Somos mitad humanos, mitad bacterias
La microbiota intestinal produce más del 90% de la serotonina del cuerpo y se comunica con el cerebro a través del nervio vago, afectando el estado de ánimo. Una dieta mediterránea rica en vegetales, frutas y aceite de oliva favorece una microbiota más numerosa y diversa, mientras que el alcohol y tabaco la dañan.
- En 2016, investigadores canadienses trasplantaron microbiota de personas deprimidas a ratones, que desarrollaron síntomas depresivos
- Más del 90 por ciento de la serotonina del cuerpo se produce a nivel intestinal
- La dieta mediterránea favorece una microbiota más numerosa y diversa que otras dietas
- El trasplante de microbiota intestinal está autorizado solo para infecciones por clostridioides difficile
Investigadores demuestran que la microbiota intestinal influye directamente en la salud mental, aunque aún no se conoce si es causa o efecto. Los trasplantes fecales muestran promesa para tratar infecciones, pero sus aplicaciones en depresión y autismo requieren más estudios.
En 2016, un equipo de investigadores canadienses realizó un experimento que parecía sacado de la ciencia ficción: extrajeron la microbiota intestinal de ratones de laboratorio y la reemplazaron con bacterias provenientes de personas diagnosticadas con depresión. Lo que sucedió después fue sorprendente: los ratones desarrollaron síntomas depresivos. El hallazgo sugería algo radical: que el conjunto de microorganismos que habitan nuestro intestino podía influir directamente en el funcionamiento del cerebro.
Pero, ¿significa esto que podemos curar la depresión en humanos mediante trasplantes de microbiota? La respuesta, por ahora, es no. Así lo explica Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología en la Universidad de Navarra y autor del libro Microbiota y salud mental. López-Goñi, nacido en Pamplona en 1962 y creador del blog microBIO, dedica su investigación a desentrañar la relación entre las bacterias intestinales y nuestro bienestar mental.
La microbiota, también conocida como flora intestinal, no es solo un conjunto de bacterias. Es una comunidad compleja de microorganismos que incluye virus, hongos, levaduras y eucariotas, distribuidos por todo el cuerpo: intestino, piel, boca y vagina. La mayoría de estos organismos no son patógenos ni enemigos. Durante años se creyó que el cuerpo humano albergaba entre uno y dos kilos de estos microorganismos, pero investigaciones recientes han reducido esa cifra a entre 200 y 300 gramos. Aun así, López-Goñi señala que por cada célula humana que poseemos, tenemos aproximadamente un microorganismo. Somos, en cierto sentido, mitad humanos y mitad bacterias.
Esta coexistencia no es accidental. Cuando comemos, alimentamos también a nuestra microbiota. La calidad de esa alimentación determina la salud de estas comunidades bacterianas. Los estudios comparativos de distintas dietas revelan un patrón claro: la microbiota más numerosa y diversa, indicador de buena salud, se encuentra en personas que siguen una dieta mediterránea. Esta dieta se caracteriza por abundancia de vegetales, frutas, frutos secos, aceite de oliva, probióticos, pescado y carnes blancas, mientras evita edulcorantes, alimentos ultraprocesados, grasas animales y azúcares refinados. El alcohol y el tabaco también dañan la microbiota, siendo el tabaco particularmente perjudicial para las bacterias de la boca.
La conexión entre microbiota y salud mental es cada vez más evidente en la literatura científica. Estudios crecientes demuestran la influencia de las bacterias intestinales en enfermedades como la depresión, el párkinson, el alzheimer y trastornos del espectro autista. Sin embargo, persiste una pregunta fundamental: ¿son estas alteraciones bacterianas la causa de las enfermedades mentales o la consecuencia? López-Goñi reconoce que aún no tenemos respuesta definitiva.
Lo que sí sabemos es que existe una comunicación bidireccional entre intestino y cerebro. Más del 90 por ciento de la serotonina que produce el cuerpo se genera a nivel intestinal. Las bacterias intestinales no solo producen serotonina, sino también noradrenalina y otros neurotransmisores cruciales para la regulación del estado de ánimo. Esta comunicación ocurre a través de una red neuronal potente a nivel intestinal, particularmente mediante el nervio vago, uno de los nervios craneales que conecta directamente el cerebro con el intestino. Por eso experimentamos sensaciones físicas cuando estamos estresados o cuando enfrentamos problemas digestivos que afectan nuestro humor.
Esta comprensión ha abierto la puerta a una posibilidad fascinante, aunque algo escatológica: el trasplante fecal, término que López-Goñi prefiere llamar bacterioterapia. La técnica consiste en utilizar bacterias intestinales de personas sanas para repoblar el intestino de personas enfermas y potencialmente mejorar ciertas patologías. Actualmente, el trasplante de microbiota intestinal está autorizado y se utiliza únicamente para tratar infecciones por clostridioides difficile, donde ha demostrado ser altamente efectivo. Sin embargo, su aplicación se ha expandido experimentalmente a condiciones como obesidad, depresión y autismo, con resultados que aún no son concluyentes. López-Goñi es claro: en este momento no podemos afirmar que el trasplante de microbiota intestinal cure ninguna otra enfermedad. Pero mira hacia el futuro con optimismo. Probablemente, dice, pronto veremos trasplantes sintéticos que consistan en cócteles específicos de bacterias aisladas de intestinos sanos, diseñados para mejorar la calidad de vida de ciertas personas.
Notable Quotes
La inmensa mayoría de los microorganismos no son patógenos. Siempre pensamos en los microbios como gérmenes asociados a la suciedad o la enfermedad, pero en este caso, no— Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología
No podemos decir que en este momento el trasplante de microbiota intestinal vaya a curarnos de alguna otra enfermedad— Ignacio López-Goñi
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué ese experimento con los ratones canadienses fue tan importante si luego resulta que no podemos simplemente trasplantar bacterias para curar la depresión?
Porque demostró algo que antes era puramente teórico: que las bacterias pueden influir en el comportamiento y el estado mental. Fue la prueba de que la conexión existe. El hecho de que aún no sepamos cómo aplicarlo en humanos no invalida el descubrimiento.
Mencionas que no sabemos si es causa o efecto. ¿Eso significa que la depresión podría estar causando cambios en la microbiota, en lugar de al revés?
Exactamente. Podría ser que la depresión altere las bacterias intestinales, o que las bacterias alteradas causen depresión, o ambas cosas simultáneamente. Es como preguntarse qué vino primero, el huevo o la gallina. Necesitamos más investigación para saberlo.
Si el 90 por ciento de la serotonina se produce en el intestino, ¿por qué los antidepresivos se enfocan en el cerebro?
Porque durante décadas no sabíamos esto. Los antidepresivos fueron desarrollados basándose en la teoría de que el problema estaba en el cerebro. Ahora que entendemos mejor el papel del intestino, es posible que en el futuro veamos tratamientos que se dirijan directamente a la microbiota.
¿Entonces cambiar mi dieta podría realmente afectar mi salud mental?
Según la investigación, sí. Una dieta mediterránea favorece una microbiota más saludable y diversa, que a su vez produce más neurotransmisores. No es una cura, pero es una herramienta real que está en tus manos.
¿Cuándo crees que veremos esos trasplantes sintéticos de los que hablas?
López-Goñi cree que probablemente en el futuro cercano. Una vez que identifiquemos exactamente qué bacterias son beneficiosas, podremos crear cócteles bacterianos diseñados específicamente, sin necesidad de trasplantes fecales. Será más limpio, más controlado y más efectivo.