Europa enfrenta epidemia de cáncer en próxima década por diagnósticos perdidos y baja inversión

Aproximadamente un millón de personas en Europa tienen tumores sin diagnosticar, con impacto significativo en tasas de mortalidad y supervivencia de pacientes oncológicos.
Estamos en una carrera contra el tiempo para encontrar esos cánceres perdidos
Mark Lawler, presidente de la Comisión de Oncología de The Lancet, sobre el millón de diagnósticos no detectados durante la pandemia.
Mark

¿Por qué un millón de diagnósticos perdidos durante la pandemia es tan grave? ¿No se pueden recuperar después?

Mimi

Porque el cáncer no espera. Un tumor que no se detecta en 2020 es un tumor que ha tenido dos años más para crecer, para metastatizar, para volverse más difícil de tratar. Cuando finalmente se diagnostica, está en una etapa más avanzada. Las tasas de supervivencia caen.

Mark

Pero eso es un problema temporal, ¿no? Eventualmente esos cánceres se van a detectar.

Mimi

Algunos sí. Pero otros no. Algunas personas murieron sin saber que tenían cáncer. Y muchas de las que sobrevivieron tendrán peores resultados de los que hubieran tenido si se hubiera detectado a tiempo. No es solo un retraso. Es un cambio permanente en el pronóstico.

Mark

¿Y la diferencia de inversión entre Europa y Estados Unidos? ¿Realmente importa tanto?

Mimi

Importa enormemente. La investigación cuesta dinero. Nuevos tratamientos, nuevas técnicas de detección, ensayos clínicos, todo eso requiere financiamiento. Estados Unidos invierte casi diez veces más por habitante que Europa. Eso significa que Estados Unidos está desarrollando tratamientos que Europa no puede desarrollar.

Mark

Pero Europa tiene buenos hospitales, buenos médicos.

Mimi

Claro. Pero los buenos médicos sin dinero para investigación están limitados a usar lo que ya existe. No pueden innovar. No pueden descubrir. Y mientras tanto, el cáncer sigue evolucionando, sigue mutando, sigue encontrando formas de resistir los tratamientos viejos.

Mark

¿Qué rol juega la guerra en Ucrania en todo esto?

Mimi

Ucrania era un centro importante de ensayos clínicos de cáncer. Ahora esos ensayos están parados o se han trasladado. Además, los recursos médicos se desplazan hacia las poblaciones desplazadas. Y hay un efecto psicológico: cuando la gente está en riesgo de muerte inmediato, no piensa en prevención. Los controles de cáncer se posponen indefinidamente.

Mark

¿Entonces estamos hablando de una crisis que va a explotar en los próximos años?

Mimi

Exactamente. Un millón de cánceres sin diagnosticar, sistemas de salud debilitados, investigación subfinanciada, y ahora una guerra que desestabiliza aún más. Si no hay un cambio urgente en la prioridad política y en la inversión, sí, Europa va a enfrentar una epidemia de cáncer en la próxima década.

  • Un millón de tumores sin diagnosticar circulan silenciosamente en Europa, consecuencia directa de los dos años en que las salas oncológicas se vaciaron por miedo al COVID.
  • Los retrasos en cirugías, quimioterapias y controles periódicos ya se traducen hoy en diagnósticos más avanzados, peores pronósticos y mayores tasas de recaída.
  • Europa invierte apenas 26 euros por habitante en investigación oncológica, frente a los 234 euros de Estados Unidos — una brecha que no es burocrática, sino que se mide en vidas.
  • La guerra en Ucrania agrava la crisis: los ensayos clínicos en Europa central y oriental se han reducido a la mitad, y los recursos médicos migran hacia poblaciones desplazadas.
  • Expertos y organismos internacionales exigen duplicar el presupuesto europeo de investigación oncológica antes de 2030, o asumir que la epidemia ya está en marcha.

