En la Comisaría Sexta de Córdoba, un joven de 19 años detenido con órdenes de captura vencidas fue encontrado ahorcado en su celda, y murió días después por edema cerebral irreversible. Lo que el Estado presentó como suicidio, su familia lo vive como crimen. Seis policías enfrentan ahora imputaciones por privación ilegítima de la libertad y homicidio culposo, mientras la justicia intenta responder una pregunta que ninguna versión oficial ha podido cerrar: cómo termina un joven de 19 años muerto dentro de una institución que debía custodiarlo.
Imputaron a seis policías por la muerte de Tomás Orihuela en comisaría de Córdoba
Muy raro que mi hermano se haya dormido en una celda
¿Por qué importa que las órdenes de captura estuvieran vencidas? ¿Eso cambia lo que pasó esa noche?
Cambia todo. Si las órdenes estaban vencidas, Tomás no debería haber estado detenido en primer lugar. Es el primer indicio de que algo funcionó mal desde el principio.
Pero tenemos que ser precisos: ¿quién verificó que estaban vencidas? ¿Es un hecho confirmado o es lo que dice la familia?
El fiscal Godoy lo incluyó en la imputación, así que está en el expediente. Pero tienes razón en preguntar.
La familia dice que Tomás no era depresivo. ¿Eso es suficiente para descartar un suicidio?
No es suficiente por sí solo. Pero combinado con los hallazgos médicos —el edema cerebral, las complicaciones pulmonares y renales— genera dudas sobre la versión oficial.
Aquí hay un problema: ¿qué dice la autopsia exactamente sobre cómo murió? ¿Fue asfixia por ahorcamiento o fue algo más? El edema cerebral podría ser consecuencia del ahorcamiento, no la causa.
Es una pregunta válida que el expediente debería responder. Lo que sabemos es que la familia y sus abogados dicen que esos hallazgos no coinciden con un suicidio.
¿Por qué una agente fue detenida pero los otros cinco solo están bajo investigación?
El fiscal decidió que había evidencia suficiente contra ella para ordenar su detención. Los demás podrían enfrentar medidas procesales pronto.
¿Qué evidencia? Eso no está claro en el reportaje. ¿Fue ella quien lo encontró? ¿Estaba de guardia? No sabemos.
Tienes razón. El reportaje no especifica por qué ella fue detenida mientras los otros no. Es un vacío importante.
¿Qué pueden revelar los celulares secuestrados?
Comunicaciones entre los policías esa noche, qué se dijeron, si hay evidencia de coordinación o encubrimiento.
Pero también hay límites. Los mensajes pueden ser borrados, pueden no existir, o pueden ser ambiguos. No es una prueba de lo que pasó dentro de la celda.
Correcto. Pero es lo que tienen para trabajar ahora.
El Pulso
- Tomás Orihuela fue detenido dos veces en menos de 48 horas con órdenes de captura vencidas, lo que convierte su arresto en una irregularidad legal desde el inicio.
- La versión oficial de suicidio choca con los hallazgos médicos: edema cerebral irreversible, complicaciones pulmonares y renales que la familia y sus abogados consideran incompatibles con un ahorcamiento voluntario.
- La madre llegó esa noche a la comisaría con comida y abrigo, y no le permitieron ver a su hijo; horas después, una patrulla llegó a su puerta para informarle que Tomás estaba en muerte cerebral.
- Una agente ya fue detenida y los celulares de los imputados fueron secuestrados para rastrear qué se comunicaron esa noche, en busca de evidencia sobre lo que realmente ocurrió en la celda.
- La investigación avanza en dos frentes simultáneos: la legalidad del procedimiento de detención y las circunstancias exactas de la muerte, con posibles nuevas medidas procesales en los próximos días.
En la Comisaría Sexta de Córdoba, un joven de 19 años detenido con órdenes de captura vencidas fue encontrado ahorcado en su celda, y murió días después por edema cerebral irreversible. Lo que el Estado presentó como suicidio, su familia lo vive como crimen. Seis policías enfrentan ahora imputaciones por privación ilegítima de la libertad y homicidio culposo, mientras la justicia intenta responder una pregunta que ninguna versión oficial ha podido cerrar: cómo termina un joven de 19 años muerto dentro de una institución que debía custodiarlo.
La noche del 27 de abril, una patrulla llegó a la casa de los Orihuela con una noticia devastadora: Tomás, de 19 años, estaba en el Hospital Córdoba en muerte cerebral. Lo que había comenzado como una detención en la Comisaría Sexta del barrio General Paz terminó en una morgue. Seis policías enfrentan hoy imputaciones por privación ilegítima de la libertad y homicidio culposo.
Tomás había sido arrestado dos veces en menos de 48 horas —por estafas vinculadas a celulares, y luego por robo y violación de domicilio— pero ambas órdenes de captura estaban vencidas. Aun así, lo mantuvieron detenido. El fiscal Andrés Godoy ordenó investigar tanto la legalidad del arresto como las circunstancias de su muerte. Una agente ya fue detenida; los celulares del resto de los imputados fueron secuestrados para rastrear sus comunicaciones de esa noche.
