El tiempo para actuar es ahora, antes de que el calor extremo sea cotidiano
En 2019, más de 356,000 personas murieron por calor extremo en todo el mundo, una cifra que los investigadores advierten no es un techo sino un punto de partida. Publicados en The Lancet por científicos de múltiples continentes, dos estudios señalan que sin reducir emisiones y adaptar las ciudades, las muertes se multiplicarán en las décadas venideras, golpeando con mayor fuerza a los ancianos y a más de mil millones de trabajadores expuestos. La humanidad se encuentra ante una elección que no puede diferirse: actuar ahora o heredar un mundo donde el calor ordinario se convierte en sentencia.
- Las muertes por calor crecieron un 74% entre 1990 y 2019, casi el doble del ritmo al que aumentaron las muertes por frío, y los días extremadamente calurosos que antes ocurrían cada veinte años podrían volverse anuales antes de que termine este siglo.
- Un tercio de los más de mil millones de trabajadores expuestos a condiciones ambientales extremas ya sufre consecuencias en su salud, desde enfermedades cardíacas y pulmonares hasta complicaciones en el embarazo y deterioro de la salud mental.
- Científicos de Washington, Sídney, China, Canadá, Reino Unido, Japón, Suiza y Dinamarca coinciden en que solo mantener el calentamiento por debajo de 1.5°C —el umbral del Acuerdo de París— puede evitar lo que llaman 'mortalidad sustancial' en las próximas décadas.
- Los investigadores proponen un doble frente: reducir emisiones de forma urgente y adaptar las ciudades con espacios verdes, ventilación mejorada, paneles reflectantes y sistemas de alerta temprana basados en evidencia científica.
- Estos estudios llegan diez días después del último informe del IPCC y a semanas de la COP26 en Glasgow, situando la crisis del calor extremo en el centro del debate climático global en un momento de máxima presión política.
En 2019, el calor extremo mató a más de 356,000 personas en todo el mundo. No son solo estadísticas: son personas que salieron a trabajar, que caminaron bajo el sol, cuyos cuerpos simplemente no pudieron seguir. Según investigadores de las universidades de Washington y Sídney, esa cifra crecerá de forma dramática si el mundo no actúa con urgencia.
Dos estudios publicados esta semana en The Lancet, firmados por científicos de China, Canadá, Reino Unido, Japón, Suiza y Dinamarca, advierten que solo limitando el aumento de temperatura global a 1.5°C —el objetivo del Acuerdo de París de 2015— se podrá evitar una mortalidad masiva en las décadas venideras. Los más vulnerables son los ancianos y más de mil millones de trabajadores expuestos a condiciones extremas, un tercio de los cuales ya experimenta consecuencias en su salud: enfermedades del corazón y los pulmones, problemas de salud mental y complicaciones en el embarazo.
Kristie L'Ebi, coautora principal de la Universidad de Washington, advierte que los eventos de calor extremo que antes ocurrían cada veinte años aumentan en frecuencia y podrían volverse anuales hacia finales de siglo. El envejecimiento de la población mundial agrava el panorama, sumando cada año más personas al grupo de mayor riesgo.
Los investigadores proponen actuar en dos frentes simultáneos: reducir emisiones para frenar el calentamiento y adaptar las ciudades al calor que ya es inevitable. Las soluciones van desde medidas individuales sencillas hasta transformaciones urbanas profundas: más parques con agua y sombra, paneles reflectantes, mejor ventilación entre edificios y sistemas de alerta temprana. Ollie Jay, de la Universidad de Sídney, subraya que existen opciones sostenibles y accesibles que no dependen de enfriar el aire con electricidad.
Estos estudios llegan diez días después del último informe del IPCC sobre cambios irreversibles, y a semanas de la COP26 en Glasgow. El mensaje de los científicos es directo: el momento de actuar es ahora.
En 2019, el calor extremo mató a más de 356,000 personas en todo el mundo. Es una cifra que suena abstracta hasta que se entiende lo que significa: gente que salió a trabajar, que caminó bajo el sol, cuyo cuerpo simplemente no pudo seguir. Y según investigadores de universidades en Washington y Sídney, esa cifra va a crecer de forma dramática en los próximos años si el mundo no actúa ahora.
Los estudios publicados esta semana en The Lancet son claros en su advertencia: sin esfuerzos inmediatos, coordinados y globales para frenar el cambio climático y preparar a las ciudades y comunidades para el calor extremo, las muertes se multiplicarán. Los autores, que incluyen científicos de China, Canadá, Reino Unido, Japón, Suiza y Dinamarca, señalan que solo si se logra mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1.5 grados centígrados —el objetivo del Acuerdo de París firmado por 196 países en 2015— se podrá evitar lo que ellos llaman "mortalidad sustancial" en las décadas venideras.
