Solo el 25,3% de la población mundial recibió al menos una dosis de vacuna COVID-19; en países pobres apenas el 1% está inmunizado. Estudio del Instituto de Inmunología de La Jolla muestra que dosis de 25 microgramos (una cuarta parte) generan anticuerpos neutralizantes duraderos.
Estudio sugiere que dosis más bajas de vacuna Moderna podrían proteger a más personas
Una media dosis ahora es más útil que una dosis completa dentro de un año
¿Por qué este estudio de dosis bajas es importante ahora, en julio de 2021, cuando ya hay vacunas disponibles?
Porque el 75% del mundo aún no tiene ni una sola dosis. En países pobres es apenas el 1%. Si puedes vacunar a cuatro personas con la dosis que normalmente protege a una, cambias el juego completamente.
Pero ¿cómo saben que una cuarta parte de la dosis funciona igual? ¿No es arriesgado?
No es una conjetura. Analizaron sangre de 35 personas que recibieron esas dosis bajas hace meses. Tienen anticuerpos neutralizantes y células T robustas. Es comparable a lo que ves en personas que se recuperaron naturalmente del virus.
Entonces, ¿por qué algunos científicos quieren esperar más ensayos?
Porque quieren estar seguros antes de cambiar lo que ya está autorizado. Es prudente, pero mientras esperan, la gente muere. Más de 4 millones ya han muerto.
¿Se ha hecho esto antes con otras vacunas?
Sí. Desde 2016, millones de personas en África y América del Sur recibieron dosis fraccionadas de la vacuna contra la fiebre amarilla. Funcionó. Pero nadie lo había intentado con COVID hasta ahora.
¿Qué dice la Argentina de todo esto?
Acaba de firmar un acuerdo para 20 millones de dosis de Moderna. Es su primer contrato con ARN mensajero. Pero el debate sobre si usar dosis bajas sigue sin resolverse en los organismos reguladores.
¿Cuál es el argumento más fuerte para hacerlo ya?
Que una media dosis hoy salva más vidas que una dosis completa el próximo año. Es matemática simple de equidad. Y hay un economista que modeló esto: si hubieran fraccionado desde enero, cientos de millones más estarían vacunados ahora.
O Pulso
- Solo el 25,3% de la población mundial recibió al menos una dosis; en países pobres apenas el 1%
- Estudio de 35 participantes muestra que dosis de 25 microgramos (una cuarta parte) generan anticuerpos neutralizantes duraderos
- Más de 4 millones de personas han fallecido por COVID-19 en el mundo
- Argentina firmó acuerdo para comprar 20 millones de dosis de Moderna
Solo el 25,3% de la población mundial recibió al menos una dosis de vacuna COVID-19; en países pobres apenas el 1% está inmunizado. Estudio del Instituto de Inmunología de La Jolla muestra que dosis de 25 microgramos (una cuarta parte) generan anticuerpos neutralizantes duraderos.
Científicos californianos demuestran que dosis fraccionadas de la vacuna Moderna generan protección comparable. Expertos debaten si implementar esta estrategia inmediatamente para vacunar más personas ante escasez global.
En los laboratorios del Instituto de Inmunología de La Jolla, en California, un equipo de investigadores llegó a una conclusión que podría cambiar la forma en que el mundo distribuye las vacunas contra el COVID-19. Bajo la dirección de Daniela Weiskopf, los científicos descubrieron que dosis significativamente más bajas de la vacuna de ARN mensajero de Moderna —apenas una cuarta parte de la cantidad estándar— generaban la misma protección inmunológica que las dosis completas. El hallazgo llega en un momento crítico: solo el 25,3% de la población mundial ha recibido al menos una dosis de vacuna, y en los países de bajos ingresos, ese porcentaje cae a apenas el 1%. Esta brecha de inmunización no es un problema administrativo menor. Es el caldo de cultivo perfecto para que nuevas variantes del coronavirus emerjan y se propaguen, tanto en las naciones pobres como en las ricas, prolongando indefinidamente una pandemia que ya ha cobrado más de 4 millones de vidas.
La investigación de Weiskopf y su equipo analizó la sangre de 35 participantes del ensayo clínico original de Moderna. Cada uno había recibido dos inyecciones de 25 microgramos —una cuarta parte de la dosis de 100 microgramos que finalmente fue autorizada para uso masivo— con 28 días de diferencia. Seis meses después de la segunda inyección, casi todos los participantes tenían anticuerpos neutralizantes, esas proteínas defensivas que impiden que el virus infecte las células. Pero el estudio reveló algo más profundo: la sangre de estos participantes también contenía células T robustas, incluyendo linfocitos citotóxicos capaces de destruir células infectadas y células auxiliares que amplifican la respuesta inmune general. Los niveles de ambos marcadores eran comparables a los encontrados en personas que se habían recuperado naturalmente del COVID-19. "Es bastante sorprendente —y bastante prometedor— que se puedan detectar fácilmente respuestas durante tanto tiempo", comentó Weiskopf sobre los hallazgos.
