En un mundo que suele confundir el bienestar con la ausencia de dificultades, el psicoanalista argentino Gabriel Rolón propone una lectura más honesta: estar bien no es vivir momentos afortunados, sino saber dónde uno se encuentra cuando la vida exige una respuesta. Desde los micrófonos de un programa radial porteño, Rolón recuerda que el autocuidado no es un lujo, sino la base desde la cual es posible sostenerse y sostener a otros. En esa arquitectura interior, la angustia —lejos de ser un enemigo— resulta ser la única brújula que nunca miente.
Gabriel Rolón: "Estar bien es estar parado en un buen lugar frente al desafío"
Estar bien es reconocer dónde estás parado frente al desafío
¿Entonces Rolón está diciendo que el bienestar no tiene nada que ver con ser feliz?
No exactamente. Dice que la felicidad es una emoción que va y viene, pero el bienestar es una postura. Es saber dónde estás parado cuando llega lo difícil.
Pero ¿cómo se mide eso? ¿Cómo sabe alguien que está "bien parado"?
Ahí es donde entra el autocuidado básico. Si duermes, comes y te mueves, tienes más claridad para reconocer dónde estás.
Y menciona la angustia como brújula. ¿Eso significa que si no sientes angustia estás bien?
Espera, eso es un salto. Dice que la angustia no engaña, que te avisa. Pero ¿y si alguien está en negación y no siente angustia cuando debería?
Ese es el punto: el cuerpo no miente. Si hay angustia, el cuerpo la muestra. Taquicardia, dificultad para hablar.
Entonces el autocuidado es como prepararse para escuchar lo que el cuerpo te dice.
Pero la fuente aquí es una entrevista en un programa. No hay estudios citados, no hay datos sobre si esto funciona realmente.
Es una reflexión de un especialista, no un estudio clínico. Pero tiene sentido: si estás descuidado, no puedes escuchar nada.
¿Y si alguien está tan angustiado que no puede ni dormir ni comer?
Entonces necesita ayuda profesional. El autocuidado básico es el piso, no la solución completa.
El Pulso
- Rolón desafía la idea popular de que el bienestar equivale a atravesar buenos momentos, tensando la diferencia entre comodidad pasiva y posicionamiento activo frente a la vida.
- El descuido de los hábitos básicos —sueño, alimentación, movimiento— erosiona la perspectiva propia y vuelve imposible atender a los demás de manera saludable.
- La propuesta central genera una incomodidad productiva: exige presencia y decisión consciente incluso en los momentos más luminosos o más devastadores.
- La angustia emerge como señal corporal irrefutable —taquicardia, bloqueo del habla— que el cuerpo emite cuando algo verdaderamente importante está en juego.
- El camino hacia la resiliencia, según Rolón, pasa por aprender a escuchar esa señal y elegir, desde ahí, cómo situarse frente a lo que la vida propone.
En un mundo que suele confundir el bienestar con la ausencia de dificultades, el psicoanalista argentino Gabriel Rolón propone una lectura más honesta: estar bien no es vivir momentos afortunados, sino saber dónde uno se encuentra cuando la vida exige una respuesta. Desde los micrófonos de un programa radial porteño, Rolón recuerda que el autocuidado no es un lujo, sino la base desde la cual es posible sostenerse y sostener a otros. En esa arquitectura interior, la angustia —lejos de ser un enemigo— resulta ser la única brújula que nunca miente.
Gabriel Rolón, psicoanalista, escritor y músico argentino, planteó en el programa radial 'Perros de la calle' una idea que sacude el sentido común: el bienestar no tiene que ver con vivir momentos felices, sino con reconocer con claridad dónde estamos parados cuando la vida nos desafía.
Los profesionales de la salud mental insisten en los hábitos básicos —dormir, comer bien, hacer ejercicio— porque no son trivialidades: son la base sólida desde la cual enfrentar lo que venga. Cuando el entorno se desmorona, mantener esa perspectiva sobre uno mismo se vuelve decisivo. Y desde ese cuidado propio, atender a los demás resulta mucho más posible y saludable.
Rolón precisa que estar bien parado es una posición activa, no un estado de comodidad. Es la diferencia entre dejarse arrastrar por las circunstancias y elegir conscientemente cómo situarse frente a ellas. Esa claridad debe sostenerse en todo momento: en el enamoramiento, en el duelo, ante una alegría inesperada o una noticia devastadora.
Para encontrar ese punto de reconocimiento, Rolón señala una brújula singular: la angustia. A diferencia de otras emociones —volátiles, reinterpretables, a veces engañosas—, la angustia no miente. Se manifiesta en el cuerpo con taquicardia y dificultad para hablar. Es el aviso que el cuerpo emite cuando algo verdaderamente difícil está ocurriendo. Aprender a escucharla, concluye Rolón, es aprender a tomar decisiones conscientes sobre dónde pararse frente a la vida.
Gabriel Rolón, psicoanalista, escritor y músico argentino, ofreció recientemente en el programa 'Perros de la calle' una reflexión que desafía la forma común de entender el bienestar. No se trata, según él, de atravesar momentos felices o favorables, sino de algo más fundamental: reconocer dónde estamos parados cuando la vida nos presenta sus desafíos.
Los psicólogos suelen recomendar a sus pacientes que adopten hábitos básicos cuando enfrentan situaciones complicadas. Dormir bien, comer adecuadamente, hacer ejercicio. Estas recomendaciones no son triviales. Lo que los profesionales de la salud mental buscan transmitir es la importancia del autocuidado como base sólida desde la cual enfrentar lo que viene. Cuando el mundo se desmorona alrededor nuestro, mantener esa perspectiva sobre nuestro propio lugar en el caos se vuelve decisivo. Desde el cuidado personal, la atención a los demás se vuelve mucho más sencilla y saludable.
Rolón lo explica con precisión: estar bien parado significa estar presente y decidir desde dónde queremos y podemos enfrentar lo que la vida nos propone. No es un estado pasivo de comodidad, sino una posición activa de reconocimiento. Es la diferencia entre dejarse llevar por las circunstancias y elegir cómo situarse frente a ellas.
Esta perspectiva no puede abandonarse sin importar qué suceda. Ni siquiera cuando las cosas son maravillosas. Enamorarse, vivir un duelo, recibir una noticia devastadora o experimentar una alegría inesperada: en todos estos casos, el bienestar real consiste en reconocer el punto exacto donde estamos parados en medio de esa situación. No se trata de negar lo que sentimos, sino de mantener la claridad sobre nuestra posición.
Para ubicarse y reconocerse a sí mismo en ese punto, Rolón señala que existe una brújula confiable: la angustia. Es la única emoción que no engaña. Podemos creer que estamos enamorados y descubrir meses después que no era así. Podemos pensar que estamos enfadados y que la rabia se disipe con el tiempo. Las emociones son engañosas, volátiles, susceptibles a la reinterpretación. Pero la angustia no miente. Atraviesa el cuerpo, provoca taquicardia, dificulta el habla. Es un aviso corporal que no puede ignorarse ni reinterpretarse. El cuerpo sabe cuándo estamos en un momento difícil, y la angustia es su forma de comunicarlo. En ese sentido, aprender a escuchar esa señal es aprender a tomar decisiones conscientes sobre dónde pararse frente a lo que la vida nos presenta.
Citas Notables
Estar bien no es estar atravesando un buen momento, es estar parado en un buen lugar frente al desafío que la vida te propone— Gabriel Rolón
La angustia no engaña porque te atraviesa el cuerpo, te da taquicardia, te cuesta hablar— Gabriel Rolón