Hay cosas peores que ser buscado por la Federal
La Justicia Federal lo vincula con ataques a Mi Argentina, SUBE y otros sitios; fue detenido en Madrid en abril a pedido de Argentina. Gov.eth admite haber realizado defacements pero niega haber hackeado bases de datos o vendido información robada; reconoce que buscaba fama más que dinero.
- Matheo Enzo Torres Palacios, alias Gov.eth, seguido por 2.900.000 personas en Instagram
- Detenido en Madrid en abril a pedido de la Justicia Federal argentina
- Vinculado con ataques a Mi Argentina, SUBE, Perfil y Ámbito Financiero
- Admite defacements pero niega haber hackeado bases de datos o vendido información robada
- Afirma haber abandonado el cibercrimen hace un año
Matheo Enzo Torres Palacios, alias Gov.eth, acusado de ciberataques contra portales estatales, concede su primera entrevista periodística negando participación en algunos delitos y afirmando haber abandonado el cibercrimen hace un año.
Matheo Enzo Torres Palacios construyó una identidad digital que hoy lo sigue 2.900.000 personas en Instagram. Viaja por Europa, asiste a festivales de música, posa en hoteles de lujo. Su alias es Gov.eth. La Justicia Federal lo vincula con algunos de los ataques informáticos más resonantes de los últimos años: el portal Mi Argentina, la aplicación SUBE, sitios de medios como Perfil y Ámbito Financiero. En abril fue detenido en Madrid a pedido de la justicia argentina. Y esta es su primera entrevista con un periodista.
Su historia comienza en la infancia, cuenta, cuando otros chicos lo acosaban en línea durante las partidas. Querían venganza. Aprendió a cortar conexiones, a entrar en sistemas. Un conocimiento llevó a otro. Sin darse cuenta, dice, estaba dentro de un mundo oscuro del que le costó mucho salir. Hace un año dejó eso atrás, afirma. Hoy se siente más feliz que nunca. Pero la fama nunca se fue. Admite sin titubear que todo lo que hizo fue por un poco de fama. El ego, sostiene, es insoportable. Lo sabe. No intenta ocultarlo.
La investigación a cargo del juez federal Adrián González Charvay lo ubica en el centro de un grupo de presuntos ciberdelincuentes conocido como Los Dictadores, acusado de acceder ilegalmente a bases de datos oficiales y comercializar esa información a través de Telegram. Torres Palacios rechaza cualquier vinculación. Dice que conoce a muchas personas de ese ambiente porque la comunidad hacker argentina es pequeña, pero que no tiene nada que ver con ellos. Repite esto varias veces. Parece acostumbrado a convivir con la sospecha.
Cuando aparece el tema de su detención en Madrid, evita respuestas definitivas. Primero dice que puede ser que lo hayan detenido, puede ser que no. Minutos después afirma que está libre. Nunca confirma ni desmiente de manera categórica su situación procesal actual. Con los medios lo llamaron el Messi de los hackers. Él relativiza el apodo desde el punto de vista técnico pero no desde el de la celebridad. Dice que existen especialistas mucho mejores. Que técnicamente está lejos de ocupar ese lugar. Sin embargo, tampoco hace esfuerzo por despegarse del personaje. Me hago cargo de que me llamen así, dice. Tengo bastante ego, no te voy a mentir. Estoy orgulloso de ese apodo.
Lo que niega categóricamente es haber hackeado el Renaper. Sostiene que gran parte de las historias publicadas sobre él terminaron mezclando hechos completamente distintos. El ataque que reconoce haber realizado afectó un portal estatal que compartía infraestructura con otros servicios. Con el tiempo, esa conexión derivó en una serie de acusaciones que asegura no le corresponden. Utiliza un término que repite varias veces: defacement. Dice que eso es lo que hizo, no un hackeo. Que no explotó ni destruyó ni alteró un sistema informático del gobierno nacional. Que simplemente consiguió una clave que ya estaba circulando en ciertos grupos de hackers, ingresó y cambió algunos datos. Usaba IntelX, un buscador donde aparecen credenciales ya filtradas. Cuando entraba a un panel de administración, no vulneraba ningún sistema. Encontraba una contraseña que ya estaba filtrada. Era muy estúpido, dice. Por eso tampoco siente que sea hacker.
