En el cruce entre la maternidad y la medicina, investigadores del Vall d'Hebron de Barcelona han descubierto que la leche materna puede guardar, antes que ningún otro fluido corporal, las huellas moleculares de un tumor. El hallazgo, publicado en Cancer Discovery, abre la posibilidad de detectar el cáncer de mama en mujeres jóvenes meses antes de que cualquier imagen médica lo revele. Es un recordatorio de que el cuerpo habla mucho antes de que aprendamos a escucharlo.
Investigadores detectan ADN tumoral en leche materna para diagnóstico precoz del cáncer de mama
En leche ya somos capaces de detectar ADN del tumor
¿Por qué la leche materna resulta ser mejor que la sangre para detectar este ADN tumoral?
Porque en un cáncer localizado, sin metástasis, la cantidad de ADN tumoral en sangre es muy baja. La leche materna, en cambio, está en contacto directo con el tumor, así que acumula más fragmentos de ADN.
Pero espera, ¿en cuántas pacientes realmente se detectó? El estudio dice 13 de 15. Eso es una muestra muy pequeña para hablar de una herramienta de diagnóstico.
Tienes razón. Por eso el siguiente paso es un estudio con 5.000 mujeres. Este es el primer paso, la prueba de concepto.
¿Y esas dos pacientes donde no se detectó nada? ¿Qué pasó?
Las muestras eran de calostro, la primera leche. Los investigadores creen que el ADN tumoral no tuvo tiempo de concentrarse en ese fluido inicial.
Eso es una hipótesis, no una certeza. ¿Hay algo en el calostro que impida que el ADN entre?
No lo saben aún. Solo observaron que después de 14 días, cuando la leche es madura, las frecuencias de variantes detectadas eran casi siete veces más altas.
¿Cuándo podríamos tener un test real que las mujeres puedan usar?
Saura dice que si todo sale bien, habrá una herramienta nueva. Pero Albanell es más prudente: necesitamos esos estudios multicéntricos primero.
Y eso puede tomar años. Además, el estudio actual solo incluye mujeres que ya fueron diagnosticadas. No sabemos si funcionará en mujeres sanas sin síntomas.
Exacto. Por eso el próximo estudio incluirá 5.000 mujeres sanas con riesgo de cáncer. Ese será el verdadero test.
¿Qué significa esto para una mujer embarazada hoy?
Por ahora, nada. Es investigación. Pero en unos años, podría significar que el cáncer de mama se detecte seis meses antes de lo que se detectaría con una ecografía.
Il Polso
- El cáncer de mama durante el embarazo y la lactancia es difícil de detectar a tiempo, y su diagnóstico tardío ensombrece el pronóstico de mujeres cada vez más jóvenes.
- ADN tumoral fue encontrado en la leche materna de 13 de 15 pacientes con cáncer, incluso antes de que las pruebas de imagen convencionales pudieran detectar el tumor.
- La leche materna demostró ser más sensible que la sangre para identificar estas señales moleculares, especialmente en tumores localizados sin metástasis.
- Una participante del estudio, Tereza, habría recibido su diagnóstico seis meses antes gracias a esta técnica, evitando la quimioterapia al detectarse el tumor en estadio precoz.
- El equipo planea validar el método en 5.000 mujeres sanas, con el objetivo de convertirlo en una herramienta de cribado sistemático en el posparto.
En el cruce entre la maternidad y la medicina, investigadores del Vall d'Hebron de Barcelona han descubierto que la leche materna puede guardar, antes que ningún otro fluido corporal, las huellas moleculares de un tumor. El hallazgo, publicado en Cancer Discovery, abre la posibilidad de detectar el cáncer de mama en mujeres jóvenes meses antes de que cualquier imagen médica lo revele. Es un recordatorio de que el cuerpo habla mucho antes de que aprendamos a escucharlo.
