La confianza no se compra. Se construye, lentamente.
Once años después de su fundación, los Premios EMA regresan para recordarnos que la admiración empresarial no se decreta sino que se gana: en el Perú de 2022, PwC y Gestión reconocieron a diez compañías —de la minería a la banca, de los alimentos a los seguros— cuya distinción no reside en su tamaño sino en su comprensión de que la confianza, la equidad y la sostenibilidad son ahora el verdadero lenguaje del éxito. Seis mil ejecutivos evaluaron a sus pares, y lo que emergió fue un retrato de un país que, aún con la sombra de la pandemia, busca construir negocios con propósito.
- La undécima edición de los premios llega en un momento de incertidumbre económica y post-pandemia, donde las empresas deben demostrar que sobrevivir no fue suficiente: había que hacerlo bien.
- La metodología —diez dimensiones evaluadas por seis mil ejecutivos— convierte el reconocimiento en un diagnóstico colectivo del estado de la ética y la gestión empresarial en el país.
- Dos criterios dominaron el desempeño de las ganadoras: la capacidad tecnológica y la disciplina financiera, señales de que la digitalización ya no es ventaja competitiva sino condición de supervivencia.
- Las diez empresas premiadas —Alicorp, Antamina, Backus, BBVA, BCP, Ferreycorp, Interbank, Nestlé, Rimac Seguros y Scotiabank— representan sectores distintos pero convergen en valores como gobierno corporativo, equidad de género e impacto social.
- La ceremonia rindió homenaje a Julio Lira, exdirector de Gestión y arquitecto original de los EMA, recordando que las instituciones duraderas también se construyen sobre personas que creyeron en ellas antes de que existieran.
La confianza no se compra. Se construye a través de decisiones que se repiten hasta convertirse en patrón. Con esa convicción como telón de fondo, PwC y Gestión celebraron la undécima edición de los Premios EMA, reconociendo a las diez empresas más admiradas del Perú en una ceremonia que ya forma parte del calendario empresarial del país.
Orlando Marchesi, socio principal de PwC, señaló que el hilo conductor entre los ganadores no es el tamaño ni la antigüedad, sino la comprensión de que construir confianza hoy exige pensar en sostenibilidad, equidad de género y negocios con justicia. La metodología que respalda ese juicio es rigurosa: seis mil ejecutivos evaluaron a sus pares en diez dimensiones, desde gestión comercial y talento hasta desempeño ambiental, reputación y resultados financieros.
Las diez empresas reconocidas fueron, en orden alfabético: Alicorp, Antamina, Backus, BBVA, BCP, Ferreycorp, Interbank, Nestlé, Rimac Seguros y Scotiabank. Sectores distintos, pero un denominador común más profundo que la rentabilidad. David Reyes, director periodístico de Gestión, lo expresó con claridad: la ética, el gobierno corporativo y el compliance no son adornos, son el corazón de las operaciones. La sostenibilidad y la inclusión no son iniciativas paralelas, son parte de lo que estas empresas son.
Entre los criterios que más distinguieron a las ganadoras destacaron la capacidad tecnológica y la disciplina financiera —reflejo de que la pandemia aceleró transformaciones ya en marcha y que las compañías mejor preparadas fueron las que invirtieron en digitalización sin abandonar su responsabilidad con la gente y el planeta.
La ceremonia incluyó un momento de silencio en honor a Julio Lira, exdirector del diario y uno de los creadores originales de los premios. Su legado persiste en la estructura misma de un reconocimiento que, once años después, sigue siendo un espejo del tipo de empresa que el Perú necesita.
La confianza no se compra. Se construye, lentamente, a través de decisiones que se repiten hasta convertirse en patrón. Anoche, en una ceremonia que marca once años de tradición, PwC y Gestión reconocieron a las diez empresas que mejor han entendido esta lección en el Perú.
OrlandoMarchesi, socio principal de PwC, fue directo al punto: el hilo conductor que une a los ganadores de este año no es el tamaño ni la antigüedad, sino la comprensión de que la confianza requiere tiempo y, más importante aún, intención. "Construir confianza en este momento histórico significa pensar en sostenibilidad, en equidad de género, en asegurar que los negocios se desarrollen con justicia", explicó. No es retórica corporativa. Es la descripción de un cambio real en cómo se mide el éxito empresarial.
