El sistema de salud colombiano está colapsado desde hace algún tiempo
A cinco días de sus elecciones presidenciales, Colombia llega al umbral del cambio cargando heridas que ningún candidato ha prometido sanar con convicción: grupos armados que crecieron a la sombra de los diálogos de paz, un sistema de salud que agoniza entre deudas y escasez, y una polarización que convierte cualquier reforma en campo de batalla. Como tantas democracias latinoamericanas antes de ella, la nación se enfrenta no solo a la pregunta de quién gobernará, sino a si sus instituciones aún tienen la capacidad de responder al sufrimiento de sus ciudadanos.
- Los grupos armados ilegales aprovecharon la estrategia de 'paz total' de Petro para expandirse territorialmente, dejando al país más inseguro que cuando se firmó el acuerdo de paz con las FARC hace una década.
- El sistema de salud colombiano se desmorona bajo el peso de deudas millonarias de las EPS, escasez de medicamentos y cierres de servicios que ponen en riesgo la vida de miles de pacientes.
- Ninguno de los tres candidatos principales —Cepeda, De la Espriella y Valencia— ha presentado propuestas serias para resolver las crisis de seguridad o salud, alimentando la desconfianza ciudadana en las instituciones.
- Los analistas advierten que Colombia replica el fenómeno Milei: discursos antisistema que ganan terreno cuando el Estado pierde credibilidad ante una ciudadanía agotada.
- Sin importar el resultado del 31 de mayo, el próximo gobierno enfrentará bloqueos legislativos, movilizaciones sociales y un país que es el segundo más desigual de América Latina.
Colombia llega a sus elecciones presidenciales del 31 de mayo con tres crisis sin resolver: violencia armada en expansión, un sistema de salud al borde del colapso y una polarización política que paraliza cualquier reforma estructural.
Cuando Gustavo Petro asumió la presidencia, apostó por la 'paz total': dialogar con guerrillas, disidencias de las FARC y bandas criminales para reducir la violencia. El resultado fue el contrario. Esos grupos aprovecharon las treguas para crecer, ampliar su control territorial y profundizar el narcotráfico. La analista Sandra Borda lo resume sin rodeos: la seguridad será el mayor desafío que heredará el próximo presidente, en un país hoy más violento que cuando se firmó el histórico acuerdo de paz.
El sistema de salud agrava el panorama. Diego Fernando González, de la Federación Médica Colombiana, no vacila en llamarlo 'colapsado': las EPS adeudan millones a hospitales y clínicas, los medicamentos escasean y los pacientes enfrentan barreras crecientes para acceder a tratamientos. El problema viene acumulándose desde administraciones anteriores, pero ninguno de los candidatos principales ha ofrecido una respuesta seria.
Los tres aspirantes que lideran las encuestas —Iván Cepeda por la izquierda, Abelardo de la Espriella por la ultraderecha y Paloma Valencia por la derecha— compiten en un clima de desconfianza institucional que recuerda al que catapultó a Javier Milei en Argentina. Borda advierte que, gane quien gane, el nuevo gobierno enfrentará alta conflictividad: movilizaciones si triunfa la derecha, bloqueos legislativos si gana la izquierda.
El único margen político disponible es que la mayoría de los colombianos aún no percibe una crisis económica inmediata, pese al déficit fiscal. Pero ese margen es frágil. El próximo presidente recibirá un país más desigual, más violento y más dividido que hace cuatro años, con instituciones cuya credibilidad se erosiona y ciudadanos que han dejado de creer que alguien pueda arreglarlo.
Colombia se encamina hacia sus elecciones presidenciales del 31 de mayo cargando tres crisis que ningún candidato ha logrado resolver de manera convincente: la violencia armada que crece sin control, un sistema de salud que funciona apenas como un esqueleto de sí mismo, y una polarización política tan profunda que paraliza cualquier intento de reforma estructural.
Los números son inquietantes. Cuando el presidente Gustavo Petro llegó al poder hace cuatro años, lanzó una estrategia llamada "paz total" que buscaba dialogar con guerrillas, disidencias de las FARC y bandas criminales. La teoría era que el diálogo reduciría la violencia. Lo que sucedió fue lo opuesto: esos grupos aprovecharon la tregua para crecer en número, expandir su control territorial y multiplicar sus disputas armadas en distintas regiones. Hoy, una década después de que se firmara el acuerdo de paz con las FARC, el país enfrenta un panorama de inseguridad más complejo que el que existía entonces.
