Jonás Trueba: «Buscar un amor más intenso es el cáncer de toda relación»

La pareja es un ejercicio exigente y admirable
Trueba defiende la convivencia a largo plazo como forma de vida superior a la búsqueda perpetua de intensidad.
Mark

Dices que buscas un amor más intenso es el cáncer de toda relación. ¿No suena eso a resignación? ¿A conformismo?

Mimi

No. Es lo opuesto. La intensidad adolescente es una ilusión. Cuando la persigues, estás siempre mirando hacia otro lado, hacia lo que podrías tener. La pareja real es mucho más exigente: requiere que te quedes, que construyas algo con alguien a pesar de todo.

Mark

Pero entonces, ¿por qué haces una película sobre una pareja que se separa?

Mimi

Porque la separación no es el fracaso. Es un momento de verdad. Ale y Álex celebran su ruptura porque entienden que lo que vivieron fue real, fue importante. No necesitan dramatizar para validarlo.

Mark

Hablas de tu crisis con el cine. ¿Es una crisis de fe o de agotamiento?

Mimi

Las dos cosas. Cuando terminé esta película, me vi deprimido, en crisis conmigo mismo. Pero también reconozco que el cine como industria me angustia. La competitividad, las galas, los rankings de éxito y fracaso. Todo eso contradice lo que intento hacer.

Mark

¿Y entonces por qué no dejas el cine?

Mimi

Porque no puedo. Mis amigos dicen que nunca lo haré, y tienen razón. Digo una cosa y la contraria. Pero creo que lo que me mantiene es la necesidad de vencer mi timidez. El cine es mi forma de exponerme.

Mark

Tu dislexia parece central en tu forma de filmar. ¿Cómo influye exactamente?

Mimi

Ruedo pocos planos, de larga duración. Las situaciones que genero tienen que ver con una lentitud, una comprensión lenta. Releer una frase siete veces me parece normal. Eso se traduce en un cine que no tiene prisa, que observa.

Mark

¿Crees que Volveréis será tu película más accesible?

Mimi

Me desconcierta esa idea, aunque reconozco que fue más sencillo financiarla. Pero accesible no significa que sea diferente. Sigue siendo sobre lo pequeño, lo íntimo. Solo que ahora la gente parece estar lista para verlo.

  • Jonás Trueba, 43 años, director madrileño
  • Volveréis se estrena el 30 de agosto de 2024
  • La película trata sobre una pareja que celebra su separación con una fiesta
  • Trueba renunció a Segundo premio tras trabajar en ella más de dos años
  • La virgen de agosto (2019) obtuvo nominación al César a mejor película extranjera

Trueba afirma que 'buscar un amor más intenso es el cáncer de toda relación' y defiende el compromiso y la convivencia a largo plazo sobre la búsqueda adolescente de intensidad. El director experimenta una crisis personal y creativa a los 43 años, cuestionando la competitividad del cine y considerando dedicarse a la literatura como oficio menos expuesto.

El cineasta madrileño Jonás Trueba presenta su nueva película 'Volveréis', una comedia sentimental sobre una pareja que celebra su separación con una fiesta. Trueba reflexiona sobre su crisis creativa, su fe en la pareja y su visión del cine íntimo frente a la espectacularidad contemporánea.

Jonás Trueba está en crisis. No es la crisis de los cuarenta que todos tememos esquivar, sino algo más profundo: una desconfianza radical en el oficio que lo define. Sentado en un bar del centro de Madrid, con un café americano enfriándose ante él, el director madrileño de 43 años reconoce sin rodeos que cuando terminó su última película, Volveréis, experimentó un rechazo casi físico hacia lo que había hecho. "Me pareció que era demasiado sincera", dice. "Me vi a mí mismo deprimido, en crisis con el cine y conmigo mismo". La película que estrena este viernes es, en su propia lectura, el cierre de una etapa.

Volveréis nace de una idea antigua: un chiste de su padre, el cineasta Fernando Trueba, quien nunca entendió por qué las parejas celebran sus bodas pero no sus divorcios. De esa ocurrencia germinal surge una comedia sentimental donde Ale y Álex, una pareja simétrica hasta en sus nombres, organizan una fiesta para anunciar su separación. Sus amigos reaccionan incrédulos, enfadados. ¿Quién monta una celebración para romper? Nadie duda de que volverán, como promete el título. Pero la película no es lo que parece. Trueba la ha construido como una puesta en escena de un aforismo de Juan Ramón Jiménez que lo obsesiona: "Tengan por seguro que allí donde haya gente riendo habrá motivos por los que llorar". La alegría y la pena son gemelas. Una no existe sin la otra.

Lo que distingue a Trueba en el panorama del cine español es su fe casi religiosa en la pareja como forma de vida. No como romance adolescente de búsqueda perpetua de intensidad, sino como ejercicio exigente de convivencia, compromiso y repetición. "Buscar un amor mejor y más intenso es el cáncer de cualquier relación", afirma con una convicción que parece extraída de su propia experiencia. "He probado las dos cosas y, con todos sus defectos, prefiero la pareja a la soltería". Sus películas anteriores exploraban el miedo a perderse otros amores posibles. Volveréis marca un giro: sus personajes ya no persiguen esa intensidad adolescente. Enfrentan la dificultad real de crear algo juntos a largo plazo.

