La ciencia desmiente que terremotos en otros países anuncien sismos en Mendoza

Vivir en una región sísmica no significa vivir con miedo
La geóloga del INPRES resume la diferencia entre peligrosidad sísmica y pánico cotidiano.
Mark

Cuando vemos que tiembla en Colombia o Venezuela, ¿por qué la gente en Mendoza siente que algo se aproxima?

Mimi

Porque vivimos en una provincia sísmica y la memoria colectiva es fuerte. Pero esa intuición no tiene base científica. Cada terremoto responde a procesos geológicos locales, no a una cadena de eventos.

Mark

Entonces, ¿la ubicación geológica de Mendoza es lo que la hace peligrosa?

Mimi

Exactamente. La interacción entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana genera deformaciones en la corteza desde hace millones de años. Eso es lo que crea la peligrosidad sísmica, no lo que ocurra en otros países.

Mark

¿Y si los científicos no pueden predecir cuándo ocurrirá un terremoto, qué pueden hacer?

Mimi

Pueden monitorear la actividad, estudiar las fallas, hacer mapas de riesgo. Pero la verdadera defensa está en la preparación: construcciones sismorresistentes, planes familiares, conocer los lugares seguros de la casa.

Mark

¿Eso significa que toda esa ansiedad después de un sismo importante es inútil?

Mimi

No es inútil, es comprensible. Pero la ansiedad no es evidencia científica. Lo que importa es convertir esa preocupación en acción concreta: revisar que la casa cumpla normas, tener un plan de emergencia, mantener las salidas libres.

Mark

¿Hay algo que la ciencia todavía no entienda sobre los terremotos?

Mimi

Mucho. No sabemos cuándo ocurrirán, dónde exactamente, ni qué magnitud tendrán. Eso es lo más honesto que podemos decir. Pero eso no nos deja indefensos; nos obliga a prepararnos mejor.

  • Cada sismo importante en Sudamérica dispara en Mendoza una ola de mensajes virales que asocian esos movimientos con un supuesto riesgo inminente para la provincia, alimentando una ansiedad difícil de calmar.
  • La doctora Irene Pérez, investigadora del INPRES, desmiente con claridad la idea de que los terremotos se desplazan de un país a otro: cada región responde a sus propios procesos geológicos, y no existe efecto dominó sísmico entre naciones.
  • La ciencia tampoco puede predecir cuándo, dónde ni con qué magnitud ocurrirá el próximo terremoto en Mendoza, lo que invalida tanto las teorías virales sobre la Luna o los animales como cualquier otra forma de anticipación no científica.
  • Mendoza sí tiene peligrosidad sísmica real, derivada de la interacción entre las placas de Nazca y Sudamericana, pero esa peligrosidad describe un comportamiento histórico del territorio, no una fecha próxima de ruptura.
  • Frente a la imposibilidad de predecir, los especialistas orientan la energía colectiva hacia la preparación: construcciones sismorresistentes, planes familiares de emergencia y conocimiento de los espacios seguros dentro del hogar.

Cada vez que la tierra tiembla en algún rincón de Sudamérica, la inquietud viaja más rápido que las ondas sísmicas y llega a Mendoza en forma de rumores y preguntas urgentes. Especialistas del Instituto Nacional de Prevención Sísmica salen al paso de esa ansiedad colectiva con un recordatorio que la ciencia sostiene con firmeza: los terremotos no migran de país en país, y ningún sismo ocurrido en Perú, Colombia o Venezuela anuncia uno en Cuyo. Mendoza es sísmica por razones geológicas propias y profundas, pero la única respuesta honesta que la ciencia puede ofrecer hoy frente a la pregunta de cuándo llegará el próximo movimiento es que aún no existe método alguno para saberlo. Lo que sí existe, y lo que los expertos recomiendan, es la preparación cotidiana como forma de reducir consecuencias cuando la tierra, inevitablemente, vuelva a moverse.

Cuando tiembla en Perú o en Colombia, los teléfonos en Mendoza no dejan de sonar. Las redes sociales se llenan de preguntas sobre si la provincia está en riesgo. La ansiedad es comprensible, pero Irene Pérez, doctora en Geología e investigadora del INPRES, tiene un mensaje claro: la preocupación no equivale a evidencia científica.

Lo primero que los especialistas quieren dejar en claro es que un terremoto en otro país no anuncia uno en Mendoza. Aunque todos esos países forman parte del cinturón sísmico del continente, cada movimiento responde a procesos geológicos propios. La idea de que los sismos se desplazan de nación en nación hasta llegar a Cuyo no tiene ningún sustento científico.

Mendoza sí es una provincia sísmica, pero por razones que nada tienen que ver con lo que ocurra en el resto del continente. La interacción entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana genera deformaciones en la corteza terrestre que hacen posible la aparición de terremotos. Los expertos llaman a esto peligrosidad sísmica: un concepto que describe el comportamiento histórico del territorio, no una advertencia de que algo está por ocurrir.

La gran pregunta que la ciencia aún no puede responder es cuándo llegará el próximo terremoto. No existe ningún método que permita anticiparlo con precisión, ni en Argentina ni en ningún otro lugar del mundo. Por eso también caen por su propio peso las teorías que se viralizan después de cada sismo: ni el calor, ni la Luna, ni el comportamiento de los animales permiten predecir un movimiento de gran magnitud.

