He Jiankui, el científico que desafía la ética tras crear bebés modificados genéticamente

Dos menores identificadas como Lula y Nana, primeros bebés modificados genéticamente, fueron sometidas a alteraciones genéticas experimentales sin consentimiento informado completo y enfrentan monitoreo constante de autoridades chinas.
Bebés de diseñador, súper guapos y súper inteligentes son inevitables
La provocadora predicción de Jiankui sobre el futuro de la ingeniería genética, publicada en redes sociales.
Mark

¿Cómo es posible que alguien condenado a prisión por esto siga teniendo acceso a un laboratorio y financiación?

Mimi

Porque el gobierno chino, aunque lo castigó públicamente, parece haber decidido que la vigilancia es más útil que la prohibición total. Lo mantiene donde pueden verlo.

Mark

¿Y esas dos niñas? ¿Qué pasa con ellas?

Mimi

Viven vidas que parecen normales en la superficie. Van a la escuela. Pero están bajo vigilancia constante, y todavía no saben que fueron experimentos. Eso es lo más perturbador: no fue consentido.

Mark

¿Por qué Jiankui no muestra arrepentimiento?

Mimi

Porque cree que está en lo correcto. Se ve a sí mismo como un visionario, no como alguien que cruzó una línea ética. Para él, el único error fue la velocidad.

Mark

¿Y Cathy Tie? ¿Es lo mismo que él?

Mimi

No. Ella quiere hacer exactamente lo que él hace, pero con transparencia, permisos y supervisión. Es la versión legal de su sueño. Eso es lo interesante: el mismo objetivo, caminos completamente distintos.

Mark

¿Qué viene después?

Mimi

Eso depende de si los gobiernos deciden actuar o si permiten que esto continúe. Jiankui ya demostró que puede hacerlo. La pregunta es si alguien lo detendrá realmente.

  • He Jiankui regresa a la actividad científica con la misma convicción que lo llevó a crear los primeros bebés modificados genéticamente, ignorando la condena global que recibió en 2018.
  • Las dos niñas conocidas como Lula y Nana viven bajo vigilancia constante de las autoridades chinas, portando en su ADN mutaciones no deseadas cuyas consecuencias a largo plazo aún se desconocen.
  • El gobierno chino, que calificó los experimentos originales de 'inaceptables', permite ahora que Jiankui opere un nuevo laboratorio, aunque restringido por el momento a experimentos con animales.
  • Su exesposa y socia Cathy Tie busca el mismo objetivo —modificar embriones para prevenir enfermedades— pero desde la transparencia y la legalidad, con su empresa Origin Genomics ya aprobada para operar en Nueva York.
  • La comunidad científica internacional permanece en alerta ante un caso que demuestra que las sanciones legales no siempre detienen a quienes creen estar del lado correcto de la historia.

En el umbral entre la ambición científica y la responsabilidad ética, He Jiankui —el biofísico chino que en 2018 alteró el genoma de dos embriones humanos sin autorización— ha salido de prisión sin arrepentimiento y retoma su camino hacia la edición genética de seres humanos. Su historia encarna una pregunta que la humanidad aún no sabe responder: ¿quién decide los límites de lo que la ciencia puede hacer con la vida antes de que esta comience? Mientras dos niñas de ocho años crecen sin saber lo que ocurrió con sus células, el mundo observa si las instituciones son capaces de contener lo que la ambición individual ya ha puesto en marcha.

En 2018, He Jiankui conmocionó al mundo científico al anunciar que había modificado genéticamente los embriones de dos bebés para conferirles inmunidad al VIH, utilizando la técnica CRISPR-Cas9. Lo que presentó como un avance médico resultó ser un experimento clandestino: falsificó documentos, actuó sin supervisión y generó mutaciones no deseadas que nunca llegaron a producir el efecto buscado. La comunidad científica lo rechazó de forma casi unánime, y un tribunal chino lo condenó a tres años de prisión y una multa millonaria.

Sin embargo, la cárcel no modificó ni sus convicciones ni sus planes. Desde su liberación en 2022, Jiankui se mueve con una seguridad que desconcierta: se compara con los hermanos Wright, publica en redes sociales sobre la inevitabilidad de los 'bebés de diseño' y ha logrado financiación para montar un nuevo laboratorio donde, por ahora, trabaja solo con animales. El gobierno chino, que en su momento lo inhabilitó para trabajar en reproducción asistida, ha optado por no cerrarle las puertas del todo.

En ese camino encontró a Cathy Tie, emprendedora biotecnológica que lo entrevistó para su canal de YouTube en 2023. Ambos comparten el objetivo de modificar embriones para prevenir enfermedades graves, pero sus métodos divergen radicalmente: mientras Jiankui actúa al margen de los marcos legales, Tie busca hacerlo con plena transparencia y permisos regulatorios. Su empresa, Origin Genomics, ya cuenta con aprobación para operar en Nueva York. Se casaron y se divorciaron en el espacio de tres meses.

