Una enfermedad prevenible no debería estar cobrando vidas de recién nacidos
En Honduras, una enfermedad que la ciencia aprendió a prevenir hace décadas vuelve a cobrar vidas de los más pequeños: catorce bebés menores de un año han muerto en 2026 por tosferina, mientras los casos confirmados ascienden a 175, un 53,5% más que en el mismo período del año anterior. El brote revela una brecha dolorosa entre el conocimiento médico disponible y su llegada a quienes más lo necesitan, recordándonos que la vulnerabilidad de un recién nacido depende, en gran medida, de las decisiones que se toman antes de su nacimiento.
- Catorce bebés han muerto en seis meses por una enfermedad que tiene vacuna, y los casos siguen aumentando a un ritmo que supera en 75% las muertes del año anterior.
- Más de seis de cada diez casos afectan a bebés de cero a seis meses, niños demasiado pequeños para haber recibido su primera dosis y sin otra defensa que la inmunidad heredada de sus madres.
- Las autoridades sanitarias llaman con urgencia a las embarazadas a vacunarse entre las semanas 26 y 37 de gestación, la única vía para proteger al recién nacido antes de que pueda inmunizarse por sí mismo.
- El sistema de salud hondureño enfrenta ahora la carrera de ampliar cobertura vacunal mientras el brote avanza, con el peso moral de que cada muerte era, en principio, evitable.
Honduras atraviesa en 2026 un brote de tosferina que ha dejado catorce bebés muertos y 175 casos confirmados, cifras que superan en un 53,5% los registros del mismo período del año anterior. Las muertes, en particular, han crecido de forma aún más pronunciada: representan un aumento del 75% respecto a los ocho fallecimientos reportados durante todo el año previo. Leticia Puerto, técnica del Programa Ampliado de Inmunización de la Secretaría de Salud, advirtió públicamente que se trata de una enfermedad completamente prevenible mediante vacunación.
Lo que hace más grave el panorama es quiénes están siendo afectados. Más del 62% de los casos corresponde a bebés de entre cero y seis meses, un grupo que aún no ha podido completar su esquema de inmunización y que depende, en esos primeros meses de vida, de los anticuerpos que su madre pudo haberle transferido antes del parto. Ante esto, las autoridades han hecho un llamado directo a las mujeres embarazadas para que se vacunen entre las semanas 26 y 37 de gestación, ventana en la que la inmunización materna puede brindar protección temporal al recién nacido.
El esquema estándar contra la tosferina comienza a los dos meses de edad y se extiende con refuerzos hasta los cuatro años, pero durante esas primeras semanas de vida, la protección materna es la única barrera disponible. La tosferina, aunque manejable en adultos, puede comprometer gravemente la respiración de un lactante y resultar fatal. El reto para el sistema de salud hondureño es ahora acelerar la cobertura vacunal mientras el brote sigue activo, con la certeza incómoda de que ninguna de estas muertes era inevitable.
Honduras enfrenta un brote de tosferina que ha cobrado la vida de catorce bebés menores de un año en lo que va de 2026. Las autoridades sanitarias confirmaron esta semana la detección de 175 casos de la enfermedad respiratoria, cifra que refleja un incremento alarmante comparado con el mismo período del año anterior.
El panorama es particularmente grave cuando se observa la trayectoria de la enfermedad. En 2025, Honduras registró 114 casos en el mismo lapso de tiempo; este año ya ha superado esa cifra en más de la mitad, con un aumento del 53,5 por ciento. Las muertes, por su parte, han crecido aún más dramáticamente: los catorce fallecimientos de 2026 representan un incremento del 75 por ciento respecto a los ocho decesos que se reportaron durante todo el año anterior. Leticia Puerto, técnica del Programa Ampliado de Inmunización de la Secretaría de Salud, subrayó la magnitud del problema en declaraciones a la prensa, señalando que se trata de una enfermedad completamente prevenible mediante vacunación.
