Tienes que terminar el libro y plantearte cuánto querrías seguir mirando
La novela imagina un futuro donde la exposición en internet determina el estatus social y los privilegios, llevando al extremo las dinámicas actuales de influencers y seguidores. Las autoras se inspiraron en realities como Gran Hermano, Operación Triunfo e Insiders, así como en series como El juego del calamar, para reflexionar sobre la insensibilización digital.
- Imperio está ambientada en el siglo XXII y presenta un concurso donde 30 participantes compiten en un edificio de 30 plantas durante 5 semanas
- Las autoras se inspiraron en realities como Gran Hermano, Operación Triunfo e Insiders, así como en series como El juego del calamar
- El libro incluye el personaje de Liv, una niña de 12 años que compite en el concurso, reflejando la preocupación sobre niños influencers
Selene M. Pascual e Iria G. Parente publican 'Imperio', una novela distópica ambientada en el siglo XXII que reflexiona sobre cómo las redes sociales podrían dominar la sociedad, donde el estatus depende de la exposición pública y un concurso televisado determina los privilegios.
Selene M. Pascual e Iria G. Parente han escrito una novela que parece sacada de un futuro próximo, aunque está ambientada en el siglo XXII. Imperio, publicada por TBR Editorial, es una distopía que reflexiona sobre un mundo donde las redes sociales no solo dominan la cultura, sino que estructuran completamente la jerarquía social. En esta sociedad imaginada, tu visibilidad es tu moneda: cuanta más gente te ve, más poder tienes. No es una exageración tan lejana como podría parecer.
El corazón de la novela es un concurso televisado llamado Imperio, donde treinta participantes ya famosos conviven en un edificio de treinta plantas durante cinco semanas. A medida que avanzan las pruebas, los eliminados descienden literalmente de piso, reduciendo el bloque conforme pasa el tiempo. El ganador se convierte en Imperial de por vida, alcanzando el escalón más alto de la sociedad. Es una versión extrema de algo que ya existe: la competencia constante por seguidores, likes y relevancia que define la vida digital contemporánea.
Parente explica que la novela surge de una pregunta inquietante: ¿hacia dónde nos lleva esta exposición constante? Ya existe una brecha de clases generada por las redes sociales, una diferencia tangible entre quienes crean contenido y quienes simplemente lo consumen. Las autoras se preguntaron qué pasaría si esas diferencias se ampliaran aún más, si se convirtieran en la estructura fundamental de la sociedad. Pascual añade que lo que antes era una advertencia de los padres—ten cuidado en internet—se ha normalizado completamente. Ahora la exposición es deseable. Los seguidores son algo que todos queremos. El libro lleva esa competencia al extremo, pero de alguna manera ya está sucediendo en las redes sociales reales.
Los lectores han comparado Imperio con Los juegos del hambre conoce a Gran Hermano, pero las autoras señalan que su inspiración más profunda viene de 1984 de George Orwell. Durante la investigación, estudiaron distintos realities: Gran Hermano, Operación Triunfo, Insiders de Netflix. También tomaron elementos de El juego del calamar y Alice in Borderland, pero deliberadamente dejaron de lado la violencia y la muerte. Lo que les interesaba era reflexionar sobre cómo nos estamos acostumbrando a ciertos temas, cómo las redes sociales nos están insensibilizando. Ves algo pequeño, lo naturalizas, luego pasas a lo siguiente, y a lo siguiente. Así funciona la desensibilización.
Los personajes de Imperio representan arquetipos de influencers reales. Están las parejas, cuya relación íntima se expone a la opinión pública; los famosos que ocupan la cúspide pero caen en el olvido; quienes se hacen virales de la noche a la mañana; y los menores. Este último perfil preocupaba especialmente a las autoras. El personaje de Liv, una niña de doce años que compite en Imperio con su hermana Dana, encarna una inquietud psicológica real: los niños influencers que son mostrados públicamente desde pequeños, sin opción, sin siquiera comprender el concepto de consentimiento.
