Durante siglos, la medicina trató el cuerpo humano como si fuera una sola máquina con respuestas predecibles; la genómica moderna nos recuerda que cada paciente lleva en su código biológico una historia única. Un estudio publicado en Nature, basado en casi 30.000 personas, ha identificado dos variantes genéticas que ayudan a explicar por qué fármacos como Ozempic producen resultados tan dispares en pérdida de peso y efectos secundarios. Los hallazgos son modestos en magnitud, pero significativos en dirección: apuntan hacia un horizonte donde la medicina de precisión podría personalizar el trat
La genética revela por qué Ozempic funciona diferente en cada persona
La genética explica por qué responden diferente, pero no lo explica todo
¿Por qué importa que Ozempic funcione diferente en cada persona? ¿No es normal que los medicamentos afecten a la gente de formas distintas?
Claro que es normal, pero aquí hay algo específico: algunas personas pierden 20 kilos y otras apenas 5, tomando exactamente la misma dosis. Y algunos sufren efectos secundarios tan graves que tienen que dejar el medicamento. Los médicos necesitaban saber si había una razón biológica predecible.
¿Y la encontraron?
Parcialmente. Identificaron dos variantes genéticas que explican una pequeña parte de esa variabilidad. Una se asocia con un poco más de pérdida de peso; otra con náuseas más intensas. Pero los efectos son modestos.
¿Modestos cómo?
Estamos hablando de diferencias de menos de un kilogramo. La edad, el sexo, la dosis que toma alguien, cuánto se adhiere al tratamiento: eso sigue siendo mucho más importante que la genética.
Entonces, ¿para qué sirve saber esto?
Es un paso hacia la medicina de precisión. Hoy no cambia cómo los médicos tratan a sus pacientes. Pero entienden mejor por qué dos personas responden tan diferente, y eso abre la puerta a futuras decisiones más personalizadas.
¿Cuándo podría cambiar la práctica clínica?
Probablemente no pronto. Necesitan más datos, estudios más largos, entender mejor cómo interactúan todos estos factores. Por ahora, ajustar la dosis y monitorear al paciente sigue siendo más útil que un test genético.
O Pulso
- Millones de pacientes toman los mismos fármacos GLP-1 y obtienen resultados radicalmente distintos, una disparidad que ha desconcertado a los médicos durante años.
- El estudio de 23andMe con casi 30.000 participantes localiza dos variantes genéticas concretas: una ligada a mayor pérdida de peso y otra asociada a náuseas y vómitos con tirzepatida.
- Los propios investigadores advierten que los efectos genéticos son pequeños y que factores como la edad, el sexo y la dosis siguen siendo predictores mucho más poderosos del resultado clínico.
- Especialistas españoles celebran el avance científico pero subrayan que hoy es más útil ajustar dosis y variables modificables que ordenar pruebas genéticas a los pacientes.
- El hallazgo abre la puerta a una medicina de precisión aplicada a la obesidad, pero ese futuro exige estudios más amplios y seguimientos a largo plazo antes de transformar la práctica clínica.
Durante siglos, la medicina trató el cuerpo humano como si fuera una sola máquina con respuestas predecibles; la genómica moderna nos recuerda que cada paciente lleva en su código biológico una historia única. Un estudio publicado en Nature, basado en casi 30.000 personas, ha identificado dos variantes genéticas que ayudan a explicar por qué fármacos como Ozempic producen resultados tan dispares en pérdida de peso y efectos secundarios. Los hallazgos son modestos en magnitud, pero significativos en dirección: apuntan hacia un horizonte donde la medicina de precisión podría personalizar el tratamiento de la obesidad, aunque ese horizonte aún está lejos de la consulta diaria.
Un estudio publicado en Nature ha dado nombre científico a algo que los médicos llevaban años observando sin poder explicar del todo: por qué Ozempic y fármacos similares funcionan de manera tan diferente de un paciente a otro. El equipo de Adam Auton en 23andMe analizó el genoma completo de casi 30.000 personas que tomaban agonistas del receptor GLP-1 —medicamentos que imitan hormonas intestinales para regular el apetito y la insulina— y encontró dos variantes genéticas con un papel relevante en esa variabilidad.
La primera, localizada en el propio receptor GLP-1, se asocia con una pérdida de peso algo mayor: alrededor de 0,76 kilogramos adicionales por cada copia del gen. La segunda, en el receptor del polipéptido inhibidor gástrico, se vincula con náuseas y vómitos en quienes toman tirzepatida, sin afectar la cantidad de peso perdido. Son efectos medibles, pero no dramáticos.
