Solo dos métricas son confiables; todo lo demás es estimación
Los smartwatches en Chile cuestan entre 100 mil y un millón de pesos, pero la mayoría de sus funciones no tienen garantía científica. Solo los acelerómetros y sensores de fotopletismografía entregan datos precisos; el gasto calórico puede variar hasta 30% entre lo medido y la realidad.
- Los smartwatches en Chile cuestan entre 100 mil y un millón de pesos
- Solo pasos y frecuencia cardíaca tienen respaldo científico
- El gasto calórico puede variar hasta 30% entre lo medido y la realidad
- Los smartwatches funcionan con acelerómetros y sensores de fotopletismografía
Académico de la Universidad de Chile advierte que los smartwatches solo miden con precisión pasos y frecuencia cardíaca; otras funciones como gasto calórico y fases de sueño tienen márgenes de error hasta del 30%.
Los smartwatches que se venden en Chile oscilan entre los 100 mil y el millón de pesos. Son dispositivos que prometen monitorear casi todo: pasos, calorías quemadas, fases del sueño, ritmo cardíaco, arritmias. Pero la mayoría de esas promesas no tienen respaldo científico sólido. Esa es la conclusión incómoda que Hugo Aceituno, académico de la Línea de Actividad Física del Departamento de Kinesiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, ha estado documentando.
Aceituno y su equipo publicaron un reporte que examina en detalle qué pueden hacer realmente estos relojes inteligentes y qué solo simulan hacer. La pregunta central es simple: ¿cuánto puedes confiar en tu smartwatch? La respuesta es más limitada de lo que la mayoría de los usuarios cree. Según el académico, existe una diferencia fundamental entre lo que estos dispositivos miden directamente y lo que apenas estiman mediante algoritmos. Los únicos datos que tienen respaldo científico son dos: la cantidad de pasos y la frecuencia cardíaca. Todo lo demás es aproximación.
Esta precisión limitada existe porque los smartwatches funcionan con solo dos componentes principales. El primero es el acelerómetro, que detecta patrones de movimiento. Cuando caminas, el reloj siente los movimientos de tu brazo y cuenta esos pasos. El segundo es el sensor de fotopletismografía, que usa luz para detectar cambios en el volumen de sangre en la muñeca, permitiendo medir el ritmo cardíaco. Estos dos sensores son confiables. Todo lo demás que ves en la pantalla del reloj —calorías quemadas, calidad del sueño, niveles de estrés— se calcula a partir de esos dos datos básicos mediante fórmulas matemáticas que varían según el fabricante.
El problema es que esas estimaciones tienen márgenes de error considerables. Los estudios científicos disponibles muestran que cuando un smartwatch intenta calcular cuántas calorías quemaste durante el ejercicio, puede equivocarse hasta en un 30 por ciento. Esto significa que si el reloj te dice que quemaste 300 calorías, podrías haber quemado realmente 500 o apenas 200. No hay forma de saberlo. Aceituno enfatiza que estos dispositivos no son herramientas adecuadas para tomar decisiones sobre nutrición o entrenamiento basadas en números específicos. Con el sueño ocurre algo parecido. Los smartwatches pueden identificar si estás despierto o dormido con bastante precisión, pero no distinguen bien entre las diferentes etapas del sueño. Esa clasificación la hacen mediante algoritmos, no mediante mediciones directas. El resultado es que los datos sobre cuánto tiempo pasaste en sueño profundo o REM tienen errores significativos.
Hay además problemas prácticos que afectan incluso a las mediciones que deberían ser confiables. La frecuencia cardíaca puede alterarse si la correa está demasiado ajustada, si tienes frío o si tu circulación periférica cambia. Los pasos pueden registrarse incorrectamente si estás en un transporte público cuyos amortiguadores generan movimientos hacia arriba y hacia abajo, o si haces ciertos movimientos con los brazos. El reloj confunde esas vibraciones externas con pasos reales.
Aceituno es claro sobre lo que los smartwatches no son: no son diagnósticos médicos. Si el reloj detecta una arritmia, eso es una señal para consultar a un especialista, no una confirmación de que tienes un problema cardíaco. Para los atletas que siguen un plan de entrenamiento serio, recomienda no confiar únicamente en los datos del smartwatch. Es mejor complementarlos con sensores más precisos, como las bandas de frecuencia cardíaca que se colocan en el tórax. En la propia Universidad de Chile, los investigadores usan los smartwatches conectados a otros sensores que miden directamente los parámetros fisiológicos, lo que aumenta significativamente la precisión.
Pero Aceituno no demoniza estos dispositivos. Ve un valor real en ellos. Los recordatorios para moverte más, para interrumpir el comportamiento sedentario, tienen beneficios comprobados para la salud. Aumentar los niveles de actividad física es importante, y si un reloj inteligente te motiva a hacerlo, eso cuenta. Lo que recomienda es cambiar la forma en que los usas. En lugar de obsesionarse con números aislados, que generalmente tienen errores, analiza las tendencias en el tiempo. Si tu reloj muestra durante un mes que estás durmiendo mal, eso es información útil para consultar a un neurólogo. Si ves que tu actividad física ha aumentado sostenidamente durante semanas, eso es significativo. Los valores absolutos engañan; las tendencias revelan patrones reales.
Notable Quotes
Existen diferencias importantes entre los datos que estos relojes pueden medir directamente y aquellos que solo estiman mediante algoritmos— Hugo Aceituno, académico de la Universidad de Chile
Lo ideal es no mirar los valores absolutos, porque generalmente tienen errores, sino seguir las tendencias— Hugo Aceituno
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué entonces la gente sigue comprando estos relojes si sabe que la mayoría de sus funciones no son confiables?
Porque el marketing es muy efectivo y porque dos de las cosas que sí miden bien —pasos y ritmo cardíaco— son lo que la mayoría de la gente quiere saber. Además, hay un efecto psicológico real: ver que el reloj te anima a moverte funciona, aunque los números específicos sean imprecisos.
¿Entonces un deportista profesional no debería usar smartwatch?
No es que no deba usarlo, sino que no debería confiar solo en él. Un atleta serio necesita sensores más precisos en el tórax para medir frecuencia cardíaca real, y debe complementar los datos del reloj con otras mediciones directas. El smartwatch solo es una parte del cuadro.
¿Cuál es el error más grave que comete la gente con estos dispositivos?
Tomar decisiones basadas en números aislados. Si el reloj dice que quemaste 300 calorías, la gente piensa que puede comer 300 calorías extra. Pero ese número podría estar equivocado en 30 por ciento. Es un error que puede afectar tu salud a largo plazo.
¿Hay algo que estos relojes hagan bien además de contar pasos?
Sí, el ritmo cardíaco es bastante confiable si el reloj está bien ajustado. Y hay algo más importante: si usas el reloj para ver tendencias en el tiempo, no números puntuales, la información se vuelve mucho más útil. Un mes de datos sobre sueño pobre es una señal legítima para ver a un médico.
¿Entonces el problema es más de expectativas que de tecnología?
Exactamente. La tecnología hace lo que puede con dos sensores simples. El problema es que los fabricantes venden la ilusión de que pueden medir todo con precisión, cuando en realidad están haciendo estimaciones educadas basadas en dos variables. Si la gente entendiera eso desde el principio, usaría estos relojes de forma mucho más inteligente.