La obsesión por los números permea todo. Los me gusta, los seguidores, la viralidad. Pascual observa que todo parece pasar por las redes sociales, y el trabajo a menudo depende de tus números. Parente señala que muchas editoriales analizan exhaustivamente la comunidad previa de lectores que un autor posee. Son números que no siempre se traducen en dinero directo, pero facilitan las cosas. En los mercados estadounidenses, algunos contratos exigen explícitamente que los autores tengan página web y redes sociales. Las autoras tuvieron suerte: después de diez años y varios libros publicados, su perfil público ya no es determinante. Pero cuando comenzaron, generaron comunidad en línea a través de blogs de autopublicación.
La industria literaria se ha adaptado a las nuevas tecnologías de formas inesperadas. BookTok, la recomendación de libros en TikTok, ha generado un fenómeno donde obras publicadas años atrás en otros países llegan a España con años de retraso. Romper el círculo de Colleen Hoover se lanzó en 2016 pero llegó a España en 2022. Los 7 maridos de Evelyn Hugo de Taylor Jenkins Reid llegó tres años después de su publicación original. Las redes sociales han reconfigurado cómo se distribuye y consume la literatura.
Pascual y Parente también escriben con una representación LGTBI deliberada y consciente. Hace una década, no sentían que tuvieran derecho a escribir personajes como ellas. Pero la ficción afecta la realidad: si creces sin verte reflejado en ningún lado, crees que tus historias no merecen ser contadas. Aunque se lo piden, las autoras no escribirán una secuela de Imperio porque iría contra el mensaje del libro, que está dedicado a las personas que saben cuándo dejar de mirar. El lector debe terminar la novela y preguntarse a sí mismo cuánto más querría seguir mirando. Mientras tanto, ya están trabajando en una nueva trilogía de fantasía.
Notable Quotes
Ya hay una diferencia de clases a raíz de las redes sociales, y hay diferencias entre los influencers y la gente que simplemente ve contenido— Iria G. Parente
En Imperio, el concurso está llevado al extremo, pero de alguna manera ya existe esa competición en redes sociales por ver quién tiene más followers y más likes— Selene M. Pascual
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué decidieron llevar la dinámica de las redes sociales al extremo de un concurso televisado? ¿No era suficiente con reflejar lo que ya existe?
Porque lo que existe ya es bastante extremo, solo que no lo vemos así. Necesitábamos un espejo que fuera tan claro que el lector no pudiera mirar hacia otro lado. Un concurso donde literalmente desciendes de piso cuando te eliminan, donde tu valor se mide en visibilidad pública, es la lógica de las redes sociales hecha tangible.
Mencionan que el libro está dedicado a personas que saben cuándo dejar de mirar. ¿Cuál es la diferencia entre alguien que sabe y alguien que no?
Es la diferencia entre consumir contenido de forma consciente y dejarse consumir por él. Alguien que sabe cuándo dejar de mirar entiende que hay un momento en el que la exposición constante deja de ser entretenimiento y se convierte en insensibilización. Es una pregunta que el lector debe hacerse a sí mismo.
¿Cómo decidieron qué arquetipos de influencers incluir? ¿Hay alguno que les haya resultado más incómodo de escribir?
Los niños influencers fueron los más incómodos. No porque sean difíciles de escribir, sino porque representan una realidad que muchos prefieren ignorar. Un niño de doce años no puede consentir a ser expuesto públicamente, pero lo hacemos de todas formas. Eso es lo que queríamos que el lector sintiera al leer a Liv.
¿Creen que la gente que lee Imperio va a cambiar su relación con las redes sociales?
No sabemos si cambiarán, pero esperamos que al menos se hagan preguntas. El libro no es un sermón. Es un espejo. Lo que hagas con lo que ves en ese espejo es decisión tuya.
¿Por qué rechazaron la idea de una secuela?
Porque una secuela sería exactamente lo opuesto al mensaje del libro. Sería pedirle al lector que siga mirando cuando el libro le está enseñando a dejar de hacerlo. Eso sería cínico.