Experto advierte que cambios en vacunas infantiles de EE.UU. podrían aumentar riesgo de sarampión

Potencial aumento de casos de sarampión y otras enfermedades prevenibles en población infantil, especialmente en comunidades con bajas tasas de vacunación.
Las personas se mueven mucho más rápido que antes
Ramírez explica por qué las decisiones de vacunación en un país afectan a otros a través de la movilidad internacional.
Mark

¿Por qué le preocupa tanto a un académico chileno lo que hace Estados Unidos con sus vacunas?

Mimi

Porque el sarampión no respeta fronteras. Si baja la vacunación en Estados Unidos, el virus viaja en un avión y llega aquí. Chile ha estado libre de sarampión autóctono por 33 años, pero eso solo funciona si mantenemos la barrera de inmunidad colectiva.

Mark

Pero Estados Unidos es un país rico. ¿No pueden simplemente controlar brotes si aparecen?

Mimi

Pueden intentarlo, pero el sarampión es demasiado contagioso. Una persona infectada puede contagiar a 12 o 15 personas si no están vacunadas. En comunidades con baja cobertura, eso se convierte en un brote que es casi imposible de contener.

Mark

¿Qué es lo que más le molesta del cambio de calendario: que reduzcan enfermedades o que dejen que las familias decidan?

Mimi

Ambas cosas, pero por razones diferentes. Reducir enfermedades significa menos protección. Pero permitir que las familias decidan es más complicado porque los niños no pueden decidir por sí mismos. Un padre puede elegir no vacunar a su hijo, pero ese hijo no eligió vivir en una comunidad con baja inmunidad.

Mark

¿Y la separación de la vacuna triple en tres inyecciones?

Mimi

Eso es un problema práctico. Si necesitas tres visitas en lugar de una, menos gente completa el esquema. Es especialmente difícil para familias sin acceso fácil a clínicas. El resultado es cobertura más baja, aunque sea accidental.

Mark

¿Cree que otros países van a copiar lo que hace Estados Unidos?

Mimi

Algunos podrían. Países con menos recursos técnicos podrían ver esto como una señal de que la vacunación universal no es tan importante. Pero sus realidades epidemiológicas son completamente diferentes. Lo que funciona en Estados Unidos, donde la mayoría ya está vacunada, puede ser desastroso en un país donde el sarampión nunca desapareció.

Mark

¿Qué debería hacer Chile ahora?

Mimi

Mantener coberturas altas. Eso es todo. Si Chile sigue vacunando al 95% de los niños contra el sarampión, aunque Estados Unidos baje a 80%, el virus no se propaga aquí. Es una defensa simple pero requiere consistencia durante décadas.

  • Estados Unidos eliminó siete enfermedades de su esquema universal de vacunación infantil, reduciendo de 18 a 11 las protecciones recomendadas y abriendo la puerta a decisiones familiares que antes eran colectivas.
  • El sarampión ya muestra señales de alarma: al 13 de agosto de 2026, EE.UU. acumula 2.566 casos confirmados y 38 brotes activos, mientras la cobertura vacunal en kínder ha caído casi tres puntos porcentuales desde 2019.
  • La desinformación actúa como acelerador invisible: la falsa asociación entre vacunas y autismo, amplificada por figuras públicas influyentes, erosiona décadas de confianza construida con enormes recursos.
  • Chile registra casos importados de sarampión en 2026, aunque sin transmisión secundaria por ahora, lo que convierte el mantenimiento de altas coberturas en una carrera contra el tiempo.
  • Expertos advierten que países con menor capacidad técnica podrían imitar el modelo estadounidense sin considerar sus propias realidades epidemiológicas, multiplicando el riesgo a escala global.

Desde Washington, una decisión política ha reducido el número de enfermedades cubiertas por el calendario universal de vacunación infantil estadounidense, devolviendo a las familias una autonomía que los expertos en salud pública consideran peligrosa. Jorge Ramírez Flores, académico de la Universidad de Chile, advierte que en un mundo de alta movilidad internacional, las coberturas vacunales no son asuntos domésticos: los brotes viajan en avión y los países vecinos heredan las consecuencias de las elecciones ajenas. Chile, que lleva más de tres décadas sin sarampión autóctono, enfrenta hoy la tarea de proteger ese logro frente a una marea de desinformación y un vecino continental que ha comenzado a ceder terreno.

En Washington, el gobierno de Donald Trump ha comprimido el calendario universal de vacunación infantil de 18 a 11 enfermedades, transfiriendo a las familias la decisión sobre las siete restantes. Además, planea fragmentar la vacuna triple viral contra sarampión, paperas y rubéola en tres inyecciones separadas, una medida que, aunque mantiene la recomendación, puede desalentar el cumplimiento al multiplicar las visitas médicas necesarias.

Para Jorge Ramírez Flores, académico del Programa de Salud Global de la Universidad de Chile, el problema trasciende las fronteras estadounidenses en tres dimensiones. La movilidad internacional convierte cualquier brote local en una amenaza global en cuestión de horas. La tensión entre autonomía parental y salud colectiva se agudiza cuando quienes no pueden decidir son los propios niños. Y la influencia de EE.UU. como referente puede llevar a países con menos recursos técnicos a replicar un modelo inadecuado para sus realidades epidemiológicas.

