Fusión de editoriales en EE.UU. reduciría pagos a autores, advierte Justicia

La mejor protección para los autores es una competencia sólida
El argumento central del Departamento de Justicia contra la fusión editorial que podría reducir los pagos a escritores.
Mark

¿Por qué el Departamento de Justicia se opone a esta fusión específicamente? ¿No hay otras editoriales grandes?

Mimi

Hay cinco editoriales grandes que controlan el 90 por ciento del mercado de libros con adelantos. Si Penguin compra Simon & Schuster, esa empresa tendría casi la mitad de ese mercado. El gobierno dice que eso es demasiada concentración.

Luke

Pero espera. ¿Qué significa "libros con adelantos"? ¿Eso es toda la industria editorial o solo una parte?

Mimi

Es solo una parte. Los libros con adelantos son aquellos donde los autores reciben dinero por adelantado. Hay otros segmentos del mercado editorial.

Mark

¿Y cuánto dinero estamos hablando que perderían los autores?

Mimi

El gobierno dice entre 4 y 11 por ciento de sus pagos. En promedio, eso sería 100,000 dólares menos por autor.

Luke

¿Eso es un promedio de todos los autores o solo de los que reciben adelantos? Porque eso es muy diferente.

Mimi

Es de los autores que reciben adelantos. Los autores más pequeños probablemente no verían ese impacto.

Mark

¿Qué dice Penguin sobre todo esto?

Mimi

Penguin argumenta que el gobierno está viendo un mercado artificial. Dice que hay competencia de editoriales más pequeñas, que Amazon publica libros, que Disney publica libros.

Luke

¿Pero esas editoriales más pequeñas realmente compiten por los mismos libros que Penguin y Simon & Schuster? ¿O es un mercado diferente?

Mimi

Esa es exactamente la pregunta que el juez tiene que responder. Penguin dice que sí, que hay competencia real. El gobierno dice que no, que esas empresas no tienen el mismo poder de mercado.

  • El gobierno calcula que la fusión reduciría los pagos a autores entre un 4% y un 11%, lo que equivale a una pérdida promedio de 100,000 dólares por escritor.
  • La empresa resultante controlaría el 49% del mercado de libros con adelantos significativos, concentrando en una sola mano casi la mitad del acceso económico de los escritores al mercado.
  • La defensa contraataca argumentando que el gobierno inventó un mercado artificialmente estrecho, ignorando el peso de Amazon, Disney y otras editoriales con recursos para competir.
  • El historial de los últimos 30 años pesa sobre el debate: ninguna editorial nueva ha logrado alcanzar el tamaño de las cinco grandes, ni siquiera Amazon con toda su capacidad financiera.
  • La decisión judicial pendiente definirá si la ley antimonopolio estadounidense puede frenar una concentración de esta magnitud o si el mercado editorial seguirá consolidándose sin límite visible.

En los tribunales federales de Washington, el Departamento de Justicia de Estados Unidos libró en agosto de 2022 su batalla final contra la adquisición de Simon & Schuster por Penguin Random House, una operación valorada en 2,180 millones de dólares. En el centro del debate no estaba solo el destino de dos gigantes editoriales, sino una pregunta más antigua sobre el equilibrio entre el poder corporativo y la capacidad de los creadores de vivir de su trabajo. Cuando cinco empresas ya controlan el 90% de los libros más vendidos y ningún nuevo competidor ha logrado irrumpir en tres décadas, la pregunta de si una fusión más dañará a los autores se convierte en una pregunta sobre el futuro de la cultura escrita misma.

En una sala federal de Washington, el Departamento de Justicia presentó su argumento final contra la compra de Simon & Schuster por Penguin Random House por 2,180 millones de dólares. El abogado del gobierno, John Read, fue directo: la fusión eliminaría la competencia entre dos de las editoriales más poderosas del país, y quienes pagarían el precio serían los autores.

Los números que Read expuso resultaban difíciles de ignorar. Las cinco grandes editoriales ya dominan el 90% de los libros más vendidos en Estados Unidos. Si Penguin absorbía a Simon & Schuster, la empresa combinada controlaría cerca del 49% del mercado donde los escritores reciben adelantos significativos. Los economistas del gobierno estimaron que eso reduciría los pagos a autores entre un 4% y un 11%, una caída promedio de 100,000 dólares por escritor. Para Read, la única protección real de los autores es la competencia genuina, no las promesas corporativas.

La defensa ofreció una lectura distinta. Daniel Petrocelli, abogado de Penguin y su matriz Bertelsmann, sostuvo que el gobierno había construido artificialmente una versión concentrada del mercado para justificar su demanda, ignorando el papel de editoriales como WW Norton, Disney y Amazon, que hoy publica sus propios títulos además de venderlos. Agregó que la mayoría de los libros —alrededor del 60%— no se negocian en licitaciones competitivas, sino en acuerdos directos donde los agentes literarios conservan poder real de elección.

