La información se recoge en la calle, porque el Estado no la tiene
Las paredes de La Guaira se convirtieron en carteleras de desaparecidos con cientos de fotos y números de teléfono buscando personas que aún no aparecen. Los controles militares generan malestar: muchos sostienen que entorpecen el ingreso de ayuda y ralentizan el trabajo de rescate en edificios colapsados.
- Terremoto del 24 de junio en La Guaira, Venezuela
- Once días después: búsqueda continua de desaparecidos entre ruinas
- Contingente argentino de 80 integrantes de Fuerzas Armadas en Playa Lido
- 35.000 kilos de insumos movilizados en dos días por redes civiles
- Controles militares cada pocos kilómetros desde autopista hasta el mar
Once días después del terremoto en La Guaira, familias y voluntarios continúan buscando desaparecidos entre ruinas mientras crece la crítica a los controles militares y la lenta respuesta estatal.
Once días después de que la tierra se moviera el 24 de junio, La Guaira se ha convertido en un lugar donde el tiempo parece haberse detenido en el instante del colapso. Las paredes de la ciudad costera venezolana ya no exhiben avisos comerciales ni consignas políticas. En su lugar cuelgan decenas de hojas A4 sujetas con cinta adhesiva: fotografías de rostros, nombres escritos con marcador negro, números de teléfono. Algunas se despegan lentamente por la humedad del Caribe. Otras fueron pegadas apenas horas antes. Ninguna ofrece recompensa. Todas buscan exactamente lo mismo: una persona que todavía no ha aparecido.
Desde la autopista hasta el mar, los controles militares se suceden cada pocos kilómetros. Soldados revisan vehículos, regulan el acceso y custodian las zonas más afectadas. Su presencia, sin embargo, genera malestar creciente entre la población. Muchos venezolanos cuestionan el papel de las fuerzas de seguridad, argumentando que los controles obstaculizan la entrada de ayuda humanitaria y ralentizan el trabajo de quienes intentan llegar a los edificios colapsados. En redes sociales circulan videos que muestran militares permaneciendo como espectadores mientras civiles realizan las tareas de búsqueda y rescate.
El paisaje que se despliega al acercarse a la costa es de devastación casi total. Edificios abiertos exponen sus interiores al aire. Balcones cuelgan suspendidos. Montañas de hormigón y acero se extienden por kilómetros, no solo en un barrio sino a lo largo de toda una franja costera que parece haber sido pulverizada. La dimensión del desastre ya no se mide por la cantidad de estructuras caídas sino por la continuidad de la destrucción. En varios comercios, especialmente supermercados, los propietarios escribieron directamente sobre las persianas: "Ya fui saqueado". Vecinos y voluntarios reportan que algunas personas aprovechan el caos para ingresar a edificios colapsados en busca de dinero, joyas y objetos de valor. Estos relatos se repiten en distintos barrios y explican por qué muchas familias permanecen junto a las ruinas de sus viviendas incluso cuando las tareas de rescate se prolongan durante días.
La búsqueda continúa bajo una lógica que ha evolucionado. El coronel Miguel Ángel Wissinger, jefe del contingente argentino desplegado en Venezuela, explica que la misión ha entrado en una segunda fase. El contingente, ubicado en Playa Lido en una cancha de fútbol de pasto sintético frente al mar, reúne aproximadamente 80 integrantes de la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea, además de médicos, enfermeros, psicólogos y cirujanos. Su trabajo ahora consiste en apoyar a los equipos mecánicos y máquinas viales, auxiliándolos si encuentran a una persona con vida o un cadáver que deba ser entregado a las autoridades venezolanas. "Hoy, en particular, aparentemente habría vida en uno de los lugares donde estamos trabajando", dice el coronel.
Alrededor de cada edificio colapsado conviven dos urgencias distintas que crean un dilema constante. Los familiares que buscan recuperar el cuerpo de un ser querido suelen pedir que las máquinas aceleren el trabajo. Quienes todavía conservan la esperanza de encontrar a alguien con vida prefieren lo contrario: que cada losa se mueva con la mayor delicadeza posible. Saben que una maniobra apresurada puede convertir un rescate en una tragedia irreversible. Días atrás, durante una tarea de remoción, una máquina desmembró accidentalmente un cuerpo atrapado entre los escombros. Esperan madres, hermanos, vecinos y amigos frente a las cintas de seguridad o junto a las máquinas. Algunos colaboran retirando escombros. Otros simplemente observan, pero siempre ayudan con lo que pueden. Casi todos repiten la misma idea: no piensan irse hasta encontrar a sus familiares.
