En la antigua batalla entre el engaño y la verdad, una empresa australiana llamada Apate ha elegido combatir el fuego con fuego: 350.000 bots de inteligencia artificial que se hacen pasar por víctimas para robarles tiempo a los estafadores telefónicos. La estrategia, respaldada por bancos y operadoras de telecomunicaciones, acumula inteligencia sobre el crimen mientras protege a personas reales, aunque el fraude digital sigue creciendo a una escala que ninguna solución individual puede contener del todo. Es un espejo puesto frente al engaño, pero el espejo tiene sus límites.
Empresa australiana despliega 350.000 bots de IA para sabotear estafadores telefónicos
Un minuto con un bot es un minuto en que se salvan cientos de víctimas
¿Por qué una empresa australiana decide construir 350.000 bots para hablar con estafadores? Parece un uso muy específico de recursos.
Porque los gobiernos no pueden perseguir a criminales que operan fuera de sus fronteras. Apate encontró una forma de atacar el problema desde otro ángulo: si no puedes detener a los estafadores, puedes hacerles perder tiempo y recursos.
Pero ¿cuánto tiempo realmente? Dos horas por conversación suena bien, pero si un estafador intenta cien números en un día, perder dos horas en uno no cambia mucho la ecuación.
Cierto, pero el punto es que cada minuto que pierden con un bot es un minuto que no están llamando a personas reales. Y si logran retener a suficientes estafadores simultáneamente, el efecto se multiplica.
¿Cómo logran que los bots parezcan personas reales? ¿No es obvio que es una máquina?
Cada bot tiene una personalidad, un idioma y un perfil distintos. Algunos tienen WhatsApp, otros no. Algunos cuelgan diciendo que llamarán después. La variabilidad es la clave.
Pero los periodistas de Wired lo probaron y no lograron engañar al bot en seis minutos. ¿Eso significa que el bot es demasiado desconfiado? ¿O que los periodistas simplemente no eran buenos estafadores?
Probablemente ambas cosas. El bot mostró desconfianza realista pero dejó aberturas. El problema es que los estafadores reales tienen más experiencia y más tiempo.
¿Cuántos datos han recopilado hasta ahora?
Más de 250.000 datos sobre fraudes: direcciones web falsas, cuentas mula, números bancarios vinculados a estafas.
Pero ¿eso ha detenido el fraude? Porque la nota dice que ni los especialistas ni las fuerzas de seguridad han logrado frenar la expansión del fraude digital.
No, no lo ha detenido. Apate ha ralentizado a algunos criminales y ha recopilado inteligencia, pero el volumen de fraude sigue creciendo.
Il Polso
- Las bandas de fraude envían miles de millones de llamadas y mensajes al año, convirtiendo el engaño en una industria automatizada que supera la capacidad de respuesta de gobiernos y fuerzas de seguridad.
- Cada bot de Apate adopta una personalidad, un idioma y un perfil distintos para sostener conversaciones de más de dos horas, agotando recursos criminales que de otro modo se dirigirían a víctimas reales.
- El sistema ya ha recopilado más de 250.000 datos sobre fraudes —direcciones web falsas, cuentas mula y números bancarios— construyendo un mapa de inteligencia criminal en tiempo real.
- Periodistas que probaron el sistema no lograron engañar a un bot en seis minutos de intento coordinado, evidenciando la sofisticación del diseño conductual de la plataforma.
- Expertos advierten que el fraude digital crece a mayor velocidad que cualquier contramedida tecnológica individual, dejando la iniciativa como un freno parcial, no una solución definitiva.
En la antigua batalla entre el engaño y la verdad, una empresa australiana llamada Apate ha elegido combatir el fuego con fuego: 350.000 bots de inteligencia artificial que se hacen pasar por víctimas para robarles tiempo a los estafadores telefónicos. La estrategia, respaldada por bancos y operadoras de telecomunicaciones, acumula inteligencia sobre el crimen mientras protege a personas reales, aunque el fraude digital sigue creciendo a una escala que ninguna solución individual puede contener del todo. Es un espejo puesto frente al engaño, pero el espejo tiene sus límites.
Una empresa australiana llamada Apate —bautizada con el nombre de la diosa griega del engaño— ha desplegado una red de 350.000 bots de inteligencia artificial con una misión invertida: en lugar de estafar, hacerse pasar por víctimas para entretener a los criminales y hacerles perder tiempo. La estrategia, respaldada por bancos y operadoras de telecomunicaciones, fue explicada por su fundador Dali Kaafar a la revista Wired tras dos años de desarrollo.
La lógica es tan simple como poderosa: cada minuto que un estafador dedica a un bot es un minuto en que no contacta a personas reales. Los bots operan en llamadas telefónicas, grupos de chat y mensajes de texto simultáneamente, cada uno con personalidad, idioma y perfil propios para evitar sospechas. Algunos tienen WhatsApp, otros no; algunos cuelgan prometiendo devolver la llamada. Esa variabilidad sostiene la ilusión de una víctima potencial el tiempo suficiente para agotar recursos criminales, con conversaciones que típicamente superan las dos horas.