En el silencio que dejó la pandemia, aproximadamente un millón de diagnósticos de cáncer desaparecieron de los registros europeos — no porque la enfermedad retrocediera, sino porque nadie fue a buscarla. Ahora, con una brecha de financiamiento abismal frente a Estados Unidos y una guerra que fragmenta aún más los recursos médicos, Europa se enfrenta a una deuda biológica que podría convertirse en epidemia dentro de una década. Es la historia de lo que ocurre cuando los sistemas de salud miran hacia otro lado, aunque sea por razones comprensibles.

Cuando los hospitales europeos se desbordaron de pacientes COVID, las salas de espera oncológicas se vaciaron. Las personas dejaron de hacerse mamografías, análisis de próstata, ecografías. Algunos suspendieron su medicación por miedo al contagio. El resultado, documentado en The Lancet Oncology, fue brutal: 1,5 millones de pacientes de cáncer menos diagnosticados en el primer año de pandemia, 100 millones de cribados perdidos, y uno de cada dos pacientes con cirugías o quimioterapias retrasadas. Aproximadamente un millón de tumores siguen sin ser detectados en el continente.

Mark Lawler, presidente de la Comisión de Oncología de The Lancet, advirtió que Europa está en una carrera contra el tiempo para encontrar esos cánceres perdidos. Si no se actúa con urgencia, la próxima década podría traer una epidemia. Pero el problema no comenzó con la pandemia: entre 2010 y 2019, Europa invirtió apenas 26 euros por habitante en investigación oncológica pública, frente a los 234 euros de Estados Unidos. El informe exige duplicar ese presupuesto hasta los 50 euros por habitante para 2030 — lo que aún representaría menos de la cuarta parte de lo que gasta Estados Unidos.

Desde Argentina, oncólogos que observaron el mismo fenómeno en sus consultorios confirmaron el patrón: menos diagnósticos tempranos, más tumores avanzados, más recaídas. Diego Kaen, del Centro Oncológico Riojano Integral, fue directo: la incidencia global de cáncer está en aumento, y parte de eso es evitable — malos hábitos, falta de prevención, sistemas de salud débiles. Señaló además que toda la inversión movilizada en torno al COVID probablemente supera lo que se ha destinado a investigación oncológica en años.

La guerra en Ucrania añade otra capa de fragilidad. Los ensayos clínicos en Europa central y oriental se han reducido a la mitad. Los recursos médicos se redirigen hacia poblaciones desplazadas. Andreas Charalambous, de la Organización Europea del Cáncer, advirtió que la brecha Este-Oeste en investigación oncológica corre el riesgo de ensancharse aún más. El informe de The Lancet pide no solo más dinero, sino una prioridad política real: prevención, diagnóstico precoz, radioterapia, cirugía y atención a la supervivencia. Sin esa voluntad, Europa podría perder una carrera que ya lleva dos años de retraso.

Hace poco más de dos años, cuando los hospitales europeos se vieron desbordados por pacientes de COVID-19, algo más silencioso comenzó a ocurrir en las salas de espera oncológicas: se vaciaron. Las personas dejaron de ir a hacerse mamografías, ecografías, análisis de próstata. Los que ya estaban en tratamiento postergaron sus citas. Algunos dejaron de tomar la medicación por miedo al contagio. Y en esa ausencia, según un informe publicado en The Lancet Oncology, aproximadamente un millón de diagnósticos de cáncer simplemente desaparecieron de los registros europeos.

No es que la enfermedad haya bajado de incidencia. Es que no fue detectada. En el primer año de pandemia, Europa registró 1,5 millones de pacientes de cáncer menos diagnosticados que lo esperado. Se perdieron 100 millones de cribados. Uno de cada dos pacientes vio retrasada su cirugía o quimioterapia. Mark Lawler, presidente de la Comisión de Oncología de The Lancet que lideró el estudio, lo expresó con claridad: estamos en una carrera contra el tiempo para encontrar esos cánceres perdidos. Y si no actuamos ahora, Europa enfrentará una epidemia de cáncer en la próxima década.

