En un momento en que las olas de calor presionan las redes eléctricas y los gases refrigerantes tradicionales agravan el calentamiento global, investigadores de la Universidade da Coruña han desarrollado estructuras organometálicas capaces de generar frío y calor usando dióxido de carbono sin necesidad de compresores eléctricos continuos. El hallazgo, que transforma un residuo contaminante en recurso térmico, sitúa a la ciencia gallega en la frontera de una transición energética que Europa ya ha legislado como inevitable. Es, en su esencia, la historia de cómo la curiosidad molecular puede des
Investigadores gallegos desarrollan material revolucionario que promete reducir el consumo de electricidad en climatización
El material respira dióxido de carbono sin necesidad de enchufarse
¿Por qué es tan importante que estos MOF usen dióxido de carbono en lugar de los gases fluorados tradicionales?
Porque los gases fluorados son mil veces más potentes como gases de efecto invernadero. El CO2 es un residuo que podemos reutilizar, así que convertimos un problema en una solución.
Pero espera, ¿el CO2 no es también un gas de efecto invernadero? ¿No estamos simplemente eligiendo el mal menor?
Sí, pero el potencial de calentamiento global del CO2 es mil veces inferior. Y además, en este sistema el CO2 está contenido, no se libera a la atmósfera como en los aires acondicionados tradicionales.
¿Cómo funciona exactamente eso de que no necesita electricidad continua?
El material se coloca en un recipiente cerrado a presión fija. Cuando sube la temperatura exterior, el material libera CO2 y genera frío de forma natural, como si respirara.
Pero alguien tuvo que crear esa presión inicial, ¿no? ¿Cuánta energía se necesita para el proceso de instalación o mantenimiento?
Es una buena pregunta. El artículo no especifica eso. Lo que sí dice es que una vez está en funcionamiento, no necesita consumo eléctrico continuo.
¿Cuándo podríamos ver esto en nuestras casas?
Están en fase de prototipos. Trabajan en aire acondicionado doméstico y bombas de calor, pero aún no hay fecha de comercialización.
¿Y cuál es el rango de temperaturas que pueden mantener?
Pueden trabajar desde menos 30 grados hasta 120 grados centígrados, así que teóricamente cubre casi cualquier clima.
¿Hay otros equipos en el mundo trabajando en esto?
El artículo menciona colaboradores en Noruega y Francia, pero no dice si hay otros grupos independientes desarrollando tecnologías similares.
Eso es importante. Si solo hay un equipo, el impacto será limitado. Si hay una carrera global, esto podría cambiar todo.
The Pulse
- Las facturas eléctricas españolas subieron más de un 20% en agosto, convirtiendo el simple hecho de climatizar el hogar en una presión económica mensurable y creciente.
- Los gases fluorados que mueven los aires acondicionados actuales tienen un potencial de calentamiento global mil veces superior al CO2, y la normativa europea exige su eliminación total para 2050.
- Los MOF desarrollados en A Coruña respiran literalmente: absorben CO2 presurizado, expanden sus poros y generan calor; al liberar el gas, producen frío, todo sin electricidad continua.
- El sistema opera bajo presión natural fija y cubre un rango térmico de entre -30°C y 120°C, haciéndolo viable en climas extremos y aplicaciones tan diversas como edificios, hospitales o trajes de bombero.
- Los prototipos ya están en marcha: aire acondicionado doméstico, bombas de calor y una caja refrigerada para transporte de órganos en colaboración con el hospital universitario coruñés.
En un momento en que las olas de calor presionan las redes eléctricas y los gases refrigerantes tradicionales agravan el calentamiento global, investigadores de la Universidade da Coruña han desarrollado estructuras organometálicas capaces de generar frío y calor usando dióxido de carbono sin necesidad de compresores eléctricos continuos. El hallazgo, que transforma un residuo contaminante en recurso térmico, sitúa a la ciencia gallega en la frontera de una transición energética que Europa ya ha legislado como inevitable. Es, en su esencia, la historia de cómo la curiosidad molecular puede desafiar décadas de dependencia energética.
El pasado agosto, mientras las olas de calor disparaban el precio de la electricidad más de un 20% en España, un consumidor medio pagó cerca de 11 euros extra solo por mantener su casa a una temperatura soportable. En ese contexto de dependencia energética, un grupo de investigadores en A Coruña trabaja en un material que podría cambiar las reglas del juego.
Los aires acondicionados convencionales funcionan con gases fluorados que circulan bajo compresión eléctrica. El problema es doble: consumen mucha energía y emiten gases de efecto invernadero hasta mil veces más dañinos que el CO2. La normativa europea ya ha fijado su eliminación completa para 2050.
Los grupos ChemxTech, UDCSolidos e INGEN de la Universidade da Coruña, con colaboradores de Noruega y Francia, han encontrado una alternativa en las estructuras organometálicas —MOF—, materiales de porosidad extraordinaria que actúan como esponjas moleculares. Cuando estos materiales entran en contacto con CO2 presurizado, sus poros se dilatan y generan calor; al liberar el gas, producen frío. El investigador Juan Manuel Bermúdez lo compara con la respiración de los pulmones o con el efecto refrescante de un botijo: la evaporación genera frío de forma natural, sin electricidad continua.
Lo verdaderamente disruptivo es que el sistema trabaja bajo presión natural fija. Integrado en las paredes de un edificio, el material libera frío cuando el sol calienta la estructura durante el día, y readsorbe CO2 de noche para soltar calor. La temperatura umbral se regula simplemente ajustando la presión interior, con un rango operativo de entre -30°C y 120°C.
