Guatemala logra primera reproducción en cautiverio del pejelagarto, especie de 100 millones de años

Un fósil viviente que ha permanecido 100 millones de años sin cambios
El pejelagarto es una especie prehistórica que conserva sus rasgos físicos desde tiempos remotos.
Mark

¿Por qué es tan importante que el pejelagarto se reproduzca en cautiverio?

Mimi

Porque es una especie que está desapareciendo. La pesca ilegal, la contaminación y las sequías causadas por El Niño la están matando. Si logramos reproducirla en cautiverio y luego liberarla, podemos salvarla de la extinción.

Luke

Pero ¿cuántas crías nacieron exactamente? El artículo dice "cientos" pero no da un número preciso.

Mimi

Es verdad. El reporte menciona que fueron cientos, pero no especifica la cifra exacta. Lo que sí sabemos es que 240 alevines fueron usados en el estudio de alimentación.

Mark

¿Y esos peces que liberaron en Taxisco, van a sobrevivir?

Mimi

Eso es lo que van a monitorear. Todavía no lo saben. Por eso los van a seguir durante el tiempo que sea necesario para ver cómo se adaptan al ambiente natural.

Luke

El estudio de alimentación mostró que solo el 30% de los peces sobrevivió con la mejor dieta. ¿Eso no es preocupante para las crías que liberaron?

Mimi

Sí, es una tasa de mortalidad alta. Pero ese era un experimento controlado en tanques. En la naturaleza, con manglares y más espacio, las condiciones podrían ser diferentes.

Mark

¿Qué hace especial al pejelagarto entre todas las especies en peligro?

Mimi

Ha existido durante 100 millones de años sin cambiar. Es un fósil viviente. Si desaparece, perdemos una conexión directa con el pasado profundo de la vida en la Tierra.

Luke

¿Y el ecosistema? ¿Realmente depende tanto del pejelagarto?

Mimi

Según el veterinario Gaitán, sí. Su ausencia afectaría a los ecosistemas de agua dulce donde vive. Pero el artículo no especifica exactamente cómo ni cuáles serían las consecuencias precisas.

  • Un 'fósil viviente' de 100 millones de años enfrenta hoy amenazas que ninguna era geológica le había impuesto: pesca ilegal, aguas contaminadas y sequías cada vez más brutales por el fenómeno de El Niño.
  • Por primera vez en Guatemala, científicos lograron que el pejelagarto se reprodujera bajo cuidado humano, rompiendo una barrera que parecía infranqueable para esta especie prehistórica.
  • Cientos de alevines fueron trasladados en recipientes especiales y liberados en canales de agua dulce rodeados de manglares en Taxisco, iniciando una carrera contra el tiempo y la extinción.
  • Un estudio de 84 días reveló que la harina para trucha duplica la supervivencia de las crías frente a la harina para tilapia, aunque el canibalismo entre ejemplares sigue siendo un obstáculo crítico.
  • Los ejemplares liberados serán monitoreados sistemáticamente, y los datos obtenidos trazarán el mapa para futuras campañas de repoblamiento de esta especie en riesgo.

En las costas del Pacífico guatemalteco, una especie que ha navegado los océanos del tiempo durante cien millones de años acaba de dar un paso inédito hacia su propia continuidad: el pejelagarto se reprodujo por primera vez en cautiverio, recordándonos que la ciencia, cuando se pone al servicio de la vida, puede convertirse en puente entre el pasado remoto y el futuro posible. Cientos de crías nacidas en tanques del Centro de Conservación Marina y el zoológico La Aurora fueron liberadas en los manglares de Taxisco, donde ahora son vigiladas como mensajeras de lo que aún puede salvarse.

A principios de septiembre, en una playa de la costa del Pacífico guatemalteco, ocurrió algo que nunca antes había sucedido: cientos de crías de pejelagarto nacieron en tanques de cautiverio del Centro de Conservación Marina y el zoológico La Aurora. Los alevines fueron trasladados con cuidado extremo hasta los manglares de Taxisco, al sur del país, donde comenzarían su vida en libertad.

El pejelagarto —Atractosteus tropicus para la ciencia— lleva prácticamente sin cambios cien millones de años sobre la Tierra. Su cuerpo alargado y su mandíbula de aspecto reptiliano le valieron el nombre, y los investigadores lo llaman 'fósil viviente' por la fidelidad con que ha conservado sus rasgos a lo largo de eras geológicas. Los adultos alcanzan 1,20 metros y cerca de 10 kilogramos, pero su supervivencia hoy está lejos de estar garantizada: la pesca ilegal, la contaminación y las sequías agravadas por El Niño han mermado sus poblaciones de forma alarmante. El veterinario Pablo Gaitán advirtió que la desaparición de esta especie arrastraría consecuencias graves para los ecosistemas que habita.