El Ministerio de Seguridad sostuvo desde el principio que Tomás se había quitado la vida usando un buzo dentro de su celda. La familia lo rechazó de inmediato. Su madre había ido esa noche a llevarle comida y abrigo, y no la dejaron verlo. Su hermana Mariana señaló que no eran las 22:00 y que Tomás sabía que lo iban a soltar pronto. Para su familia, él no era depresivo ni consumía sustancias. No fue suicidio, dicen. Fue abuso.
Los registros médicos complicaron aún más la versión oficial. Además del edema cerebral que causó su muerte, Tomás presentaba complicaciones pulmonares y renales que, según la familia y sus abogados, no encajan con la hipótesis de un ahorcamiento. Hubo un breve repunte de actividad neurológica que generó esperanza, pero el lunes por la tarde llegó la confirmación del fallecimiento.
El 30 de abril, una caravana de motos recorrió el barrio Pueyrredón en su despedida. Cuatro familiares detenidos en penales de la provincia fueron trasladados bajo custodia para asistir al velorio, con autorización judicial por razones humanitarias. Hoy, cada mensaje en esos celulares secuestrados, cada registro médico, es para la familia Orihuela una oportunidad de demostrar que su hijo no eligió morir.
La noche del 27 de abril, una patrulla llegó a la casa de la familia Orihuela con un mensaje que cambiaría todo: Tomás, de 19 años, estaba en el Hospital Córdoba en muerte cerebral. Lo que comenzó como una detención rutinaria en la Comisaría Sexta del barrio General Paz terminó en una morgue, y ahora seis policías enfrentan imputaciones por privación ilegítima de la libertad y homicidio culposo.
Tomás había sido arrestado dos veces en menos de 48 horas. La primera vez por estafas relacionadas con la venta de teléfonos celulares; la segunda por robo y violación de domicilio. Pero había un problema fundamental: las órdenes de captura estaban vencidas. Aun así, lo mantuvieron detenido. El fiscal Andrés Godoy, a cargo de la Fiscalía de Instrucción N° 8, ordenó que se investigara no solo cómo fue arrestado el joven, sino también las circunstancias de su muerte dentro de la dependencia policial. Una agente ya fue detenida; los demás permanecen bajo investigación mientras se secuestraron sus celulares para rastrear comunicaciones y procedimientos de esa noche.
La versión oficial fue clara desde el principio: el Ministerio de Seguridad anunció que Tomás se había quitado la vida dentro de su celda usando un buzo. Pero la familia rechazó esa explicación desde el primer momento. Su madre fue a la comisaría esa noche con comida y abrigo para su hijo, y le dijeron que no podía verlo. Su hermana Mariana cuestionó los tiempos: "Muy raro que mi hermano se haya dormido en una celda, no eran ni las 22:00 y ya sabía que lo tenían que largar". La familia insiste en que Tomás no era depresivo, no consumía alcohol ni drogas. Para ellos, esto no fue suicidio. Fue abuso.
Los registros médicos complicaron la narrativa oficial. Además del edema cerebral irreversible que causó su muerte, Tomás presentaba complicaciones pulmonares y renales. Esos hallazgos, según la familia y sus abogados, no encajan con la hipótesis de un intento de suicidio. El primer diagnóstico llegó el 27 de abril por la noche. Al día siguiente, en el Hospital Eva Perón, hubo un leve repunte de actividad neurológica que generó una breve esperanza. Pero el lunes por la tarde, la confirmación del fallecimiento cerró cualquier posibilidad.
La despedida de Tomás fue masiva. El 30 de abril, una caravana de motos recorrió el barrio Pueyrredón en lo que los medios llamaron una "despedida tumbera". Cuatro de sus familiares —dos hermanos y dos primos— estaban detenidos en los penales de Bouwer y Cruz del Eje. La ley 24.660 de Ejecución Penitenciaria permitió que fueran trasladados bajo custodia policial para asistir al velorio. Una prosecretaria judicial autorizó el operativo invocando razones humanitarias, aunque el abogado penalista Facundo Pérez Lloveras aclaró que estos traslados solo ocurren tras evaluación de riesgos y antecedentes, con un dispositivo de seguridad definido por la autoridad penitenciaria.
Ahora la investigación avanza en dos frentes. El fiscal Godoy busca determinar si hubo irregularidades en el procedimiento de detención y en lo que sucedió dentro de la celda. Una agente ya está detenida. Los demás imputados podrían enfrentar medidas procesales en los próximos días. Los celulares secuestrados podrían revelar qué se comunicaron los policías esa noche, qué sabían, qué hicieron. Para la familia Orihuela, cada documento, cada mensaje, cada registro médico es una oportunidad de demostrar que su hijo no se quitó la vida voluntariamente. Para el sistema judicial de Córdoba, es la oportunidad de responder una pregunta que la versión oficial nunca pudo explicar satisfactoriamente: ¿cómo termina un joven de 19 años ahorcado en una celda con órdenes de captura vencidas?
Citas Notables
Tomás no era depresivo y no consumía alcohol ni drogas— Familia de Tomás Orihuela
Las imputaciones refieren tanto a la detención irregular de Orihuela como al desenlace fatal ocurrido dentro de la dependencia policial— Fiscal Andrés Godoy