Todo comenzó con la angustia de una paciente. Había guardado muestras de leche congeladas desde 18 meses antes de su diagnóstico de cáncer de mama, y quería saber si había transmitido la enfermedad a su hija. La oncóloga Cristina Saura sabía que eso era imposible, pero la pregunta encendió otra: ¿podría esa leche contener señales del tumor que nadie había buscado aún?
Lo que encontraron en ese fluido guardado durante meses fue revelador: fragmentos de ADN tumoral presentes antes incluso del diagnóstico. El hallazgo impulsó un estudio más amplio en el Vall d'Hebron Institut d'Oncologia de Barcelona. El equipo analizó muestras de leche y sangre de quince mujeres con cáncer detectado durante el embarazo o la lactancia, comparándolas con las de una docena de voluntarias sanas. En 13 de las 15 pacientes, el ADN tumoral estaba presente en la leche. Las muestras de las mujeres sanas no mostraron rastro alguno.
Lo que sorprendió aún más fue que la leche materna superó en sensibilidad a la sangre, que resultó casi siempre negativa. En tumores localizados sin metástasis, la carga de ADN tumoral en sangre es demasiado baja para detectarse. En la leche, en cambio, el equipo logró identificarlo incluso en estadios tempranos, con concentraciones que se multiplicaban casi por siete entre el calostro y la leche madura.
El caso de Tereza ilustra el potencial real de la técnica. Tenía 46 años al quedar embarazada y participó en el estudio estando sana. A los 11 meses del parto, sus muestras de leche ya contenían ADN tumoral. Seis meses después, una ecografía confirmó el tumor. Al detectarse en estadio precoz, no necesitó quimioterapia. Con esta herramienta, el diagnóstico se habría adelantado medio año, un margen que en oncología puede cambiar radicalmente el pronóstico.
El equipo trabaja ahora en un panel de genes que identifica las mutaciones más frecuentes en mujeres menores de 45 años, con un funcionamiento similar a la prueba del talón neonatal. El siguiente paso es un estudio con 5.000 mujeres sanas, mayores de 40 años o con predisposición genética, a quienes se seguirá durante dos años con muestras de leche, sangre y ecografías. Expertos externos como Joan Albanell valoran la innovación, aunque advierten que aún se necesitan estudios multicéntricos para validar su eficiencia antes de convertirla en cribado sistemático. Saura, sin embargo, confía en que esta nueva herramienta podría mejorar sustancialmente la supervivencia al permitir detectar tumores cuando aún es posible curarlos.
Una paciente con cáncer de mama llegó a la consulta de la oncóloga Cristina Saura con una pregunta que la atormentaba: ¿había transmitido la enfermedad a través de la leche materna a su segunda hija? Llevaba congeladas muestras de leche desde 18 meses antes del diagnóstico. Saura sabía que el cáncer no se transmite por la lactancia, pero la inquietud de esa mujer encendió una idea: quizás en esa leche congelada ya había señales del tumor que podrían servir a la investigación.
Lo que encontraron cambió el curso de su trabajo. En ese fluido guardado durante meses, antes incluso de que el cáncer fuera diagnosticado, ya había fragmentos de ADN tumoral. El hallazgo llevó a Saura y su equipo del Vall d'Hebron Institut d'Oncologia de Barcelona a diseñar un estudio más amplio. Analizaron muestras de leche materna y sangre de quince mujeres con cáncer de mama diagnosticado en el embarazo o la lactancia, y las compararon con muestras de una docena de voluntarias sanas. Los resultados, publicados en la revista Cancer Discovery, mostraron que en 13 de las 15 pacientes con cáncer, el ADN tumoral estaba presente en la leche materna. En las otras dos, las muestras provenían del calostro, la primera leche que produce el cuerpo, donde los investigadores sospechan que el ADN tumoral no tuvo tiempo suficiente para concentrarse. Las muestras de leche de las mujeres sanas no mostraron rastro alguno del tumor.
