Kast consolida giro a la derecha en América del Sur con seis países bajo liderazgo conservador

Ciclos de frustración más que ideológicos
Cómo expertos describen el rechazo electoral a gobiernos de izquierda en América del Sur.
Mark

¿Entonces esto no es realmente un giro ideológico de derecha? ¿Es solo castigo al establishment?

Mimi

Eso es lo que dicen los expertos. Negri lo llama ciclos de frustración más que ideológicos. El electorado está cansado, tiene demandas específicas que la izquierda no resolvió.

Luke

Pero hay que ser cuidadoso. Cinco de seis países sí desplazaron gobiernos de izquierda. Eso es un patrón real, aunque sea impulsado por rechazo más que por adhesión ideológica.

Mark

¿Y por qué ahora? ¿Qué cambió?

Mimi

La seguridad es enorme. En Perú los homicidios subieron 137 por ciento desde 2018. La inflación también. Cuando los gobiernos progresistas no pueden controlar eso, la gente vota por quien promete mano dura.

Luke

Aunque hay que notar que no todos los países tienen los mismos problemas. Ecuador no tiene la crisis de seguridad de Perú. Los contextos son muy distintos.

Mark

¿Hay algún proyecto común de derecha en la región?

Mimi

No. Eso es lo sorprendente. No hay coordinación, no hay una agenda regional compartida. Milei, Kast, Bukele funcionan con partidos nuevos y liderazgos personalistas muy distintos entre sí.

Luke

Y además, la izquierda sigue ganando en otros lados. Uruguay acaba de elegir un presidente de izquierda. México está gobernado por la izquierda. Brasil también. Así que decir que hay un giro regional es impreciso.

Mark

¿Qué pasa en 2026?

Mimi

Tres elecciones clave: Perú, Colombia y Brasil. Esas van a mostrar si el patrón continúa o si la región se estabiliza.

Luke

Pero incluso eso es incierto. En Perú hay tanta volatilidad que cualquier cosa puede pasar. En Colombia Petro está débil pero no está fuera. Y Lula en Brasil tiene votos asegurados muy altos.

  • La victoria de Kast convierte a Chile en el sexto país sudamericano gobernado por la derecha, acelerando una reconfiguración política que sacude el mapa regional.
  • La inseguridad se ha disparado en toda la región —homicidios y extorsiones en cifras récord— y el narcotráfico transnacional alimenta una demanda urgente de orden que los gobiernos progresistas no lograron satisfacer.
  • Los expertos advierten que no existe un proyecto ideológico compartido: son liderazgos personalistas y partidos nuevos que capitalizan el rechazo al establishment, no una derecha organizada con agenda común.
  • La izquierda no ha desaparecido: Uruguay, México, Colombia y Brasil siguen en manos progresistas, recordando que el péndulo oscila pero no se rompe.
  • Tres elecciones en 2026 —Perú, Colombia y Brasil— decidirán si este giro conservador se consolida o si la región recupera su equilibrio hacia el centro-izquierda.

Con la victoria de José Antonio Kast en Chile, seis naciones sudamericanas quedan bajo mandatos de derecha, un fenómeno que los analistas leen menos como una revolución ideológica y más como el eco de un hartazgo colectivo. Los ciudadanos, agotados por la inseguridad, la inflación y la promesa incumplida de gobiernos progresistas, buscan en el péndulo político una respuesta que sus líderes anteriores no supieron dar. La región no habla con una sola voz conservadora, sino que refleja la fragmentación de una era donde el desencanto, más que la convicción, mueve los votos.

La victoria de José Antonio Kast en el balotaje chileno suma a Chile a una lista de seis países sudamericanos —junto a Argentina, Bolivia, Perú, Paraguay y Ecuador— gobernados por la derecha. A primera vista, el mapa sugiere un giro ideológico masivo. Pero los analistas son cautelosos: lo que se observa es, sobre todo, un ciclo de frustración con los gobiernos de turno, no el triunfo de una ideología coherente.

Cinco de esos seis países llegaron a la derecha desplazando gobiernos de izquierda. Bolivia es el caso más reciente, con el senador Rodrigo Paz derrotando al Movimiento al Socialismo tras casi veinte años en el poder. Argentina castigó la gestión de Alberto Fernández eligiendo a Javier Milei. Paraguay es la única excepción: el Partido Colorado simplemente continuó su histórico dominio. En todos los casos, la inseguridad, la inflación y el deterioro económico fueron el combustible del cambio.

Sin embargo, el panorama regional sigue fragmentado. La izquierda ganó en Uruguay, gobierna en México, Colombia y Brasil, y no existe entre los países de derecha una agenda compartida ni un liderazgo regional articulado. Marta Lagos, fundadora del Latinobarómetro, señala que estos nuevos líderes —Milei, Bukele, Kast— operan con partidos personalistas, no con estructuras partidarias consolidadas, y sus votantes se mueven fuera del eje izquierda-derecha tradicional.

El contexto global también pesa: hay una revancha cultural contra el progresismo que durante años amplió los límites de lo políticamente posible, dejando al mundo conservador sin espacio para expresarse. A eso se suma la expansión del crimen organizado transnacional, que ha disparado los índices de violencia y colocado la seguridad en el centro de todas las agendas electorales.

El horizonte inmediato se juega en 2026, con elecciones en Perú, Colombia y Brasil. Perú, con seis presidentes en una década, es terreno fértil para cualquier oferta de orden. Colombia enfrenta a Petro con una de las tasas de desaprobación más altas de la región. Brasil, en cambio, parece el escenario menos volátil: Lula mantiene un caudal electoral sólido y ha capitalizado su enfrentamiento con Trump, posicionándose como el último bastión de la izquierda democrática en el continente.

