Gobierno radicará Plan Nacional de Desarrollo el 6 de febrero con inversión de $1,048 billones

Que no quede asegurado solo como propósito, sino también en su aporte financiero
La alcaldesa López pidió que el Distrito de Ciencia, Tecnología e Innovación tuviera respaldo presupuestario garantizado en el Plan Nacional de Desarrollo.
Mark

¿Por qué la alcaldesa López insistió tanto en que el ministro fuera el vocero de este proyecto?

Mimi

Porque en Bogotá entendían que un proyecto solo vale lo que está escrito en el presupuesto. Sin financiamiento garantizado desde el Gobierno Nacional, quedaba como una buena intención.

Mark

¿Qué tan grande es realmente esta inversión de 1.048 billones?

Mimi

Es el presupuesto de cuatro años para todo el país. Para ponerlo en perspectiva, casi la mitad viene del presupuesto general de la nación, el resto se distribuye entre participaciones territoriales y regalías.

Mark

¿Cuál era el riesgo de que el Metro de Bogotá se incluyera en el plan?

Mimi

Que 15 billones adicionales tendrían que salir de algún lado. Eso significaba que otros proyectos en otras regiones podrían perder recursos.

Mark

¿Por qué el Conpes tenía que revisar esto con tanta lupa?

Mimi

Porque este documento define la arquitectura fiscal del país para cuatro años. Si algo está mal articulado o mal presupuestado, afecta a todas las entidades territoriales y empresas públicas.

Mark

¿Qué pasaba si el Congreso rechazaba el plan?

Mimi

No podía rechazarlo completamente. Pero podía modificarlo, negociar artículos, exigir cambios. Por eso López quería asegurar que su proyecto estuviera blindado desde el inicio.

  • El 6 de febrero se convierte en fecha límite: el ministro de Hacienda radicará ante el Congreso un documento que definirá el rumbo del país hasta 2026, con más de 200 artículos y $1.048,2 billones en juego.
  • Bogotá no espera pasivamente: la alcaldesa Claudia López le exigió directamente al ministro de Ciencia que actúe como vocero del Distrito de Ciencia, Tecnología e Innovación dentro del gabinete y garantice su inclusión con financiamiento real.
  • Una variable financiera mantiene la incertidumbre: el gobierno evalúa si añade $15 billones adicionales para que el Estado asuma el ciento por ciento del costo del tramo subterráneo del Metro de Bogotá.
  • El documento debe superar dos filtros institucionales —el Consejo Superior de Política Fiscal y el Conpes— antes de llegar a manos del presidente la mañana del 6 de febrero.
  • La inversión privada proyectada de $949,7 billones y la distribución del financiamiento público revelan un Estado que apuesta por la convergencia regional como su mayor línea presupuestal, con $459 billones asignados.

En el umbral de un nuevo ciclo político, Colombia se prepara para presentar ante su Congreso el mapa de prioridades que guiará al país durante cuatro años: un Plan Nacional de Desarrollo con inversiones que superan el billón de pesos y la ambición de transformar desde la seguridad humana hasta la estructura productiva del territorio. Mientras el ejecutivo afina los últimos detalles, ciudades como Bogotá pugnan por inscribir sus apuestas locales —la ciencia, la tecnología, la innovación— en el corazón de ese proyecto colectivo. Es el momento en que las promesas de campaña se convierten en artículos, cifras y compromisos que el tiempo juzgará.

El lunes 6 de febrero, el gobierno del presidente Gustavo Petro presentaría ante el Congreso su Plan Nacional de Desarrollo 2023-2026, un documento que movilizaría inversiones cercanas a $1.048,2 billones y que representaba la hoja de ruta de su administración en materia de seguridad, transformación productiva y desarrollo territorial.

La mañana del primero de febrero, mientras se ajustaban los últimos detalles, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, aprovechó una presentación sobre el Distrito de Ciencia, Tecnología e Innovación de Bogotá-Región para dirigirse directamente al ministro Arturo Luis Luna Tapia. Su petición fue precisa: que fuera el vocero del proyecto dentro del gabinete y que asegurara su inclusión en el Plan no como un propósito vago, sino como un proyecto estratégico con financiamiento garantizado del Gobierno Nacional.

El cronograma era estrecho. El articulado llegaría al presidente a primera hora del 6 de febrero, y antes de ser radicado por el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, debería pasar por el Consejo Superior de Política Fiscal y el Conpes, instancias que revisarían tanto los números como cada uno de los proyectos estratégicos incluidos.