Si la predicción es imposible, la preparación sí está al alcance de todos. Pérez insiste en que las viviendas respeten normas sismorresistentes, que las familias tengan un plan de acción para emergencias y que se identifiquen los lugares más seguros dentro del hogar. Vivir en una región con peligrosidad sísmica no significa vivir con miedo, sino conocer el fenómeno y reducir al máximo la vulnerabilidad antes de que la tierra vuelva a moverse.

Cuando tiembla en Perú, cuando se mueve la tierra en Colombia o Venezuela, los teléfonos en Mendoza no dejan de sonar. Las redes sociales se llenan de preguntas. ¿Nos viene uno? ¿Estamos en riesgo? La ansiedad es comprensible, pero Irene Pérez, doctora en Geología e investigadora del Instituto Nacional de Prevención Sísmica, tiene un mensaje claro: la preocupación no es lo mismo que la evidencia científica.

Lo primero que hay que entender es que un terremoto en otro país no anuncia uno en Mendoza. Parece obvio cuando lo dice un especialista, pero es probablemente la duda más frecuente después de cada sismo importante en Sudamérica. Los expertos son contundentes: no existe relación alguna que permita afirmar que un movimiento en Perú, Colombia o Venezuela aumente las probabilidades de que ocurra otro en Cuyo. Aunque todos esos países forman parte del cinturón sísmico del continente, cada terremoto responde a procesos geológicos propios. La Tierra no envía un efecto dominó de un país a otro. Pérez incluso advierte contra una idea que resurge cada vez que hay varios sismos seguidos: la idea de que los terremotos se desplazan de un país a otro hasta llegar a la región. Desde el punto de vista científico, eso no es así.

Entonces, ¿por qué Mendoza sí es una provincia sísmica? La respuesta está mucho más cerca de casa. Mendoza y San Juan se encuentran sobre una región donde interactúan la placa de Nazca y la placa Sudamericana. Ese proceso geológico, que ocurre desde hace millones de años, genera deformaciones en la corteza terrestre y favorece la aparición de fallas capaces de producir terremotos. Los especialistas hablan de peligrosidad sísmica, un concepto que no significa que un terremoto esté por ocurrir, sino que las características geológicas del territorio hacen posible que, a lo largo del tiempo, se registren movimientos importantes. Esa peligrosidad permite conocer el comportamiento de una región y planificar medidas de prevención, pero no sirve para ponerle fecha al próximo sismo.

Aquí llega la gran pregunta que la ciencia todavía no puede responder: ¿cuándo ocurrirá el próximo terremoto? Si existiera una forma de anticiparlo, probablemente sería uno de los avances científicos más importantes del mundo. Pero hoy esa herramienta no existe. No hay ningún método científico que permita decir con precisión cuándo va a ocurrir un terremoto, dónde será o qué magnitud tendrá. Eso vale para Argentina, Japón, Estados Unidos o cualquier otro país. Los organismos especializados pueden monitorear la actividad sísmica de manera permanente, estudiar las fallas geológicas y elaborar mapas de riesgo. Lo que no pueden hacer es anunciar que un determinado día ocurrirá un movimiento. Por eso también desmiente muchas teorías que suelen viralizarse después de cada sismo importante: ni el calor, ni el frío, ni la Luna, ni el comportamiento de los animales, ni una serie de terremotos ocurridos en distintos países permiten anticipar científicamente un movimiento de gran magnitud.

Si no podemos predecir un terremoto, ¿qué tiene sentido hacer? Para Pérez, la respuesta está en la preparación cotidiana y no en el miedo. No podemos saber cuándo va a ocurrir el próximo, pero sí podemos trabajar para reducir sus consecuencias. Eso implica que las viviendas respeten normas sismorresistentes, conocer cuáles son los lugares más seguros dentro de una casa y tener un plan familiar para actuar durante una emergencia. También recomienda mantener libres las salidas, identificar puntos de encuentro con la familia y contar con elementos básicos para afrontar las primeras horas después de un evento importante. Son medidas sencillas, pero que pueden marcar una diferencia cuando la tierra empieza a moverse.

En Mendoza, hablar de terremotos nunca es un tema lejano. La historia de la región está atravesada por movimientos que modificaron ciudades enteras y cambiaron la manera de construir. Esa experiencia explica por qué hoy las normas sismorresistentes ocupan un lugar central en la ingeniería y en la planificación urbana. Para los especialistas, la mejor herramienta frente a un terremoto no es intentar adivinar cuándo llegará, sino reducir al máximo la vulnerabilidad de las personas y de las construcciones. Vivir en una región con peligrosidad sísmica no significa vivir con miedo. Significa conocer el fenómeno, estar preparados y construir de manera adecuada para disminuir el riesgo.

La preocupación es comprensible, pero no hay que confundir preocupación con evidencia científica
— Irene Pérez, doctora en Geología e investigadora del INPRES
No podemos saber cuándo va a ocurrir el próximo terremoto, pero sí podemos trabajar para reducir sus consecuencias
— Irene Pérez, INPRES
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