En el extremo más remoto del planeta, un glaciar del tamaño de Florida lleva décadas enviando una advertencia que la civilización apenas comienza a escuchar. El glaciar Thwaites, en la Antártida occidental, se retira a una velocidad que ha duplicado en pocas décadas, impulsado por aguas oceánicas cada vez más cálidas que erosionan su base desde abajo. Su eventual colapso no sería solo la pérdida de un accidente geográfico, sino una reconfiguración de las costas que albergan a cientos de millones de personas. Lo que ocurre en ese hielo silencioso es, en el fondo, el resultado acumulado de decis
Glaciar Thwaites corre riesgo de desaparecer y elevaría más de 3 metros el nivel del mar
El agua oceánica cálida penetra por debajo, debilitando su estructura desde adentro
¿Por qué Thwaites es más vulnerable que otros glaciares antárticos?
Su ubicación es la trampa. Descansa sobre un lecho marino que desciende hacia adentro, como un embudo. El agua cálida entra por debajo, no por arriba. Otros glaciares están rodeados de hielo más estable.
¿Cuánto tiempo tenemos antes de que sea demasiado tarde?
Los modelos dicen que la aceleración ocurrirá durante el siglo XXII. Pero "aceleración" es la palabra clave. No es un colapso repentino. Es un deslizamiento que se vuelve cada vez más rápido.
Si Thwaites desaparece, ¿desaparecen también los otros glaciares antárticos?
Ese es el verdadero miedo. Thwaites podría ser el dominó que derriba el resto. Su colapso podría desestabilizar toda la capa de hielo occidental. Eso sería catastrófico.
¿Qué significa tres metros de aumento del nivel del mar para una ciudad costera?
Significa que las mareas altas inundan calles que hoy están secas. Significa que los acuíferos de agua dulce se contaminan con sal. Significa que millones de personas tienen que replantearse dónde viven.
¿Los científicos tienen alguna esperanza de frenar esto?
La esperanza está en reducir el calentamiento global. Si el océano se enfría, el agua cálida deja de penetrar bajo el hielo. Pero eso requiere cambios que aún no estamos haciendo a la escala necesaria.
¿Por qué tardamos tanto en prestar atención a Thwaites?
Porque está lejos, bajo el hielo, invisible. Solo cuando los robots submarinos bajaron y vieron lo que sucedía debajo, los científicos comprendieron la urgencia. Ahora sabemos. La pregunta es qué hacemos con ese conocimiento.
El Pulso
- El glaciar Thwaites ha duplicado su velocidad de retroceso en las últimas décadas, y los modelos científicos anticipan una aceleración aún mayor durante el siglo XXII.
- Su colapso total podría elevar el nivel del mar global más de tres metros, redibujando las costas habitadas del planeta y desplazando a comunidades enteras.
- El agua oceánica cálida penetra por el lecho marino descendente del glaciar y lo socava desde abajo, un mecanismo que lo hace especialmente vulnerable e impredecible.
- La International Thwaites Glacier Collaboration despliega robots submarinos y modelos computacionales para descifrar el ritmo y la forma del colapso antes de que sea irreversible.
- El mayor riesgo no es solo Thwaites: su desintegración podría desestabilizar toda la capa de hielo de la Antártida occidental, con consecuencias catastróficas para el nivel del mar global.
En el extremo más remoto del planeta, un glaciar del tamaño de Florida lleva décadas enviando una advertencia que la civilización apenas comienza a escuchar. El glaciar Thwaites, en la Antártida occidental, se retira a una velocidad que ha duplicado en pocas décadas, impulsado por aguas oceánicas cada vez más cálidas que erosionan su base desde abajo. Su eventual colapso no sería solo la pérdida de un accidente geográfico, sino una reconfiguración de las costas que albergan a cientos de millones de personas. Lo que ocurre en ese hielo silencioso es, en el fondo, el resultado acumulado de decisiones humanas que aún están a tiempo de cambiar.
A unos treinta kilómetros al este del monte Murphy, en la Antártida occidental, el glaciar Thwaites se extiende por más de ciento veinte kilómetros de ancho, un territorio comparable a Florida o Gran Bretaña. No está desapareciendo lentamente: su velocidad de retroceso se ha duplicado en las últimas décadas, y los científicos advierten que podría elevar el nivel del mar global en más de tres metros durante el siglo XXIII, una cifra que redefiniría la geografía costera del planeta.
La vulnerabilidad de Thwaites tiene una causa estructural. El glaciar descansa sobre un lecho marino que desciende hacia el interior del continente, lo que permite que el agua oceánica, cada vez más cálida, penetre y socave el hielo desde abajo. Este mecanismo lo ha convertido en responsable del ocho por ciento del aumento anual del nivel del mar, que hoy crece a 4,6 milímetros por año, una proporción desproporcionada para un solo glaciar.
Para comprender la magnitud del riesgo, basta considerar que los dos únicos mantos de hielo que quedan en la Tierra —el antártico y el de Groenlandia— contienen más del noventa y nueve por ciento del hielo de agua dulce del planeta. Thwaites, con más de dos mil metros de espesor en algunos puntos, es una de las mayores reservas de agua congelada que existe.
