Hallan solo hembras de Homo naledi en cueva sudafricana: el misterio que divide a científicos

Sabemos dónde terminaron los cuerpos, pero no sabemos cómo llegaron allí
La incertidumbre persiste sobre si el patrón de solo hembras refleja ritual cultural o comportamiento natural.

En las profundidades de una cueva sudafricana, los huesos de una especie extinta plantean una pregunta que la ciencia aún no puede responder con certeza: ¿puede un ser de cerebro pequeño haber concebido la muerte como algo que merece ritual? El hallazgo de que los veinte individuos de Homo naledi analizados en la Cámara Dinaledi son todos hembras —confirmado por dos laboratorios independientes— ha dividido a los paleoantropólogos entre quienes ven en ello evidencia de comportamiento cultural sofisticado y quienes advierten que la biología y el azar también tienen su propia elocuencia. El misterio no se resuelve; se profundiza.

  • Dos laboratorios independientes buscaron el mismo marcador genético en veintitrés muestras dentales y obtuvieron el mismo resultado perturbador: ningún macho entre los veinte individuos de Homo naledi estudiados.
  • Lee Berger lanzó una interpretación audaz —rituales mortuorios segregados por sexo— que choca frontalmente con la imagen de una especie de cerebro diminuto incapaz de semejante abstracción cultural.
  • Otros especialistas frenan el entusiasmo: los chimpancés forman grupos de forrajeo exclusivamente femeninos, y las hembras con crías buscan refugio en cuevas, lo que ofrece una explicación conductual sin necesidad de invocar rituales.
  • El propio estudio publicado en Cell admite una alternativa biológica —la pérdida del gen amelogenina-Y—, aunque sus autores la consideran estadísticamente improbable para una muestra de este tamaño.
  • El debate deja en suspenso la pregunta más fundamental: sabemos dónde terminaron estos cuerpos, pero no cómo llegaron allí ni cómo era la vida de quienes los habitaron.

En una cueva de Sudáfrica, lo que comenzó como un análisis rutinario de proteínas antiguas en dientes fósiles de Homo naledi se convirtió en un enigma que divide a la paleoantropología. Palesa Madupe, del Instituto Max Planck, examinó veintitrés muestras de esmalte dental buscando amelogenina, una proteína exclusiva del cromosoma Y. No la encontró en ninguna. Dos laboratorios independientes repitieron el análisis con idéntico resultado: los veinte individuos de la Cámara Dinaledi, datados entre 335.000 y 241.000 años, eran todos hembras.

Lee Berger, director de las excavaciones en Rising Star, interpretó el hallazgo como evidencia de rituales mortuorios deliberadamente segregados por sexo, y cifró en una entre un millón la probabilidad de que fuera una coincidencia. Para él, esto apunta a un comportamiento cultural sofisticado en una especie cuyo cerebro no era mayor que una naranja.

Pero otros especialistas piden cautela. Michael Petraglia calificó la hipótesis de exageración, recordando que entre los chimpancés existen grupos de forrajeo compuestos únicamente por hembras. Ryan McRae, del Smithsonian, subrayó que conocer el destino final de los cuerpos no explica cómo llegaron allí ni cómo se organizaba la vida de estos individuos. El propio estudio en Cell reconoce además la posibilidad de una pérdida genética del marcador Y, aunque los autores la consideran estadísticamente improbable.

El Homo naledi ya era una especie desconcertante —bípedo, de manos modernas y cerebro primitivo—, y la concentración de restos en una cámara de difícil acceso siempre sugirió algo inusual. Ahora, con la evidencia de que solo había hembras en ese espacio, la pregunta se bifurca: ¿acto cultural intencional o patrón natural de comportamiento? El descubrimiento no cierra el misterio; abre nuevas líneas de investigación que ocuparán a los científicos durante años.

En una cueva de Sudáfrica, los investigadores encontraron algo que no esperaban: veinte individuos de Homo naledi, y todos eran hembras. El descubrimiento surgió del análisis de proteínas antiguas en dientes fósiles que datan de entre 335.000 y 241.000 años, extraídos de la Cámara Dinaledi dentro del sistema de cuevas Rising Star. Lo que comenzó como un examen rutinario de marcadores biológicos se convirtió en un enigma que ahora divide a los paleoantropólogos sobre lo que realmente sucedió en esa cueva hace cientos de miles de años.

Palesa Madupe, investigadora del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, fue quien realizó el trabajo inicial. Examinó veintitrés muestras de esmalte dental buscando una proteína específica llamada amelogenina, un marcador que existe únicamente en el cromosoma Y y que debería aparecer en cualquier individuo macho. No la encontró en ninguna muestra. Para asegurar que no se trataba de un error de laboratorio, dos equipos independientes repitieron el análisis con el mismo resultado: ausencia total del cromosoma Y en todos los especímenes.

