Investigación académica reduce listas de espera en atención pediátrica de obesidad

Beneficia directamente a 40 pacientes pediátricos con obesidad del sistema público de salud mediante atención clínica especializada y basada en evidencia.
Disminuir una brecha histórica entre descubrimientos y quienes se benefician
Mauricio Inostroza describe cómo su proyecto acelera la transferencia de conocimiento científico a la práctica clínica en el sistema público.
Mark

¿Por qué es tan importante que la investigación universitaria ocurra dentro de un hospital público en lugar de solo en laboratorios?

Mimi

Porque la brecha entre descubrir algo y que llegue a quienes lo necesitan puede ser de años. Aquí, mientras Mauricio recolecta datos para su tesis, está atendiendo a cuarenta niños reales que tienen obesidad y necesitan ayuda ahora, no dentro de una década.

Mark

¿Qué hace diferente este programa de entrenamiento que están probando?

Mimi

Combina entrenamiento interválico de alta intensidad con ejercicios pliométricos. No es solo hacer que los niños se muevan; es un protocolo específico diseñado para ver si puede revertir el daño que la obesidad causa en músculos y tendones durante el crecimiento.

Mark

Cuarenta pacientes en dos años suena como un número pequeño para un hospital público con listas de espera largas.

Mimi

Lo es en términos absolutos, pero cada uno de esos cuarenta recibe treinta y seis sesiones. Eso son más de mil doscientas atenciones clínicas que de otro modo no habrían ocurrido. Y el modelo demuestra que es posible hacer esto de forma sostenible.

Mark

¿Qué cambiaría si este modelo se replicara en otras universidades y hospitales?

Mimi

Podrías tener investigadores trabajando en problemas reales del sistema público mientras generan conocimiento. Los pacientes reciben atención basada en evidencia más rápidamente. Las universidades ven sus descubrimientos convertirse en práctica clínica. Es un círculo virtuoso.

Mark

¿Hay riesgo de que la presión de atender pacientes comprometa la calidad de la investigación?

Mimi

Es una pregunta válida, pero aquí la investigación y la atención clínica están diseñadas para reforzarse mutuamente. Inostroza no está eligiendo entre hacer ciencia o atender gente; está haciendo ambas cosas porque una alimenta a la otra.

  • Las listas de espera en el Programa de Rehabilitación Cardiometabólica del hospital presionaban a familias que no podían permitirse esperar meses por atención especializada para sus hijos.
  • La obesidad infantil daña silenciosamente músculos y tendones en etapas críticas del desarrollo, y el sistema público carecía de evidencia local suficiente para enfrentarla con protocolos sólidos.
  • Inostroza estructuró su tesis doctoral como una intervención clínica real: cuarenta pacientes pediátricos, treinta y seis sesiones cada uno, entrenamiento interválico de alta intensidad y ejercicios pliométricos como herramientas de cambio.
  • La colaboración entre la UNAB, el hospital, el Servicio de Salud Metropolitano Sur y la Unidad de Medicina Física creó una red que comprimió drásticamente el tiempo entre el descubrimiento científico y su aplicación en pacientes reales.
  • El proyecto está en su recta final de recolección de datos y apunta a dejar, además de una tesis, un modelo replicable para que otras universidades y hospitales públicos resuelvan juntos desafíos sanitarios prioritarios.

En el cruce entre la academia y la salud pública, un estudiante de doctorado en Santiago está demostrando que el conocimiento no tiene por qué esperar para ser útil. Mauricio Inostroza, de la Universidad Andrés Bello, diseñó su investigación sobre obesidad infantil de modo que cada sesión de recolección de datos sea también una atención clínica real para niños vulnerables, generando más de mil doscientas consultas en el Hospital Dr. Exequiel González Cortés. En un sistema sanitario donde las listas de espera son una herida crónica, este proyecto sugiere que la investigación rigurosa y la atención directa no son caminos opuestos, sino uno solo.

En la Unidad de Medicina del Deporte y la Actividad Física del Hospital Dr. Exequiel González Cortés, Mauricio Inostroza hace algo poco común: escribe su tesis doctoral mientras atiende pacientes reales. Postulante a doctor en Ciencias de la Rehabilitación por la Universidad Andrés Bello, diseñó un proyecto que fusiona investigación rigurosa con atención clínica directa, demostrando que la academia y el hospital público pueden ser el mismo mundo.

La pregunta central de su trabajo es concreta y urgente: ¿cómo afecta la obesidad el desarrollo muscular y de tendones en niños y adolescentes? Durante dos años ha reclutado a cuarenta pacientes pediátricos para un programa de treinta y seis sesiones cada uno, sumando más de mil doscientas atenciones clínicas que alivian la presión sobre el Programa de Rehabilitación Cardiometabólica del recinto. El estudio primero documenta el daño que la obesidad provoca en las estructuras musculoesqueléticas infantiles, y luego evalúa si el entrenamiento interválico de alta intensidad combinado con ejercicios pliométricos puede revertirlo.