Lo que hace más urgente la situación es el perfil de los afectados. Más del 62 por ciento de los 175 casos confirmados corresponde a bebés de entre cero y seis meses de edad, el grupo más vulnerable a las complicaciones graves de la tosferina. Estos son niños demasiado pequeños para haber completado su esquema de inmunización, lo que los deja expuestos a una enfermedad que, aunque prevenible, puede resultar letal en lactantes sin protección inmunológica.
Las autoridades sanitarias han identificado una estrategia clave para romper esta cadena de contagio: la vacunación de las mujeres embarazadas. Puerto hizo un llamado específico a las gestantes para que se vacunen entre las semanas 26 y 37 de embarazo, período en el cual la inmunización materna puede transferir anticuerpos protectores al recién nacido antes de que nazca. Esta protección temporal es crítica durante los primeros meses de vida, cuando los bebés aún no han recibido sus propias dosis de vacuna.
El esquema de vacunación estándar contra la tosferina en Honduras comienza a los dos meses de edad con la primera dosis, seguida de aplicaciones a los cuatro y seis meses. El ciclo se completa posteriormente con dos refuerzos: uno a los dieciocho meses y otro a los cuatro años. Sin embargo, durante esos primeros meses críticos, antes de que el bebé reciba su primera inyección, la protección materna es la única defensa disponible.
La tosferina es una infección bacteriana que se transmite fácilmente de persona a persona a través de gotitas respiratorias. En adultos y niños mayores, la enfermedad causa una tos persistente y característica, pero generalmente no es mortal. En los lactantes, sin embargo, la infección puede comprometer gravemente la respiración y llevar a complicaciones potencialmente fatales. El hecho de que catorce bebés hayan muerto en apenas seis meses subraya cuán letal puede ser esta enfermedad cuando ataca a los más pequeños.
Las autoridades sanitarias de Honduras ahora enfrentan el desafío de acelerar la cobertura de vacunación tanto en embarazadas como en la población infantil general, mientras monitorean la evolución del brote. El mensaje es claro: una enfermedad prevenible no debería estar cobrando vidas de recién nacidos.
Notable Quotes
La tosferina es una enfermedad prevenible a través de la vacunación y lo más lamentable es que estos niños están falleciendo— Leticia Puerto, técnica del Programa Ampliado de Inmunización de la Secretaría de Salud
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué la tosferina afecta tan gravemente a los bebés si es una enfermedad prevenible?
Porque los bebés menores de dos meses aún no han recibido su primera dosis de vacuna. Durante esos primeros meses, son completamente vulnerables. La única protección posible viene de los anticuerpos que la madre puede transferirle durante el embarazo si ella está vacunada.
Entonces la vacunación de embarazadas es realmente una cuestión de vida o muerte para los recién nacidos.
Exactamente. Esos anticuerpos maternos compran tiempo crítico. No son una protección permanente, pero pueden ser la diferencia entre un bebé que se enferma levemente y uno que muere por complicaciones respiratorias.
¿Qué explica el aumento tan dramático de casos este año?
No está claro en los datos, pero un aumento del 53 por ciento en casos y del 75 por ciento en muertes sugiere que hay menos cobertura de vacunación de lo que debería haber, o que la enfermedad está circulando más en comunidades con baja inmunización.
¿Es posible que haya habido un cambio en la cobertura de vacunación durante la pandemia?
Es una posibilidad. Muchos países vieron interrupciones en sus programas de inmunización durante esos años. Si Honduras no recuperó completamente su cobertura, eso podría explicar por qué ahora está viendo este repunte.
¿Qué tan rápido se puede revertir esta situación?
Depende de qué tan rápido logren aumentar la vacunación de embarazadas y completar los esquemas en niños pequeños. Pero estos cambios toman tiempo. Mientras tanto, seguirán muriendo bebés de una enfermedad que simplemente no debería ser mortal.