Niega públicamente, por primera vez en un diario, haber vendido bases de datos o haber robado plata de empresas. Cuando la conversación gira alrededor de expedientes judicales, responde con cautela. Pero cuando empieza a hablar de sí mismo, el tono cambia por completo. No tiene problemas en reconocer que le gusta la exposición. Que sigue leyendo lo que se publica sobre él. Que entra a Twitter para ver cómo reaccionan después de cada noticia. Durante años, reconoce, buena parte de lo que hizo tuvo un motor bastante menos sofisticado de lo que muchos imaginan. No era por plata. Era por fama. O, como prefiere decirlo, por un momento de gloria.
Sobre la vida de lujo que exhibe en internet, responde que tiene plata pero no por los hackeos. No desarrolla demasiado esa respuesta. Simplemente la deja ahí y sigue hablando. Cuando la conversación deriva hacia el mercado clandestino de información robada, su reacción es menos romántica. Vender información robada es un negocio absurdo, dice. Capaz ganás mil dólares. Es una plata que no vale la pena. Arriesgar la libertad por una suma así le parece una mala decisión. No profundiza demasiado. Tampoco acepta describir cómo funciona ese mercado ni contar historias sobre otros grupos. Prefiere mantenerse al margen. Repite que hace un año dejó ese mundo y que ya no quiere involucrarse con nada relacionado con el cibercrimen.
Antes de despedirse, la charla vuelve sobre el presente. Habla de música. Puede ser una manera de cerrar una etapa. Puede ser otra forma de reinventarse. O puede ser, simplemente, el próximo capítulo de alguien que entendió muy temprano que en internet las identidades nunca son del todo definitivas. Hay una última frase que queda resonando después de cortar la llamada. Todos creen que lo peor que te puede pasar es que te busque la Federal. Hace una pausa breve. Hay cosas peores. Le pregunta cuáles. Que te busque tu peor hater. Tal vez por eso resulte tan difícil responder quién es Gov.eth. No porque falten datos. Sino porque buena parte de su historia consiste, precisamente, en administrar esa incertidumbre.
Notable Quotes
Todo lo que hice fue por un poquito de fama— Gov.eth
Yo no hackeé el Renaper— Gov.eth
Hace un año pude dejarlo y hoy me siento más feliz que nunca— Gov.eth
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué alguien que dice haber dejado todo hace un año sigue alimentando la imagen de Gov.eth en redes sociales?
Porque la identidad se volvió independiente de él. Una vez que un personaje crece en internet, deja de pertenecer completamente a quien lo creó. Él administra esa incertidumbre.
Cuando niega haber hackeado el Renaper pero admite defacements, ¿está siendo honesto o simplemente jugando con definiciones técnicas?
Probablemente ambas cosas. La distinción entre defacement y hackeo es real en términos técnicos, pero también es conveniente. Él sabe que una cosa es cambiar un texto en una página y otra es robar bases de datos.
¿Cómo explica la vida de lujo si dice que no ganó dinero con los ciberataques?
No la explica. La deja ahí. Dice que tiene plata pero no por los hackeos y no desarrolla más. Entiende que en internet la gente cree lo que quiere creer, así que por qué convencer a nadie.
¿Es posible que esté siendo sincero cuando dice que abandonó el cibercrimen hace un año?
Es posible. También es posible que esté reinventándose. Lo que es seguro es que él mismo no define qué significa estar limpio. Habla de familia, tranquilidad, libertad, música. Pero nunca enumera qué dejó atrás.
¿Por qué insiste tanto en negar vínculos con Los Dictadores si dice que la comunidad hacker es pequeña y todos se conocen?
Porque la diferencia entre conocer a alguien y ser parte de una organización criminal es la diferencia entre la cárcel y la libertad. Repite que no tiene nada que ver, pero le encanta insistir sobre el tema. Eso también es parte del personaje.
¿Qué significa que haya dicho que hay cosas peores que ser buscado por la Federal?
Que entiende que la persecución legal es un riesgo calculado. Lo que realmente lo asusta es perder el control de su propia narrativa, que otros usen su nombre, que su identidad sea usurpada. La fama tiene un precio que va más allá de la justicia.