿Y en educación? ¿Las escuelas ya están cambiando sus metodologías?
Según los expertos del Global Education Forum, la educación necesita reinventarse. Pero eso es lo que debería ocurrir, no necesariamente lo que está ocurriendo. Los cambios en evaluación, en cómo se enseña, en cómo se usa la IA en el aula, son todavía muy iniciales.
El artículo menciona que los usos actuales de IA en educación son apenas una primera fase: tareas puntuales, generación de presentaciones, planes de estudio. No hay datos sobre cuántas escuelas han implementado realmente el aprendizaje activo o tutores digitales de IA.
¿Cuál es el riesgo más grande si esta brecha entre tecnología y formación no se cierra?
Que los trabajadores no puedan competir, que las empresas pierdan productividad, que la desigualdad aumente. Si solo algunos saben usar bien la IA, tendrán ventaja sobre quienes no la dominen.
Y en educación, el riesgo es que los estudiantes crean que la IA es infalible y dejen de pensar críticamente. El artículo lo menciona: si confían ciegamente en ChatGPT, pueden dejar de verificar información, de contrastar fuentes.
The Pulse
- El 73% de las empresas europeas ya usan IA, pero el 70% de sus empleados no recibe ninguna formación para manejarla, creando una peligrosa desconexión entre herramienta y mano que la sostiene.
- La brecha no distingue sectores: abogados, médicos, financieros y educadores se enfrentan por igual a una tecnología que avanza más rápido que las políticas de sus organizaciones.
- Las empresas más pequeñas quedan especialmente expuestas, sin recursos humanos ni económicos para hacer la transición, mientras algunos líderes aún creen que la digitalización no les corresponde.
- Los sistemas educativos están bajo presión para reinventarse: las clases magistrales ceden paso al aprendizaje activo, y la evaluación debe medir procesos, no solo resultados.
- Emerge una paradoja crítica: si los estudiantes confían ciegamente en la IA, pueden perder la capacidad de verificar, contrastar y pensar críticamente, justo las habilidades que más se necesitarán.
En un momento en que tres de cada cuatro empresas europeas ya operan con inteligencia artificial, apenas una de cada tres invierte en preparar a quienes la usan. Esta brecha entre adopción y formación no es solo un problema corporativo: es una señal de que tanto el mundo laboral como los sistemas educativos enfrentan una transformación que no puede postergarse. La pregunta que subyace no es si la IA cambiará el trabajo y el aprendizaje, sino si las instituciones humanas tendrán la voluntad de acompañar ese cambio con sabiduría.
Tres de cada cuatro empresas europeas ya utilizan inteligencia artificial en sus operaciones, pero apenas una de cada tres invierte en enseñar a sus empleados cómo usarla. Según un estudio de ISACA, el resto simplemente no ofrece formación alguna. Esta desconexión entre adopción tecnológica y preparación del personal representa uno de los desafíos más urgentes del mercado laboral europeo.
La brecha es especialmente preocupante porque la IA no es una herramienta reservada a ingenieros: abarca abogados, médicos, financieros y profesionales de recursos humanos. En pocos años, no saber usarla será tan incapacitante como no saber usar una computadora hoy. Sin embargo, muchas empresas aún no han asimilado esta realidad. Hay compañías que facturan más de veinte millones de euros anuales y carecen de un sistema básico de gestión de clientes. Pedirles políticas coherentes sobre IA es, en ese contexto, poco realista.
Esta inercia tiene consecuencias concretas en productividad, adaptabilidad y seguridad. Las empresas más pequeñas enfrentan obstáculos adicionales por falta de recursos. Pero el problema trasciende lo corporativo: si las organizaciones no preparan a sus trabajadores actuales, ¿qué ocurrirá con los estudiantes que hoy están en las aulas?
Expertos reunidos en el Global Education Forum de la Universidad Camilo José Cela coinciden en que la educación necesita reinventarse desde cero. Las clases magistrales ya no tienen sentido; el aprendizaje activo —proyectos, trabajo en equipo, resolución de problemas— debe tomar protagonismo. La evaluación también debe transformarse: en lugar de calificar solo el resultado final, los educadores deberán observar el proceso. Un tutor digital impulsado por IA puede ofrecer retroalimentación constante y personalizada, actuando como un mentor siempre disponible.
Existe, sin embargo, una paradoja peligrosa: si los estudiantes creen que la IA es infalible, pueden dejar de verificar información y pensar críticamente. La IA amplifica los datos que los humanos le proporcionan, y esos datos contienen sesgos raciales, de género y barreras idiomáticas.
A pesar de todo, hay algo que las máquinas no pueden reemplazar: la dimensión humana de la educación. Un profesor contextualiza, empatiza e inspira. El futuro no es uno en que la máquina reemplaza al docente, sino uno en que ambos trabajan juntos, redefiniendo qué significa aprender y enseñar en una era de inteligencia aumentada.
