Tras cuarenta días de parálisis gubernamental sin precedente en la historia estadounidense, el Senado cruzó en la madrugada el umbral de los sesenta votos necesarios para desbloquear un acuerdo presupuestario temporal. La ruptura de la disciplina demócrata —siete senadores y un independiente— revela la tensión entre el pragmatismo de lo posible y la exigencia de lo justo, mientras más de seiscientas cincuenta mil familias aguardaban el regreso de un salario que llevaba más de un mes suspendido. El acuerdo, que extiende la financiación hasta enero, no resuelve la crisis sanitaria subyacente, y
El Senado de EE.UU. aprueba desbloqueo presupuestario tras 40 días de cierre gubernamental
Esperar una semana o un mes más no habría supuesto un mejor resultado
¿Por qué los demócratas votaron a favor de algo que sus propios líderes rechazaban?
Porque creían que el gobierno no podía seguir cerrado. Seiscientos cincuenta mil personas sin salario, familias sin cupones de alimentos. Dijeron que esperar no traería un mejor acuerdo.
Pero eso es una apuesta. Los republicanos prometieron votar sobre Obamacare en diciembre. ¿Qué garantía hay de que cumplan?
Ninguna escrita. Es una promesa verbal en medio de una negociación. Por eso Schumer y Warren dijeron que era un error.
¿Entonces los demócratas se dividieron porque algunos priorizaban reabrir el gobierno y otros querían resolver la crisis sanitaria?
Exactamente. Los siete demócratas que votaron a favor dijeron que la continuidad de Obamacare era lo más importante. Schumer dijo que no podía respaldar nada sin resolver la salud.
Pero el acuerdo no resuelve la salud. Solo la pospone. ¿Eso es una victoria o una derrota?
Depende de si los republicanos cumplen su promesa en diciembre. Si no lo hacen, fue una derrota. Si lo hacen, fue pragmatismo.
¿Y la Cámara de Representantes?
También está dividida. Hakeem Jeffries y Pete Aguilar dijeron que votarían en contra.
Así que el acuerdo pasó el Senado pero aún podría fracasar en la Cámara. Nada está resuelto.
Correcto. El gobierno podría volver a cerrarse si la Cámara rechaza esto.
¿Cuál es el peor escenario?
Que la Cámara vote en contra, el gobierno se cierre de nuevo, y los empleados públicos sigan sin cobrar.
O Pulso
- Cuarenta días de cierre gubernamental convirtieron a cientos de miles de empleados públicos en trabajadores sin salario, obligados a pedir préstamos o acudir a bancos de alimentos para sobrevivir.
- La ruptura de la disciplina demócrata en el Senado desató una fractura interna visible: líderes como Schumer y Warren denunciaron el pacto como una capitulación que abandona a millones de ciudadanos sin cobertura sanitaria.
- Los republicanos ofrecieron una promesa de votar en diciembre sobre los subsidios de Obamacare, pero esa garantía futura no bastó para cerrar la brecha entre quienes priorizaban reabrir el gobierno y quienes exigían soluciones estructurales.
- Con la votación senatorial, agencias críticas como Agricultura y Asuntos de Veteranos recuperan financiación, y los salarios de más de seiscientas cincuenta mil personas podrían reanudarse, aunque la batalla política continúa en la Cámara de Representantes.
Tras cuarenta días de parálisis gubernamental sin precedente en la historia estadounidense, el Senado cruzó en la madrugada el umbral de los sesenta votos necesarios para desbloquear un acuerdo presupuestario temporal. La ruptura de la disciplina demócrata —siete senadores y un independiente— revela la tensión entre el pragmatismo de lo posible y la exigencia de lo justo, mientras más de seiscientas cincuenta mil familias aguardaban el regreso de un salario que llevaba más de un mes suspendido. El acuerdo, que extiende la financiación hasta enero, no resuelve la crisis sanitaria subyacente, y la Cámara de Representantes aún debe pronunciarse.
Pasadas las once de la noche en Washington, el Senado de Estados Unidos alcanzó los sesenta votos necesarios para aprobar una medida que ponía fin a cuarenta días de cierre gubernamental, el más largo de la historia del país. Para lograrlo, siete senadores demócratas y el independiente Angus King rompieron la disciplina de su partido, argumentando que prolongar la espera no habría producido un acuerdo mejor.
El pacto presupuestario temporal, vigente hasta el 30 de enero, permite reanudar los salarios de más de 650.000 empleados públicos que llevaban más de un mes sin cobrar y restaura la financiación de agencias esenciales como el Departamento de Agricultura —responsable de los cupones de alimentos para las familias más vulnerables— y el de Asuntos de Veteranos. A cambio, los republicanos se comprometieron a votar en diciembre sobre la extensión de los subsidios de la Ley de Cuidado de Salud Asequible.