Lee Berger, el paleoantropólogo que dirige las excavaciones en Rising Star, interpretó estos datos de manera audaz. Sugirió que el Homo naledi practicaba rituales mortuorios deliberadamente segregados por sexo, enterrando a sus muertos de manera que separaba a hombres y mujeres incluso en la muerte. Berger fue contundente al describir la probabilidad de que esto fuera una coincidencia natural: una en un millón. Para él, esto no era un accidente geológico o biológico, sino evidencia de un comportamiento cultural sofisticado en una especie con un cerebro notablemente pequeño.

Pero la ciencia rara vez ofrece certezas tan limpias. El estudio publicado en la revista Cell reconoce una alternativa biológica plausible: la población de Homo naledi podría haber experimentado la pérdida del gen amelogenina-Y, un fenómeno que se ha documentado en algunos humanos vivos actuales y en al menos un neandertal macho. Enrico Cappellini, autor principal del estudio, fue cauteloso pero escéptico sobre esta explicación. Señaló que sería extraordinariamente improbable que un gen desapareciera de la mitad o más de los veinte individuos estudiados, o que se perdiera en toda una población.

Otros especialistas en el campo han levantado la mano pidiendo pausa. Michael Petraglia, de la Universidad de Griffith, calificó la hipótesis del enterramiento segregado de exageración. Recordó que entre los chimpancés modernos existen grupos de forrajeo compuestos únicamente por hembras, y que las hembras con crías frecuentemente buscan refugio en las entradas de cuevas. Ryan McRae, del Smithsonian Institution, añadió una perspectiva diferente: sabemos dónde terminaron los cuerpos, pero ignoramos cómo llegaron allí, dónde vivían estos individuos, o cómo se organizaba su vida cotidiana.

Lo que hace particularmente intrigante este hallazgo es que el Homo naledi ya era una especie desconcertante. Tenía un cerebro del tamaño de una naranja, comparable al de los australopitecos que vivieron millones de años antes, pero caminaba erguido y sus manos eran sorprendentemente modernas. La Cámara Dinaledi en sí misma sugiere algo inusual: los restos están concentrados en una cámara profunda y de difícil acceso, lo que ha llevado a algunos investigadores a especular que fueron colocados allí deliberadamente, posiblemente como parte de un ritual de entierro.

Ahora, con la evidencia de que solo había hembras en esa cámara, la pregunta se vuelve más compleja. ¿Fue esto un acto cultural intencional, una práctica ritual que reflejaba creencias sobre la muerte y el género? ¿O fue simplemente el resultado de patrones naturales de comportamiento, donde las hembras se congregaban en ciertos lugares por razones de supervivencia o reproducción? El descubrimiento, lejos de resolver el misterio del Homo naledi, ha abierto nuevas líneas de investigación que probablemente ocuparán a los paleoantropólogos durante años.

El Homo naledi enterraba a sus seres queridos con rituales que los separaban en la muerte por sexo y género
— Lee Berger, paleoantropólogo
Sabemos dónde terminaron los cuerpos, pero no sabemos cómo llegaron allí ni dónde o cómo vivieron
— Ryan McRae, Smithsonian Institution
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Cómo pueden estar tan seguros de que todos eran hembras si solo tienen dientes?

Model

La amelogenina es una proteína que aparece en dos versiones: una en el cromosoma X y otra en el Y. Si encuentras la versión del Y, sabes que es macho. Si no la encuentras, es hembra. Dos laboratorios independientes lo confirmaron.

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Pero ¿no podría ser que simplemente perdieron ese gen?

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Es posible, pero Cappellini dice que sería casi imposible que desapareciera en veinte individuos diferentes. Sería como si toda una población mutara de la misma manera.

Inventor

Entonces Berger cree que fue un ritual funerario deliberado.

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Sí, pero otros científicos como Petraglia dicen que eso es especular demasiado. Los chimpancés también tienen grupos de solo hembras sin que sea un ritual.

Inventor

¿Qué sabemos realmente entonces?

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Sabemos que veinte Homo naledi terminaron en una cámara profunda de una cueva hace cientos de miles de años, y que todos eran hembras. Lo que no sabemos es por qué, cómo llegaron allí, o qué significaba para ellos.

Inventor

¿Es posible que los machos estuvieran enterrados en otro lugar?

Model

Completamente posible. Podría haber otra cámara con solo machos, o podrían haber sido tratados de manera completamente diferente. Eso es lo que hace esto tan intrigante.

Inventor

¿Qué viene después?

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Más excavaciones, más análisis de ADN antiguo, y probablemente más desacuerdos entre los científicos. Este hallazgo abre más preguntas de las que responde.

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