Fiscalía vincula a generales militares en venta de combustible del Ejército

Dinero para que el combustible saliera sin problema hacia la venta
Según los fiscales, los generales investigados habrían recibido pagos para permitir la sustracción de combustible militar.
Mark

¿Por qué tardó tres años en llegar a los generales si el esquema era tan simple?

Mimi

Porque comenzó desde abajo. Atraparon a suboficiales con la camioneta, allanaron casas de intendentes y comandantes. Solo cuando esos oficiales menores comenzaron a hablar, protegidos por la justicia, los fiscales pudieron trazar las líneas hacia arriba. La jerarquía militar funciona como un escudo: nadie habla sin permiso de arriba.

Mark

¿Cómo se vende combustible militar sin que nadie lo note?

Mimi

Porque el sistema mismo lo permitía. Había sobrantes legítimos de los vehículos. Esos sobrantes debían quedarse en los registros, pero en cambio salían hacia grifos civiles. Y lo más audaz: decían que el combustible era para cocinas que no existían. Los fiscales encontraron eso en la primera intervención: ninguna cocina.

Mark

¿Por qué el juez no permitió la detención?

Mimi

El juez dijo que no había peligro procesal. Los fiscales discreparon: estos hombres siguen en sus puestos, siguen teniendo poder sobre sus subordinados, pueden hacer desaparecer pruebas. Pero el juez no vio eso como riesgo suficiente.

Mark

¿Qué pasa ahora?

Mimi

Los allanamientos perdieron el efecto sorpresa. Astudillo y los otros saben que están siendo investigados. Los fiscales esperan encontrar algo más en los registros que incautaron, algo que justifique pedir de nuevo la detención. Mientras tanto, la investigación continúa, pero sin la ventaja de la sorpresa.

  • Veinte inmuebles allanados simultáneamente en Lima y Piura el 23 de febrero de 2021
  • Doce investigados, incluyendo al general César Astudillo, jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas
  • Investigación iniciada en 2018 por sustracción y venta de combustible asignado al Ejército
  • Fiscalía basó acusaciones en testigos protegidos, colaboradores eficaces y documentación incautada

Se allanaron 20 inmuebles simultáneamente en Lima y Piura de 12 investigados, incluyendo al jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. La Fiscalía sostiene que generales apropiaban combustible sobrante y recibían dinero para permitir su venta, basándose en testigos protegidos y documentación incautada.

La Fiscalía Anticorrupción allanó viviendas de altos mandos militares, incluido el general César Astudillo, por investigación de sustracción y venta de combustible asignado al Ejército desde 2018.

A la madrugada del 23 de febrero de 2021, agentes de la Policía Nacional y fiscales especializados en corrupción se presentaron simultáneamente en veinte inmuebles distribuidos entre Lima y Piura. Las viviendas y oficinas pertenecían a doce investigados, entre ellos el general César Astudillo, quien en ese momento ejercía como jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Perú. Los allanamientos fueron ordenados en el marco de una investigación que llevaba tres años en desarrollo: la sustracción sistemática de combustible asignado al Ejército y su posterior venta en el mercado civil.

La trama que los fiscales desentrañaban había comenzado años atrás con un incidente aparentemente menor. Agentes de la División de Investigación de Delitos de Alta Complejidad detuvieron una camioneta acondicionada para transportar combustible que salía de la Escuela Militar de Chorrillos rumbo a grifos privados. En esa intervención inicial fueron capturados suboficiales del ejército y se allanaron viviendas de oficiales de rango medio, como intendentes y comandantes. Pero conforme avanzó la investigación, los fiscales comenzaron a identificar un patrón más amplio y más grave: la participación de generales en la operación.

Omar Tello, jefe de la Fiscalía Anticorrupción, explicó a El Comercio cómo la investigación había escalado. Gracias a testimonios de personas que colaboraron con la justicia, a declaraciones de testigos protegidos y al análisis minucioso de documentación incautada, los fiscales lograron vincular a varios generales de alto rango. Además de Astudillo, los investigados incluían a Jorge Celiz Kuong, Edward Gratelly y otros más. Según Tello, estos generales habrían recibido dinero para permitir que el combustible saliera de las instalaciones militares sin obstáculos y fuera comercializado hacia el exterior.

El mecanismo de la sustracción era relativamente simple pero efectivo. Los generales tenían bajo su mando las instalaciones del Pentagonito y de la Escuela Militar de Chorrillos, donde se asignaba combustible para dos propósitos: la cocción de alimentos en las cocinas militares y el abastecimiento de vehículos. En el caso de los vehículos, siempre quedaba un saldo sobrante después de cubrir las necesidades operativas. Ese saldo era vendido a terceros, y el dinero resultante era apropiado por diversos oficiales, incluyendo a los generales que supervisaban estas instalaciones. Respecto al combustible destinado a la cocina, Tello señaló algo revelador: durante una primera intervención, los fiscales no encontraron cocinas en las instalaciones. Era imposible, argumentó, que hubiera cocción de alimentos con petróleo si no existían los equipos para hacerlo. Lo que sí encontraron fue la camioneta en plena acción de venta, y el dinero de esas transacciones también terminaba en manos de los funcionarios militares investigados.

La construcción del caso se basaba en múltiples capas de evidencia. Además de los testimonios protegidos y las declaraciones de colaboradores eficaces, los fiscales habían incautado cuadernos y apuntes que documentaban las operaciones. Estos elementos, tomados en conjunto, formaban un cuadro coherente de la participación de los altos mandos en el esquema de sustracción y venta.

El Ministerio Público había solicitado al Poder Judicial una orden de detención preliminar por siete días para los implicados, pero el juez rechazó la medida, considerando que no existía peligro procesal. Los fiscales discreparon con esa evaluación. Argumentaron que los investigados seguían en actividad y que, dada la estructura jerárquica de la institución castrense, tenían la capacidad de obstruir las investigaciones. Para Tello, el peligro procesal era permanente. Sin embargo, reconoció que el efecto sorpresa que habían logrado con los allanamientos ya se había perdido. Anunció que la Fiscalía evaluaría solicitar nuevamente la detención preliminar si surgían elementos adicionales en el curso de la investigación.

Astudillo respondió a los allanamientos con una declaración airada. Negó categóricamente haber sido investigado por el caso y cuestionó la legalidad del procedimiento, argumentando que jamás había sido notificado formalmente antes de que los fiscales llegaran a su domicilio. Acusó a los investigadores de violar la presunción de inocencia y anunció que presentaría sus descargos. Los allanamientos simultáneos en diecinueve viviendas en los distritos de Surco, San Borja, Surquillo, Chorrillos, Lima Cercado, Rímac, Los Olivos y Villa el Salvador, más dos inmuebles adicionales en Piura, marcaban un punto de quiebre en una investigación que había permanecido en la sombra durante años. Lo que sucediera en los siguientes meses determinaría si los generales enfrentarían cargos formales o si la falta de detención preliminar permitiría que la investigación se diluyera.

Nunca he sido investigado por ese caso. No es posible que jamás me hayan notificado y de pronto allanen mi domicilio violando la presunción de inocencia.
— General César Astudillo
Ellos estarían implicados por la apropiación de este combustible, habrían recibido dinero para que este combustible pueda salir sin ningún problema a la venta del exterior.
— Omar Tello, fiscal jefe de la Fiscalía Anticorrupción
Envie de l'histoire complète ? Lire l'original sur El Comercio - Perú ↗
Nous contacter FAQ