Incluso el ganado acaba orbitando alrededor del apellido Trump
La Administración Trump desplazó la organización bipartidista original America250 con Freedom 250, una marca que suena a eslogan electoral en lugar de conmemoración nacional. El 80% de los 126 millones destinados a celebraciones fueron adjudicados a entidades politizadas, incluyendo 68 millones a la National Park Foundation y 7 millones a una firma que organizó el mitin previo al 6 de enero.
- 103 millones de dólares adjudicados a entidades politizadas, el 80% de los 126 millones destinados
- 68 millones asignados por el Departamento de Interior a la National Park Foundation
- 7 millones en contratos a Event Strategies, la firma que organizó el mitin previo al 6 de enero
- 8 estados demócratas rechazaron enviar delegaciones propias a la feria
La Casa Blanca ha transformado la conmemoración del aniversario estadounidense en un evento partidista, adjudicando 103 millones en contratos a aliados y reemplazando la narrativa institucional con una visión trumpista, mientras estados demócratas boicotean la feria.
En el corazón de Washington, donde han transcurrido las marchas históricas, las tomas de posesión y los funerales nacionales, se levanta ahora una feria que pretende celebrar 250 años de independencia estadounidense. Pero lo que se despliega entre el Capitolio y el Lincoln Memorial parece menos un monumento a la nación que un espejo de la segunda administración Trump: pabellones corporativos, contratistas de defensa, banderas gigantes y un puesto del Departamento de Defensa rebautizado simplemente como "War". La Great American State Fair mezcla comida frita, vacas de plástico y música country con una narrativa muy específica de América: más nostálgica, más militarizada, más empresarial y decididamente más trumpista que institucional.
La transformación comenzó hace una década, cuando el Congreso creó una comisión bipartidista para preparar la conmemoración del cuarto de milenio. El proyecto original, llamado America250, era solemne e institucional. Pero cuando Trump regresó a la Casa Blanca, su entorno intentó tomar el control de esa estructura. Al encontrar resistencia de la dirección bipartidista, construyeron su propio vehículo: Freedom 250. El cambio de nombre cuenta media historia. America250 sonaba a aniversario de Estado. Freedom 250 suena a eslogan electoral. Desde entonces, la nueva marca ha desplazado a la anterior como socio preferente de la Administración, que la ha promocionado activamente mientras algunas agencias han recibido instrucciones para usarla como identidad principal.
La apropiación no ha sido solo estética. Según un informe de Public Citizen y el Revolving Door Project, la Administración Trump ha adjudicado cerca de 103 millones de dólares en contratos y subvenciones federales vinculados al aniversario a entidades politizadas o influidas por aliados del presidente. Eso representa casi el 80 por ciento de los 126 millones comprometidos desde octubre de 2025 para financiar las celebraciones de este verano. El mayor beneficiario ha sido la National Park Foundation, que colabora con el Servicio de Parques Nacionales y bajo cuyo paraguas se creó Freedom 250. Solo el Departamento de Interior le ha asignado más de 68 millones de dólares. A eso se suman otros 10 millones para los Freedom Trucks, museos móviles impulsados junto a PragerU y Hillsdale College, dos instituciones muy reconocibles del ecosistema conservador estadounidense.
La red tiene nombres propios. Doug Burgum, secretario de Interior, forma parte de la National Park Foundation. En torno a él han aparecido figuras del trumpismo como Chris LaCivita, exjefe de campaña de Trump en 2024, y Meredith O'Rourke, antigua responsable de financiación que ha estado vinculada a la captación de fondos para otros proyectos controvertidos del presidente. Event Strategies, la firma que ayudó a organizar el mitin de Trump del 6 de enero de 2021 antes del asalto al Capitolio, ha recibido más de siete millones de dólares en contratos relacionados con el aniversario, incluyendo trabajos de seguridad, diseño y organización de eventos oficiales. A esa capa pública se ha sumado otra privada: Freedom 250 ha atraído patrocinadores como ExxonMobil, Oracle, Lockheed Martin, Palantir, MasterCard, Northrop Grumman, RTX, UFC, United Airlines y John Deere. No son simples logos; son petroleras, tecnológicas, empresas de defensa, aerolíneas y compañías con intereses regulatorios, contratos federales o asuntos pendientes con la Administración.