La reproducción en cautiverio es la respuesta directa a esa urgencia. Los alevines liberados serán monitoreados para evaluar su adaptación al entorno silvestre, y los datos recopilados servirán de base para diseñar estrategias de repoblamiento a mayor escala.

Paralelamente, investigadores de la Universidad de San Carlos realizaron un ensayo de 84 días en la Estación Experimental de Monterrico para determinar la mejor dieta para las crías. Compararon harina para trucha —con 52% de proteína— y harina para tilapia —con 48%—, usando 240 ejemplares distribuidos en seis recipientes. Aunque los tamaños y pesos finales fueron similares en ambos grupos, la diferencia en supervivencia fue contundente: el 30% de los peces alimentados con harina de trucha sobrevivió, frente al 16,67% del grupo de tilapia. El canibalismo explicó gran parte de la mortalidad en este último grupo, y los investigadores concluyeron que dietas con mayor contenido proteico serán clave para mejorar las tasas de supervivencia en futuros ciclos de crianza.

A principios de septiembre, en las instalaciones del Centro de Conservación Marina y el zoológico La Aurora, ubicadas en una playa de la costa del Pacífico guatemalteco, nacieron cientos de crías de pejelagarto en tanques de cautiverio. Fue la primera vez que esta especie prehistórica se reprodujo bajo cuidado humano en Guatemala. Los alevines fueron trasladados cuidadosamente en recipientes especiales y llevados por barco hacia un canal de agua dulce rodeado de manglares en Taxisco, al sur del país, donde comenzarían su vida en el entorno natural.

El pejelagarto, conocido científicamente como Atractosteus tropicus, es un organismo que ha permanecido prácticamente sin cambios durante 100 millones de años. Su cuerpo alargado y su mandíbula característica, que recuerda la de un lagarto, le dieron el nombre común. Los adultos alcanzan aproximadamente 1,20 metros de largo y pesan cerca de 10 kilogramos. Los científicos lo llaman "fósil viviente" porque ha conservado sus rasgos físicos a lo largo de períodos extraordinariamente extensos, convirtiéndolo en una ventana viva al pasado remoto.

La amenaza que enfrenta el pejelagarto es real y multifacética. La pesca ilegal, la contaminación del agua y los fenómenos climáticos extremos, particularmente las sequías intensificadas por El Niño, han reducido sus poblaciones. El cambio climático altera los patrones de lluvia y prolonga los períodos secos, afectando directamente los ecosistemas de agua dulce donde vive. Pablo Gaitán, veterinario del Centro de Conservación Marina del zoológico La Aurora, advirtió que la desaparición de esta especie tendría consecuencias graves para los ecosistemas que habita, y que sin intervención, el pejelagarto podría enfrentar un futuro mucho más crítico en los años venideros.

La reproducción en cautiverio responde a esta urgencia. Ahora, los alevines liberados serán monitoreados sistemáticamente para evaluar su crecimiento y supervivencia en el hábitat natural. Los datos recopilados permitirán a los científicos comprender cómo se adaptan los peces criados en cautiverio al ambiente silvestre y proporcionarán información esencial para diseñar futuras estrategias de repoblamiento de la especie.

Paralelamente, investigadores de la Universidad de San Carlos de Guatemala realizaron un estudio de 84 días en la Estación Experimental de Monterrico, en Taxisco, Santa Rosa, para determinar la mejor alimentación de los alevines. El ensayo comparó dos alimentos comerciales: harina formulada para truchas con 52% de proteína cruda, y harina para tilapias con 48% de proteína. Utilizaron 240 ejemplares distribuidos en seis recipientes con 40 peces cada uno, alimentados tres veces al día y medidos cada 15 días. Antes del ensayo, los alevines recibieron Artemia salina, un pequeño crustáceo usado como alimento vivo en la crianza de peces.

Los resultados mostraron que ambas dietas produjeron tamaños y pesos similares. Los peces alimentados con harina para trucha alcanzaron una longitud media de 6,31 centímetros y 2,59 gramos de peso, mientras que los del grupo de tilapia llegaron a 6,76 centímetros y 3,20 gramos. Sin embargo, la diferencia crítica apareció en la supervivencia: el 30% de los alevines del grupo de trucha sobrevivió, comparado con solo el 16,67% del grupo de tilapia. Los investigadores atribuyeron la mayor mortalidad en el segundo grupo a episodios de canibalismo, concluyendo que futuras estrategias de crianza deben evaluar dietas con mayor contenido proteico para mejorar las tasas de supervivencia de esta especie.

Su ausencia afectaría a los ecosistemas. Es una especie que conforme a los años puede llegar a un estado mucho más crítico.
— Pablo Gaitán, veterinario del Centro de Conservación Marina
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