En Lima, la línea entre la amistad y la corrupción vuelve a ponerse a prueba: la Fiscalía Anticorrupción examina si el alcalde Rafael López Aliaga dirigió 97,5 millones de soles públicos hacia un único estudio jurídico estadounidense no solo por sus méritos legales, sino por los lazos personales y políticos que unen al burgomaestre con su representante. La pregunta que subyace no es nueva en la historia de las democracias: ¿puede el poder público actuar con imparcialidad cuando el dinero del ciudadano financia también la imagen del gobernante?
Fiscalía investiga presunta colusión en contratos de López Aliaga con estudio Boies Schiller Flexner
Pueden ser amigos, pero su desempeño como proveedor no puede teñirse de subjetividad política
¿Por qué es importante que un abogado que representa a la municipalidad no haga campaña política por quien lo contrató?
Porque cuando usas dinero público para pagar a alguien, ese dinero debe servir solo para lo que fue contratado. Si el abogado además hace proselitismo, estás usando recursos municipales para propaganda política, aunque sea de forma indirecta.
Pero ¿no pueden ser simplemente amigos que comparten ideas políticas?
Claro que pueden serlo. El problema es que la amistad no debería influir en las decisiones de contratación. Si contratas nueve veces a la misma firma por casi 100 millones de soles, eso levanta sospechas sobre si la decisión fue por mérito o por relación personal.
¿Qué pasó con el dinero que gastó la municipalidad en estos contratos?
Boies Schiller Flexner fue contratado para anular concesiones de peajes en cortes estadounidenses y francesas. Pero fracasó. Una corte rechazó la solicitud de Lima, y ahora la municipalidad debe pagar 200 millones de dólares. Es decir, gastó casi 100 millones de soles en abogados que no lograron el objetivo.
¿Qué significa exactamente que De Luca hizo "proselitismo"?
Que en redes sociales y en medios de comunicación defendió la gestión de López Aliaga, lo elogió como líder, y sugirió que podría ser candidato presidencial. Todo esto mientras era el representante de la firma que la municipalidad le pagaba millones.
¿Quién está investigando esto ahora?
La Fiscalía Anticorrupción, específicamente el fiscal Raúl Rivera Navarro. Debe determinar si hay delitos de colusión o negociación incompatible. Pero algunos expertos dicen que hay miedo en el Ministerio Público para investigar casos que involucran a figuras políticas poderosas.
O Pulso
- La Municipalidad de Lima contrató nueve veces al mismo estudio neoyorkino, concentrando el 83% de su presupuesto legal en una sola firma, lo que despertó sospechas de colusión entre abogados anticorrupción.
- Los resultados jurídicos han sido pobres: una corte estadounidense rechazó la solicitud municipal y Lima deberá pagar 200 millones de dólares a Rutas de Lima, agravando el costo político y económico de la apuesta.
- El representante del estudio, Martín De Luca, no se limita a litigar: aparece junto al alcalde en actos públicos, lo elogia en redes sociales y lo proyecta como candidato presidencial, cruzando la frontera entre proveedor y operador político.
- Expertos en ética pública advierten que un proveedor del Estado contratado con fondos municipales no puede teñir sus servicios de militancia política sin incurrir en un conflicto de interés que podría configurar delito.
- El fiscal Raúl Rivera Navarro deberá ahora determinar si el patrón de contrataciones repetidas, combinado con el activismo político del representante, constituye colusión o simplemente una amistad incómoda con consecuencias públicas.
En Lima, la línea entre la amistad y la corrupción vuelve a ponerse a prueba: la Fiscalía Anticorrupción examina si el alcalde Rafael López Aliaga dirigió 97,5 millones de soles públicos hacia un único estudio jurídico estadounidense no solo por sus méritos legales, sino por los lazos personales y políticos que unen al burgomaestre con su representante. La pregunta que subyace no es nueva en la historia de las democracias: ¿puede el poder público actuar con imparcialidad cuando el dinero del ciudadano financia también la imagen del gobernante?
La Fiscalía Anticorrupción de Lima tiene sobre su mesa una denuncia presentada por los abogados Julio Arbizu y Ronald Gamarra contra el alcalde Rafael López Aliaga. El núcleo del caso: la Municipalidad Metropolitana contrató en nueve ocasiones al estudio neoyorkino Boies Schiller Flexner por más de 97,5 millones de soles, cifra que representa el 83% del presupuesto total destinado a servicios legales. El fiscal Rivera Navarro deberá evaluar si eso configura colusión y negociación incompatible.
El estudio fue contratado para impugnar ante cortes de Estados Unidos y Francia las concesiones de peajes administradas por Brookfield y Vinci Highways, empresas que López Aliaga vincula a actos de corrupción de constructoras brasileñas. Los resultados, sin embargo, han sido adversos: una corte estadounidense rechazó la solicitud de anular dos laudos arbitrales, lo que obliga a Lima a pagar 200 millones de dólares a Rutas de Lima.
