La carrera por la IA: cuando quedarse atrás es la mayor deuda

La mayor deuda no es financiera, sino quedarse atrás
Los hiperescaladores han descubierto que en la pugna por la IA, el verdadero riesgo es perder terreno competitivo.
Mark

¿Por qué importa que estos cinco gigantes tecnológicos ahora representen el veinte por ciento de las emisiones de bonos estadounidenses? ¿No es solo dinero moviéndose de un lugar a otro?

Mimi

Porque cambia dónde vive el riesgo. Antes, si una inversión en IA fracasaba, era un problema de rentabilidad. Ahora, si algo sale mal, afecta la capacidad de estas empresas para pagar su deuda. Y eso tiene consecuencias para todo el sistema de crédito.

Luke

Pero espera. El artículo dice que pasaron de financiar con beneficios a emitir deuda en "muy pocos meses". ¿Cuántos meses exactamente? ¿Y tenemos confirmación de que el veinte por ciento es una cifra actual o una proyección?

Mimi

Es una buena pregunta. El artículo no especifica el período exacto, solo dice "en muy pocos meses". Y el veinte por ciento se presenta como un hecho presente, pero no hay una fecha específica.

Mark

El artículo menciona a Keynes prediciendo una semana laboral de quince horas para 2030. ¿Eso es relevante para lo que está pasando ahora con la IA?

Mimi

Sí, porque muestra que estas preocupaciones sobre la tecnología y el empleo no son nuevas. Pero Keynes acertó en la dirección aunque se equivocó en los detalles. La pregunta ahora es si los humanos pueden adaptarse lo suficientemente rápido a esta ola de IA.

Luke

Pero el artículo no proporciona evidencia de que los humanos no puedan adaptarse. Solo dice que tienen una "capacidad de adaptación" y que se han reinventado antes. ¿Hay datos sobre pérdida de empleo o desplazamiento laboral causado por IA?

Mimi

No, el artículo no entra en eso. Se enfoca más en la carrera financiera entre las empresas que en el impacto laboral real.

Mark

Entonces, ¿cuál es el verdadero riesgo aquí? ¿Es que estas empresas se endeuden demasiado, o es que alguien se queda atrás en la carrera tecnológica?

Mimi

Ambos. Pero el artículo sugiere que para estos hiperescaladores, el riesgo de quedarse atrás es más aterrador que el riesgo financiero. Por eso están dispuestos a endeudarse tanto.

Luke

Eso es una interpretación. El artículo dice que "la mayor de las deudas no es financiera, sino quedarse atrás", pero eso es una metáfora. No sabemos realmente qué piensan estos ejecutivos o cuál es su cálculo real de riesgo.

Mark

¿Y qué pasa si todas estas inversiones en IA no generan los retornos que esperan?

Mimi

Entonces tienes empresas gigantescas con deuda masiva y proyectos que no son rentables. Eso podría afectar los mercados de crédito global.

  • La inversión en inteligencia artificial ha superado la capacidad de autofinanciamiento incluso de las empresas más rentables del planeta, forzándolas a recurrir al mercado de deuda a una escala sin precedentes.
  • Cinco gigantes tecnológicos concentran ahora el veinte por ciento de las emisiones de bonos de grado de inversión en EE. UU., desplazando el riesgo desde sus balances hacia los mercados de crédito globales.
  • El temor a quedarse rezagado en la competencia por la IA actúa como motor más poderoso que cualquier proyección de rentabilidad, convirtiendo el endeudamiento en una decisión casi obligada.
  • Si las inversiones no generan los retornos esperados, el problema ya no será solo de rentabilidad sino potencialmente de solvencia, con efectos que podrían propagarse por todo el sistema financiero.
  • La historia sugiere que las grandes olas tecnológicas aceleran el crecimiento y la productividad, pero la velocidad actual del cambio pone a prueba la capacidad humana de adaptación como nunca antes.

En un momento en que un robot ya corre más rápido que el mejor velocista humano de la historia, las grandes empresas tecnológicas han llegado a una conclusión que reordena los mercados globales: en la carrera por la inteligencia artificial, quedarse atrás es el único riesgo que no pueden asumir. Amazon, Microsoft, Alphabet, Meta y Oracle han pasado de financiar sus ambiciones con ganancias propias a emitir deuda masiva, representando ya el veinte por ciento de todos los bonos de grado de inversión en Estados Unidos. Lo que antes era una apuesta por el futuro se ha convertido en una obligación de supervivencia, y sus consecuencias se extienden mucho más allá del balance de cada empresa.

Un robot acaba de correr los cien metros más rápido que Usain Bolt en su mejor momento. Ocurrió en las recientes olimpiadas de humanoides, y ese instante captura algo esencial sobre el presente: la inteligencia artificial avanza a una velocidad que desafía la intuición, y esa velocidad está reordenando todo lo que toca.

La historia de la tecnología muestra un patrón reconocible: cuando surge una ola de innovación genuina, la inversión se dispara, el crecimiento se acelera y la productividad salta. También emerge, casi siempre, la pregunta incómoda sobre si los humanos pueden adaptarse lo suficientemente rápido. Keynes lo anticipó en 1930, prediciendo que para 2030 trabajaríamos quince horas semanales. Se equivocó en los detalles, pero acertó en la dirección: el cambio tecnológico empuja hacia menos trabajo, no más. Y la historia también muestra que los humanos tienen una capacidad de reinvención que es fácil subestimar.

