Influenza B al alza: expertas urgen reforzar prevención este invierno en Chile

La influenza constituye una de las principales causas de hospitalización y fallecimiento, especialmente en menores de cinco años, mayores de 60 años y personas con enfermedades crónicas.
La influenza no es un simple resfriado; puede desencadenar complicaciones serias
Las especialistas advierten sobre los riesgos de infarto y accidente cerebrovascular en grupos vulnerables.
Mark

¿Por qué este año la influenza B está ganando terreno si la A siempre ha sido la dominante?

Mimi

Porque cada cierto tiempo se acumula una población que nunca ha estado expuesta a la B. Es como si el virus esperara su momento. Cuando hay suficientes personas sin inmunidad, encuentra su oportunidad.

Mark

¿Entonces la B es menos peligrosa que la A?

Mimi

Clínicamente son casi indistinguibles. La A ha causado históricamente más cuadros graves, pero la B también puede ser seria. La diferencia es que la B afecta más a niños, mientras que la A golpea más fuerte a los adultos mayores.

Mark

Si ya tuve influenza este invierno, ¿para qué vacunarme?

Mimi

Porque hay más de un virus circulando y tu inmunidad natural no dura. Puedes enfermarte de nuevo, posiblemente con una cepa diferente. La vacuna te protege contra múltiples variantes.

Mark

¿Qué tan efectiva es la vacuna si no evita que me contagie?

Mimi

No se trata de evitar el contagio. Se trata de evitar que la enfermedad sea grave. La vacuna reduce el riesgo de complicaciones serias, hospitalizaciones y muerte. Eso es lo que importa.

Mark

¿Realmente funcionan esas medidas de la pandemia, o ya las olvidamos?

Mimi

Funcionan. Ventilación, higiene de manos, mascarilla cuando estás enfermo. Pero sí, las olvidamos. Parece que necesitamos recordar que no son solo medidas de emergencia, sino herramientas que siguen siendo útiles.

Mark

¿Quién está en mayor riesgo ahora?

Mimi

Los menores de cinco años, los mayores de 60, y cualquiera con enfermedades crónicas. Pero este año, la B está golpeando especialmente a niños y adolescentes entre 5 y 14 años. Son ellos quienes no han estado expuestos antes.

  • La influenza B ha registrado un aumento inusual en Chile este invierno, superando su rol histórico de virus secundario y obligando al Ministerio de Salud a emitir una alerta formal.
  • Los niños y adolescentes de 5 a 14 años son el grupo más afectado, mientras que los adultos mayores y personas con enfermedades crónicas enfrentan el mayor riesgo de complicaciones graves como infartos o accidentes cerebrovasculares.
  • Espacios cerrados mal ventilados, el frío que prolonga la vida de los patógenos y una población sin inmunidad previa al virus crean las condiciones perfectas para su propagación acelerada.
  • Especialistas advierten que aún es posible vacunarse con beneficio real, incluso para quienes ya se infectaron, dado que múltiples cepas circulan simultáneamente y la inmunidad natural es limitada.
  • Medidas como ventilar ambientes, lavarse las manos y usar mascarilla ante síntomas respiratorios —eficaces durante la pandemia pero hoy olvidadas— vuelven a ser urgentemente recomendadas como complemento a la inmunización.

Cada invierno, los virus respiratorios ponen a prueba la resiliencia de las comunidades; este año, la influenza B ha emergido con fuerza inusual en Chile, afectando principalmente a niños y jóvenes y encendiendo las alertas del Ministerio de Salud. Especialistas del Hospital Clínico Universidad de Chile recuerdan que este virus, aunque menos conocido que su contraparte A, puede provocar complicaciones graves e incluso fatales en poblaciones vulnerables. La vacunación, aún disponible en pleno invierno, y las medidas preventivas cotidianas representan la respuesta colectiva más eficaz ante una amenaza que no distingue entre lo ordinario y lo urgente.

Cada invierno, los virus respiratorios regresan a los espacios cotidianos de Chile. Este año, sin embargo, la influenza B ha protagonizado un repunte inusual que ha encendido las alarmas del Ministerio de Salud. La Dra. Vivian Luchsinger, microbióloga clínica, y la Dra. Jeannette Dabanch, infectóloga, ambas del Hospital Clínico Universidad de Chile, explican que el fenómeno responde a una lógica conocida: cuando se acumula una población que no ha estado expuesta previamente al virus, este encuentra terreno fértil para expandirse. El frío, los espacios cerrados y la escasa ventilación hacen el resto.

Desde el punto de vista clínico, la influenza B es prácticamente indistinguible de la influenza A: mismos síntomas, evolución similar y potencial de gravedad equivalente. Aunque tiende a afectar más a niños —quienes se encuentran con el virus por primera vez—, no debe subestimarse. En personas vulnerables, como menores de cinco años, mayores de 60 o quienes padecen enfermedades crónicas, puede desencadenar complicaciones serias: infartos, accidentes cerebrovasculares o descompensaciones metabólicas. La influenza y la neumonía figuran entre las principales causas de hospitalización y muerte en el país, a pesar de que existe una vacuna capaz de reducir significativamente ese riesgo.