Sin embargo, la división dentro del Partido Demócrata fue inmediata y profunda. Chuck Schumer rechazó públicamente el acuerdo, acusando al presidente Trump de haber utilizado a los ciudadanos afectados como rehenes al suspender la ayuda alimentaria para familias, veteranos y personas mayores. Elizabeth Warren se sumó a las críticas, calificando el pacto de grave error. En la Cámara de Representantes, donde el acuerdo aún debe ser ratificado, los líderes demócratas Hakeem Jeffries y Pete Aguilar también anunciaron su voto en contra.
Lo que dejaba atrás ese cierre era una imagen dura: aeropuertos con retrasos por falta de controladores, funcionarios trabajando sin salario, familias sin acceso a cupones de alimentos. Con la votación del Senado, ese ciclo podría cerrarse, pero las preguntas sobre lo que el acuerdo no resolvió seguirán abiertas mientras la Cámara tenga la última palabra.
Pasadas las once de la noche, hora de Washington, el Senado de Estados Unidos cruzó el umbral de los sesenta votos. Era el movimiento que llevaba semanas esperándose: la aprobación de una medida procesal que abría la puerta a un acuerdo presupuestario temporal y, con él, al fin de un cierre gubernamental que había durado cuarenta días.
Para lograrlo, siete senadores demócratas y el independiente Angus King —aliado habitual de la bancada demócrata— rompieron la disciplina de su partido. Sus colegas republicanos se habían mantenido firmes en sus posiciones, dejando a los demócratas con lo que describieron como la única opción viable sobre la mesa. El acuerdo que ahora avanzaba permitiría reabrir las puertas del gobierno federal, reanudar los salarios de más de seiscientos cincuenta mil empleados públicos que llevaban más de un mes sin cobrar, y restaurar la financiación de agencias críticas como el Departamento de Agricultura —responsable de los cupones de alimentos para las familias más necesitadas— y el de Asuntos de Veteranos. La prórroga presupuestaria se extendería hasta el treinta de enero.
Durante las negociaciones, los republicanos habían hecho una concesión: se comprometieron a votar en diciembre sobre la extensión de los subsidios de la Ley de Cuidado de Salud Asequible, conocida como Obamacare, cuyos beneficios expiraban ese año y que habían sido el principal obstáculo en las conversaciones. Pero esa promesa futura no fue suficiente para convencer a todos. Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado, rechazó públicamente el pacto. Acusó al presidente Donald Trump de haber utilizado a los estadounidenses afectados como rehenes durante el cierre, suspendiendo la ayuda alimentaria para familias, veteranos, personas mayores y niños. La senadora progresista Elizabeth Warren se sumó a la crítica, calificando el acuerdo como un grave error. Schumer fue más allá: declaró que la crisis de atención sanitaria era tan grave y urgente que no podía respaldar una simple prórroga presupuestaria sin resolver ese problema de fondo.
Los demócratas que votaron a favor del avance argumentaron que esperar más tiempo no habría producido un mejor resultado. Jeanne Shaheen, senadora de Nuevo Hampshire que lideró las negociaciones con los republicanos, defendió el pacto con esa lógica pragmática. Sus colegas que apoyaron la medida insistieron en que su prioridad era asegurar la continuidad de los créditos para Obamacare, de los que dependen millones de ciudadanos estadounidenses. Pero la división no terminaba en el Senado. En la Cámara de Representantes, donde el acuerdo aún debía ser ratificado, también había resistencia. Hakeem Jeffries, líder de la minoría demócrata en la Cámara, anunció que votaría en contra. Pete Aguilar, presidente del Caucus demócrata, también expresó su rechazo, argumentando que el proyecto de ley no resolvía la crisis de atención sanitaria ni mejoraba la asequibilidad para los estadounidenses.
Lo que quedaba atrás era un cierre sin precedentes. Cuarenta días era el récord histórico para una paralización del gobierno federal estadounidense. Durante ese tiempo, cientos de miles de empleados públicos habían visto suspendidos sus salarios. Servicios esenciales cerraron. Los cupones de alimentos para los más desfavorecidos dejaron de distribuirse. Los aeropuertos experimentaron retrasos significativos por la escasez de controladores aéreos y personal de seguridad. Muchos funcionarios, sin ingresos, se vieron obligados a recurrir a donaciones de alimentos o a solicitar préstamos de emergencia. Otros continuaban trabajando sin recibir su salario, sosteniendo un gobierno que técnicamente no estaba financiado. Ahora, con la votación del Senado, ese ciclo podría cerrarse, aunque las divisiones sobre qué debería haber incluido el acuerdo permanecían abiertas. La Cámara de Representantes tendría la última palabra.
Citações Notáveis
La crisis de atención sanitaria es tan grave y urgente para las familias que no puedo respaldar esta resolución de continuidad presupuestaria— Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado
Entiendo que algunos de mis colegas demócratas no están satisfechos con este acuerdo, pero esperar una semana o un mes más no habría supuesto un mejor resultado— Jeanne Shaheen, senadora demócrata de Nuevo Hampshire