Se burlaban de mí y me decían que era una muerta de hambre
En el Día Mundial del Refugiado, un informe de Plan Internacional expone lo que los números apenas pueden contener: miles de niñas y adolescentes venezolanas que han cruzado hacia Colombia, Perú y Ecuador no han encontrado refugio, sino una nueva capa de vulnerabilidad. La violencia de género, el hambre, la exclusión escolar y la ausencia de atención médica no son accidentes del destino, sino el resultado de estructuras que aún no reconocen a estas menores como sujetos plenos de derechos. La pregunta que el estudio deja suspendida no es cuántas son, sino cuánto tiempo más los Estados elegirán no verlas.
- El 50% de las adolescentes venezolanas se siente insegura en las calles, y esa sensación tiene rostro concreto: agresiones verbales diarias y exposición constante a la violencia sexual.
- El 19% de las jóvenes entre 14 y 19 años está o ha estado embarazada, cifra que encierra historias de violencia, ausencia de consentimiento y maternidades que nadie eligió.
- El aula, que debería ser refugio, se ha vuelto otro espacio de humillación: una adolescente en Soledad fue recibida con burlas y el apodo despectivo 'veneca' desde su primer día de clases.
- El 84% ha sufrido inseguridad alimentaria y el 44% se ha acostado con hambre; el 40% no accede a salud y el 28% está fuera del sistema educativo, dejando sin respuesta institucional cada crisis que enfrentan.
- Plan Internacional exige a los gobiernos de Colombia, Ecuador y Perú políticas públicas concretas —no asistencia temporal— que garanticen educación gratuita e inclusiva y protejan jurídicamente a estas menores.
Un estudio de Plan Internacional presentado el 20 de junio, Día Mundial del Refugiado, entrevistó a 425 niñas y adolescentes venezolanas de entre 10 y 19 años en Colombia, Perú y Ecuador. Lo que reveló no fue una suma de carencias aisladas, sino un patrón sistemático de vulneración que avanza casi sin resistencia institucional.
Amalia Alarcón, gerente regional de la organización, señaló que la violencia basada en género es la amenaza más grave. La mitad de las entrevistadas se siente insegura en las calles, y esa inseguridad no es abstracta: muchas han presenciado agresiones verbales repetidas que las dejan expuestas a formas aún más severas de daño. El 19% de las adolescentes entre 14 y 19 años reporta estar o haber estado embarazada —cifras que esconden historias de violencia sexual y maternidades impuestas para jóvenes que imaginaban ser madres cerca de los 25 años.
La educación, lejos de ser un refugio, se ha convertido en otro espacio de exclusión. Una adolescente de 15 años en Soledad, Colombia, describió su primer día de clases: sus compañeros la llamaron 'veneca' y se burlaron diciéndole que era una 'muerta de hambre'. Las barreras son también administrativas: falta de documentos, escasez de cupos y exigencias de educación virtual sin conectividad ni dispositivos.
El hambre atraviesa el informe de principio a fin. El 84% de las niñas ha experimentado preocupación por la falta de comida; el 44% se ha acostado con hambre. A eso se suma que el 40% no tiene acceso a servicios de salud, lo que deja sin atención médica las consecuencias de la violencia, los embarazos y las enfermedades cotidianas.
Plan Internacional, que considera esta la segunda peor crisis migratoria del mundo tras la de Siria, no pide asistencia temporal. Exige políticas públicas que protejan jurídicamente a estas menores y garanticen educación gratuita, inclusiva y de calidad. El informe es, en palabras de la organización, una invitación a que los gobiernos dejen de tratar a estas niñas como un problema administrativo y comiencen a reconocerlas como lo que son: sujetos cuyos derechos fundamentales están siendo sistemáticamente violados.
Un estudio presentado el domingo 20 de junio por Plan Internacional pone en evidencia una realidad que trasciende los números: las niñas y adolescentes venezolanas que han llegado a Colombia, Perú y Ecuador enfrentan un entramado de violencias que erosiona sus derechos fundamentales casi sin resistencia institucional.
La investigación, titulada "Niñas venezolanas: Voces de la Migración", entrevistó a 425 menores migrantes de entre 10 y 19 años en los tres países que más han recibido población desplazada desde Venezuela. Lo que emerge del documento es un patrón sistemático de vulneración. Amalia Alarcón, gerente regional de Programas Transformadores de Género e Influencia en Plan Internacional, fue directo al señalar que la violencia basada en género es la más grave de las que enfrentan estas niñas. La mitad de ellas reporta sentirse insegura en las calles. Pero la inseguridad no es solo una sensación abstracta: muchas han sido testigos de violencia constante, de agresiones verbales que se repiten día tras día, experiencias que las dejan expuestas a formas aún más severas de daño, incluyendo la violencia sexual.
El estudio revela cifras que hablan de una crisis dentro de la crisis. El 19 por ciento de las adolescentes entre 14 y 19 años reporta estar o haber estado embarazada. Detrás de esos números hay historias de violencia sexual, de expectativas truncadas, de vidas que fueron redirigidas sin consentimiento hacia la maternidad temprana cuando estas jóvenes imaginaban que serían madres alrededor de los 25 años. Anyi Morales, coordinadora del programa regional de respuesta a la crisis de Venezuela para la misma organización, explicó que ser migrante venezolana multiplica los riesgos. La condición de migrante se suma a la pobreza, a la exclusión, a la falta de documentos, y todo eso junto crea una situación de vulnerabilidad casi sin salida.