El equipo ya desarrolla prototipos de aire acondicionado y bombas de calor domésticas, una caja refrigerada para transporte de órganos en colaboración con el hospital universitario coruñés, y ropa especializada para mineros, bomberos y trabajadores en entornos de calor extremo. Lo que empezó como una pregunta sobre la factura de la luz podría convertirse en una revolución silenciosa en la forma en que climatizamos nuestras vidas.
El pasado agosto, mientras las olas de calor presionaban las redes eléctricas españolas, los precios de la electricidad se dispararon más del 20 por ciento respecto al mismo mes del año anterior. Un consumidor medio vio cómo su factura se hinchaba unos 11 euros solo por mantener sus casas a una temperatura soportable. Ahora llega el invierno, y con él, nuevas presiones sobre el bolsillo. En medio de este ciclo de dependencia energética, un grupo de investigadores en A Coruña está desarrollando un material que podría romper esa cadena.
Los aparatos de aire acondicionado funcionan mediante un gas refrigerante que circula en un circuito cerrado. Un compresor presuriza ese gas, transformándolo en líquido, y es precisamente ese cambio de estado el que genera calor o frío según se necesite. El sistema tiene dos problemas graves. El primero es obvio: consume electricidad, mucha, y eso se refleja en la factura de fin de mes. El segundo es menos visible pero más peligroso: los gases fluorados utilizados en estos aparatos son potentes gases de efecto invernadero, a menudo más dañinos que el propio dióxido de carbono. Además, el calor expulsado hacia el exterior contribuye al efecto isla de calor urbana, agravando el calentamiento global. Tanto preocupa este problema que la normativa europea aprobada en 2024 ordena la eliminación completa de los hidrofluorocarburos para 2050.
Los investigadores gallegos de la Universidade da Coruña, organizados en los grupos ChemxTech, UDCSolidos e INGEN, junto con colaboradores de Noruega y Francia, han encontrado una solución en un material que ganó el Premio Nobel de Química el año pasado: las estructuras organometálicas, conocidas como MOF por sus siglas en inglés. Juan Manuel Bermúdez, investigador asociado Ramón y Cajal del departamento de Química de la universidad coruñesa, explica que estos materiales tienen una estructura extraordinariamente porosa, similar a una esponja a nivel molecular. Esa porosidad les permite adsorber distintas especies químicas, lo que abre mil aplicaciones posibles: desde purificar aguas contaminadas hasta liberar fármacos de forma controlada dentro del cuerpo.
Lo revolucionario del descubrimiento de estos investigadores es que ciertos MOF se adaptan a nivel molecular cuando entran en contacto con gases específicos. En su caso, juegan con los efectos térmicos del dióxido de carbono. Cuando la esponja molecular se pone en contacto con CO2 presurizado, los átomos que forman la estructura se reorganizan, los poros se expanden para incorporar el gas, y se produce una reestructuración interna. Bermúdez compara este movimiento con la respiración de los pulmones: cuando inhalamos oxígeno, los pulmones se expanden; cuando el MOF absorbe CO2 presurizado, sus poros se dilatan de manera similar. Esos cambios térmicos generados pueden utilizarse para calentar una habitación. El proceso inverso, la exhalación, ocurre cuando se reduce la presión: el poro se relaja, libera el CO2, y se genera frío. El investigador lo compara con un botijo a escala nanométrica: así como el agua que se evapora de los poros de la cerámica genera frío, el dióxido de carbono que se evapora del interior de la esponja produce el mismo efecto.
Utilizar dióxido de carbono como refrigerante puede parecer contradictorio, pero es estratégico. Su potencial de calentamiento global es mil veces inferior al de los gases fluorados, y además representa una forma de economía circular: transformar un residuo en recurso. El verdadero avance, sin embargo, está en haber eliminado la necesidad de consumo eléctrico continuo. Los investigadores han rediseñado el funcionamiento del material para que trabaje bajo presión natural fija en lugar de someterse a ciclos continuos de compresión y descompresión. Cuando la temperatura exterior aumenta, el material libera dióxido de carbono y genera frío de forma natural. Imaginemos las paredes de un edificio: el material se coloca en su interior con CO2. Cuando el sol calienta la pared y alcanza ciertas temperaturas, se libera frío. De noche, el material readsorbe el CO2 y suelta calor. La temperatura umbral a partir de la cual esto ocurre se ajusta simplemente regulando la presión interior. Bermúdez subraya que el sistema puede funcionar en todos los rangos climáticos imaginables, desde menos 30 grados hasta 120 grados centígrados.
El equipo ya ha avanzado hacia la siguiente fase: convertir estos descubrimientos en aplicaciones tangibles. Están desarrollando prototipos de aire acondicionado y bombas de calor para uso doméstico. También trabajan en una caja refrigerada para el transporte de órganos en colaboración con el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña. Otra línea de investigación explora la incorporación del material en ropa especializada para actividades deportivas o situaciones de riesgo térmico extremo: trajes para mineros, trabajadores de altos hornos, bomberos. En cada caso, el material mantendría temperaturas adecuadas sin necesidad de fuentes de energía externas. Lo que comenzó como una pregunta sobre cómo reducir la factura de la luz en verano podría transformarse en una revolución silenciosa en la forma en que climatizamos nuestras vidas.
Notable Quotes
Ya no necesitamos un consumo eléctrico, se genera de forma natural y eligiendo la cifra de bares podemos trabajar en todos los rangos climáticos que queramos— Juan Manuel Bermúdez, investigador asociado Ramón y Cajal de la Universidade da Coruña
Su potencial de calentamiento global es mil veces inferior al de los gases fluorados; por otro, es una manera de favorecer su economía circular y transformar el residuo en recurso— Juan Manuel Bermúdez, sobre el uso de dióxido de carbono