Elisabet Prats: «Los niños deben ver que la ciencia tiene aplicación real»

Si te gusta algo, el esfuerzo inicial se convierte en facilidad después
Prats rechaza que la dificultad sea razón para abandonar las ciencias si realmente te interesan.
Mark

¿Por qué crees que Prats insiste tanto en que los niños ya son científicos?

Mimi

Porque lo son. No necesitan un laboratorio ni un título. Cuando un niño tira algo repetidamente, está haciendo lo que hace un científico: formulando una hipótesis y probándola. El punto es que esa curiosidad natural existe, pero se puede apagar si no la alimentamos.

Luke

Pero eso es casi tautológico, ¿no? Decir que los niños son científicos porque hacen lo que hacen los científicos. ¿Qué diferencia hay entre un niño que tira cosas y un niño que simplemente juega?

Mimi

La diferencia está en cómo lo interpretamos. Si lo vemos como juego sin propósito, se acaba. Si lo vemos como investigación, podemos hacer preguntas: "¿Por qué crees que pasó eso? ¿Qué pasaría si lo hicieras de otra forma?"

Mark

Y eso es lo que Prats hizo con sus padres, ¿verdad? Ellos no cerraban la puerta.

Mimi

Exacto. Decían "no lo sé, pero busquemos la respuesta". Eso es lo opuesto a lo que pasa en muchas escuelas, donde la ciencia es un conjunto de hechos que hay que memorizar.

Luke

Aunque hay que ser justos: Prats también dice que hay cosas que son aburridas y que es importante aprenderlas. No está diciendo que todo sea juego.

Mimi

No, está diciendo que hay que equilibrar. Sí, hay que aprender cosas que parecen aburridas. Pero si nunca ves cómo se conectan con la vida real, pierdes la motivación.

Mark

¿Y la brecha de género? ¿Es realmente un problema de referentes, o hay algo más profundo?

Luke

Prats dice que no está claro el motivo. Eso es honesto, pero también significa que no sabemos realmente qué cambiar. Los referentes ayudan, pero ¿es suficiente?

Mimi

Probablemente no sea suficiente por sí solo. Pero es un comienzo. Si una niña ve a una mujer científica que es real, que se divierte, que no es una figura histórica lejana, al menos sabe que es posible.

Mark

¿Qué te sorprendió más de la entrevista?

Mimi

Que Prats sea tan clara sobre la frustración. Dice que los científicos tienen "alta tolerancia a la frustración" como si fuera parte de su ADN. Eso es importante para los niños: saber que fallar es parte del proceso.

Luke

Aunque también es cierto que no todos los niños tienen esa tolerancia. Algunos se rinden rápido. ¿Cómo se construye esa tolerancia?

  • Cada año, miles de estudiantes abandonan las materias STEAM convencidos de que 'no son para ellos', una desconexión que Prats identifica como una crisis de sentido, no de capacidad.
  • La enseñanza científica tradicional presenta fórmulas y conceptos sin mostrar adónde llevan, dejando a los jóvenes sin el hilo que conecta el aula con el mundo real.
  • Prats trabaja en múltiples frentes —redes sociales, televisión pública, enciclopedias de referentes femeninos— para tender ese puente entre la ciencia abstracta y la vida cotidiana.
  • La brecha de género en carreras STEAM persiste porque las niñas rara vez ven científicas que parezcan personas reales, accesibles y contemporáneas, no figuras históricas lejanas.
  • El mensaje que Prats lleva a familias, aulas y pantallas es claro: no saber algo no es una derrota, el esfuerzo se convierte en facilidad cuando hay interés, y la ciencia es, ante todo, para todos.

En un tiempo en que la atención es fugaz y las vocaciones científicas se pierden antes de florecer, la química y divulgadora Elisabet Prats recuerda que la curiosidad no necesita ser enseñada, sino protegida. Desde Barcelona, esta investigadora y comunicadora sostiene que los niños ya son científicos desde que aprenden a soltar objetos al suelo, y que el verdadero reto no es despertar ese instinto, sino no apagarlo. Su trabajo —en laboratorios, en pantallas y en escenarios— es un llamado a reconectar la ciencia con la vida que ya vivimos.

Elisabet Prats tiene 43 años, es doctora en Química e investigadora en el Instituto de Microelectrónica de Barcelona. Pero quizás lo más singular de su trayectoria es que ha convertido la divulgación científica para niños y adolescentes en una vocación tan seria como la investigación misma. Su curiosidad nació de la insatisfacción: las respuestas que le daban de pequeña nunca le bastaban, y esa necesidad de saber más la llevó a estudiar Química —aunque admite que le costaba— y a participar en proyectos europeos como Graphene Flagship, investigando aplicaciones del grafeno en dispositivos biomédicos para el cerebro.

Hoy forma parte de BigVan Ciencia y colabora en el programa televisivo Órbita Laika, convencida de que hay que estar donde están los jóvenes. También participa en la Enciclopedia de Mujeres STEAM, un proyecto para visibilizar referentes femeninos en la ciencia. Para Prats, un bebé que tira objetos al suelo una y otra vez no está jugando sin propósito: está comprobando la ley de la gravedad. Los niños son científicos naturales, y el papel de las familias es mantener viva esa chispa respondiendo preguntas con otra pregunta: '¿Tú qué crees que es?'.

Sobre la dificultad de las ciencias, Prats es directa: todo cuesta, pero el esfuerzo se vuelve facilidad cuando hay interés genuino. Los científicos, dice, tienen una tolerancia muy alta a la frustración porque saben que un experimento fallido no es un fracaso, sino información. El problema real está en la desconexión entre lo que se aprende en el aula y la vida cotidiana: si los estudiantes no ven para qué sirve lo que estudian, terminan creyendo que no sirve para nada.