Yaneth Pérez, una de las familias en espera, resume el sentimiento con un reclamo directo: "Hemos recibido ayuda de rescatistas mexicanos, cubanos y del Salvador. Les hemos tocado la puerta a las autoridades para que nos envíen la maquinaria necesaria, pero solo nos enviaron una y necesitamos más ayuda". Buena parte de la asistencia circula por canales ajenos al Estado. Luis Palacios, un abogado que dedica su tiempo libre a coordinar donaciones para las iglesias, sostiene que la respuesta nace de una red mucho más amplia que incluye iglesias, universidades, gremios, academias y sociedad civil organizada. "No podemos seguir entendiendo que el Estado es el único actor", afirma. En dos días han movilizado 35.000 kilos de insumos. Palacios también reflexiona sobre cómo funciona la información en Venezuela: "La información se recoge en la calle, porque el Estado no la tiene o no la hace pública".
Entre esa red de asistencia también aparece la ayuda argentina. Además del contingente oficial de las Fuerzas Armadas, la organización Solidaire, impulsada por Enrique Piñeyro, montó un puente aéreo para trasladar rescatistas desde Ezeiza a bordo de un Boeing 787 Dreamliner. El avión realiza vuelos de ida y vuelta a Panamá, donde carga medicamentos, alimentos e insumos antes de regresar a Venezuela. Durante el recorrido por la zona afectada, varios voluntarios mencionaron espontáneamente a Piñeyro y agradecieron su apoyo. Aunque muchos habitantes de La Guaira desconocen el origen de esa asistencia, entre quienes participan de la respuesta humanitaria su nombre circula frecuentemente como uno de los impulsores de la ayuda internacional.
Al caer la tarde, las fotos de los desaparecidos siguen pegadas a las paredes. Las excavadoras continúan levantando losas mientras el sol desciende. Nadie parece dispuesto a abandonar su lugar. Un venezolano observa el paisaje de edificios abiertos, polvo y grúas, hace una pausa y dice: "Lamento que estés conociendo Venezuela en estas circunstancias. Es un hermoso país, pero está vuelto mierda". No hacía falta agregar nada más.
Notable Quotes
Hemos recibido ayuda de rescatistas mexicanos, cubanos y del Salvador. Les hemos tocado la puerta a las autoridades para que nos envíen la maquinaria necesaria, pero solo nos enviaron una y necesitamos más ayuda— Yaneth Pérez, familiar en espera
No podemos seguir entendiendo que el Estado es el único actor. Existen las iglesias, las universidades, los gremios, las academias, la sociedad civil organizada, que convierten las crisis en una acción positiva— Luis Palacios, abogado coordinador de donaciones
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué las familias insisten en permanecer junto a las ruinas si el trabajo de rescate es tan lento?
Porque no saben si sus seres queridos están vivos o muertos. Mientras haya escombros sin remover, hay esperanza. Y además, hay saqueos. Si se van, pierden todo lo que queda.
¿Qué significa exactamente que los controles militares entorpecen la ayuda?
Que los soldados revisan cada vehículo, regulan quién entra y quién sale. Esto ralentiza la llegada de medicinas, alimentos, máquinas de rescate. La gente dice que los militares están más preocupados por controlar que por ayudar.
¿Por qué el Estado no está respondiendo adecuadamente?
Nadie lo sabe con certeza porque el Estado no publica información. Lo que sí se ve es que la ayuda viene de iglesias, voluntarios, organizaciones civiles, incluso de otros países. El Estado envió una máquina cuando se necesitan varias.
¿Quién es Enrique Piñeyro y por qué su nombre aparece tanto?
Es un argentino que montó un puente aéreo privado. Su avión vuela desde Buenos Aires a Panamá y luego a Venezuela, cargando rescatistas y suministros. Muchos voluntarios lo mencionan como alguien que realmente está haciendo algo.
¿Qué pasa con los saqueos? ¿Es un problema real o exagerado?
Es real. Los comercios escriben "Ya fui saqueado" en las persianas. Las familias se quedan junto a las ruinas porque saben que hay gente aprovechando el caos para robar. Es un drama sobre el drama.
¿Hay alguna esperanza en esta historia?
La hay en la gente. Madres, hermanos, voluntarios que no se rinden. Y en esa red de ayuda que funciona sin el Estado. Pero la esperanza es frágil. Depende de máquinas que se mueven lentamente y de un tiempo que no espera a nadie.