Pero esta película también refleja una transformación más amplia en su obra. Trueba trabaja siempre con el mismo equipo reducido: Vito Sanz, con quien colabora desde 2013, e Itsaso Arana, su pareja en la vida real, cuyo rostro ha definido el último tramo de su filmografía. Desde que Arana entró en su cine, dice, ha dejado de filmar a las mujeres como seres mitificados. Su lenguaje se ha vuelto más sencillo, menos reverencial. Sus personajes ahora hablan de hipotecas y menstruación. Sus películas ya no esconden los móviles. Viven cerca del metro Embajadores, o en pueblos como Mataespesa y Alpedrete. El cine de Trueba se ha acercado al presente sin abandonar su obsesión por lo íntimo y lo pequeño.

Esta fidelidad casi enfermiza a su círculo cercano contrasta con su profunda ambigüedad respecto al cine como industria. Trueba reconoce que le encanta fabricar películas, pero detesta la exposición y la competitividad que conllevan. Las galas de premios, los rankings de éxito y fracaso, la obsesión mediática: todo eso lo desconcierta y lo angustia. "Es difícil vivir al margen de eso, por ridículo que te resulte", admite. A veces se plantea abandonar el cine por la literatura, un oficio que le parece menos expuesto, aunque reconoce que es otra industria con las mismas obsesiones a menor escala. Sus amigos susurran que nunca lo hará, que tiene varios proyectos en marcha. Trueba mismo lo admite: "Digo una cosa y la contraria".

Su crisis creativa llegó después de renunciar a Segundo premio, un proyecto sobre la banda Los Planetas en el que había trabajado más de dos años. Perdió la ilusión. Propuso que Isaki Lacuesta, a quien admira profundamente, tomara el relevo. "Es casi un milagro, dadas las circunstancias", dice sobre el resultado. Pero el episodio lo obligó a confrontar sus límites. "El cine es un oficio de autolimitación. Soy consciente de mis límites y no me considero un cineasta capaz de abordar cualquier historia". Lo suyo es lo pequeño, lo íntimo, la perspectiva que el cine contemporáneo tiende a descartar en favor de la espectacularidad.

Trueba fue un niño patológicamente tímido, hijo único, disléxico. Pasaba los recreos sentado en un rincón del patio. Su dislexia se tradujo en una dificultad lectora que cree que permea su forma de escribir y filmar. Rueda pocos planos, de larga duración. Las situaciones que genera tienen que ver con una lentitud, una comprensión lenta. "Releer una frase siete veces me parece totalmente normal", dice. "No soy una persona rápida, pero encuentras tu manera de llegar a las cosas, que es más sinuosa". Sus personajes recuerdan a los Peanuts de Schulz: adultos que conservan rasgos adolescentes, huellas de una socialización imperfecta, una edad imprecisa. Pero Trueba rechaza la idea de que sean inmaduros. "Siempre quise ser adulto. Nunca he querido quedarme en lo juvenil".

En el extranjero, sus películas se ven sin la carga del apellido paterno. La virgen de agosto (2019) tuvo más éxito en Francia que en España, obtuvo una nominación al César y Le Monde lo llamó "el más francés de los directores españoles". En Francia, Fernando Trueba es conocido como el padre de Jonás. "Justicia poética", sonríe el hijo. "En España siempre me he sentido reconocido; he ocupado más espacio mediático del que merecía". Esa emancipación internacional le ha dado una ligereza que valora. Aunque nunca escondió ser hijo de su padre ni evitó hablar de ello, lleva 15 años respondiendo pacientemente las preguntas de los periodistas sobre el tema. Para cerrar el círculo, su padre aparece en Volveréis interpretando al progenitor de Arana.

Trueba también sorprendió recientemente al manifestar su apoyo a Izquierda Española, un partido creado a finales de 2023 que obtuvo 28.000 votos en las europeas de junio. No quiere pertenecer a ningún partido, pero le atrajo la idea de una opción política de izquierdas y no nacionalista. "El nacionalismo no puede invadirlo todo, porque es contradictorio respecto a los ideales de igualdad y justicia social", explica. Tiene en mente un proyecto futuro: una película sobre la España de hoy, o más precisamente, sobre cómo la política y la conversación sobre la política nos afectan y nos envenenan. Cuando recupere energías, volverá a las calles de Madrid que aparecen en todas sus películas: el viaducto de Segovia, los bares de Lavapiés, el metro de Antón Martín. Un Madrid con peso y enjundia, con raíces y capas históricas. Un Madrid que desaparece lentamente bajo la gentrificación y el turismo, pero que Trueba sigue filmando como si fuera lo más importante del mundo.

Buscar un amor mejor y más intenso es el cáncer de cualquier relación
— Jonás Trueba
He probado las dos cosas y, con todos sus defectos, prefiero la pareja a la soltería
— Jonás Trueba
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