Tres de cada cuatro empresas europeas ya utilizan inteligencia artificial en sus operaciones. Pero apenas una de cada tres invierte en enseñar a sus empleados cómo usarla. El resto, según un estudio de la Asociación de Auditoría y Control de Sistemas de Información (ISACA), simplemente no ofrece formación alguna. Esta desconexión entre adopción tecnológica y preparación del personal representa uno de los desafíos más urgentes que enfrenta el mercado laboral europeo en este momento.
La brecha es particularmente preocupante porque la inteligencia artificial no es una herramienta destinada solo a ingenieros o especialistas en tecnología. Su alcance abarca prácticamente todos los campos: abogados que necesitarán acceder a bases de conocimiento vastísimas para preparar casos, médicos que usarán sistemas para diagnosticar, financieros que analizarán datos de resultados, profesionales de recursos humanos que gestionarán equipos. El cambio es tan fundamental que, en pocos años, no saber usar estas herramientas será tan incapacitante como no saber usar una computadora hoy. Sin embargo, muchas empresas aún no han asimilado esta realidad. Algunos líderes empresariales creen que la digitalización no es necesaria para sus negocios, o que corresponde a los trabajadores aprender por su cuenta. Hay compañías que facturan más de veinte millones de euros anuales y aún carecen de un sistema básico de gestión de relaciones con clientes. Esperarles que desarrollen políticas coherentes sobre inteligencia artificial es, en ese contexto, poco realista.
Esta inercia corporativa tiene consecuencias concretas. Afecta la productividad de los equipos, su capacidad para adaptarse, y cuestiones tan críticas como la seguridad de los sistemas. Las empresas más pequeñas o con presupuestos limitados enfrentan obstáculos adicionales: carecen de los recursos humanos, económicos o tecnológicos necesarios para hacer la transición. Pero el problema no es solo empresarial. Es también educativo. Si las organizaciones no están preparando a sus trabajadores actuales, ¿qué ocurrirá con los estudiantes que hoy están en las aulas y que pronto ingresarán al mercado laboral?
La educación, según expertos reunidos recientemente en el Global Education Forum de la Universidad Camilo José Cela, necesita reinventarse desde cero. La inteligencia artificial puede amplificar la inteligencia humana, facilitar la colaboración y el aprendizaje. Pero también plantea dilemas éticos profundos: cómo evaluar el trabajo cuando los estudiantes pueden usar herramientas de IA, cómo enseñar a hacer un uso responsable y ético de tecnologías que pueden generar información falsa o sesgada. Los profesores tendrán que cambiar radicalmente sus metodologías. Las clases magistrales, donde los estudiantes absorben contenido pasivamente, ya no tienen sentido. En su lugar, el aprendizaje activo debe tomar protagonismo: proyectos, trabajo en equipo, resolución de problemas, discusión de casos prácticos. La evaluación también debe transformarse. En lugar de calificar solo el resultado final, los educadores deberán observar el proceso, entender cómo el estudiante llegó a su conclusión, dónde encontró dificultades. Un tutor digital impulsado por inteligencia artificial puede ayudar en esto, proporcionando retroalimentación constante y personalizada, convirtiéndose en un mentor que siempre está disponible cuando el alumno se estanca.
Hay beneficios psicológicos potenciales también. Si los estudiantes pueden acceder fácilmente a datos, fechas y cifras específicas mediante herramientas de IA, pueden dedicar su energía mental al análisis, la síntesis y las conexiones conceptuales, en lugar de memorizar listas. Esto podría reducir la ansiedad académica y aumentar la confianza. Pero existe una paradoja peligrosa: si los estudiantes creen que la inteligencia artificial es infalible, pueden dejar de verificar información, de contrastar fuentes, de pensar críticamente. La IA es, en última instancia, un amplificador de los datos que los humanos le proporcionan, y esos datos contienen sesgos: barreras idiomáticas, prejuicios raciales, desigualdades de género.
A pesar de todas estas capacidades tecnológicas, hay algo que las máquinas no pueden reemplazar: la dimensión humana de la educación. Un profesor no solo transmite contenido. Contextualiza, empatiza, inspira. Filtra información, corrige errores, guía conversaciones. El aprendizaje sigue siendo una experiencia social, una interacción entre personas que comparten el desafío de aprender bajo la dirección de alguien con experiencia. La inteligencia artificial puede ser una herramienta poderosa en ese proceso, pero no puede ser el proceso mismo. Los humanos seguirán siendo quienes crean nuevas tecnologías, quienes aportan creatividad, ética y una visión integral que, por ahora, la IA no posee. El futuro no es uno en el que la máquina reemplaza al profesor, sino uno en el que ambos trabajan juntos, redefiniendo qué significa aprender y enseñar en una era de inteligencia aumentada.
Notable Quotes
Hay muchas empresas que aún no tienen la suficiente madurez tecnológica, y que piensan que la IA es solo para compañías más grandes o con presupuestos más amplios.— Javier Torronteras, director de Verne Academy
El aprendizaje, al final, es un proceso, y este incluirá una parte humana y otra de inteligencia artificial. El mayor desafío será la gestión de este cambio.— Giuseppe Auricchio, Chief Learning Innovation Officer en la Institución Educativa SEK