El sarampión concentra la mayor preocupación. Con más de 2.500 casos confirmados y 38 brotes activos en EE.UU. al mes de agosto de 2026, y una cobertura vacunal en kínder que ha caído de 95,2% a 92,4% en seis años, la enfermedad más contagiosa del mundo encuentra condiciones favorables para expandirse. La desinformación agrava el panorama: la falsa vinculación entre vacunas y autismo, desacreditada por la ciencia pero persistente en redes sociales, destruye con facilidad lo que costó décadas construir.

Chile lleva más de treinta años sin sarampión autóctono, pero en 2026 han aparecido casos importados. Ramírez subraya que ese logro no es permanente por sí solo: depende de mantener coberturas altas y consistentes, y de que las decisiones sobre los calendarios de vacunación sigan ancladas en criterios técnicos y epidemiológicos, no en ideología ni en la primacía absoluta de la libertad individual sobre la protección colectiva de la infancia.

En Washington, las decisiones sobre qué enfermedades proteger a los niños estadounidenses ya no son universales. El gobierno de Donald Trump ha reducido el calendario de vacunación infantil, eliminando siete enfermedades de las recomendaciones obligatorias y dejando que las familias decidan si vacunar contra ellas. Para Jorge Ramírez Flores, académico del Programa de Salud Global de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, este cambio representa un riesgo que no se detiene en las fronteras de Estados Unidos.

La nueva política estadounidense comprime de 18 a 11 el número de enfermedades incluidas en el esquema universal de inmunización infantil. Pero el problema no es solo la reducción numérica. El gobierno también planea fragmentar la vacuna triple viral contra sarampión, paperas y rubéola en tres inyecciones separadas una vez que las vacunas individuales estén disponibles. Aunque estas enfermedades seguirán siendo recomendadas, Ramírez advierte que separar el esquema puede desalentar el cumplimiento, especialmente si requiere más consultas y más visitas para completar la protección.

La preocupación de Ramírez se ancla en tres dimensiones interconectadas. La primera es la movilidad internacional: las personas viajan más rápido y con mayor frecuencia que nunca. Una disminución en las tasas de vacunación estadounidenses puede permitir que enfermedades controladas vuelvan a circular, cruzando océanos en cuestión de horas. La segunda dimensión es el equilibrio entre libertad individual y salud pública colectiva. Ramírez plantea una pregunta incómoda: cuando las decisiones afectan a niños que aún no pueden elegir por sí mismos, ¿dónde debe estar el límite de la autonomía parental? La tercera es la influencia global de Estados Unidos. Países con menos recursos técnicos para diseñar sus propios calendarios de vacunación podrían interpretar este cambio estadounidense como un modelo a seguir, incluso si sus realidades epidemiológicas son completamente diferentes.

Este cambio ocurre en un momento en que la desinformación sobre vacunas circula sin control. La falsa asociación entre vacunación y autismo persiste en redes sociales y espacios públicos, a pesar de que la evidencia científica la ha desacreditado completamente. Ramírez es directo: no existe ningún estudio que apoye esa conexión. Pero la difusión de información falsa por figuras públicas influyentes causa daño duradero. "Hace muchísimo daño porque de manera muy fácil se destruye lo que se ha construido con el uso de muchos recursos por mucho tiempo", señala. En este contexto, mantener comunicación clara, consistente y basada en evidencia se vuelve crítico.

El sarampión es la enfermedad que más preocupa a los expertos en salud pública. Al 13 de agosto de 2026, Estados Unidos registraba 2.566 casos confirmados y 38 brotes activos. La cobertura de la vacuna MMR entre estudiantes de kínder ha caído de 95,2% en 2019-2020 a 92,4% en 2025-2026. Esa caída de casi tres puntos porcentuales puede parecer pequeña, pero el sarampión es altamente contagioso. Cuando llega a comunidades con bajas tasas de vacunación, genera brotes incluso en países donde la enfermedad estaba controlada hace décadas.

Chile no ha registrado casos autóctonos de sarampión desde 1993, un logro de décadas de cobertura vacunal consistente. Sin embargo, durante 2026 han aparecido casos importados, aunque sin transmisión secundaria hasta ahora. Ramírez advierte que el país debe mantener la guardia alta. La principal defensa es asegurar coberturas de vacunación altas y consistentes, especialmente contra el sarampión. Los calendarios de vacunación no son documentos fijos: se revisan y actualizan según nuevas vacunas, cambios epidemiológicos y evidencia científica. Pero esas decisiones deben sustentarse en criterios técnicos y epidemiológicos, no en ideología o en la creencia de que la libertad individual debe prevalecer sobre la protección colectiva de los niños.

Hace muchísimo daño porque de manera muy fácil se destruye lo que se ha construido con el uso de muchos recursos por mucho tiempo
— Jorge Ramírez Flores, académico de la Universidad de Chile, sobre el impacto de la desinformación vacunal
El principal resguardo que podría tomar un país como Chile es asegurar una adecuada tasa de vacunación y de cobertura de las vacunas en general
— Jorge Ramírez Flores
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