Catedrático de Física defiende el cambio horario: «España no puede vivir a piñón fijo»

El ser humano no puede vivir a piñón fijo en un país con estaciones
Mira resume por qué el cambio horario es necesario en territorios con variación estacional significativa.

En el eterno debate entre la comodidad humana y los ritmos del planeta, el físico Jorge Mira recuerda que España no puede ignorar impunemente las tres horas de diferencia de luz que separan el solsticio de verano del de invierno. Desde la Universidade de Santiago de Compostela, y tras participar en la comisión estatal que estudió la cuestión, Mira sostiene que el cambio horario no es un capricho burocrático sino una herramienta de sincronía entre la biología humana y la realidad astronómica. Suprimir esa adaptación, advierte, no eliminaría el problema: simplemente lo desplazaría al interior de los cuerpos.

  • El debate europeo sobre eliminar el cambio horario ha ganado respaldo popular, pero carece de una base científica sólida que justifique el paso definitivo.
  • El IDAE lleva décadas sin calcular el ahorro energético real del cambio horario, dejando el argumento gubernamental suspendido en el vacío.
  • Un horario único generaría desajustes severos y desiguales: Galicia amanecería entre las nueve y las diez durante cuatro meses si se adoptara el horario de verano permanente.
  • Mira compara la resistencia al cambio horario con rechazar una vacuna por el dolor del pinchazo: la molestia es real, pero las consecuencias de ignorar la variación estacional serían permanentes.
  • El físico insiste en que fuera de los trópicos, donde la luz varía drásticamente a lo largo del año, vivir «a piñón fijo» equivale a un atentado contra la estabilidad circadiana.

Jorge Mira, catedrático de Física en la Universidade de Santiago de Compostela, no habla desde la opinión sino desde la geografía: España no está en el trópico, y entre junio y diciembre hay cerca de tres horas de diferencia en el momento en que amanece y anochece. Esa variación, sostiene, hace que el cambio horario semestral no sea un capricho administrativo, sino una necesidad de sincronía entre la vida cotidiana y la realidad física del planeta.

Fijar un único horario durante todo el año, argumenta Mira, equivaldría a un «atentado contra la estabilidad circadiana». Los ritmos biológicos no se doblan por decreto: obligar al organismo a funcionar desconectado de la luz natural genera una fricción fisiológica que ninguna ley puede suprimir. El físico recuerda que España ya vivió una transición similar en 1974, cuando adoptó dos horarios anuales durante la crisis del petróleo, y que la población se adaptó sin trauma. Revertir ese sistema ahora, sin una justificación equivalente, sería dar marcha atrás sin razón.

Sobre el argumento energético del Gobierno, Mira es escéptico: el IDAE no realiza cálculos de ahorro derivados del cambio horario desde hace décadas, lo que deja ese razonamiento sin respaldo científico. Y aunque reconoce que el cambio dos veces al año es «una molestia» real para la ciudadanía, la pregunta que plantea es más profunda: ¿tiene sentido generar meses de desajuste para evitar una incomodidad puntual?

Las consecuencias regionales ilustran el dilema con claridad. Con horario de verano permanente, Galicia amanecería entre las nueve y las diez durante cuatro meses. Con horario de invierno fijo, el Mediterráneo vería salir el sol entre las cinco y las seis cada día del año. Ninguna opción es sostenible para una sociedad que necesita alinear trabajo, escuela y vida social con la luz disponible. «Este debate», concluye Mira, «no tiene sentido fuera de los trópicos».

Jorge Mira, catedrático de Física en la Universidade de Santiago de Compostela, ha participado en la comisión estatal que estudió la cuestión del cambio horario, y su conclusión es directa: el debate sobre eliminarlo «carece de sentido» en un país como España. No es una posición ideológica, sino una observación basada en la geografía y la física elemental. España no está en el trópico. El sol no sale ni se pone a la misma hora todos los días del año. Entre junio y diciembre hay aproximadamente tres horas de diferencia en el momento en que amanece y anochece, una variación que condiciona profundamente cómo vive la sociedad.