Aunque la campaña de vacunación lleva meses en marcha, las especialistas coinciden en que aún hay tiempo para inmunizarse con beneficio real. La vacuna no siempre evita el contagio, pero sí reduce la probabilidad de enfermedad grave y muerte. Dabanch añade que incluso quienes ya se infectaron este invierno deberían considerar vacunarse, pues más de un virus circula simultáneamente y la inmunidad natural es transitoria.

Más allá de la vacuna, ambas médicas llaman a recuperar hábitos preventivos que demostraron su eficacia durante la pandemia y que hoy parecen olvidados: ventilar los espacios, lavarse las manos con frecuencia, usar mascarilla ante síntomas respiratorios y evitar el contacto con personas de riesgo cuando se está enfermo. Luchsinger recuerda, además, que vacunarse no es solo un acto individual: proteger la propia salud contribuye a resguardar a quienes no pueden hacerlo. Este invierno, la responsabilidad es de todos.

Cada invierno, los virus respiratorios regresan a las aulas, las oficinas, el transporte público y los hogares chilenos. Este año, sin embargo, algo ha cambiado. Mientras que la influenza A ha dominado históricamente los meses fríos, un aumento notable de casos de influenza B ha disparado las alarmas en el Ministerio de Salud. Las especialistas del Hospital Clínico Universidad de Chile, la Dra. Vivian Luchsinger (microbióloga clínica) y la Dra. Jeannette Dabanch (infectóloga), advierten que el fenómeno no es sorpresa, pero sí exige atención.

La razón del repunte es más simple de lo que parece. Durante el invierno, las personas se concentran en espacios cerrados con escasa ventilación, creando un entorno perfecto para que los virus prosperen. El frío, además, mantiene los patógenos viables en las superficies durante más tiempo y debilita algunos de los mecanismos defensivos naturales del cuerpo, como la actividad ciliar en las vías respiratorias. Luchsinger explica que la influenza B surge periódicamente cuando se acumula una población susceptible que no ha estado expuesta al virus anteriormente. Aunque ambos tipos de influenza circulan durante la estación fría, la A ha sido tradicionalmente la dominante. Este año es diferente.

Desde una perspectiva clínica, sin embargo, los dos virus son prácticamente gemelos. Los síntomas, la evolución y la gravedad de la enfermedad son similares en la mayoría de los casos. La influenza B tiende a afectar más a los niños, quienes se encuentran con el virus por primera vez, mientras que la influenza A ha estado asociada históricamente con cuadros más severos. Pero aquí está el punto crucial: la influenza B también puede causar enfermedad grave. No es un virus menor.

Lo que preocupa a los expertos es que la influenza no es un simple resfriado. Puede desencadenar complicaciones serias, especialmente en personas vulnerables. Un episodio de influenza aumenta el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular, o descompensación de enfermedades crónicas como diabetes o afecciones pulmonares. Los menores de cinco años, los adultos mayores de 60 y quienes viven con condiciones crónicas enfrentan el mayor riesgo de desarrollar cuadros graves. De hecho, la influenza y la neumonía son entre las principales causas de hospitalización y muerte en Chile, a pesar de que existe una vacuna capaz de reducir significativamente estas complicaciones. El aumento de influenza B se está observando principalmente en niños y adolescentes entre 5 y 14 años, seguido por personas de 15 a 54 años. Mientras tanto, la influenza A continúa afectando desproporcionadamente a los adultos mayores.

Aunque la campaña de vacunación comenzó hace varios meses, ambas especialistas coinciden en que aún hay tiempo. El momento ideal habría sido antes de que los virus comenzaran a circular, ya que la inmunidad generada por la vacuna requiere algunos días para desarrollarse. Pero incluso ahora, en pleno invierno, la vacunación sigue siendo efectiva. Luchsinger subraya que aunque la vacuna no siempre previene la infección, reduce significativamente el riesgo de enfermedad grave y muerte. Dabanch añade un detalle importante: incluso quienes ya tuvieron influenza este invierno deberían vacunarse. Hay más de un virus circulando, y la inmunidad natural tiene una duración limitada. Una persona puede enfermarse nuevamente.

Más allá de la vacuna, ambas especialistas insisten en recuperar las medidas preventivas que demostraron funcionar durante la pandemia, pero que, lamentan, parecen haber sido olvidadas. Ventilar los espacios cerrados, lavarse las manos frecuentemente, usar mascarilla cuando se presentan síntomas respiratorios, evitar visitar a personas con factores de riesgo si se está enfermo, y reducir el tiempo en lugares con alta concentración de gente. Son acciones simples, pero efectivas. Luchsinger recuerda además que la vacunación no es solo un acto de protección individual. Cuando alguien se vacuna, protege también a su comunidad, contribuyendo a la inmunidad de rebaño que resguarda a quienes no pueden vacunarse. Este invierno, la responsabilidad es compartida.

La influenza aumenta el riesgo de tener un infarto, un accidente cerebrovascular o de descompensar enfermedades como la diabetes o una enfermedad pulmonar crónica
— Dra. Jeannette Dabanch, infectóloga
La vacuna es efectiva, aunque no necesariamente evita que una persona se infecte, sí disminuye el riesgo de desarrollar enfermedad, enfermedad grave y de fallecer
— Dra. Vivian Luchsinger, microbióloga clínica
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