La brecha de género en las carreras STEAM sigue siendo profunda, y Prats cree que los referentes son clave. Marie Curie fue el suyo de joven, pero reconoce que una figura del siglo XIX quizás no es la más cercana para una adolescente de hoy. Cuando presentó la Enciclopedia de Mujeres STEAM a un grupo de jóvenes, la primera pregunta fue si ella salía de fiesta cuando era joven. Eso, dice, lo explica todo: las niñas necesitan ver que las científicas son personas reales, con vidas plenas, no iconos inalcanzables. Cuanto más cercanas se vean, más efectivo será el mensaje de que la ciencia es para todos.

Elisabet Prats tiene 43 años y vive en Barcelona. Es doctora en Química, investigadora en el Instituto de Microelectrónica de Barcelona y una de las pocas científicas que se dedica activamente a explicar la ciencia a niños y adolescentes de forma clara, accesible y con humor. Su camino hacia la divulgación comenzó en la infancia, cuando sus padres y profesores le daban respuestas que nunca la satisfacían del todo. Esa insatisfacción, esa necesidad constante de saber más, encendió en ella una pasión por las ciencias que la llevó a estudiar Química, aunque admite que los estudios le costaban. Participó en el proyecto europeo Graphene Flagship, donde investigó las posibilidades del grafeno en dispositivos biomédicos para el cerebro, un trabajo que no solo la especializó en neurociencia sino que abrió nuevas líneas de investigación en otras enfermedades.

Hoy forma parte de BigVan Ciencia, un grupo de divulgadores científicos muy activo en redes sociales, porque entiende que los jóvenes están donde están las plataformas digitales. "Si es una herramienta que los chavales ven, hay que estar allí", explica. También colabora en el programa familiar Órbita Laika de La 2 y participa en la Enciclopedia de Mujeres STEAM, un proyecto creado por la escritora Sandra Uve y la química Núria Salán para visibilizar el papel de las mujeres en la ciencia.

Para Prats, los niños son científicos en potencia desde el nacimiento. Cuando un bebé tira un objeto una y otra vez, no está jugando sin propósito: está comprobando la ley de la gravedad. Los niños formulan hipótesis constantemente, buscan respuestas movidos por la curiosidad, y aunque no sigan un método científico formal, están haciendo exactamente lo que hacen los investigadores. El rol de las familias es mantener viva esa chispa. En su propia casa, casi todos eran de letras. Ella era la única interesada en ciencias. Cuando tenía una duda, sus padres la llevaban a la enciclopedia. Si la respuesta no era suficiente, le decían: "Buscaremos la respuesta". Ese mensaje —que no saber algo no es una derrota, sino una invitación a investigar— fue fundamental. Prats cree que los adultos deben preguntar a los niños qué creen ellos que es la respuesta, en lugar de cerrar la conversación con una explicación definitiva.

La realidad es que muchos estudiantes dicen que las ciencias les cuestan. Prats no lo niega, pero rechaza que eso sea razón para abandonarlas. "Todo en la vida cuesta", dice. Su director de tesis le dijo una vez: "Si te gusta algo serás buena, da igual lo que te cueste". Esa es la percepción que hay que trasladar a los hijos y alumnos. Si algo te interesa, el esfuerzo inicial se convierte en facilidad después. Los científicos, por definición, tienen una tolerancia muy alta a la frustración. Cuando un experimento falla, no es un fracaso: es información. Y cuando finalmente algo funciona, esa alegría acumulada compensa todas las frustraciones anteriores.

Pero hay un problema crítico en cómo se enseña ciencia: existe una desconexión entre lo que se aprende en las aulas y la vida real. Los niños estudian Matemáticas, Física y Química sin ver cómo esos conocimientos se aplican en el mundo que los rodea. Es verdad que hay conceptos que son aburridos, y que también es importante aprenderlos porque desarrollan procesos cerebrales específicos. Pero si los estudiantes no ven una aplicación final, una conexión con su vida cotidiana, empiezan a pensar que "esto no sirve para nada". En un mundo donde todo es rápido y la atención es escasa, es vital mostrar que lo que aprenden tiene una trayectoria, que lleva a algo real.

La brecha de género en las carreras científicas sigue siendo profunda. Hay más mujeres en profesiones de cuidados y los hombres dominan las carreras STEAM. Prats no tiene una respuesta definitiva sobre por qué ocurre, pero sabe que los referentes importan. Cuantas más mujeres científicas visibles haya, más se reducirá la brecha. Las mujeres, en algún momento de sus vidas, tienden a creer que no pueden con la ciencia, que no es para ellas. Eso tiene que cambiar, pero no solo desde las mujeres: la sociedad también debe hacer un esfuerzo para animar a las niñas y no enfatizar esa diferenciación.

Mari Curie fue su referente cuando era joven, pero reconoce que una mujer del siglo XIX con moño y vestida de luto quizás no es el referente más cercano o contemporáneo para una adolescente de hoy. Cuando presentó la Enciclopedia de Mujeres STEAM a un grupo de jóvenes, lo primero que le preguntaron fue si ella salía de fiesta cuando era joven. Eso le dijo todo lo que necesitaba saber: los niños y niñas necesitan ver que las científicas son personas reales, que se divierten, que tienen vidas plenas. Cuanto más cercanas y accesibles se vean las mujeres científicas, más efectivo será el mensaje de que la ciencia es para todos.

Si es una herramienta que los chavales ven, hay que estar allí. No podemos pretender que ellos vengan donde estamos nosotros
— Elisabet Prats, sobre la presencia de científicos en redes sociales
Los científicos tenemos una alta tolerancia a la frustración. Va con nuestro ADN
— Elisabet Prats, sobre la naturaleza del trabajo científico
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