La victoria de José Antonio Kast en el balotaje chileno del domingo pasado marca un punto de inflexión en el mapa político sudamericano. Cuando el líder del Partido Republicano asuma la presidencia, Chile se sumará a cinco países más —Argentina, Bolivia, Perú, Paraguay y Ecuador— bajo mandatos de derecha, consolidando lo que a primera vista parece ser un giro ideológico masivo en la región. Pero los expertos que analizan este fenómeno advierten que la realidad es más compleja: lo que está ocurriendo es menos un movimiento ideológico coherente que una expresión de agotamiento electoral con los gobiernos establecidos.

Juan Negri, director de la carrera de Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, lo plantea con claridad: el electorado está cansado, rechaza el oficialismo, y tiene demandas específicas que los gobiernos de izquierda no resolvieron. Son ciclos de frustración más que ideológicos. De los seis países con mandatarios de derecha, cinco llegaron desplazando gobiernos de izquierda. Bolivia es el caso más reciente: el senador de centro derecha Rodrigo Paz derrotó al Movimiento al Socialismo, el partido de Evo Morales y Luis Arce, después de casi veinte años de gobierno ininterrumpido. En Ecuador, el cambio fue más gradual: Lenín Moreno se distanció del proyecto de Rafael Correa en 2017, y Daniel Noboa profundizó esa línea liberal en 2023. Perú vio a José Jerí reemplazar a Dina Boluarte, destituida por supuesta incapacidad moral permanente. Argentina castigó la gestión de Alberto Fernández eligiendo a Javier Milei en 2022. Paraguay es la única excepción: Santiago Peña representa la continuidad del Partido Colorado, que ha gobernado la mayor parte de las últimas siete décadas.

Pero incluso mientras seis países se alinean a la derecha, el panorama regional sigue siendo fragmentado. La izquierda acaba de ganar en Uruguay, está fuerte en México, y Brasil y Colombia siguen gobernados por gobiernos progresistas. Negri subraya que no hay nada comparable a la Marea Rosa de principios de los 2000, cuando gobiernos de izquierda arrasaron las elecciones en toda Latinoamérica bajo líderes como Néstor Kirchner, Lula da Silva y Hugo Chávez. Hoy hay fragmentación incluso entre los países donde gana la derecha. No existe una agenda regional común, un proyecto de derecha compartido, ni un país que articule un liderazgo regional.

Marta Lagos, fundadora del Latinobarómetro, la encuesta de opinión pública más prestigiosa del continente, va más allá: los nuevos líderes de derecha —Milei, Nayib Bukele, Kast— funcionan con partidos nuevos surgidos de liderazgos personalistas, no con sistemas de partidos consolidados como los que sostuvieron a Kirchner y Lula. Sus electorados votan fuera del espectro izquierda-derecha tradicional, buscando opciones que critiquen cómo funciona la política en sus países. La orientación política de estos fenómenos es casi secundaria.

Sin embargo, aunque no haya un proyecto bien articulado, el péndulo latinoamericano parece inscribirse en un contexto más amplio. Cristóbal Bellolio, profesor en la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, señala que este giro tiene causas locales pero también globales. Se percibe como una revancha frente al progresismo, que durante años corrió la frontera de lo posible e hizo que el mundo conservador no se sintiera con confianza de expresar lo que pensaba. Simultáneamente, nuevas prioridades en la agenda política están alimentando el rechazo. La seguridad es una de ellas. El crecimiento del narcotráfico, con la expansión de cárteles como el Tren de Aragua desde Venezuela y organizaciones bajo protección del Primer Comando Capital de Brasil, se ha sumado a los problemas de inseguridad existentes. En Perú, los homicidios aumentaron 137 por ciento entre 2018 y 2024, y la extorsión disparó 370 por ciento entre 2021 y 2023. En Chile, según el Centro de Estudios Públicos, el 60 por ciento de los encuestados considera que la delincuencia y los robos son el principal problema del país.

Gabriel Negretto, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, lo resume así: cuando alternativas progresistas generan inflación alta o deterioro severo de la seguridad, los electorados se inclinan hacia opciones conservadoras que prometen disciplina fiscal y mano dura. En Chile específicamente, hay que agregar el estallido social de 2019, la pandemia y la inmigración, que concentraron la agenda en orden público y economía. Los que hablan de crecimiento económico, mano dura contra la delincuencia y control de la inmigración ilegal generalmente están más cerca de la derecha.

Tres elecciones cruciales en 2026 pueden definir si este giro continúa o si la región mantiene gobiernos progresistas. Perú irá a las urnas para elegir un reemplazante del presidente interino en un país que ha tenido seis presidentes en casi una década. En un contexto de desgaste institucional profundo, cualquier oferta que prometa orden o algo nuevo puede crecer rápidamente. Colombia también votará, y varias figuras conservadoras y de centro derecha, como el alcalde de Bogotá, tienen capacidad para disputar las elecciones contra el presidente Gustavo Petro, quien llega con una de las tasas de desaprobación más altas de la región. Brasil, en cambio, podría mantenerse como el último bastión de la izquierda democrática. Luiz Inácio Lula da Silva ha capitalizado su enfrentamiento con Trump sobre aranceles y se mantiene fuerte en las encuestas a pesar de ser una cara de la vieja política. Aunque Jair Bolsonaro ha asegurado su apoyo a su hijo Flávio, Lula tiene un caudal de votos muy alto, lo que hace de Brasil el escenario menos volátil de los tres.

Son ciclos de frustración más que ideológicos
— Juan Negri, director de Estudios Internacionales, Universidad Torcuato Di Tella
No hay una agenda regional común, un proyecto de derecha compartido, ni un país que quiera articular un liderazgo regional
— Juan Negri
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