Durante esos intercambios, el sistema acumula datos valiosos: más de 250.000 registros sobre direcciones web falsas, cuentas mula y números bancarios vinculados a fraudes. Los periodistas de Wired que probaron una versión de demostración no lograron convencer a un bot de invertir en criptomonedas tras seis minutos de esfuerzo coordinado.
Sin embargo, Apate también expone los límites de cualquier solución tecnológica individual. Las bandas de fraude operan a escala industrial, enviando miles de millones de mensajes al año desde jurisdicciones fuera del alcance de los gobiernos. La compañía ha demostrado que es posible ralentizar a los criminales y proteger a personas reales, pero el volumen y la velocidad del fraude digital sugieren que ninguna empresa, por innovadora que sea, puede contener completamente el problema.
Una empresa australiana llamada Apate ha puesto en funcionamiento una red de 350.000 bots de inteligencia artificial diseñados para hacer exactamente lo opuesto a lo que hacen los estafadores: en lugar de engañar a personas reales, estos sistemas se hacen pasar por víctimas potenciales para entretener a los criminales y hacerles perder tiempo valioso. La estrategia, respaldada por bancos y operadoras de telecomunicaciones, ya ha recopilado más de 250.000 datos sobre métodos de fraude, según explicó Dali Kaafar, fundador y director ejecutivo de la compañía, en una entrevista con la revista Wired.
Apate lleva dos años perfeccionando este sistema, bautizado con el nombre de la diosa griega del engaño. La lógica detrás de la iniciativa es simple pero potente: cada minuto que un estafador dedica a conversar con un bot es un minuto en el que no está intentando engañar a personas reales. Considerando que las bandas de fraude utilizan herramientas de marcado automático para multiplicar exponencialmente sus llamadas, retener a un delincuente durante una conversación prolongada puede significar que cientos o miles de posibles víctimas se salven de ser contactadas ese día.
Los bots de Apate operan en múltiples canales simultáneamente. No solo contestan llamadas telefónicas, sino que también se infiltran en grupos de chat donde operan estafadores y responden mensajes de texto, todo mientras recopilan información sobre las tácticas criminales. Cada bot tiene una personalidad, un idioma y un perfil distintos para evitar que el estafador sospeche que está conversando con una máquina. Algunos tienen WhatsApp, otros no. Algunos cuelgan el teléfono diciendo que llamarán más tarde. Esta variabilidad es crucial: los estafadores necesitan víctimas que parezcan dispuestas a continuar la conversación, y los bots mantienen esa falsa esperanza de éxito el tiempo suficiente para agotar recursos criminales.
Las conversaciones típicamente se extienden más de dos horas, según Kaafar. Durante esos intercambios, el sistema acumula datos sobre direcciones web falsas, cuentas mula y números bancarios vinculados a operaciones de fraude. Los periodistas de Wired probaron una versión de demostración del sistema y experimentaron de primera mano cómo funciona. Cuando intentaron convencer a uno de los bots para que invirtiera en una supuesta oportunidad de criptomonedas, el sistema mostró un nivel de desconfianza realista pero dejó aberturas suficientes para seguir intentando. Después de seis minutos de esfuerzo coordinado, no lograron que el bot cayera en la trampa, a pesar de asegurarle que los retornos eran extraordinarios.
Sin embargo, la iniciativa de Apate expone también los límites de cualquier solución tecnológica individual frente a un problema que crece a escala industrial. Las bandas de fraude envían miles de millones de mensajes y llamadas cada año, con operaciones dedicadas por completo a engañar a nuevas víctimas. Ni los especialistas que llevan años haciendo este trabajo de forma manual ni las fuerzas de seguridad han logrado frenar la expansión del fraude digital a nivel global. Los gobiernos enfrentan dificultades persistentes para perseguir a estafadores que operan fuera de sus fronteras, lo que ha impulsado intentos alternativos como este: usar la automatización para enfrentar a los criminales a gran escala y agotar sus recursos.
Apate forma parte de una tendencia más amplia en la que la inteligencia artificial generativa se utiliza para explotar las debilidades psicológicas de los atacantes. Algunas iniciativas han llegado incluso a hostigar de forma directa a operadores de ransomware. Pero incluso con el enjambre de bots de Apate en marcha, es cuestión de tiempo hasta la próxima llamada o mensaje de estafa. La compañía ha demostrado que es posible ralentizar a los criminales, recopilar inteligencia sobre sus métodos y proteger a personas reales, pero el volumen y la velocidad del fraude digital sugieren que ninguna empresa individual, por innovadora que sea, puede contener completamente el problema.
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Un minuto en el que un estafador habla con un bot es un minuto en el que probablemente se salvan cientos o miles de posibles víctimas— Dali Kaafar, fundador y director ejecutivo de Apate