Bajo las aulas de un antiguo colegio catalán cerrado en 1980, las obras de rehabilitación han sacado a la luz lo que el tiempo había sepultado: una muralla medieval y los restos de un molino de aceite del siglo XIII vinculado al Monasterio de Poblet. El hallazgo, en Vimbodí y Poblet, no solo confirma hipótesis académicas sostenidas durante años, sino que obliga a repensar cómo una comunidad convive con las capas invisibles de su propia historia. Lo que comenzó como una reparación de tejados se ha convertido en un acto de memoria colectiva, donde el pasado emerge literalmente desde el suelo.
Hallan muralla medieval y molino del XIII bajo colegio catalán
Caminando literalmente sobre ocho siglos de historia
¿Por qué tardó tanto en descubrirse esto? El colegio llevaba cerrado desde 1980.
Porque estaba protegido. El pavimento de las aulas lo cubría completamente. Nadie tenía razón para excavar hasta que comenzaron las obras de restauración y exigieron supervisión arqueológica.
¿Qué hace que una muralla medieval bajo un colegio sea importante para toda la región?
Define cómo vivía la gente. Las murallas no son solo piedra; son la estructura que organizó dónde se construía, dónde se comerciaba, cómo se movía la población durante siglos. Entender dónde estaban es entender cómo era la vida.
Magda Saura Carulla ya sospechaba que estaba allí. ¿Cómo lo supo?
Probablemente por documentación histórica, por la forma del terreno, por registros anteriores. Los historiadores del arte leen el paisaje de manera diferente. Ella vio pistas que otros no vieron.
¿Qué significa que el molino estuviera vinculado al Monasterio de Poblet desde 1216?
Significa que el monasterio controlaba la producción de aceite en la zona. Era poder económico y religioso combinados. El molino no era independiente; era parte de una red de recursos que el monasterio administraba.
¿Por qué decidieron poner un cristal transitable en lugar de dejar todo como estaba?
Porque el patrimonio que nadie ve es patrimonio perdido. Si lo dejan bajo el piso, vuelve a desaparecer. El cristal permite que la gente camine sobre la historia, que la sienta bajo sus pies. Es una forma de hacerla viva.
¿Qué pasa ahora con el colegio?
Se restaura, pero de manera diferente. El proyecto original se replantea para integrar lo que encontraron. No es solo reparación; es recuperación.
Le Pouls
- Una muralla medieval y un molino del siglo XIII permanecieron ocultos bajo el linóleo y el cemento de un aula durante casi medio siglo, ignorados por generaciones de estudiantes.
- El descubrimiento interrumpe el proyecto de rehabilitación original y obliga a replantear tanto el diseño arquitectónico como el presupuesto financiado en un 90% por la Generalitat de Cataluña.
- Arqueólogos de ABSIS SL y la Universidad Politécnica de Catalunya confirman que los restos datan de 1216, validando una hipótesis que la arquitecta e historiadora Magda Saura Carulla había defendido durante años.
- Los especialistas advierten que el hallazgo es clave para reconstruir la evolución urbanística de toda la Conca de Barberà, no solo del municipio.
- La solución adoptada es tan simbólica como técnica: instalar un cristal transitable sobre los restos para que ciudadanos y visitantes caminen literalmente sobre ocho siglos de historia.
Bajo las aulas de un antiguo colegio catalán cerrado en 1980, las obras de rehabilitación han sacado a la luz lo que el tiempo había sepultado: una muralla medieval y los restos de un molino de aceite del siglo XIII vinculado al Monasterio de Poblet. El hallazgo, en Vimbodí y Poblet, no solo confirma hipótesis académicas sostenidas durante años, sino que obliga a repensar cómo una comunidad convive con las capas invisibles de su propia historia. Lo que comenzó como una reparación de tejados se ha convertido en un acto de memoria colectiva, donde el pasado emerge literalmente desde el suelo.
Bajo el suelo de un aula del antiguo Colegio del Sagrado Corazón en Vimbodí y Poblet, conocido localmente como Les Monges Velles, dormía una muralla medieval. El colegio cerró en 1980 y fue donado al municipio por la familia Gil Moreno de Mora, sin que nadie sospechara lo que guardaban sus cimientos. Cuando en 2026 comenzaron las obras de consolidación y restauración —exigidas por la declaración del edificio como Bien Cultural de Interés Local—, el seguimiento arqueológico obligatorio reveló no solo la muralla, sino también los restos de un molino de aceite del siglo XIII directamente vinculado al Monasterio de Poblet.
Las excavaciones, lideradas por la empresa ABSIS SL y el grupo de investigación GIRAS de la Universidad Politécnica de Catalunya, confirmaron una hipótesis que Magda Saura Carulla, arquitecta e historiadora del arte responsable del proyecto, había sostenido durante años. Los registros documentales sitúan la presencia de una fassina y un molino de aceite en ese lugar desde 1216, siglos antes de que se levantara el edificio escolar. El hallazgo también recupera el trabajo del arquitecto Ramón Salas y Ricomá, quien a principios del siglo XX ya había documentado algunas de estas estructuras antes de que el colegio sufriera ampliaciones entre 1902 y 1920.