El abogado de Simon & Schuster sumó que las otras tres grandes editoriales estaban preparadas para aprovechar cualquier espacio que dejara la fusión, y que actores como Scholastic o Amazon tenían los recursos para competir en un mercado reorganizado.

Pero el argumento más pesado del gobierno fue histórico: en tres décadas, ninguna editorial nueva ha logrado crecer lo suficiente para desafiar a las cinco grandes. Esa parálisis competitiva, argumentó Read, hace que cualquier nueva concentración solo pueda agravar el problema. La decisión del juez no resolverá solo el destino de una transacción corporativa: determinará quién controla el acceso de los escritores al mercado y cuánto pueden esperar recibir por su trabajo.

En una sala de tribunales federal en Washington, el Departamento de Justicia estadounidense presentó su argumento final contra una de las mayores transacciones editoriales de los últimos años: la compra de Simon & Schuster por parte de Penguin Random House por 2,180 millones de dólares. El abogado John Read, representando al gobierno, fue directo: esta fusión acabaría con la competencia que hoy existe entre dos de las editoriales más grandes del país, y los autores pagarían el precio.

La matemática que Read presentó fue contundente. Las cinco editoriales más grandes —Penguin, Simon & Schuster, HarperCollins, Hachette y Macmillan— ya controlan el 90 por ciento de los libros más vendidos en Estados Unidos, aquellos donde los escritores reciben adelantos significativos por su trabajo. Si Penguin absorbía a Simon & Schuster, la empresa combinada dominaría aproximadamente el 49 por ciento de ese mercado. Los economistas del gobierno calcularon que esto reduciría los pagos a autores entre un 4 y un 11 por ciento, lo que significaría una disminución promedio de 100,000 dólares por escritor. Read enfatizó que la mejor protección para los autores es una competencia real, no promesas que pueden revocarse en cualquier momento.

La defensa de Penguin Random House y su matriz Bertelsmann presentó un argumento diferente: el gobierno estaba viendo un mercado que no existía. Daniel Petrocelli, abogado de la empresa, argumentó que el Departamento de Justicia ignoraba el poder de editoriales más pequeñas como WW Norton, Disney y Amazon, que ahora publica sus propios libros además de venderlos. Petrocelli sostuvo que el gobierno había construido artificialmente una versión concentrada del mercado para justificar su demanda. Según la defensa, la mayoría de los libros —alrededor del 60 por ciento— no se venden mediante licitaciones competitivas, sino a través de negociaciones directas entre agentes de autores y editores, un proceso donde los agentes tienen poder para elegir quién participa.

Stephen Fishbein, abogado de Simon & Schuster y su matriz Paramount Global, agregó que las otras tres grandes editoriales estaban "listas para aprovechar" cualquier oportunidad que dejara la fusión. También señaló que editores más pequeños como Amazon, Disney y Scholastic tenían los recursos y la experiencia para competir en un mercado post-fusión. La defensa argumentaba que la competencia no desaparecería; simplemente cambiaría de forma.

El caso se centra en una pregunta legal fundamental: bajo la ley antimonopolio estadounidense, ¿es legal una fusión que crearía una empresa con casi la mitad del mercado de libros con adelantos? Read argumentó que solo sería legal si la defensa demostraba que nuevas empresas entrarían al mercado o que los ahorros de costos de la fusión superarían el daño a los autores. Pero en los últimos 30 años, ninguna editorial nueva ha crecido lo suficiente como para competir con las cinco grandes, ni siquiera Amazon con todos sus recursos. Esa historia de estancamiento competitivo fue central en el argumento del gobierno: sin nuevos competidores en el horizonte, la concentración solo podría crecer.

Lo que estaba en juego era más que una transacción corporativa. Era una pregunta sobre quién controla el acceso de los escritores al mercado y cuánto dinero pueden esperar recibir por su trabajo. Los autores no estaban en la sala, pero sus intereses económicos fueron el corazón del debate. El gobierno veía una industria que se estaba consolidando peligrosamente, donde menos empresas tenían más poder para dictar términos. La defensa veía un mercado más dinámico y competitivo de lo que el gobierno reconocía. La decisión del juez determinaría cuál de estas visiones prevalecería.

Penguin y Simon & Schuster compiten hoy. La fusión terminará con esa competencia.
— John Read, abogado del Departamento de Justicia
La única razón por la que estamos aquí es que el Gobierno ha creado un mercado artificial con concentración artificial y daño artificial.
— Daniel Petrocelli, abogado de Penguin Random House
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