Lo que ha encendido las alarmas es la figura de Martín De Luca, representante del estudio que suscribe los contratos. De Luca participó junto al alcalde en un homenaje al activista Charlie Kirk el 4 de octubre, elogió públicamente su gestión en redes sociales y, días después de un reportaje crítico del New York Times, salió a defender el movimiento político de López Aliaga y a sugerirlo como candidato presidencial.
Para Arbizu, esa actuación como agente de imagen es un indicio adicional de colusión. José Luis Gargurevich, de Proética, subraya que los proveedores del Estado deben mantener neutralidad política: la amistad no es delito, pero usar servicios públicamente contratados para hacer proselitismo sí puede serlo. Eduardo Herrera, de la Defensoría Nacional Anticorrupción, coincide en que existe un conflicto de interés evidente.
La República buscó la versión del estudio sin obtener respuesta. La Fiscalía debe ahora resolver si lo ocurrido es un delito o, como podría argumentar la defensa, una amistad inconveniente entre un alcalde y su abogado de confianza.
La Fiscalía Anticorrupción tiene ahora en sus manos una denuncia que cuestiona cómo el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, ha dirigido millones de soles públicos hacia un único estudio de abogados estadounidense. Los denunciantes, los abogados Julio Arbizu y Ronald Gamarra, sostienen que la Municipalidad Metropolitana de Lima contrató en nueve ocasiones al despacho Boies Schiller Flexner por más de 97 millones y medio de soles, cifra que representa el 83 por ciento del presupuesto total destinado a servicios legales. El fiscal provincial Raúl Rivera Navarro, especializado en delitos de corrupción de funcionarios, deberá determinar si existen elementos que sustenten las acusaciones de colusión y negociación incompatible.
El despacho neoyorkino fue contratado para representar a la municipalidad ante cortes en Estados Unidos y Francia, con el objetivo de anular las concesiones de peajes administradas por Brookfield y Vinci Highways. Según López Aliaga, estas empresas compraron acciones de constructoras brasileñas que supuestamente obtuvieron las concesiones mediante actos de corrupción. Sin embargo, los resultados han sido magros. Una corte estadounidense rechazó una solicitud de la municipalidad para anular dos laudos arbitrales, lo que obligará a Lima a pagar 200 millones de dólares a Rutas de Lima. A pesar de la inversión sustancial, el estudio aún no ha logrado despojar de sus acciones a las empresas mencionadas.
Lo que ha encendido las alarmas entre los denunciantes es la relación personal entre López Aliaga y Martín De Luca, el representante del estudio que firma los contratos. De Luca no solo mantiene una amistad con el alcalde, sino que participa activamente en sus actos públicos y lo defiende en redes sociales. El sábado 4 de octubre, ambos encabezaron un homenaje al activista estadounidense Charlie Kirk. En esa ocasión, De Luca escribió en X que fue un honor hablar en lo que llamó el único gran homenaje a Kirk celebrado en América Latina, y aprovechó para elogiar la gestión de López Aliaga y su lucha contra la corrupción. Días después, cuando el New York Times publicó un reportaje crítico sobre la administración del alcalde, De Luca volvió a intervenir en redes, esta vez defendiendo más explícitamente el movimiento político de López Aliaga y sugiriendo que podría ser un candidato presidencial viable.
Arbizu señala que el hecho de que De Luca actúe como agente de imagen del alcalde constituye un indicio adicional del delito de colusión. José Luis Gargurevich, director de Proética, enfatiza que los proveedores del Estado tienen la obligación de mantener neutralidad respecto a sus simpatías políticas, especialmente cuando son contratados con fondos públicos. "Pueden ser amigos, eso no es un delito, pero su desempeño como proveedor del Estado no puede teñirse de subjetividad que lleve a un uso político de sus servicios", precisó. Eduardo Herrera, director de la Defensoría Nacional Anticorrupción, coincide en que existe un conflicto de interés claro: un abogado contratado con dinero municipal no debería hablar más allá de lo que ha sido específicamente contratado para hacer.
La denuncia plantea una pregunta incómoda sobre los límites entre la amistad y el conflicto de intereses en la contratación pública. Los contratos con Boies Schiller Flexner no incluyen servicios de defensa de imagen o proselitismo político, sin embargo, De Luca ha dedicado tiempo y energía a promover al alcalde en medios de comunicación y redes sociales durante su estancia en Lima. La República intentó obtener comentarios del estudio a través de su representante Scott Nielson, pero no recibió respuesta. Mientras tanto, la Fiscalía Anticorrupción debe ahora evaluar si el patrón de contrataciones repetidas con una sola firma, combinado con la participación política del representante de esa firma, constituye un delito o simplemente una amistad incómoda entre funcionario y proveedor.
Citações Notáveis
El hecho de que Martín De Luca sea en la práctica el agente de imagen oficioso del señor López Aliaga es un indicio más de la comisión del delito de colusión— Julio Arbizu, abogado denunciante
Hay un conflicto de interés, porque el abogado no tiene por qué hablar más allá de las cosas para las cuales ha sido contratado— Eduardo Herrera, director de la Defensoría Nacional Anticorrupción