Katalin Kariko y Drew Weissman ganan el Nobel de Medicina 2023 por las vacunas de ARN

La tecnología desarrollada por estos científicos permitió crear vacunas que salvaron millones de vidas durante la pandemia de Covid-19.
La tecnología que parecía imposible se convirtió en salvación
Kariko y Weissman ganaron el Nobel por investigación que enfrentó escepticismo durante años antes de revolucionar la medicina.

En Estocolmo, la Academia Sueca reconoció a Katalin Kariko y Drew Weissman con el Nobel de Medicina 2023 por una idea que durante décadas pareció imposible: usar instrucciones genéticas para enseñarle al cuerpo humano a defenderse de los virus. Su tecnología de ARN mensajero, ignorada y subfinanciada durante años, se convirtió en la columna vertebral de las vacunas que frenaron la pandemia más disruptiva del siglo. El premio no solo honra un logro pasado, sino que señala un horizonte donde la misma plataforma podría transformar el tratamiento del cáncer y otras enfermedades que han acompañado a la humanidad desde siempre.

  • Décadas de escepticismo y financiamiento esquivo no lograron detener a dos científicos que creyeron en una tecnología que el mundo tardó en comprender.
  • Cuando el coronavirus irrumpió en 2020, la investigación de Kariko y Weissman era la única plataforma lista para responder a la velocidad que la crisis exigía.
  • Las vacunas de Pfizer y Moderna, construidas sobre ese trabajo, llegaron a miles de millones de brazos y evitaron una catástrofe sanitaria aún mayor.
  • El jurado del Nobel eligió reconocer no un hallazgo aislado, sino una tecnología que alteró el curso de una emergencia global sin precedentes en la historia moderna.
  • El ARN mensajero ya apunta hacia nuevos frentes: vacunas contra el cáncer, la influenza y enfermedades infecciosas que la medicina convencional no ha podido resolver.

El lunes 2 de octubre, a las 11:30 de la mañana en Estocolmo, la Academia Sueca anunció que Katalin Kariko y Drew Weissman eran los ganadores del Premio Nobel de Medicina 2023. El reconocimiento formalizaba lo que la pandemia ya había demostrado en los cuerpos de miles de millones de personas: que la tecnología del ARN mensajero era real, funcional y transformadora.

Kariko, húngara de origen, y Weissman, estadounidense, no llegaron a ese momento fácilmente. Durante años enfrentaron escepticismo institucional, financiamiento escaso y la indiferencia de quienes no veían futuro en su idea. Lo que proponían era audaz: en lugar de inyectar el virus o fragmentos de él, introducir en el cuerpo instrucciones genéticas que le enseñaran a fabricar las proteínas que el virus usa para infectar. El sistema inmunológico aprendería a reconocerlas y a combatirlas antes de que el patógeno real apareciera.

Cuando el coronavirus llegó en 2020, esa investigación estaba lista. Las vacunas de Pfizer y Moderna, que salvaron millones de vidas y permitieron que el mundo retomara una cierta normalidad, se construyeron sobre exactamente lo que estos dos científicos habían perfeccionado durante décadas en relativa oscuridad.

El Nobel, creado hace más de un siglo para honrar contribuciones excepcionales al bien de la humanidad, reconoció esta vez no solo un descubrimiento, sino una plataforma con alcance generacional. Los investigadores ya exploran el ARN mensajero como herramienta contra el cáncer, la influenza y otras enfermedades que han resistido los tratamientos convencionales. El premio mira hacia atrás para celebrar lo logrado, pero apunta con igual fuerza hacia lo que aún está por venir.

En Estocolmo, a media mañana de un lunes cualquiera, la Academia Sueca anunció lo que muchos en el mundo científico ya esperaba: Katalin Kariko y Drew Weissman habían ganado el Premio Nobel de Medicina 2023. La noticia llegó a las 11:30 de la mañana, hora local, y con ella se reconocía formalmente lo que la pandemia ya había demostrado en los brazos de miles de millones de personas: que la tecnología del ARN mensajero funcionaba.

Kariko, nacida en Hungría, y Weissman, estadounidense, no inventaron sus vacunas de la noche a la mañana. Fueron pioneros de una tecnología que parecía imposible durante años, que enfrentó escepticismo en laboratorios y universidades, que requirió financiamiento difícil de conseguir y fe en una idea que otros descartaban. Pero cuando el coronavirus llegó en 2020, su investigación fundamental se convirtió en la base sobre la que se construyeron las vacunas que detuvo la propagación más rápida de una enfermedad infecciosa en la historia moderna.

Lo que hicieron Kariko y Weissman fue demostrar que era posible usar ARN mensajero para entrenar al sistema inmunológico a reconocer y combatir virus. No inyectaban el virus mismo, ni siquiera partes del virus. Inyectaban instrucciones genéticas que le decían al cuerpo cómo fabricar las proteínas que el virus usa para infectar. Era elegante, era rápido de producir, y resultó ser extraordinariamente efectivo. Cuando llegó la pandemia, esa tecnología estaba lista. Las vacunas de Pfizer y Moderna, que salvaron millones de vidas, se basaban en exactamente lo que estos dos científicos habían pasado décadas perfeccionando.

El premio Nobel, creado por el inventor sueco Alfred Nobel hace más de un siglo, se otorga cada año a quienes han hecho contribuciones excepcionales al bien de la humanidad. En esta ocasión, el jurado eligió reconocer no solo un descubrimiento científico, sino una tecnología que cambió el curso de una crisis global. Millones de personas que recibieron estas vacunas durante los años más oscuros de la pandemia, que pudieron volver a sus trabajos, a sus escuelas, a sus vidas, deben en parte su salud a la investigación que Kariko y Weissman llevaron adelante cuando pocos creían que funcionaría.

El reconocimiento también apunta hacia adelante. El ARN mensajero no es solo una solución para el Covid-19. Los científicos ya están explorando su uso contra el cáncer, contra la influenza, contra otras enfermedades infecciosas que han plagado a la humanidad durante siglos. La plataforma que Kariko y Weissman validaron abre puertas que apenas comenzamos a entender. El premio Nobel de este año no celebra solo lo que estos dos investigadores lograron durante la pandemia, sino lo que su trabajo promete para las generaciones futuras.

Su contribución al bien de la humanidad
— Academia Sueca, citando los criterios del Premio Nobel
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué tardó tanto en reconocerse esta investigación? Kariko y Weissman llevan décadas trabajando en esto.

Model

Porque durante años, la mayoría de los científicos pensaba que el ARN mensajero era demasiado inestable, demasiado frágil para funcionar como medicina. Era una idea que parecía condenada al fracaso.

Inventor

Pero entonces llegó el Covid.

Model

Exacto. De repente, el mundo necesitaba una solución rápida, y la única tecnología que podía producirse lo suficientemente rápido era la que ellos habían estado desarrollando en silencio durante décadas.

Inventor

¿Cuántas vidas crees que salvó su trabajo?

Model

Es imposible saberlo con precisión, pero estamos hablando de millones. En los primeros años de la pandemia, cuando no había nada más, sus vacunas fueron lo único que funcionaba.

Inventor

¿Qué viene después? ¿Es el ARN mensajero solo para pandemias?

Model

No. Ahora los investigadores lo están usando contra el cáncer, contra la influenza, contra enfermedades que hemos estado persiguiendo durante siglos. El premio no es solo por lo que hicieron, es por las puertas que abrieron.

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