Este es el argumento central de Mira: el cambio horario dos veces al año no es un capricho administrativo, sino una herramienta para sincronizar la vida cotidiana con la realidad física del planeta. Cuando el cuerpo humano se despierta, trabaja y descansa, lo hace en relación con la luz disponible. Fijar un único horario durante todo el año, sostiene, equivaldría a «un atentado contra la estabilidad circadiana». Los ritmos biológicos no son flexibles. Obligar al organismo a funcionar con un horario desconectado de la luz natural genera fricción fisiológica que no desaparece simplemente porque la ley lo ordene.

Mira recuerda que España ya pasó por una transición similar hace décadas. En 1974, durante la crisis del petróleo, el país adoptó dos horarios anuales como medida de ahorro energético, reemplazando los antiguos «horarios de verano e invierno» que los comercios gestionaban de forma individual. El cambio funcionó. La población se adaptó. Ahora, la propuesta de eliminar esos cambios requeriría una adaptación inversa, pero sin la justificación que tuvo entonces. «El ser humano no puede vivir a piñón fijo en un país con estaciones», resume el físico.

Sobre el argumento energético que el Gobierno ha esgrimido para justificar la eliminación del cambio horario, Mira es escéptico. El IDAE, el organismo oficial responsable del ahorro energético en España, no realiza cálculos sobre el ahorro derivado del cambio horario desde hace décadas. Sin esos datos, afirma, no existe una base sólida para asegurar que mantener un horario único ahorraría energía. Es un argumento que flota sin anclaje científico.

Cuando se menciona el respaldo mayoritario de la ciudadanía española y europea a la eliminación del cambio horario, Mira reconoce que el cambio dos veces al año es, efectivamente, «una molestia». Pero la pregunta que plantea es diferente: ¿vale la pena generar un desajuste durante meses para evitar una pequeña incomodidad? Lo compara con rechazar una vacuna porque duele el pinchazo. La molestia es real, pero es temporal y localizada. Las consecuencias de ignorar la variación estacional de luz serían permanentes.

Las implicaciones regionales del cambio son también reveladoras. Si España mantuviera el horario de verano durante todo el año, Galicia amanecería entre las nueve y las diez de la mañana durante cuatro meses. Si eligiera el horario de invierno permanente, el territorio mediterráneo vería amanecer entre las cinco y las seis de la mañana todos los días del año. Ninguna de esas opciones es sostenible para una población que necesita que sus horarios de trabajo, escuela y vida social se alineen con la disponibilidad de luz natural. «Este debate», insiste Mira, «no tiene sentido fuera de los trópicos».

Fijar un único horario equivaldría a cometer un atentado contra la estabilidad circadiana
— Jorge Mira, catedrático de Física de la USC
Este debate no tiene sentido fuera de los trópicos
— Jorge Mira
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué un físico se involucra en una discusión que parece puramente política sobre horarios?

Model

Porque la política choca contra la realidad física. El cambio horario no es una convención arbitraria; es una respuesta a cómo funciona el planeta. Si ignoras eso, tomas decisiones que generan fricción constante.

Inventor

Pero la gente dice que el cambio horario les molesta. ¿No es eso también real?

Model

Claro que es real. Pero es una molestia de dos días al año. Lo que proponen como alternativa es una molestia permanente: vivir con luz natural desalineada del horario social durante meses.

Inventor

¿Y si simplemente nos acostumbramos? Los humanos somos adaptables.

Model

Somos adaptables, pero no infinitamente. Los ritmos circadianos no son costumbres que cambien con la voluntad. Son mecanismos biológicos. Puedes forzarlos, pero el cuerpo paga un precio.

Inventor

El Gobierno dice que ahorraría energía. ¿Eso no cuenta?

Model

Nadie ha medido realmente ese ahorro en décadas. Es un argumento que se repite sin verificación. Si la base no es sólida, no puedes construir una política sobre ella.

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Entonces, ¿cuál es la solución?

Model

Mantener lo que funciona. España no es un país tropical. Aquí las estaciones existen. El cambio horario es la herramienta que tenemos para vivir en sincronía con eso.

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