La analista política Sandra Borda, en conversación con la agencia EFE, fue clara sobre el diagnóstico: el mayor desafío que heredará el próximo presidente será la seguridad. Los grupos criminales no solo se han fortalecido; también han complicado la relación de Colombia con Estados Unidos y han convertido el narcotráfico en un problema aún más intratable. El aumento de cultivos ilícitos alimenta tanto la economía criminal como la capacidad de estos grupos para financiar su expansión territorial.
Los tres candidatos que dominan las encuestas —Iván Cepeda por la izquierda, Abelardo de la Espriella por la ultraderecha y Paloma Valencia por la derecha— compiten en un contexto donde la desconfianza en las instituciones públicas crece día a día. Borda advierte que Colombia está viendo el mismo fenómeno que sacudió a Argentina con la llegada de Javier Milei: discursos antisistema que ganan terreno cuando las instituciones pierden credibilidad.
Pero quizá el problema más inmediato y visible sea el colapso del sistema de salud. Diego Fernando González, director de la Federación Médica Colombiana, no duda en usar la palabra "colapsado" para describir la situación. Las Entidades Promotoras de Salud, conocidas como EPS, deben millones de dólares a hospitales, clínicas y laboratorios. Los medicamentos escasean. Los servicios cierran. Los pacientes enfrentan barreras cada vez más altas para acceder a tratamientos. González lamenta que ninguno de los candidatos principales haya presentado una propuesta seria para resolver esta crisis que pone en riesgo la vida de miles de personas. El problema no es nuevo: viene acumulándose desde las administraciones de Juan Manuel Santos y de Iván Duque, pero se ha profundizado bajo Petro.
La polarización política complica todo. Borda señala que, sin importar quién gane, el próximo gobierno enfrentará un escenario de alta conflictividad. Si gana la derecha, habrá movilizaciones sociales masivas. Si gana la izquierda, continuará el bloqueo legislativo entre sectores rivales. La posibilidad de alcanzar consensos en el Congreso para sacar adelante reformas estructurales parece cada vez más remota.
Hay un dato que podría favorecer al candidato del gobierno, Cepeda: a pesar del elevado déficit fiscal, la mayoría de los colombianos no percibe una crisis económica inmediata. Eso le da margen político. Pero ese margen es frágil. La inseguridad es tangible, la salud está quebrada, y la confianza en que alguien pueda arreglarlo es casi inexistente. El próximo presidente heredará un país más desigual que hace cuatro años —Colombia es el segundo más desigual de América Latina después de Brasil—, más violento, y más dividido que nunca.
Notable Quotes
El efecto que tuvo el diálogo con grupos insurgentes y criminales fue que esos grupos han crecido en número y en dominio territorial— Sandra Borda, analista política
No he leído ni una propuesta seria de ningún candidato frente al tema de la salud— Diego Fernando González, director de la Federación Médica Colombiana
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué la estrategia de paz total de Petro tuvo el efecto opuesto al que se buscaba?
Porque los grupos armados vieron en el diálogo una oportunidad, no una amenaza. Mientras el gobierno conversaba, ellos reclutaban, expandían territorios, consolidaban rutas de narcotráfico. El diálogo fue interpretado como debilidad.
¿Entonces el acuerdo de paz con las FARC de 2016 fracasó?
No fracasó en lo que logró: redujo la intensidad del conflicto con esa guerrilla específica. Pero no impidió que surgieran nuevas organizaciones criminales. Es como si hubieras apagado un fuego pero dejaste las condiciones para que otros fuegos ardieran.
¿Qué es lo que más preocupa a los médicos colombianos?
Que nadie está proponiendo soluciones. Las EPS están quebradas, los hospitales no cobran, los medicamentos no llegan. Y los candidatos hablan de otras cosas. Es una crisis que mata lentamente, sin ruido.
¿Puede un nuevo presidente resolver esto en cuatro años?
Difícilmente. Estos problemas llevan una década acumulándose. Además, el Congreso está tan polarizado que cualquier reforma seria será bloqueada por la oposición. El próximo presidente tendrá poder económico pero muy poco poder político.
¿Qué pasa si gana la izquierda?
Continúa el bloqueo legislativo. Si gana la derecha, hay movilizaciones masivas. De cualquier forma, hay conflictividad política garantizada.
¿Entonces Colombia está atrapada?
Por ahora, sí. Hasta que alguien logre romper la polarización o hasta que la realidad sea tan insoportable que fuerce consensos. Pero eso no está a la vista.