Los más vulnerables son los ancianos y más de mil millones de trabajadores expuestos a condiciones ambientales extremas alrededor del planeta. De esos mil millones, un tercio ya está experimentando consecuencias en su salud. El estrés térmico extremo no es simplemente incómodo: obliga al cuerpo a trabajar sin descanso para mantener su temperatura, lo que desencadena enfermedades del corazón y los pulmones, problemas de salud mental, y complicaciones en el embarazo y el parto. Entre 1990 y 2019, mientras que las muertes por frío aumentaron 31 por ciento, las muertes causadas por calor se dispararon 74 por ciento, especialmente en las regiones más cálidas del mundo.
Kristie L'Ebi, coautora principal de ambos estudios de la Universidad de Washington, advierte que los días extremadamente calurosos que antes ocurrían aproximadamente cada veinte años ahora están aumentando en frecuencia. Si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan al ritmo actual, estos eventos podrían ocurrir todos los años hacia finales de este siglo. Sumado a esto, el envejecimiento de la población mundial significa que cada vez más personas estarán en riesgo de sufrir los efectos del calor en su salud.
Los investigadores proponen un enfoque de dos frentes. Primero, reducir las emisiones y frenar el calentamiento global. Segundo, adaptar las ciudades y proteger a las personas del calor extremo que ya es inevitable. Las estrategias incluyen tanto medidas individuales —usar ventiladores, refrescarse con agua, usar ropa mojada— como cambios en la infraestructura urbana: más espacios verdes, parques con agua y sombra, paneles reflectantes en muros, ventanas aislantes, mejor ventilación entre edificios, reducción de la contaminación.
Ollie Jay, investigador de la Universidad de Sídney y coautor de los estudios, subraya que hay opciones sostenibles y accesibles para reducir los efectos del calor extremo sin necesidad de enfriar el aire que nos rodea. Los estudios también recomiendan que los gobiernos implementen planes de acción contra el calor, sistemas de alerta temprana, y vigilancia continua con estrategias de refrigeración basadas en evidencia científica. Estos estudios llegan diez días después del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático, que advierte sobre cambios irreversibles que durarán milenios. Y llegan justo antes de la COP26, la próxima cumbre mundial sobre cambio climático que se celebrará en Glasgow este año. El mensaje es simple: el tiempo para actuar es ahora.
Notable Quotes
Si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero y no se elaboran planes de acción contra el calor, a muchas personas y comunidades les espera un futuro muy diferente— Kristie L'Ebi, Universidad de Washington
Hay muchas opciones sostenibles y accesibles para reducir los efectos de la exposición al calor y enfriar el cuerpo en lugar de enfriar el aire que nos rodea— Ollie Jay, Universidad de Sídney
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué el calor extremo mata más gente ahora que hace treinta años si la temperatura global ha subido solo un grado?
Porque no es solo la temperatura. Es que hay más gente viviendo en ciudades calurosas, más gente envejecida, más gente trabajando bajo el sol sin protección. Y las ciudades mismas atrapan más calor: concreto, asfalto, menos árboles. El calor extremo encuentra un mundo menos preparado.
Los números son enormes: mil millones de trabajadores expuestos, un tercio ya enfermo. ¿Cómo se mide eso?
Los investigadores miran datos de salud ocupacional, hospitalizaciones por estrés térmico, días de trabajo perdidos. En construcción, agricultura, logística, la gente trabaja afuera. Sus cuerpos no pueden regular la temperatura. Eso se ve en los registros médicos.
¿Y si simplemente nos adaptamos? ¿Aire acondicionado en todas partes?
Eso consume enormes cantidades de energía, que a su vez genera más emisiones, que calienta más el planeta. Es un círculo. Por eso los estudios insisten en soluciones pasivas: sombra, agua, ventilación, menos contaminación. Enfriar el cuerpo, no el aire.
¿Qué pasa con los países pobres? ¿Pueden permitirse paneles reflectantes y espacios verdes?
Esa es la pregunta incómoda. Los estudios hablan de soluciones "accesibles", pero la realidad es que los países más pobres, que menos han contribuido al cambio climático, son los que más sufren. Un ventilador eléctrico requiere electricidad confiable. Un espacio verde requiere tierra y mantenimiento. Sin financiamiento global, muchos lugares simplemente no pueden adaptarse.
¿Entonces estamos condenados?
No. Pero el tiempo es real. Si se reduce el calentamiento a 1.5 grados, se salvan vidas. Si se implementan planes de acción ahora, se salvan vidas. Pero requiere que gobiernos y empresas actúen simultáneamente. No es imposible. Es solo que tiene que empezar ya.