Esta estrategia de reducir dosis no es nueva en medicina. Desde 2016, ha sido utilizada con éxito en millones de personas en África y América del Sur para prevenir la fiebre amarilla, estirando los suministros limitados sin comprometer la protección. Sin embargo, nunca se había probado sistemáticamente en respuesta a la COVID-19, a pesar de la escasez evidente de vacunas en gran parte del mundo en desarrollo. El camino hacia la dosis de 100 microgramos que hoy se usa fue pragmático: en los primeros ensayos clínicos del año pasado, Moderna probó tres niveles de dosis: 25, 100 y 250 microgramos. La más alta resultó demasiado tóxica. La más baja provocaba una respuesta inmunitaria débil. La dosis media ofrecía el mejor equilibrio: inmunidad fuerte con efectos secundarios aceptables. Esa dosis fue la que obtuvo autorización de emergencia de la Organización Mundial de la Salud el 30 de abril, y posteriormente de la Agencia Europea de Medicamentos.
Argentina acaba de anunciar un acuerdo con Moderna para comprar 20 millones de dosis, su primer contrato para obtener vacunas basadas en plataforma de ARN mensajero. El país también espera recibir donaciones de dosis estadounidenses este año. Pero mientras se multiplican estos acuerdos, el debate científico sobre el fraccionamiento de dosis se intensifica. Daniela Weiskopf y su colega Shane Crotty, ambos coautores del estudio, prefieren que se realicen ensayos cuidadosamente planificados para confirmar la eficacia de las dosis reducidas antes de cualquier despliegue masivo. Un estudio en Bélgica ya está en marcha, comparando una versión de dosis más baja de la vacuna de Pfizer y BioNTech con la dosis estándar.
Pero otros investigadores ven en esta cautela una demora que cuesta vidas. Sarah Cobey, especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de Chicago, fue coautora de un comentario publicado el 5 de julio en la revista Nature Medicine que aboga por implementar el fraccionamiento de dosis de inmediato. Junto con Benjamin Cowling y Wey Wen Lim, del centro de referencia para la OMS en Hong Kong, Cobey escribió que el fraccionamiento es "una posible solución a esta escasez mundial de vacunas a la que no se ha prestado suficiente atención y consideración". Su argumento es directo: "No deberíamos esperar tanto tiempo. La gente se está muriendo, y tenemos antecedentes históricos de hacer conjeturas muy bien razonadas que creemos que van a salvar vidas".
Alex Tabarrok, economista de la Universidad George Mason en Virginia, fue más allá. Realizó un estudio de modelización que demostró que el fraccionamiento reduciría las infecciones y muertes por COVID-19 más que las políticas actuales. Su conclusión es contundente: si el fraccionamiento se hubiera implementado desde enero, se podrían haber vacunado a decenas, quizá cientos, de millones de personas. "Hay una gran sesgo hacia el statu quo, y está matando a la gente", afirmó Tabarrok. Su lógica económica es simple pero poderosa: una media dosis ahora es más útil para una persona no vacunada que una dosis completa dentro de un año. Esto significa que el alargamiento de la dosis no es solo una cuestión de eficiencia, sino de equidad vacunal.
La tensión entre la prudencia científica y la urgencia humanitaria define este momento. Quince vacunas contra el COVID-19 están en uso en todo el mundo, pero los suministros siguen siendo insuficientes para proteger a la mayoría de la humanidad. Cada día que pasa sin una decisión sobre el fraccionamiento es un día en el que el virus continúa circulando sin restricción en poblaciones vulnerables, generando nuevas variantes y prolongando una pandemia que debería estar llegando a su fin. Los datos del Instituto de La Jolla sugieren que la protección es posible con menos. La pregunta ahora es si el mundo tiene el coraje de actuar sobre esa evidencia antes de que los ensayos clínicos formales confirmen lo que los investigadores ya saben.
Citações Notáveis
Es bastante sorprendente y bastante prometedor que se puedan detectar fácilmente respuestas durante tanto tiempo— Daniela Weiskopf, inmunóloga del Instituto de Inmunología de La Jolla
No deberíamos esperar tanto tiempo. La gente se está muriendo, y tenemos antecedentes históricos de hacer conjeturas muy bien razonadas que creemos que van a salvar vidas— Sarah Cobey, investigadora de enfermedades infecciosas de la Universidad de Chicago