Pero el primer fin de semana de la feria reveló algo más que la intención política: reveló las costuras. Las puertas abrieron tarde. Los operarios seguían retirando material de obra. Había apagones intermitentes. En la zona de comida se vendía el Original Liberty Sandwich —mantequilla de cacahuete y crema de nubes por 13 dólares— mientras algunos puestos tenían que bajar el ritmo cada vez que fallaba la electricidad. Un trabajador avisaba a los visitantes de que el agua estaba a temperatura ambiente porque todavía no había hielo. La noria, llamada a ser el reclamo más fotogénico del evento, tampoco funcionó bien: ha operado a ratos por culpa de un generador defectuoso. El símbolo más visible del cumpleaños de América ni siquiera terminaba de arrancar.
Los pabellones estatales cuentan una historia aún más reveladora. Montana llevó un esqueleto de dinosaurio y una estación de excavación. Luisiana recibe a los visitantes con collares de Mardi Gras. Idaho y Míchigan tienen vacas de plástico con ubres de goma para que los niños puedan ordeñar América en versión juguete. Otros, sin embargo, muestran una imagen muy distinta: dos sillas bajas, una composición de fotos y una planta de plástico. Ninguna representación. En el stand de Connecticut, la frase más recurrente ha sido: "No hay mucho que ver aquí". Al menos ocho estados, en su mayoría gobernados por demócratas, han rechazado enviar delegaciones propias por el coste de participar. La organización ha rellenado esos huecos como ha podido, con pabellones genéricos y entusiasmo administrativo. El resultado es una feria diseñada para exhibir la unidad nacional que muestra, en sus propias casetas, las ausencias de la misma.
Y luego está Melania. No la primera dama, sino una ternera rubia enviada desde Virginia Occidental. Bautizada así por una estudiante de 15 años al ver que el animal tenía un color de pelo parecido al de la esposa del presidente. En cualquier otra feria sería una anécdota simpática. En esta, parece casi una premonición: incluso el ganado acaba orbitando alrededor del apellido Trump.
Notable Quotes
La feria prometía representar a todo el país, pero sus propias casetas muestran las ausencias de la unidad nacional que pretendía celebrar— Análisis del evento
En el stand de Connecticut, la frase más recurrente ha sido: 'No hay mucho que ver aquí'— Observación de visitantes
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Cómo se convierte una conmemoración nacional en una operación política?
Cuando el control presupuestario y la narrativa se concentran en manos de una sola administración, la celebración deja de ser del país y se convierte en del gobierno. Aquí pasó exactamente eso.
Pero ¿no había una estructura original que resistió?
Sí. America250 era bipartidista y resistió. Pero cuando Trump regresó, su entorno simplemente construyó su propio vehículo: Freedom 250. No necesitaban ganar la batalla interna; podían crear su propia marca.
¿Y los demócratas simplemente se fueron?
No se fueron. Se negaron a participar. Ocho estados rechazaron enviar delegaciones. Es una forma de boicot silencioso que la feria intenta ocultar con pabellones genéricos.
¿Qué significa que una firma que organizó el mitin del 6 de enero reciba 7 millones en contratos?
Significa que no hay separación entre la política de campaña y la administración del Estado. Los mismos operadores que trabajaron en eventos controvertidos ahora trabajan en celebraciones nacionales.
¿Y los patrocinadores corporativos?
Son empresas con intereses regulatorios pendientes. No están ahí por patriotismo. Están ahí porque tienen asuntos con la Administración.
¿Qué revela el hecho de que la noria no funcione?
Que incluso la incompetencia técnica es política. Una feria que pretende mostrar la grandeza de América no puede ni mantener funcionando su símbolo más visible.