La educación, que debería ser un refugio, se ha convertido en otro espacio de humillación. El 28 por ciento de las niñas no tiene acceso a la educación. Las barreras son múltiples: documentos de permanencia que no tienen, cupos que no existen, discriminación abierta por nacionalidad, exigencias de educación virtual cuando no hay conectividad ni dispositivos. Una adolescente de 15 años que vive en Soledad, un municipio colombiano, describió su primer día de clase con una claridad que resume todo: sus compañeros la llamaron "veneca", el término despectivo para los migrantes venezolanos. Se burlaban de ella, le decían que era una "muerta de hambre". El aula, lejos de ser un espacio de oportunidad, se convirtió en un lugar donde se reforzaba su condición de extranjera, de indeseada.
La inseguridad alimentaria es otra dimensión del colapso. El 84 por ciento de estas niñas ha experimentado preocupación por la falta de comida en algún momento. El 44 por ciento se ha acostado con hambre. Muchas han tenido que pedir limosna, comer lo que otros desechaban. El 40 por ciento tampoco tiene acceso a servicios de salud, lo que significa que las enfermedades, los embarazos, las consecuencias de la violencia sexual, todo queda sin atención médica.
Plan Internacional, que trabaja en lo que considera la segunda peor crisis migratoria del mundo después de Siria, ha hecho un llamado explícito a los gobiernos de Colombia, Ecuador y Perú. No pide caridad ni asistencia temporal. Pide políticas públicas que protejan los derechos de estas niñas a nivel jurídico, que garanticen educación gratuita, inclusiva y de calidad. Concha López, directora general de la ONG en España, fue clara: todas las partes implicadas deben trabajar unidas. El documento, presentado coincidiendo con el Día Mundial del Refugiado, es una invitación a que los gobiernos dejen de ver a estas menores como un problema administrativo y comiencen a tratarlas como lo que son: niñas cuyos derechos fundamentales están siendo sistemáticamente violados.
Notable Quotes
La violencia basada en género es sin duda la peor de las violencias que enfrentan, y ser mujer exacerba el impacto de la xenofobia que sufren— Amalia Alarcón, Gerente Regional de Programas Transformadores de Género e Influencia, Plan Internacional
Es necesario que todas las partes implicadas trabajen unidas para proteger los derechos de las niñas y adolescentes migrantes, garantizando su acceso a una educación completa, es decir, gratis, inclusiva y de calidad— Concha López, Directora General de Plan International en España
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué este estudio se enfoca específicamente en niñas y no en menores migrantes en general?
Porque la experiencia de ser mujer migrante es cualitativamente diferente. El género no es solo una característica más; es un factor que multiplica todas las otras vulnerabilidades. Una niña migrante no solo enfrenta discriminación por ser extranjera, sino también violencia sexual, presión para la maternidad temprana, y un tipo de estigma que los niños varones no experimentan de la misma manera.
El estudio menciona que el 50% se siente insegura en las calles. ¿Eso significa que la otra mitad se siente segura?
No necesariamente. Esa cifra es lo que reportan directamente. Pero el documento también muestra que muchas han sido testigos de violencia constante. La inseguridad no es solo una percepción subjetiva; está anclada en experiencias reales de agresión, de acoso, de violencia que ven a su alrededor. Algunas pueden haber normalizado el peligro al punto de no llamarlo así.
El 19% de embarazos en adolescentes entre 14 y 19 años es una cifra muy alta. ¿Cuánto de eso es violencia sexual directa?
El estudio no desglosa exactamente cuántos son resultado de violación versus otras circunstancias. Pero dice explícitamente que muchos ocurren "a causa de violencia sexual o en contra de sus propias expectativas". Lo importante es que estas niñas no eligieron ser madres a esa edad. Fueron empujadas hacia la maternidad por circunstancias que no controlaban.
¿Por qué la educación virtual se menciona como una barrera?
Porque presupone acceso a internet, a dispositivos, a un espacio tranquilo en casa. Muchas de estas familias viven en hacinamiento, sin electricidad confiable, sin dinero para datos móviles. La educación virtual no es inclusiva para ellas; es excluyente. Es una barrera disfrazada de modernidad.
¿Qué significa que el 44% se haya acostado con hambre?
Significa que casi la mitad de estas niñas ha dormido sin comer. No es hambre ocasional. Es hambre crónica, sistemática. Y cuando tienes hambre, no puedes concentrarte en la escuela, no puedes pensar en el futuro, no puedes defenderte de la violencia. El hambre te hace más vulnerable a todo lo demás.
¿Qué esperan que hagan los gobiernos con este informe?
Que dejen de tratarlas como un problema de seguridad o de orden público y las reconozcan como titulares de derechos. Educación gratuita, acceso a salud, protección legal real, no solo en papel. Pero eso requiere presupuesto, voluntad política, y reconocer que estas niñas importan.