Los especialistas subrayan que el descubrimiento es fundamental para entender la evolución urbanística de Vimbodí y Poblet y de toda la Conca de Barberà. Las murallas medievales no fueron solo defensas militares: estructuraron la vida de los pueblos durante siglos, definiendo dónde se construía, dónde se comerciaba y cómo se movía la gente.
Ahora el proyecto original debe replantearse. El Departamento de Cultura de la Generalitat financia el 90% de los trabajos, mientras el Ayuntamiento aporta el 10% restante. En lugar de sellar los restos bajo el pavimento, los técnicos han optado por una solución tan elegante como simbólica: instalar un cristal transitable sobre perfiles metálicos en una de las aulas, reemplazando aproximadamente dos metros cuadrados del suelo actual. A través de ese vidrio, cualquier persona podrá observar directamente la muralla y las estructuras del antiguo molino, caminando sobre ocho siglos de historia. Lo que empezó como una reparación de tejados se ha convertido en una oportunidad para que la comunidad reconecte con su pasado de forma tangible y cotidiana.
Bajo el piso de un aula del antiguo Colegio del Sagrado Corazón en Vimbodí y Poblet dormía una muralla medieval. Durante casi medio siglo, mientras los estudiantes caminaban sobre ella, la piedra permaneció intacta en la oscuridad, protegida por capas de cemento y linóleo. Fue solo cuando los obreros llegaron en 2026 para reparar los tejados del edificio que alguien miró hacia abajo y vio lo que había estado allí todo el tiempo.
El colegio, conocido localmente como Les Monges Velles, cerró sus puertas en 1980. Cuando la familia Gil Moreno de Mora donó el inmueble al municipio años después, nadie imaginaba que sus cimientos guardaban un fragmento de la historia medieval de la región. Las obras de consolidación y restauración que comenzaron recientemente exigían un seguimiento arqueológico riguroso, como corresponde a cualquier edificio declarado Bien Cultural de Interés Local. Fue durante esa supervisión cuando los técnicos descubrieron algo que cambiaría el curso del proyecto: no solo la muralla, sino también los restos de un molino de aceite del siglo XIII, vinculado directamente al Monasterio de Poblet.
La empresa de arqueología ABSIS SL y el grupo de investigación GIRAS de la Universidad Politécnica de Catalunya lideraron las excavaciones. Lo que encontraron validaba una hipótesis que Magda Saura Carulla, arquitecta e historiadora del arte responsable del proyecto, había sostenido durante años. Ella sospechaba que bajo el colegio existía arquitectura medieval, y tenía razón. Los registros documentales sitúan la presencia de una fassina y un molino de aceite en ese lugar desde 1216, siglos antes de que se construyera el edificio escolar.
Este descubrimiento no es meramente académico. Los especialistas subrayan que es fundamental para entender cómo evolucionó urbanísticamente Vimbodí y Poblet, y más ampliamente, toda la Conca de Barberà. Las murallas medievales no fueron solo defensas militares; estructuraron la vida de los pueblos durante siglos, definieron dónde se construía, dónde se comerciaba, cómo se movía la gente. El hallazgo también recupera el legado del arquitecto Ramón Salas y Ricomá, quien a principios del siglo XX ya había documentado algunas de estas estructuras antes de que el colegio sufriera ampliaciones entre 1902 y 1920.
Ahora el proyecto original debe replantearse. El Departamento de Cultura de la Generalidad de Cataluña financia el 90% de los trabajos, mientras que el Ayuntamiento aporta el 10% restante. En lugar de simplemente sellar lo que encontraron bajo el pavimento, los técnicos han decidido que los ciudadanos y visitantes deben poder ver lo que descansaba bajo sus pies. La solución es elegante: instalarán un cristal transitable sobre perfiles metálicos en una de las aulas, reemplazando aproximadamente dos metros cuadrados del piso actual. A través de ese vidrio, cualquiera podrá observar directamente el tramo de la muralla medieval y las estructuras del antiguo molino, caminando literalmente sobre ocho siglos de historia.
El descubrimiento obliga a replantear no solo cómo se restaurará el edificio, sino también cómo se integrará este patrimonio en la vida contemporánea del pueblo. Lo que comenzó como un proyecto de reparación de tejados se ha convertido en una oportunidad para que la comunidad local reconecte con su pasado, no como algo lejano y académico, sino como algo tangible, visible, pisable.
Citations marquantes
Este descubrimiento resulta fundamental para reconstruir la evolución urbanística de Vimbodí y Poblet y del conjunto de la Cuenca de Barberá— Especialistas en arqueología