Josep Pons se despide del Liceu con Falstaff y los mejores barítonos para el rol

No solo representan a Falstaff, son Falstaff
El repositor de la producción sobre los barítonos Salsi y Maestri en el papel del viejo pícaro de Verdi.

Falstaff es la última ópera compuesta por Verdi y marca también el cierre de la carrera del maestro Pons en la institución catalana. Los barítonos Salsi y Maestri, considerados ideales para el rol, se alternarán en ocho funciones con un elenco que incluye a la soprano barcelonesa Serena Sáenz.

  • Falstaff es la última ópera compuesta por Verdi, estrenada en la Scala de Milán en 1893
  • Josep Pons cierra 14 años como director del Liceu con esta producción del 9 al 19 de julio
  • Los barítonos Luca Salsi y Ambrogio Maestri se alternan en ocho funciones
  • La producción de Laurent Pélly traslada la acción a la burguesía británica del siglo XX

Josep Pons cierra sus 14 años como director del Liceu con la ópera Falstaff, interpretada por los barítonos Luca Salsi y Ambrogio Maestri en una producción de Laurent Pélly que traslada la obra de Verdi a la burguesía británica del siglo XX.

Josep Pons se marcha del Gran Teatre del Liceu después de catorce años al frente de la institución, y lo hace de la manera que solo un director de ópera podría hacerlo: con Falstaff, la última obra que Giuseppe Verdi escribió antes de retirarse. La coincidencia no es casual. Cuando Verdi compuso esta comedia lírica en 1893, sabía que no volvería a escribir para el teatro. Ahora Pons cierra su etapa con la misma ópera, como si ambos maestros estuvieran saludando al público desde la puerta de salida.

La producción que el Liceu presenta del 9 al 19 de julio lleva la firma de Laurent Pélly, quien ha trasladado la acción desde la Inglaterra isabelina hasta la burguesía británica de mediados del siglo XX. En el escenario conviven dos mundos que nunca se tocan: el pequeño y claustrofóbico universo de Falstaff, un viejo pícaro que cree poder seducir a dos mujeres casadas para robarles el dinero, y el amplio mundo de esas mujeres, que en realidad lo que quieren es vengarse de sus atenciones. Es la dualidad que Shakespeare siempre supo explotar: lo sublime y lo grotesco en el mismo acto.

Para encarnar al protagonista, el Liceu ha reunido a dos de los mejores barítonos del mundo. Luca Salsi y Ambrogio Maestri se alternarán en las ocho funciones previstas. Salsi, que ya interpretó el papel hace apenas tres meses en Nápoles, ve en Falstaff una figura triste, alguien que se cree Don Giovanni pero que quizá fue guapo cuando era joven. Maestri, con 56 años y 160 kilos de peso, ha llegado a entender que este papel es para él una segunda piel. "Ahora puedo sentir todo el dolor que representa moverme interpretando a Falstaff", bromeó el barítono italiano. Ambos aseguran tener una conexión profunda con Pons, quien ha dirigido la mayoría de sus Falstaff en los últimos años.

El elenco se completa con la soprano barcelonesa Serena Sáenz, quien regresa a su ciudad para interpretar a Nannetta, la hija del matrimonio Ford. Es un debut de rol para ella, y según el director artístico del teatro, Víctor García de Gomar, aporta la frescura y el carácter que el personaje exige. Lucas Meachem y Carolina López Moreno dan vida a los Ford, mientras que Maria Miró se alterna con Sáenz en algunas funciones.

Benoît de Leersnyder, el repositor de la producción, explica que para los actores-cantantes esta es una obra seria. Solo el público puede permitirse reírse de Falstaff, porque al hacerlo se reconoce a sí mismo en ese viejo iluso que cree tener el mundo a sus pies. "Un sueño para este montaje", dice Leersnyder sobre Salsi y Maestri, "pues no solo representan a Falstaff, son Falstaff. Son esos tipos mitómanos y pobres que quieren comerse el mundo".

Pons reflexiona sobre lo que significa que Verdi eligiera la comedia para cerrar su carrera. "Verdi no tiene complejos", explica el director. "Tempo giusto, muchos concertantes con muchas voces, y ese evolutivo en que se mira de lado con Wagner. En Falstaff ya no sabemos cuándo estamos en recitativo o aria. Verdi entra y sale constantemente". La ópera rompe con la forma de sus obras anteriores: no tiene obertura, y la música fluye de manera que los dos mundos del drama se van acercando constantemente.

La relación de Pons con el Liceu comenzó mucho antes de su nombramiento como director. En la temporada 1991-92 fue asistente del maestro Ros Marbà en La Duenna de Robert Gerhard. Ese fue, según García de Gomar, "un inicio que marca un espíritu muy especial". Durante sus catorce años como director, Pons no solo transformó la orquesta, sino que reorganizó el teatro entero. "Su aportación no solo es sonora sino que hay un legado del saber y conocimiento", afirma el director artístico. "Pons es un embajador de excelencia que deja una referencia también interna".

Pons ha explicado que siempre amó la ópera con pasión, incluso le fue ofrecida la dirección de la Fenice en Venecia, pero rechazó la oferta porque no le atraía la vida que conlleva una carrera operística tradicional. Hasta que llegó el proyecto del Liceu, que ahora concluye con esta Falstaff. Después de las funciones de julio, solo le queda un concierto sinfónico el 24 de julio, en el que dirigirá la Octava Sinfonía de Mahler.

Para los actores-cantantes esta ha de ser una obra seria, solo es cómica para el público. Y si desde el patio de butacas nos burlamos de ellos es porque nos reconocemos
— Benoît de Leersnyder, repositor de la producción
Ahora ya puedo sentir todo el dolor que representa moverme interpretando Falstaff
— Ambrogio Maestri, barítono
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué Pons eligió precisamente Falstaff para despedirse del Liceu?

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No la eligió él. El Liceu le ofreció esta ópera como despedida, y la coincidencia es casi perfecta: es la última obra que Verdi escribió antes de retirarse. Ambos maestros están mirando hacia atrás, hacia lo que han hecho, en el mismo acto de cerrar la puerta.

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¿Qué tiene de especial que sean Salsi y Maestri los que canten a Falstaff?

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Son los dos mejores barítonos del mundo para este papel. Pero lo interesante es que cada uno lo ve de manera diferente. Salsi ve la tristeza del personaje, alguien que se cree Don Giovanni pero que ya pasó su momento. Maestri, a los 56 años, dice que por fin entiende qué significa llevar este peso.

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¿Cómo es posible que la misma ópera sea seria para los actores y cómica para el público?

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Porque Falstaff es un hombre que se cree irresistible, y nosotros en el público nos reímos de él. Pero al reírnos, nos reconocemos. Vemos nuestras propias ilusiones en sus fracasos. Es la genialidad de Shakespeare, y Verdi lo entendió perfectamente.

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¿Qué cambió Verdi en Falstaff respecto a sus otras óperas?

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Casi todo. No tiene obertura. La música no distingue entre recitativo y aria, fluye constantemente. Verdi entra y sale de los momentos musicales sin avisar. Es como si hubiera decidido romper todas las reglas que él mismo había escrito.

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¿Cuál es el legado que Pons deja en el Liceu?

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No es solo la orquesta. Reorganizó el teatro entero, desde el organigrama hasta la forma en que funciona cada departamento. Fue una voluntad tenaz de ordenar la casa desde el primer día. Eso es lo que permanece.

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