En el cuerpo humano habita, silencioso, un virus que muchos creyeron haber dejado atrás en la infancia: el de la varicela. Décadas después, cuando el estrés o el desgaste inmunológico abren una grieta en las defensas, ese virus puede despertar como herpes zóster, trayendo consigo un dolor que precede a las lesiones y que, en algunos casos, se prolonga mucho más allá de la curación visible. La experiencia pública del entrenador Lionel Scaloni tras el Mundial de Qatar devolvió esta enfermedad al centro de la conversación, recordándonos que ningún cuerpo, por sano que parezca, está completamente
Herpes Zóster: síntomas, prevención y la vacuna eficaz contra la enfermedad de Scaloni
El virus puede permanecer dormido durante décadas, esperando el momento adecuado para despertar
¿Por qué el caso de Scaloni generó tanta atención si el herpes zóster es una enfermedad relativamente común?
Porque la mayoría de las personas no sabe que el virus de la varicela nunca se va realmente. Scaloni, siendo una figura pública, puso un rostro conocido a algo que afecta a millones pero que permanece invisible en la conversación cotidiana.
El dolor llega antes que las ampollas. ¿Eso no es un problema para el diagnóstico?
Exactamente. Muchas personas sufren días de dolor intenso sin saber qué les está pasando. Cuando finalmente aparecen las lesiones, el virus ya ha avanzado. Esos tres o cuatro días de retraso pueden significar la diferencia entre un tratamiento temprano y complicaciones posteriores.
¿Entonces cualquiera que haya tenido varicela está en riesgo?
Sí, pero el riesgo real crece con el tiempo. A los 50 años, las probabilidades aumentan dramáticamente. El sistema inmunológico envejece, se debilita. El estrés, como le pasó a Scaloni después del Mundial, puede ser el catalizador que despierte el virus en cualquier momento.
¿Y esa neuralgia posherpética? ¿Cuánto tiempo puede durar realmente?
Meses, años. Hay personas que viven con dolor crónico durante años después de que las ampollas desaparecieron. El roce de la ropa se vuelve insoportable. Es un dolor que no responde bien a los tratamientos convencionales.
Entonces la vacuna es la solución.
Es la mejor herramienta que tenemos ahora. Reduce significativamente el riesgo de enfermedad y, más importante aún, reduce el riesgo de esas complicaciones crónicas. Para alguien mayor de 50 años, es una decisión que puede cambiar la calidad de vida años después.
¿Por qué no está más presente en la conversación pública?
Porque es silenciosa. No es contagiosa como la varicela, no mata, no genera alarma. Pero el dolor que causa, la discapacidad que puede dejar, es muy real para quien lo padece. Necesitaba un Scaloni para que alguien finalmente escuchara.
Il Polso
- El herpes zóster puede atacar sin previo aviso: el dolor intenso aparece tres o cuatro días antes que las ampollas, confundiendo tanto al paciente como al médico.
- El agotamiento físico y emocional extremo —como el vivido por Scaloni tras la consagración mundialista— puede ser el detonante que despierte un virus dormido durante décadas en las raíces nerviosas.
- La neuralgia posherpética convierte lo que parece una enfermedad pasajera en un dolor crónico que puede durar meses o años, haciendo insoportable incluso el roce de la ropa sobre la piel.
- El riesgo crece con la edad: a partir de los 50 años el sistema inmunológico pierde capacidad de respuesta, y se estima que una de cada dos personas podría padecer la enfermedad en algún momento de su vida.
- Existe una vacuna de dos dosis con alta eficacia, recomendada para mayores de 50 años e inmunocomprometidos mayores de 18, que reduce tanto el riesgo de brote como el de complicaciones graves.
- El caso Scaloni visibilizó una enfermedad subestimada: reconocer los síntomas tempranos y consultar a tiempo son hoy las claves para evitar que este virus silencioso se convierta en una experiencia larga y dolorosa.
En el cuerpo humano habita, silencioso, un virus que muchos creyeron haber dejado atrás en la infancia: el de la varicela. Décadas después, cuando el estrés o el desgaste inmunológico abren una grieta en las defensas, ese virus puede despertar como herpes zóster, trayendo consigo un dolor que precede a las lesiones y que, en algunos casos, se prolonga mucho más allá de la curación visible. La experiencia pública del entrenador Lionel Scaloni tras el Mundial de Qatar devolvió esta enfermedad al centro de la conversación, recordándonos que ningún cuerpo, por sano que parezca, está completamente a salvo del tiempo que lleva dentro.
Cuando Lionel Scaloni, entrenador de la selección argentina, sufrió un brote de herpes zóster tras el Mundial de Qatar, lo que parecía un episodio personal se convirtió en una oportunidad para hablar de una enfermedad que afecta a millones pero sigue siendo poco comprendida. La culebrilla, como se la conoce popularmente, no es más que la reactivación del virus de la varicela, que tras la infección inicial no abandona el cuerpo sino que se refugia en las raíces nerviosas, latente, esperando el momento oportuno. El estrés extremo, la baja de defensas o las enfermedades crónicas pueden ser ese detonante.
Lo que hace especialmente engañoso al herpes zóster es su forma de anunciarse: no con lesiones visibles, sino con un dolor intenso, ardiente y punzante que aparece entre tres y cuatro días antes de que broten las ampollas características. Estas siguen el trayecto de un nervio y suelen concentrarse en el tórax, la cara o el cuello, aunque en casos graves pueden comprometer los ojos, los oídos o el sistema nervioso central. A partir de los 50 años, el riesgo aumenta considerablemente, y los especialistas estiman que una de cada dos personas podría padecerla en algún momento de su vida.