Para Inostroza, el valor del proyecto está en cerrar una brecha histórica: el conocimiento científico suele tardar años en llegar desde las universidades hasta quienes lo necesitan. Aquí ese tiempo se comprime. Los hallazgos se convierten en tratamientos basados en evidencia que alcanzan a la población más vulnerable del sistema público con mayor rapidez y calidad.

La iniciativa fue posible gracias a una red de colaboradores: la UNAB aportó estructura académica y financiamiento a través de su Concurso de Iniciación a la Investigación para Doctorados; el hospital ofreció espacio clínico e infraestructura; el Servicio de Salud Metropolitano Sur completó el tejido institucional. Dirigido por el profesor Rodrigo Ramírez Campillo, el proyecto está en su etapa final de recolección de datos. Cuando concluya, habrá producido no solo una tesis, sino un modelo que podría replicarse para que la investigación universitaria resuelva, de forma sistemática, otros desafíos prioritarios del sistema sanitario nacional.

En el Hospital Dr. Exequiel González Cortés, en la Unidad de Medicina del Deporte y la Actividad Física, algo inusual está sucediendo. Un estudiante de doctorado está escribiendo su tesis mientras atiende pacientes reales, y en el proceso está ayudando a descongestionar las listas de espera del sistema público. Mauricio Inostroza, postulante a doctor en Ciencias de la Rehabilitación por la Universidad Andrés Bello, diseñó un proyecto que combina investigación rigurosa con atención clínica directa, demostrando que la academia y el hospital público no tienen por qué ser mundos separados.

La pregunta que guía el trabajo de Inostroza es fundamental: ¿cómo afecta la obesidad el desarrollo muscular y de tendones en niños y adolescentes? Pero la investigación no se queda en la teoría. Durante dos años, ha reclutado a cuarenta pacientes pediátricos del hospital para participar en un programa de treinta y seis sesiones de intervención cada uno. Eso suma más de mil doscientas atenciones clínicas en total, todas ellas dirigidas a reducir la presión sobre el Programa de Rehabilitación Cardiometabólica del recinto.

El diseño del estudio es específico. Primero, los investigadores documentarán cómo la obesidad daña las estructuras musculoesqueléticas en la infancia y adolescencia. Luego, evaluarán si un programa de entrenamiento interválico de alta intensidad combinado con ejercicios pliométricos puede revertir esos daños y mejorar tanto la salud musculoesquelética como la metabólica de estos niños. Es ciencia aplicada en su forma más directa: generar conocimiento mientras se atiende a quienes lo necesitan.

Para Inostroza, lo que hace este proyecto notable es que cierra una brecha histórica. "La oportunidad de generar nexos colaborativos entre la Universidad Andrés Bello e instituciones públicas permite crear un círculo virtuoso de gran impacto", explica. Normalmente, el conocimiento científico tarda años en llegar desde los laboratorios y las universidades hasta los pacientes que podrían beneficiarse de él. Aquí, ese tiempo se comprime drásticamente. Los descubrimientos se traducen en tratamientos basados en evidencia que llegan a la población más vulnerable del sistema público de salud de forma más rápida y con mejor calidad.

La colaboración que hizo posible este trabajo involucra a múltiples actores. La Universidad Andrés Bello aportó la estructura académica y el financiamiento a través de su Concurso de Iniciación a la Investigación para Doctorados. El Hospital Dr. Exequiel González Cortés proporcionó el espacio clínico, los pacientes y el acceso a su infraestructura. El Servicio de Salud Metropolitano Sur y la Unidad de Medicina Física y Rehabilitación del hospital completaron la red de colaboradores. Sin esta convergencia, el proyecto no habría sido posible.

Lo que emerge de esta experiencia es un modelo que podría replicarse. Si la investigación universitaria puede generar soluciones concretas para desafíos prioritarios del sistema sanitario, ¿por qué no hacerlo sistemáticamente? La iniciativa de Inostroza demuestra que es posible formar capital humano avanzado mientras se atiende directamente a pacientes, integrando la generación de evidencia científica con la práctica clínica. El proyecto se encuentra ahora en su etapa final de recolección de datos, bajo la dirección del profesor Rodrigo Ramírez Campillo. Cuando concluya, habrá producido no solo una tesis doctoral, sino también un modelo de trabajo que fortalece tanto el conocimiento como la atención pública de salud.

La oportunidad de generar nexos colaborativos entre la Universidad Andrés Bello e instituciones públicas permite crear un círculo virtuoso de gran impacto
— Mauricio Inostroza, investigador
Estamos logrando trasladar de forma más rápida el conocimiento científico a la práctica clínica, poniendo a disposición de la población más vulnerable tratamientos basados en evidencia
— Mauricio Inostroza
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