La metodología detrás de estos premios es sólida. PwC envió encuestas a seis mil ejecutivos de las principales compañías del país, pidiéndoles que evaluaran a sus pares en diez dimensiones: gestión comercial, desarrollo del talento, gobierno corporativo, impacto social, estrategia, desempeño ambiental, políticas de género, reputación, capacidad tecnológica y resultados financieros. No es un concurso de popularidad. Es un diagnóstico.
Las diez empresas que emergieron del proceso fueron, en orden alfabético: Alicorp, Antamina, Backus, BBVA, BCP, Ferreycorp, Interbank, Nestlé, Rimac Seguros y Scotiabank. Nombres que representan sectores distintos—alimentos, minería, banca, seguros, distribución—pero que comparten algo más profundo que la rentabilidad.
Gabriel Miró Quesada, presidente del directorio del Grupo El Comercio, habló de "valor compartido". David Reyes, director periodístico de Gestión, fue más explícito: la relevancia de estos premios radica en que reflejan una transformación en la forma de hacer negocios en el país. "La ética, la lucha anticorrupción, el gobierno corporativo, el compliance: estos no son adornos. Son el corazón de nuestras operaciones. Sostenibilidad, diversidad, inclusión, cuidado ambiental: no son iniciativas paralelas. Son parte de lo que somos", dijo. Y luego, con el peso de la pandemia aún presente: "Solo el respeto genuino a la sociedad nos permitirá continuar".
La ceremonia incluyó un momento de silencio en honor a Julio Lira, exdirector del diario y uno de los arquitectos originales de los premios EMA. Su legado persiste en la estructura misma del reconocimiento.
Un detalle revelador: entre las diez empresas premiadas, dos criterios destacaron por encima de los demás—capacidad tecnológica y digitalización, por un lado, y manejo financiero, por el otro. No es casualidad. La pandemia aceleró transformaciones que ya estaban en marcha. Las compañías que mejor navegaron la crisis fueron aquellas que invirtieron en infraestructura digital y mantuvieron disciplina financiera. Pero el reconocimiento no fue solo por eso. Fue porque lo hicieron sin perder de vista el resto: la gente, el planeta, la ética.
Notable Quotes
Generar confianza en los tiempos en los que vivimos implica considerar factores como la sostenibilidad o la equidad de género, para asegurarse de que los procesos de negocio se desarrollen de manera justa— Orlando Marchesi, socio principal de PwC
La ética y la lucha anticorrupción, el gobierno corporativo y el compliance son una arteria medular de nuestros negocios. Solo el respeto a nuestra sociedad y el desarrollo de un vínculo genuino con ella nos permitirá seguir— David Reyes, director periodístico de Gestión
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué once años seguidos de estos premios? ¿Qué los mantiene relevantes?
Porque cada año el contexto cambia, pero la pregunta fundamental permanece: ¿en quién confían realmente los líderes empresariales? No es una pregunta de marketing. Es una pregunta sobre qué tipo de empresa sobrevive.
Pero seis mil ejecutivos es una muestra. ¿No hay sesgo ahí?
Claro que hay sesgo. Son pares evaluando pares. Pero eso es precisamente el punto. No es lo que la empresa dice de sí misma. Es lo que otros líderes ven cuando la observan desde adentro del ecosistema.
Mencionaron sostenibilidad y equidad de género como factores clave. ¿Eso es nuevo?
No es nuevo en el discurso. Pero sí es nuevo que sea un criterio de evaluación tan central. Hace cinco años, estas cosas eran "iniciativas CSR". Ahora son parte del negocio mismo.
¿Y la tecnología? ¿Por qué destacó tanto?
La pandemia no fue un paréntesis. Fue un acelerador. Las empresas que no digitalizaron no sobrevivieron. Las que lo hicieron bien ganaron ventaja competitiva. Pero la tecnología sin confianza es solo infraestructura vacía.
¿Qué viene después de esto?
La pregunta real es si estas empresas pueden mantener lo que prometen. La confianza se construye lentamente y se pierde rápido.