Este descubrimiento llega en un momento crítico. El cáncer de mama es el tumor más frecuentemente diagnosticado durante el embarazo y la lactancia, representando hasta el 55 por ciento de los cánceres detectados en mujeres menores de 45 años. Los investigadores advierten que los casos aumentarán en los próximos años, tanto por el envejecimiento de la población como por la tendencia en países desarrollados de retrasar el embarazo. Cuando el cáncer aparece en estas etapas, el diagnóstico suele ser complejo y el pronóstico, a menudo, menos favorable. La biopsia líquida, una técnica que busca señales de tumores en los fluidos corporales antes de que sean visibles en pruebas convencionales, ya ha demostrado utilidad en sangre para detectar cánceres de colon y mama, en líquido cefalorraquídeo para tumores cerebrales, y en orina para neoplasias de vejiga. La leche materna representa ahora un nuevo fluido corporal con potencial diagnóstico.
Lo que sorprendió a los investigadores fue que la sensibilidad de la leche materna superó la de las muestras de sangre, que resultaron casi todas negativas. Saura explica que esto era esperable: en el cáncer de mama localizado, la cantidad de ADN tumoral en sangre es muy baja. Solo cuando hay metástasis, cuando la enfermedad se ha diseminado, la carga de ADN tumoral en sangre es lo suficientemente alta para detectarla. En cambio, en la leche materna, el equipo logró identificar el ADN del tumor incluso en estadios tempranos. Las frecuencias de las variantes detectadas en el calostro fueron casi siete veces más bajas que las encontradas después de 14 días de lactancia, cuando la leche ya es madura.
Tereza, una de las participantes del estudio, ilustra el potencial real de esta técnica. Tenía 46 años cuando quedó embarazada, una edad que por sí sola representa un factor de riesgo. Estaba sana al concebir, pero decidió participar en el ensayo. A los 11 meses después del parto, cuando se analizaron sus muestras de leche materna dentro del estudio, ya había fragmentos de ADN tumoral presentes. Seis meses después, una ecografía mamaria de seguimiento detectó el tumor. Porque se identificó en un estadio precoz, no requirió quimioterapia. Solo cirugía y radioterapia. Con esta nueva técnica, el diagnóstico se habría adelantado seis meses, un tiempo que en oncología puede significar la diferencia entre un pronóstico favorable y uno complicado.
Saura y su equipo ya están desarrollando un panel de genes que identifica las mutaciones más frecuentes en mujeres diagnosticadas con cáncer antes de los 45 años. Funcionaría de manera similar a la prueba del talón que se realiza en bebés para detectar enfermedades metabólicas congénitas. El siguiente paso es validar esta herramienta en una escala mucho mayor. Planean un estudio que incluirá a 5.000 mujeres sanas con riesgo de cáncer de mama, mayores de 40 años o con predisposición genética. A cada una se le tomarán muestras de sangre y leche de ambas mamas, se les realizará una ecografía y serán seguidas durante dos años.
Joan Albanell, jefe del Servicio de Oncología del Hospital del Mar de Barcelona, califica la investigación de innovadora, aunque advierte que el impacto clínico aún está por determinarse. Reconoce que la leche materna emerge como una fuente más confiable para detectar ADN tumoral circulante y que la biopsia líquida podría adelantar significativamente el diagnóstico. Sin embargo, es cauteloso respecto a los tiempos: para que esto se traduzca en un cribado sistemático de pacientes, se necesitarán estudios multicéntricos que validen la eficiencia y el valor real de la técnica. Saura insiste en que, si todo sale bien, habrá una nueva herramienta para la detección precoz del cáncer de mama en el posparto, lo que podría mejorar sustancialmente el pronóstico y la supervivencia al permitir detectar tumores cuando aún están localizados, en sus estadios más tempranos.
Citazioni salienti
Si todo sale bien, habrá una nueva herramienta para la detección precoz del cáncer de mama en el posparto— Cristina Saura, oncóloga del Vall d'Hebron
Para ver si esto se puede trasladar a un cribado sistemático de pacientes, se necesitan estudios multicéntricos que validen el valor y eficiencia de la técnica— Joan Albanell, jefe del Servicio de Oncología del Hospital del Mar