Los autores son los primeros en advertir las limitaciones de sus propios hallazgos. El sexo, la edad, la dosis y la adherencia al tratamiento siguen siendo factores mucho más determinantes que la genética a la hora de predecir cuánto peso perderá un paciente. Ana Belén Crujeiras, investigadora del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago, señala que la utilidad clínica actual de estos datos es todavía limitada: hoy resulta más práctico ajustar variables que el médico puede modificar directamente.
Cristóbal Morales, del Hospital Vithas Sevilla, valora el estudio porque confirma la complejidad extraordinaria de la obesidad como enfermedad y da respaldo científico a lo que los clínicos ven cada día en consulta: pacientes que responden de forma muy distinta al mismo tratamiento. Lo que el estudio no cambia aún es la práctica diaria, pero sí amplía la comprensión de por qué dos personas que toman la misma pastilla pueden vivir experiencias completamente distintas. El camino hacia una medicina de precisión para la obesidad ha dado un paso, aunque queda mucho trecho por recorrer.
Un estudio publicado hoy en Nature ha identificado dos variantes genéticas que podrían explicar por qué Ozempic y medicamentos similares funcionan de manera tan distinta de una persona a otra. Los investigadores analizaron datos de casi 30.000 pacientes que tomaban fármacos GLP-1, buscando pistas en el código genético que pudieran revelar quién pierde más peso y quién sufre efectos secundarios más intensos.
Los agonistas del receptor GLP-1 —medicamentos como la semaglutida y la tirzepatida— imitan las hormonas naturales del intestino para regular el apetito, la liberación de insulina y la digestión. Se han vuelto populares para tratar la obesidad, pero los médicos llevan años observando algo desconcertante: algunos pacientes pierden cantidades significativas de peso mientras otros apenas ven cambios. Algunos toleran el tratamiento sin problemas; otros sufren náuseas y vómitos tan severos que tienen que abandonar la medicación. Hasta ahora, nadie sabía bien por qué.
Adam Auton y sus colegas del instituto 23andMe realizaron un análisis del genoma completo en 27.885 personas que tomaban medicamentos GLP-1. Encontraron que una variante específica llamada rs10305420 en el receptor GLP-1 se asociaba con una pérdida de peso ligeramente mayor: aproximadamente 0,76 kilogramos adicionales por cada copia del gen que una persona portaba. No es una diferencia dramática, pero es medible. Otra variante, rs1800437, en el gen del receptor del polipéptido inhibidor gástrico, se vinculó con náuseas y vómitos en personas que tomaban tirzepatida, aunque no afectó la cantidad de peso que perdieron.
Los hallazgos sugieren que las diferencias genéticas en los genes que estos medicamentos atacan podrían explicar parte de la variabilidad en cómo responden los pacientes. Sin embargo, los propios autores advierten que los efectos genéticos son modestos. Otros factores —el sexo, la edad, la dosis, la adherencia al tratamiento, las comorbilidades— siguen siendo predictores mucho más potentes de cuánto peso perderá alguien. Ana Belén Crujeiras, directora del grupo de investigación de Epigenómica en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago, señala que aunque estos hallazgos son interesantes, su utilidad clínica actual es limitada. Hoy es más práctico ajustar el tratamiento según variables que los médicos pueden modificar directamente que basarse en pruebas genéticas.
Cristóbal Morales, responsable de la Unidad de Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad del Hospital Vithas Sevilla, celebra el estudio porque confirma lo que los clínicos ya saben: la obesidad es una enfermedad extraordinariamente compleja donde la genética juega un papel, pero no lo explica todo. En la consulta, los médicos observan constantemente que algunos pacientes son hiperrespondedores —pierden mucho peso— mientras otros son hiporrespondedores, y cada uno experimenta efectos secundarios distintos. El estudio aporta claridad científica a un problema cotidiano.
Lo que muchos especialistas ven en el horizonte es la medicina de precisión aplicada a la obesidad: un futuro donde la información genética ayude a elegir el fármaco más adecuado para cada persona o a diseñar tratamientos personalizados. Pero ese futuro requiere más investigación con conjuntos de datos más amplios y seguimientos a largo plazo. Por ahora, los efectos genéticos identificados son demasiado modestos para cambiar la práctica clínica. Lo que sí cambia es nuestra comprensión de por qué dos personas que toman el mismo medicamento pueden tener experiencias completamente distintas.
Citações Notáveis
Los efectos de la genética parecen modestos, y se necesita más investigación con conjuntos de datos más amplios para comprender cómo la información genética podría respaldar las decisiones clínicas en el futuro— Autores del estudio publicado en Nature
La obesidad es una enfermedad muy compleja, en la cual la genética tiene mucho que ver, aunque no lo explique todo— Cristóbal Morales, Hospital Vithas Sevilla