Pero hay algo más urgente sucediendo ahora. Los cinco gigantes que dominan la computación en la nube —Amazon, Microsoft, Alphabet, Meta y Oracle— libran una pugna sin cuartel por controlar la inteligencia artificial, y esa pugna ha cambiado radicalmente la forma en que financian sus operaciones. Hasta hace poco, usaban sus propias ganancias para invertir. Eran tan rentables que no necesitaban más. Pero las inversiones exigidas por la IA se volvieron tan colosales que incluso esos beneficios dejaron de alcanzar.

Así comenzaron a emitir deuda. Mucha deuda. En pocos meses, estos cinco proveedores pasaron a representar el veinte por ciento de todas las emisiones de bonos de grado de inversión en el mercado estadounidense. El riesgo ya no está solo en si las inversiones generarán retornos suficientes: ahora vive también en sus balances y en los mercados de crédito globales. Si algo sale mal, no es un problema de rentabilidad; es un problema de solvencia.

Lo que impulsa estas decisiones no es la confianza ciega en el retorno de la inversión. Es la certeza de que la deuda más peligrosa que pueden contraer no es financiera. Es quedarse atrás. En un mundo donde la tecnología avanza a la velocidad de un robot que bate récords olímpicos, perder terreno se ha vuelto simplemente inaceptable.

Un robot acaba de correr los cien metros más rápido que Usain Bolt jamás lo hizo. Sucedió en las recientes olimpiadas de humanoides, y el tiempo que marcó borró un récord que el velocista jamaicano había establecido en 2009. Es un momento que captura algo real sobre dónde estamos: la inteligencia artificial avanza a una velocidad que desafía la intuición humana, y esa velocidad está reordenando todo lo que toca, desde la forma en que trabajamos hasta la forma en que las empresas más grandes del mundo financian su futuro.

La historia de la tecnología nos enseña un patrón. Cuando surge una ola de innovación genuina —cuando la capacidad de hacer cosas se expande de repente— suceden tres cosas casi simultáneamente: la inversión se dispara, el crecimiento económico se acelera, y la productividad salta. Pero también emerge una pregunta incómoda sobre si los humanos pueden adaptarse lo suficientemente rápido. John Maynard Keynes escribió sobre esto en 1930, en un ensayo titulado Las posibilidades económicas de nuestros nietos. Predijo que para 2030 trabajaríamos quince horas a la semana y que nuestro verdadero desafío sería qué hacer con el tiempo libre. Se equivocó en los detalles, pero acertó en lo fundamental: la dirección del cambio era hacia menos trabajo, no más. Antes de Keynes, otros grandes pensadores como Malthus y Ricardo también se equivocaron sobre cómo evolucionaría el mundo. La lección es que los humanos tienen una capacidad de reinvención que es fácil subestimar. Encontramos nuevas formas de contribuir, nuevos trabajos que antes no existían, nuevas maneras de ser útiles.

Pero hay algo más urgente sucediendo ahora, algo que va más allá de la pregunta sobre el empleo. La carrera por la inteligencia artificial es tan feroz, tan competitiva, que se ha convertido en una lucha por el control de los recursos fundamentales. Los cinco gigantes que dominan la computación en la nube —Amazon, Microsoft, Alphabet, Meta y Oracle— están en una pugna sin cuartel por dominar esta tecnología. Y esa pugna está cambiando la forma en que financian sus operaciones de una manera que tiene implicaciones para toda la economía global.

Hasta hace poco, estos cinco proveedores de datos en la nube financiaban sus inversiones en inteligencia artificial con sus propias ganancias. Eran tan rentables que podían simplemente usar el dinero que ganaban para invertir en lo siguiente. Pero algo cambió. Las inversiones necesarias para competir en IA se volvieron tan enormes, tan exigentes, que incluso los beneficios de estas empresas gigantescas dejaron de ser suficientes. Así que comenzaron a emitir deuda. Mucha deuda. En cuestión de meses, estos cinco proveedores pasaron a representar el veinte por ciento de todas las emisiones de bonos de grado de inversión en el mercado estadounidense. Es un cambio sísmico. Ya no es solo que estén gastando más dinero; es que están pidiendo prestado más dinero, y eso significa que el riesgo se ha desplazado. Antes, el riesgo estaba concentrado en si las inversiones en IA generarían retornos suficientes. Ahora, el riesgo también vive en los balances de estas empresas y en los mercados de crédito global. Si algo sale mal, no es solo un problema de rentabilidad; es un problema de solvencia.

Lo que esto revela es algo que Lewis Carroll capturó hace más de un siglo: en ciertos juegos, necesitas correr todo lo que puedas solo para permanecer en el mismo lugar. En la carrera por la inteligencia artificial, los hiperescaladores han llegado a una conclusión clara. La deuda más grande que pueden contraer no es financiera. Es quedarse atrás. En un mundo donde la tecnología avanza a la velocidad de un robot que corre cien metros en tiempo de récord, la idea de perder terreno es insoportable. Y eso es lo que está impulsando estas decisiones de financiamiento masivo, estas emisiones de deuda sin precedentes. No es que crean que pueden permitirse el lujo de invertir tanto. Es que creen que no pueden permitirse el lujo de no hacerlo.

Se necesita correr todo lo que se pueda para permanecer en el mismo lugar
— Lewis Carroll, citado en el análisis
En la pugna por la IA, la mayor de las deudas no es financiera, sino quedarse atrás
— Análisis del artículo sobre los hiperescaladores
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