Científicos advierten que El Niño podría afectar la Amazonia más que en 2024

En 2024, aproximadamente 3.000 personas fueron afectadas por falta de agua; comunidades indígenas enfrentaron aislamiento, mortandad de peces y hambre; niños caminaban largas distancias bajo el sol para llegar a colegios.
Con la llegada del fenómeno de El Niño, científicos advierten que esa región pu…
Por estos días, probablemente ha oído cuñas radiales que invitan a tomar medidas, como ahorrar agua al máximo, ante la…

Cada cierto tiempo, el océano Pacífico reconfigura el clima del planeta y la Amazonia —ese corazón verde que regula el agua de millones de personas— queda expuesta a su propia fragilidad. Los científicos advierten que el fenómeno de El Niño que se avecina en 2026-2027 podría superar en intensidad al devastador episodio de 2024, cuando el río Amazonas perdió el 82% de su caudal y comunidades enteras quedaron atrapadas entre el hambre y la sed. Lo que ocurra en esa selva no es un asunto remoto: el 50% de la lluvia que alimenta los páramos andinos —y con ellos el agua de Bogotá— nace en esa misma cuenca amenazada.

  • Los modelos climáticos señalan que El Niño 2026-2027 podría ser igual o más severo que el de 2024, el año en que la Amazonia vivió su sequía más brutal en décadas.
  • En 2024, cerca de 3.000 personas perdieron acceso al agua, comunidades indígenas enfrentaron aislamiento total, los peces murieron en masa y los niños caminaban kilómetros bajo el sol para llegar a la escuela.
  • La deforestación agrava el ciclo: sin árboles que transpiren y generen lluvia, la selva pierde su capacidad de amortiguar los efectos del fenómeno, convirtiendo la sequía en incendios forestales masivos.
  • La amenaza no se detiene en la selva —el 70% del agua que abastece a Bogotá depende de páramos como Chingaza, cuya recarga hídrica está directamente ligada a la humedad que produce la Amazonia.
  • Expertos urgen actuar antes de que el fenómeno se intensifique en el segundo semestre de 2026: reducir la deforestación al 10% y restaurar al menos el 5% del bioma son las metas mínimas para reducir el daño.

Con la llegada de cada nuevo ciclo de El Niño, la Amazonia se convierte en el termómetro más sensible del planeta. Científicos advierten hoy que el episodio que comenzará a intensificarse en el segundo semestre de 2026 podría igualar o superar en devastación al de 2024, cuando la región vivió una de sus sequías más extremas en memoria reciente.

Aquel año, el caudal del río Amazonas cayó un 82%, paralizando el transporte fluvial que es la única vía de comunicación para decenas de comunidades. Unas 3.000 personas quedaron sin acceso al agua potable. Los peces murieron en masa, la pesca desapareció y con ella la principal fuente de alimento de los pueblos indígenas. Los niños caminaban largas distancias bajo un sol implacable para llegar a sus colegios, en un paisaje que parecía haber olvidado la lluvia.

Lo que hace especialmente urgente esta advertencia es la cadena de dependencias que une la selva amazónica con el resto del continente. La Amazonia produce el 50% de la lluvia que alimenta los páramos andinos, entre ellos Chingaza, el sistema que abastece el 70% del agua de Bogotá. Una selva seca no solo es una tragedia local: es una amenaza directa para las ciudades que viven sin saberlo de su aliento húmedo.

Los expertos señalan que la deforestación actúa como un acelerador silencioso del desastre. Cada hectárea talada reduce la capacidad de la selva de generar su propio clima, haciendo que las sequías sean más profundas y los incendios, más difíciles de contener. Por eso, las recomendaciones apuntan a reducir la deforestación al 10% y restaurar al menos el 5% del bioma antes de que el fenómeno alcance su pico —una carrera contra el tiempo que, por ahora, la humanidad va perdiendo.

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Por estos días, probablemente ha oído cuñas radiales que invitan a tomar medidas, como ahorrar agua al máximo, ante la llegada del fenómeno de El Niño. A los bogotanos, este tipo de mensajes quizás les traen recuerdos del racionamiento de…

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