Lula y Nana, las dos niñas que protagonizan sin saberlo este capítulo de la historia de la ciencia, tienen hoy ocho años. Jiankui asegura que son 'normales y sanas' y mantiene contacto con sus familias. Lo que ellas aún no saben es que, cuando eran apenas un grupo de células, un científico alteró su código genético sin comprender del todo las consecuencias. Las autoridades chinas las vigilan en silencio, a la espera de señales de los daños que aquellas mutaciones no deseadas podrían todavía revelar.

En 2018, un biofísico chino llamado He Jiankui anunció algo que sacudió el mundo científico: había creado a los dos primeros bebés modificados genéticamente de la historia. Años después de cumplir condena en prisión, sigue adelante con los mismos planes, sin arrepentimiento y con una actitud que desafía tanto a la comunidad científica como a los gobiernos que intentaron detenerlo.

Jiankui llegó a China en 2012 después de formarse en Estados Unidos, donde estudió Física en Stanford y se especializó en secuenciación genética. En la Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur en Shenzhen, accedió a la herramienta CRISPR-Cas9, la revolucionaria técnica de edición genética que le permitiría alterar el código genético de embriones humanos. Su propósito declarado era noble: introducir una mutación en el ADN de dos embriones para que los bebés nacidos de un padre con VIH desarrollaran inmunidad al virus. Lo que sucedió en realidad fue distinto. Según sus propios datos, que no publicó inicialmente, el experimento generó mutaciones no deseadas que podrían causar problemas graves de salud a largo plazo. Además, los cambios que pretendía hacer nunca llegaron a ocurrir.

Jiankui actuó en las sombras. No pidió autorización, falsificó documentos y trabajó sin supervisión. Cuando el escándalo estalló, la comunidad científica lo rechazó casi unánimemente. Fue expulsado de la universidad y llevado ante un tribunal chino, donde lo condenaron por prácticas médicas ilegales. La sentencia fue de tres años de prisión y una multa de tres millones de yuanes, aproximadamente 380.000 euros. Cumplió su condena y salió libre en 2022.

Pero la cárcel no lo cambió. Desde su liberación, Jiankui ha mantenido una actitud desafiante que roza lo provocador. Ha dejado claro que su objetivo final sigue siendo modificar genéticamente embriones humanos para combatir enfermedades como el alzhéimer o la distrofia muscular de Duchenne. En redes sociales, se presenta a sí mismo como el científico más importante del planeta, comparándose con los hermanos Wright. El año pasado escribió en X: «Bebés de diseñador, súper guapos y súper inteligentes son inevitables», acompañando el mensaje con una fotografía suya en bata blanca con una sonrisa que muchos encontraron inquietante.

A pesar de su reputación manchada, Jiankui ha conseguido financiación suficiente para armar un pequeño equipo de científicos, alquilar un laboratorio y comenzar experimentos, aunque por ahora solo con animales. El gobierno chino, que en su momento calificó los experimentos originales de «inaceptables» e inhabilitó a Jiankui para trabajar en reproducción asistida, ha optado por permitirle que continúe operando en su nuevo espacio. Al menos, de momento.

No está solo en esta empresa. En 2023 conoció a Cathy Tie, una emprendedora biotecnológica y pianista profesional con base en Silicon Valley y Nueva York, cuando ella lo entrevistó para su canal de YouTube. Tie también aspira a modificar embriones genéticamente para prevenir enfermedades graves, pero con un enfoque radicalmente distinto: con total transparencia y todos los permisos legales. Se casaron poco después de conocerse y se divorciaron tres meses más tarde. Su empresa, Origin Genomics, acaba de recibir aprobación para realizar este tipo de experimentos en sus laboratorios de Nueva York.

Mientras tanto, Jiankui nunca ha pedido disculpas ni se ha arrepentido realmente. Su única concesión es reconocer que su error fue «hacerlo demasiado rápido». Afirma que Lula y Nana, los nombres de las dos niñas modificadas genéticamente, van a la escuela y son «normales y sanas». Mantiene contacto con sus familias. Lo que las niñas no saben aún, a los ocho años, es que cuando eran apenas un puñado de células en una placa de petri, un científico jugó con sus genes sin saber realmente lo que estaba haciendo. Las autoridades chinas las monitorean de manera constante, vigilando cualquier signo de los problemas de salud que podrían derivarse de aquellas mutaciones no deseadas.

Cuando conocí a He Jiankui, me di cuenta de que era diferente. Era evidente que era un hereje
— Cathy Tie, emprendedora biotecnológica
Su único pecado fue hacerlo demasiado rápido
— He Jiankui, sobre su propia conducta
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