Pero lo que más preocupa a los médicos no es el brote en sí, sino lo que puede quedar después: la neuralgia posherpética. Este dolor persistente, producto del daño que el virus inflige en las fibras nerviosas, puede extenderse durante meses o años tras la desaparición de las lesiones, afectando profundamente la calidad de vida de quienes lo padecen.
Frente a este panorama, la prevención cobra un valor central. Una vacuna de dos dosis con alta eficacia está disponible y recomendada para mayores de 50 años y para pacientes inmunocomprometidos mayores de 18. No solo reduce el riesgo de desarrollar la enfermedad, sino también el de sufrir sus complicaciones más severas. Reconocer los primeros síntomas, consultar a tiempo y considerar la vacunación son hoy las herramientas más concretas para enfrentar un virus que puede permanecer dormido durante décadas antes de convertirse en una experiencia dolorosa y duradera.
Lionel Scaloni, el entrenador de la selección argentina, sufrió un brote de herpes zóster después del Mundial de Qatar. Lo que comenzó como un dolor intenso en su cuerpo terminó siendo la reactivación de un virus que había permanecido dormido durante años. Su experiencia pública volvió a traer a la conversación una enfermedad que afecta a millones de personas pero que sigue siendo poco comprendida en profundidad: la culebrilla, como se la conoce coloquialmente.
El herpes zóster no es una enfermedad nueva ni misteriosa. Es simplemente la reactivación del mismo virus que causa la varicela en la infancia. Después de que una persona se recupera de la varicela, el virus no desaparece del cuerpo. Se queda alojado en las raíces nerviosas, en estado latente, esperando las condiciones adecuadas para despertar. El estrés extremo, la disminución de las defensas inmunológicas, las enfermedades crónicas o los tratamientos que comprometen el sistema inmune pueden ser el detonante. En el caso de Scaloni, fue el agotamiento físico y emocional posterior a la consagración mundial lo que activó el virus nuevamente.
Lo que hace particularmente engañoso al herpes zóster es que sus primeros síntomas no son visibles. Mientras que otras enfermedades de la piel comienzan con lesiones evidentes, el herpes zóster anuncia su llegada con dolor. Este dolor puede ser intenso, punzante, ardiente. Aparece entre tres y cuatro días antes de que broten las ampollas características, lo que en muchos casos retrasa el diagnóstico. Cuando finalmente emergen las lesiones, aparecen como pequeños grupos de ampollas sobre una base enrojecida, generalmente siguiendo el trayecto de un nervio. El tórax, la cara y el cuello son las zonas más comúnmente afectadas, aunque el virus puede alcanzar áreas sensibles como los ojos o los oídos, y en casos graves, comprometer el sistema nervioso central.
El riesgo de desarrollar herpes zóster aumenta significativamente con la edad. A partir de los 50 años, las probabilidades se elevan considerablemente porque el sistema inmunológico pierde capacidad de respuesta. Los especialistas estiman que una de cada dos personas podría padecer la enfermedad en algún momento de su vida. Pero la edad no es el único factor. Las enfermedades crónicas, los tratamientos oncológicos, los cuadros de inmunosupresión y las situaciones de estrés físico o emocional intenso también aumentan el riesgo.
Lo que realmente preocupa a los médicos no es solo el brote agudo, sino lo que viene después. La neuralgia posherpética es un dolor persistente que puede continuar durante meses o incluso años después de que desaparecen las lesiones en la piel. Ocurre porque el virus inflama y daña las fibras nerviosas, generando un dolor que es difícil de tratar. Este dolor se manifiesta como ardor, punzadas o una hipersensibilidad extrema. En algunos casos, incluso el roce de la ropa contra la piel se vuelve insoportable. Para quienes lo padecen, la calidad de vida se ve significativamente afectada mucho tiempo después de que el virus ha desaparecido.
Frente a este panorama, la prevención se convierte en la herramienta más valiosa. Existe una vacuna contra el herpes zóster que presenta una alta eficacia y se administra en dos dosis. Esta inmunización no solo reduce el riesgo de desarrollar la enfermedad, sino que también disminuye significativamente la posibilidad de sufrir complicaciones como el dolor crónico persistente. La vacuna está recomendada principalmente para personas mayores de 50 años y para pacientes inmunocomprometidos mayores de 18 años, que son los grupos con mayor riesgo de reactivación del virus y de evoluciones complicadas.
Aunque el herpes zóster es relativamente frecuente, sigue siendo una enfermedad subestimada en la agenda pública. El caso de Scaloni ayudó a visibilizar un problema que puede afectar incluso a personas sanas, especialmente cuando atraviesan períodos de estrés o cuando sus defensas se ven comprometidas. Reconocer los síntomas iniciales, consultar a tiempo y considerar la vacunación son hoy las principales herramientas disponibles para evitar que este virus, que puede permanecer dormido durante décadas, se convierta en una experiencia dolorosa y, en muchos casos, de larga duración.
Citazioni salienti
El estrés es uno de los factores que pueden disparar la enfermedad, como ocurrió con Scaloni tras el agotamiento posterior al Mundial de Qatar— Especialistas en herpes zóster
La vacuna no solo reduce el riesgo de desarrollar la enfermedad, sino que también disminuye la posibilidad de sufrir complicaciones como el dolor crónico— Recomendaciones médicas sobre prevención