La International Thwaites Glacier Collaboration ha desplegado robots submarinos y modelos computacionales para entender qué ocurre en las profundidades del glaciar. El Dr. Ted Scambos, coordinador científico de la iniciativa, advierte que los modelos más recientes predicen una pérdida de hielo que se acelerará en el próximo siglo. Lo más inquietante es que el colapso de Thwaites podría arrastrar consigo a toda la capa de hielo de la Antártida occidental.
Las comunidades costeras de todo el mundo, desde pequeñas islas hasta grandes ciudades portuarias, enfrentan una amenaza que no pueden contener por sí solas. Los modelos científicos aún guardan incertidumbres, pero el mensaje central es claro: las decisiones que se tomen hoy determinarán si este glaciar desaparece en el siglo XXII o si la humanidad logra frenar el calentamiento que lo consume.
En la Antártida occidental, a unos treinta kilómetros al este del monte Murphy, existe un coloso de hielo que ocupa el pensamiento de los climatólogos mundiales. El glaciar Thwaites se extiende por más de ciento veinte kilómetros de ancho, un territorio comparable en tamaño a Florida o Gran Bretaña, y está desapareciendo. No lentamente, sino a un ritmo que ha duplicado su velocidad de retroceso en las últimas décadas. Los científicos que lo estudian advierten que si continúa desintegrándose al paso actual, podría elevar el nivel del mar global en más de tres metros durante el siglo XXIII, una cifra que redefiniría la geografía de las costas habitadas del planeta.
La fragilidad de Thwaites no es accidental. El glaciar descansa sobre un lecho marino que desciende hacia el interior del continente, una topografía que actúa como una puerta abierta. El agua oceánica, cada vez más cálida, penetra por esa abertura y socava el hielo desde abajo, debilitando su estructura. Este mecanismo ha convertido a Thwaites en responsable del ocho por ciento del aumento anual del nivel del mar, una proporción desproporcionada considerando que es un solo glaciar entre miles. El nivel del mar crece actualmente a razón de cuatro punto seis milímetros cada año, y Thwaites es uno de los principales impulsores de esa tendencia.
La International Thwaites Glacier Collaboration, una iniciativa científica internacional, ha desplegado tecnología sofisticada para entender qué sucede en las profundidades del glaciar. Robots submarinos descienden bajo el hielo. Modelos computacionales simulan cómo se fracturan las capas de hielo. El Dr. Ted Scambos, coordinador científico de la colaboración, ha explicado que los últimos modelos predicen una pérdida continua de hielo que se acelerará durante el siglo XXII. Lo más inquietante es que el colapso de Thwaites podría no detenerse en sí mismo, sino extenderse a toda la capa de hielo de la Antártida occidental, un escenario que transformaría el nivel del mar global de manera catastrófica.
Para entender la magnitud de lo que está en juego, es necesario comprender qué es un glaciar y por qué importa. Un glaciar es una acumulación de hielo y nieve que se desplaza lentamente sobre la tierra, formada durante milenios en regiones donde cae más nieve de la que se derrite. En las altitudes más bajas, el hielo se desliza hacia abajo bajo su propio peso, y en los bordes se despenden icebergs. Hace veinte mil años, durante el Último Máximo Glacial, la capa de hielo de Laurentide cubría gran parte de Norteamérica, y su peso fue tan considerable que formó las cuencas que hoy contienen los Grandes Lagos.
Actualmente, solo dos mantos de hielo permanecen en la Tierra: el de la Antártida y el de Groenlandia. La capa antártica abarca aproximadamente catorce millones de kilómetros cuadrados, una extensión equivalente a la superficie combinada de Estados Unidos y México. Juntos, estos dos mantos contienen más del noventa y nueve por ciento del hielo de agua dulce del planeta. El agua dulce almacenada en ellos representa más del sesenta y ocho por ciento de toda el agua dulce terrestre. Thwaites, en particular, tiene en algunos puntos más de dos mil metros de espesor, lo que lo convierte en una de las mayores reservas de agua congelada que existe.
Lo que sucede en Thwaites no es un problema local. Cuando el hielo se derrite, el agua fluye hacia los océanos, elevando su nivel. Las comunidades costeras de todo el mundo, desde pequeñas islas hasta grandes ciudades portuarias, enfrentan una amenaza que no pueden detener por sí solas. El glaciar desemboca en el mar de Amundsen, pero su influencia se propaga a través de los océanos globales. Los modelos científicos aún contienen incertidumbres, aún hay mucho por entender sobre el futuro exacto de Thwaites. Pero lo que sí es claro es que el tiempo para actuar se agota, y que las decisiones tomadas hoy determinarán si este glaciar desaparece en el siglo XXII o si la humanidad logra frenar el calentamiento que lo consume.
Citas Notables
Los últimos modelos informáticos predicen una pérdida continua de hielo que se acelerará durante el siglo XXII— Dr. Ted Scambos, coordinador científico de la International Thwaites Glacier Collaboration