Katalin Karikó: la bioquímica húngara que revolucionó las vacunas con ARN mensajero

Hiperventilé tomando aire, me emocioné tanto que temí morir
La reacción de Karikó al enterarse de que la vacuna Pfizer-BioNTech era 90% efectiva.

Karikó investigó durante 30 años cómo usar ARN mensajero para combatir enfermedades, enfrentando escepticismo científico y falta de financiamiento en Estados Unidos. En 2005 y 2015 logró avances clave con su colaborador Drew Weissman que permitieron resolver fallos técnicos del ARNm sintético para aplicaciones médicas.

  • Katalin Karikó investigó ARN mensajero durante 30 años comenzando en los años 90
  • En 2005 y 2015 logró avances clave con Drew Weissman que resolvieron problemas técnicos del ARNm
  • Las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna contra COVID-19 se basan en su tecnología
  • Karikó enfrentó rechazo de financiamiento y escepticismo científico durante décadas

Katalin Karikó, bioquímica húngara, desarrolló la tecnología de ARN mensajero que fundamenta las vacunas de Pfizer y Moderna contra COVID-19, tras décadas de investigación rechazada por la comunidad científica.

A finales de los años ochenta, una bioquímica húngara dejó su país con poco más que una convicción: que las moléculas de ácido ribonucleico mensajero podrían reescribir la forma en que combatimos las enfermedades. Katalin Karikó llegó a Estados Unidos sin ciudadanía, sin conexiones, y sin que nadie en la comunidad científica creyera en su idea. Durante tres décadas, mientras la mayoría de sus colegas miraba hacia otro lado, ella persistió.

En la década de los noventa, cuando Karikó comenzó a explorar cómo el ARN mensajero podría instruir a las células para fabricar sus propias proteínas defensivas, la ciencia establecida era escéptica. Las universidades rechazaban sus propuestas. Las agencias de financiamiento decían que no. La Universidad de Pensilvania, donde trabajaba, desestimó su investigación como demasiado especulativa, demasiado arriesgada. Pero ella necesitaba renovar su visa de trabajo, así que aceptó un puesto de rango inferior con un salario escaso y continuó. "Es importante que la ciencia sea apoyada en muchos niveles porque nunca se sabe lo que puede ocurrir", diría años después, reflexionando sobre esos años de lucha.

El punto de quiebre llegó en 2005. Karikó y su principal colaborador, Drew Weissman, resolvieron un problema fundamental: el ARN mensajero sintético que creaban en el laboratorio generaba una respuesta inmunológica no deseada. Diez años después, en 2015, lograron otro avance crucial: descubrieron cómo dirigir el ARN mensajero hacia la parte correcta de la célula para que funcionara como se esperaba. "Lo revisamos una y otra vez y al final pensaba '¿Qué más puedo hacer?' porque sino sentía que estaba desperdiciando mi vida", recordó Karikó sobre esa época de incertidumbre.

Esos dos descubrimientos abrieron una puerta que permanecía cerrada desde hacía décadas. Cuando la pandemia de COVID-19 golpeó al mundo, Pfizer y su socio alemán BioNTech, donde Karikó ahora era vicepresidenta, tenían la tecnología lista. Moderna también la utilizaba. Ambas vacunas funcionaban con el mismo principio que Karikó había perseguido durante treinta años: insertar instrucciones genéticas en el cuerpo para que las células fabricaran la proteína de espícula del coronavirus, esa punta característica que el virus usa para infectar. El sistema inmunológico aprendería a reconocerla y a defenderse.

Cuando Pfizer anunció en noviembre de 2020 que su vacuna era 90 por ciento efectiva, Karikó sintió algo que describió con una mezcla de risa y asombro: "¡Redención! Hiperventilé tomando aire, me emocioné tanto que temí morir o algo así". No era solo que una vacuna funcionara. Era que su vida entera de rechazo, de carreras en riesgo, de subvenciones negadas, de compañeros escépticos, había sido justificada. La tecnología que casi nadie quiso financiar se convirtió en la esperanza del mundo.

Pero para Karikó, la validación iba más allá de la pandemia. Durante más de cuarenta años había imaginado cómo el ARN mensajero podría tratar accidentes cerebrovasculares, cáncer, influenza. Ahora, con las vacunas COVID-19 probadas y funcionando, esa puerta se abría de verdad. Los laboratorios de todo el mundo comenzaban a considerar esta tecnología. Los miles de millones que fluían hacia el mercado de valores reflejaban lo que Karikó siempre supo: que esto era apenas el comienzo. Como señaló un genetista en una entrevista sobre el tema, "cuando entendamos sobre la precisión de lo que se está generando, no va a haber vuelta atrás". La ciencia que fue rechazada durante treinta años ahora definía el futuro de la medicina.

Es importante que la ciencia sea apoyada en muchos niveles porque nunca se sabe lo que puede ocurrir
— Katalin Karikó, en entrevista con EuroNews
Cuando entendamos sobre la precisión de lo que se está generando, no va a haber vuelta atrás
— Dr. Jorge Dotto, médico genetista, en entrevista con Infobea
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Cómo es posible que una idea tan revolucionaria haya sido ignorada durante tanto tiempo?

Model

Porque no había prueba de que funcionara. El ARN mensajero era teoría pura, y la comunidad científica necesita evidencia. Karikó no tenía dinero para hacer los experimentos que probaran su punto. Sin financiamiento, sin laboratorio bien equipado, sin apoyo institucional, era casi imposible avanzar.

Inventor

Pero ella siguió adelante de todas formas.

Model

Sí, porque creía en la idea más de lo que creía en su propia carrera. Aceptó un puesto peor pagado, trabajó con lo que tenía. Eso no es ambición ordinaria. Es obsesión.

Inventor

¿Qué cambió en 2005 y 2015?

Model

Resolvieron los problemas técnicos que hacían que la idea fuera impráctica. El ARN mensajero que creaban causaba inflamación. Luego no llegaba al lugar correcto de la célula. Cuando solucionaron eso, la tecnología dejó de ser un concepto y se convirtió en algo que podía usarse de verdad.

Inventor

¿Y entonces llegó la pandemia.

Model

Exacto. De repente, el mundo necesitaba una vacuna rápidamente. Las compañías farmacéuticas tenían esta tecnología lista, probada en principio, y la usaron. Fue el momento perfecto para que treinta años de trabajo subterráneo salieran a la luz.

Inventor

¿Cree que sin la pandemia habría llegado a esto?

Model

Probablemente sí, pero habría tomado más tiempo. La pandemia aceleró todo. Pero lo importante es que Karikó ya había hecho el trabajo. La pandemia solo reveló lo que ya existía.

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