Pero el problema no es solo el tiempo perdido durante la pandemia. Es también el dinero que nunca llegó. Entre 2010 y 2019, Europa invirtió 26 euros por habitante en investigación oncológica pública. Estados Unidos, en el mismo período, invirtió 234 euros. El informe es contundente: Europa necesita duplicar su presupuesto de investigación en cáncer para 2030, alcanzando los 50 euros por habitante. Aun así, seguiría siendo menos de la cuarta parte de lo que gasta Estados Unidos. Esa brecha de financiamiento no es un detalle administrativo. Es la diferencia entre encontrar nuevos tratamientos y quedarse atrás.

Darío Niewiadomski, oncólogo de la Sociedad Argentina de Cancerología, explicó a Infobea que durante la pandemia la gente simplemente dejó de hacerse controles. Eso significa diagnósticos más tardíos, tumores más avanzados, peores pronósticos. Pero en Europa, dijo, la situación se agravó aún más. La guerra en Ucrania ha generado una movilización masiva de población. Cuando la vida está en riesgo inmediato, nadie piensa en una mamografía de rutina. Los recursos médicos se desplazan hacia las poblaciones desplazadas. Los médicos se van. Y Ucrania, que era un contribuyente importante en ensayos clínicos de cáncer, ha visto reducida esa actividad a la mitad.

Valeria Cáceres, jefa del departamento de Oncología Clínica del Instituto Ángel H. Roffo, observó el mismo fenómeno en su consultorio: no solo bajaron las consultas de diagnóstico precoz, sino también las de pacientes que se controlaban periódicamente. Algunos dejaron de tomar su medicación por miedo. El resultado es que hoy ve más diagnósticos avanzados y mayores tasas de recaída. Diego Kaen, director de Investigación Clínica del Centro Oncológico Riojano Integral, fue más allá: la incidencia de cáncer está en aumento global, y si el mundo sigue por este camino, habrá el doble de casos en las próximas décadas. Parte de eso es inevitable, dijo, porque la gente vive más tiempo. Pero parte es evitable: malos estilos de vida, falta de prevención, sistemas de salud débiles.

La Organización Mundial de la Salud ha sido clara sobre esto. Si la gente hiciera ejercicio, no fumara, no bebiera alcohol, comiera mejor, redujeran el estrés, se podrían prevenir muchos cánceres. Pero eso requiere educación, recursos, sistemas de salud que funcionen. Y requiere dinero en investigación. Kaen señaló algo que duele: probablemente toda la inversión que se hizo en torno al COVID no es igual a la que se ha puesto en cáncer en los últimos años. El dinero invertido en investigación oncológica es poco. Y mientras tanto, cada vez más gente padecerá cáncer de forma crónica.

Mark Lawler, de la Universidad Queen's de Belfast, fue claro en su advertencia: con el telón de fondo de la pandemia, el Brexit y la invasión rusa a Ucrania, es más importante que nunca que Europa desarrolle un plan fuerte de investigación del cáncer. Andreas Charalambous, presidente de la Organización Europea del Cáncer, agregó una preocupación adicional: ya existe una brecha Este-Oeste en la investigación europea del cáncer, y la guerra corre el riesgo de hacerla crecer. Los ensayos clínicos en Europa central y oriental, muchos de ellos en Ucrania, probablemente se retrasarán. El informe de The Lancet pide que se duplique el presupuesto europeo no solo para investigación, sino para prevención, diagnóstico precoz, radioterapia, cirugía, y un enfoque más profundo en la supervivencia de los pacientes. Sin eso, sin esa inversión urgente, sin esa prioridad política, Europa está en una carrera contra el tiempo que podría perder.

Estamos en una carrera contra el tiempo para encontrar esos cánceres perdidos. Además, vimos un efecto escalofriante en la investigación del cáncer con los laboratorios cerrados y los ensayos clínicos retrasados o cancelados en la primera ola pandémica.
— Mark Lawler, presidente de la Comisión de Oncología de The Lancet
Durante la pandemia la gente se dejó de hacer los controles en muchos casos, lo que implica un aumento en el diagnóstico de tumores más tardío. En otros casos, muchos pacientes dejaron de tratarse y la enfermedad avanzó.
— Darío Niewiadomski, oncólogo de la Sociedad Argentina de Cancerología
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