Las cifras distribuían las prioridades del gobierno: $459 billones para convergencia regional, $329,2 billones para seguridad humana y justicia social, $106 billones para ordenamiento territorial y $56,6 billones para cierre macroeconómico, entre otros rubros. A eso se sumaba una decisión pendiente: si el ejecutivo incrementaría la inversión total en $15 billones adicionales para asumir el cien por ciento del costo del tramo subterráneo del Metro de Bogotá.

Más allá de las cifras, lo que estaba en juego era la definición concreta de las prioridades nacionales para los próximos cuatro años. Para Bogotá, el documento que se radicaría el 6 de febrero sería la prueba de si su apuesta por la innovación había logrado convertirse en un compromiso nacional.

El lunes 6 de febrero, el gobierno colombiano presentaría ante el Congreso de la República su Plan Nacional de Desarrollo para los próximos cuatro años, un documento de envergadura que movilizaría inversiones cercanas a 1.048 billones de pesos. El proyecto, que se especulaba podría contener entre 200 y 300 artículos, representaba la hoja de ruta que el presidente Gustavo Petro había trazado para su administración, un mapa de prioridades que atravesaría desde la seguridad hasta la transformación productiva del país.

La mañana del primero de febrero, mientras los últimos detalles del documento se ajustaban en los despachos del ejecutivo, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, hizo una solicitud específica y directa. En el marco de una presentación sobre los avances del Distrito de Ciencia, Tecnología e Innovación de Bogotá-Región (DCTIB), López se dirigió al ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Arturo Luis Luna Tapia, con una petición que iba más allá de la cortesía institucional. Le pidió que fuera el vocero de este proyecto dentro del gabinete presidencial y, crucialmente, que asegurara su inclusión en el Plan Nacional de Desarrollo como un proyecto estratégico de país. No era suficiente que quedara como un propósito; López buscaba que tuviera respaldo financiero garantizado desde el Gobierno Nacional.

El cronograma era ajustado. El articulado del plan llegaría a manos del presidente a primera hora de la mañana del 6 de febrero, y luego el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, lo radicaría ante el Congreso. Antes de eso, el documento debería pasar por el escrutinio del Consejo Superior de Política Fiscal y ser revisado en detalle por el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes), instancia que examinaría no solo los números sino también los proyectos estratégicos y cada uno de los artículos que conformaban la propuesta.

Los números eran considerables. El gobierno había destinado 329,2 billones de pesos para seguridad humana y justicia social; 70,9 billones para internacionalización, transformación productiva y acción climática; 106 billones para ordenamiento territorial; 26,6 billones para el derecho humano a la alimentación; 459 billones para convergencia regional, y 56,6 billones para cierre macroeconómico. Pero había una variable en movimiento: el ejecutivo estaba analizando si mantendría la inversión total en 1.048,2 billones o si la incrementaría en 15 billones adicionales para modificaciones en la construcción del Metro de Bogotá, un proyecto que requeriría que el Estado asumiera el cien por ciento del costo de un tramo subterráneo.

La inversión privada estimada para el período 2023-2026 ascendería a 949,7 billones de pesos, recursos que se esperaba impulsaran el cumplimiento de las promesas de campaña en el componente social. Las fuentes de financiación pública provendrían principalmente del Presupuesto General de la Nación, que aportaría el 49,3 por ciento; el Sistema General de Participaciones, con el 24,8 por ciento; los recursos propios de las entidades territoriales, con el 14,4 por ciento; las empresas públicas industriales y comerciales del Estado, con el 6,2 por ciento, y el Sistema General de Regalías, con el 4,4 por ciento.

Lo que estaba en juego era más que números sobre un papel. Era la definición de hacia dónde se dirigiría el país en los próximos cuatro años, qué se priorizaría, qué se financiaría y qué quedaría fuera. Para Bogotá, la apuesta era clara: que su apuesta por la ciencia, la tecnología y la innovación no fuera solo una aspiración regional sino un compromiso nacional con recursos asignados. El documento que se radicaría el 6 de febrero sería la prueba de si esa solicitud había sido escuchada.

Quiero pedirle que sea nuestro vocero en el gabinete del presidente para que el Distrito de Ciencia, Tecnología e Innovación quede en ese Plan de Desarrollo como uno de los proyectos estratégicos de país
— Claudia López, alcaldesa de Bogotá
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